Lo obsceno de la foto

Cómo Venezuela se convirtió en Venezuela

 

Hace tres meses, el 16 de junio, Romina Malaspina lució un top con transparencia (“¡y sin corpiño!”, subrayado con negrita en la nota del portal de radio Mitre) para conducir un noticiero en la televisión por cable. Como siempre, «las redes explotaron» y la “polémica” ocupó durante varios días espacios destacados en programas, diarios y portales de noticias. Las voces misóginas se alzaron, las voces feministas no evadieron el tema y educaron un poco más al soberano sobre la temática de los cuerpos y la imagen y los todopinólogos dictaron sus clásicos veredictos. Más o menos lo de siempre.

La foto con la que la mayoría de los medios retrataron la escena, efectivamente nos presenta una situación muy obscena: lo que se deja ver en la imagen no debería tener lugar en la televisión. No me refiero, por supuesto, al cuerpo de la joven trabajadora de prensa, sino a lo que tiene a su derecha.

Si un día algún periodista publicara una placa con el precio de un gramo de cocaína, de un auto recauchutado en un desarmadero o de un arma sin registro la reacción sería espontánea y lo acusarían de instigación a cometer delitos, de irresponsabilidad social y de quien sabe cuántas cosas más.

Lo cierto es que, en todos los portales y canales de noticias, las veinticuatro horas del día, el “precio” del dólar blue, ilegal, clandestino, tiene un lugar asegurado en la pantalla. Uso comillas para hablar de este precio, porque en verdad no existe tal cosa, y esto añade un elemento adicional al problema: el “precio” publicado oficia, en la práctica, casi siempre, como profecía autocumplida.

No es un problema moral respecto de la ilegalidad del origen de las componentes de este mercado lo que motiva esta nota. El principal problema del mercado paralelo del dólar es que la ultra publicidad con la que cuenta produce consecuencias importantes sobre la economía real.

En julio de 2016 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó un informe en el que incluyó algunos puntos sobre la problemática del tipo de cambio paralelo en Venezuela. Recordemos que allí, una página web llamada Dólartoday, creada en 2010 por venezolanos residentes en Estados Unidos, comenzó a publicar periódicamente el valor del dólar ilegal. Los medios de comunicación replicaban la información y rápidamente la convertían en tema obligado de charla, sentido común, verdad.

El informe que presentó la CEPAL, y que aquí debemos tomar como advertencia, determinó que “el tipo de cambio publicado por Dólartoday se alimenta de fuentes de información que no son conocidas y que no reflejan la realidad de las fuerzas de mercados. Esta publicación ha contribuido a generar mayor volatilidad, incertidumbre y expectativas infundadas de depreciación del bolívar frente al dólar de los Estados Unidos”.

Además, agrega el documento, “una parte importante de la industria y comercio nacional de la República Bolivariana de Venezuela utiliza este tipo de cambio de referencia para calcular sus costos de reposición y ajustar los precios internos de bienes y servicios con un componente importado”. Así, las publicaciones de Dólartoday, contribuyeron “de manera importante, a generar la espiral inflacionaria que vive actualmente (…)”.

Argentinas y argentinos nos enteramos del “precio” (insisto con las comillas) del blue antes de tostar el pan por las mañanas. Nos lo recuerdan en las actualizaciones informativas de las emisoras radiales, en programas de cocina o en programas de chimentos, en los zócalos de los canales de noticias. Como nunca antes, convivimos con ese valor.

El poder económico concentrado de nuestro país, con sus activos dolarizados y sus exportaciones en dólares, apuesta a una fuerte devaluación para incrementar su riqueza. Las presiones sobre el valor del tipo de cambio maridan a la perfección con los intereses desestabilizadores de la oposición política que los representa y los medios de comunicación donde se expresan.

La respuesta a las medidas recientes del gobierno en torno al problema cambiario (que pretenden evitar los efectos regresivos de una devaluación y la consecuente multiplicación de pobreza e indigencia), reflejan esta comunión. Con entrecomillados apócrifos, las notas de los portales de noticias amanecieron el miércoles 16 de septiembre anunciando, aún antes de cualquier operación en el mercado, la nueva cotización del dólar ilegal. Sujeto tácito mediante, los redactores cumplieron su temprana tarea anunciando que en el mercado “prevén, vaticinan, detallan, advierten, pasan en limpio, revelan” (todos los verbos pertenecen a una sola nota) que el dólar paralelo seguirá subiendo.

La experiencia venezolana, estudiada por la CEPAL, organismo para Latinoamérica de las Naciones Unidas (ONU) sirve de lección. Quienes aúllan su terror a que el gobierno argentino convierta (sic) al país en Venezuela, son los que, no tan curiosamente, utilizan las herramientas desestabilizadoras que convirtieron a Venezuela en Venezuela.

 

 

 

*Economista del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE)

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18 Comentarios
  1. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo el economista Marco Kofman expresa:

    “Lo cierto es que, en todos los portales y canales de noticias, las veinticuatro horas del día, el “precio” del dólar blue, ilegal, clandestino, tiene un lugar asegurado en la pantalla. Uso comillas para hablar de este precio, porque en verdad no existe tal cosa, y esto añade un elemento adicional al problema: el “precio” publicado oficia, en la práctica, casi siempre, como profecía autocumplida”.

    Desde hace décadas que los argentinos estamos obsesionados con el dólar. Esa obsesión recrudeció en abril/mayo de 2018 cuando el presidente Macri se vio forzado a recurrir al FMI para evitar la caída de su gobierno. A partir de entonces todos los santos días lo primero que hacemos los argentinos-o al menos una buen porcentaje-es saber religiosamente a qué valor terminó cotizándose el dólar blue, es decir en cuánto se depreció el peso argentino.

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir parte de un interesante ensayo de María Soledad Sánchez (Doctora en Ciencias sociales por la Fac. de Ciencias sociales de la UBA) titulado “El dólar blue como número público en la Argentina posconvertibilidad (2011-2015)” (UNAM-Instituto de Investigaciones Sociales-Revista Mexicana de sociología 79-enero/marzo de 2017).

    Si los argentinos no debían ya atender a la evolución cotidiana, a través de los medios de comunicación, del valor de la divisa, era porque el régimen de la convertibilidad había sellado su igualdad nominal como un inquebrantable principio legal. A fines de 2001, la profunda crisis económica, política y social provocará la salida de aquel sistema a través de una significativa devaluación del peso tras un intenso debate social (y experto) sobre el régimen monetario. Puede afirmarse que una década después de esta crisis del régimen de la convertibilidad, el dólar volvería a consolidarse como un asunto de interés público, objeto de intervenciones políticas y de fuertes controversias entre especialistas que ganaban lugar en los medios de comunicación (Luzzi, 2013). Pero, al igual que ciertos periodos de las décadas de los años setenta y ochenta, la renovada presencia del dólar en la escena pública se desplegó también vinculada con el creciente protagonismo que adquiría una cotización paralela de la divisa, que tomaba cada vez mayor distancia a la oficial (y alcanzará a duplicarla en el periodo de análisis). Así, en un contexto de crecimiento de la inflación que producía una pérdida del valor monetario, y tras la implementación de las restricciones gubernamentales a la compra-venta de divisas en el mercado cambiario oficial que se implementaron desde fines de 2011, asistimos a un renovado y vigoroso interés político, mediático y social por el mercado ilegal del dólar. La existencia y la cotización del dólar blue invadieron todos los medios de comunicación locales, al tiempo que la moneda se convirtió en objeto de debates entre múltiples analistas y especialistas en economía, así como entre funcionarios públicos y referentes políticos que procuraban ya sea dar crédito o impugnar su relevancia social, política y económica. Pero también alcanzó a constituirse como un tópico de interés y seguimiento cotidiano para una heterogeneidad de agentes sociales (no sólo los financieros o expertos) que comenzarían a encontrar en la cotización del dólar blue una categoría de percepción sobre la crisis de valor de la moneda nacional (y de la economía local en general). Entonces, si bien ni la atención o debate público sobre la tasa de cambio —que, como establecimos, tiene una larga historia de 40 años en la Argentina—, ni la producción e intercambio de un tipo de cambio paralelo o ilegal son novedades propias o excluyentes del periodo de la posconvertibilidad. Luego de la puesta en vigencia de los controles cambiarios es posible identificar una contagiosa presencia del dólar blue en la escena pública, que plasma un creciente interés político y social por un mercado que había permanecido hasta aquel entonces fuera de los debates mediáticos y políticos, así como ampliamente invisibilizado por la prensa (incluso la especializada en finanzas). Las prácticas de compra-venta ilegal de divisas se desarrollaban activamente con mucha anterioridad a las nuevas regulaciones y fiscalizaciones cambiarias, así como a su conversión en un fenómeno de atención pública. Para decirlo de otro modo, las transacciones de compra-venta de dólares blue eran parte de las estrategias de reproducción de los agentes financieros locales con anterioridad al llamado “cepo cambiario” (Sánchez, 2013, 2016).

    Pero adentrémonos específicamente, entonces, en aquellas transformaciones que se producen sobre la vida pública del dólar blue a partir de fines del año 2011, arista que consideramos relevante no sólo para la comprensión de la propia producción y reproducción social del mercado cambiario, sino de la particular configuración que adquiere la crisis económica (y monetaria) local. A partir de la puesta en vigencia de los controles cambiarios, el mercado del dólar blue pasó a articular su condición de ilegalidad con una hiper-visibilización en los medios de comunicación. La primera y más visible transformación fue la disponibilidad y publicación de la cotización del dólar blue y sus formas de compra-venta en cualquier medio de prensa gráfico (en sus versiones impresas y online), televisivo y radial. Con pocas excepciones, se hizo particularmente difícil desde entonces leer un diario, encender un televisor o la radio para asistir a un programa de periodismo político o económico (o incluso a un magazine de interés general) y no encontrarse con el anuncio de la cotización del dólar blue, alguna mención y/o análisis sobre su evolución o una descripción de los agentes de su compra-venta. La jerga financiera del mercado local (dólar blue, cuevas financieras, arbolitos, coleros, entre otras) invadía a paso firme las noticias y crónicas económicas de la prensa local. Si hasta entonces puede decirse que el dólar blue había permanecido relativamente invisibilizado en la gran parte de los medios de prensa, con la implementación de los controles cambiarios la frecuencia de aparición comienza a crecer significativamente hasta alcanzar a aparecer no sólo diariamente, sino a hacerlo en más de una noticia: varias menciones diarias en los diarios impresos se complementaban con una actualización de nuevas noticias en sus versiones online. La cantidad de noticias sobre el dólar blue aumentará exponencialmente en los años sucesivos: los periódicos comenzaron a realizar un seguimiento “minuto a minuto” de las transformaciones de su precio que mostraba cambios diarios de la cotización, informando subidas o bajas y realizando proyecciones sobre su evolución futura.

    Por otra parte, el dólar blue llegará no sólo a los titulares y bajadas de noticias de la sección de Economía, sino que comenzará a ser tratado en las secciones editoriales o de opinión de los periódicos. Si buscamos delinear a grandes trazos los estilos de noticias publicadas, puede decirse que un conjunto significativo tiene por objetivo describir lo que aparecía como un nuevo fenómeno de interés, el mercado del blue, detallando el conjunto de agentes que participaban siguiendo los términos de la jerga financiera local (las menciones a las cuevas financieras, los arbolitos y los coleros, acompañadas por fotografías y/o descripciones situadas en el microcentro de Buenos Aires son las más repetidas). En las noticias, además, se recurre ampliamente a citas de economistas académicos de distintas orientaciones, funcionarios o ex funcionarios públicos (especialmente los vinculados con los ministerios o instituciones económicas), expertos en finanzas, estudios, consultoras financieras, así como a agentes financieros del mercado local. Discursos y voces considerados legítimos para enunciar formulaciones con pretensión de validez en virtud de la pretendida tecnicidad (y utilidad práctica) de sus análisis, lo cual no quita que entre los diversos profesionales de la economía se hayan desplegado fuertes controversias en torno a los sentidos y valoraciones sobre el dólar blue, produciendo modos incluso antagónicos de interpretar, apreciar o juzgar la existencia y la difusión de una cotización ilegal de la divisa: por un lado, quienes legitimaban la dinámica del mercado ilegal a partir de las fuertes críticas a la intervención gubernamental sobre el mercado de cambios y definían el valor del blue como el valor “real” de la tasa de cambio local; por otro, quienes impugnan sus intercambios y su relevancia social, resaltando el carácter ilegal de sus transacciones y definiendo su cotización como un precio puramente especulativo.

    Por otro lado, será cada vez más frecuente que los diarios destinen números de sus secciones especiales o suplementos económicos al análisis exhaustivo del mercado cambiario, e incluso que las noticias vinculadas con el dólar, sus múltiples cotizaciones y las restricciones cambiarias tengan lugar frecuente en las propias portadas. Simultáneamente, los periódicos analizados, en sus formatos impresos y online, comienzan a dedicar un segmento o una sección específica a la publicitación del valor diario del dólar blue. En algunos casos, este segmento se incluye dentro de la tradicional sección de Economía o en el suplemento económico, junto a la cotización oficial del dólar (a las que se añadirán progresivamente las múltiples cotizaciones oficiales que se derivaban de las regulaciones gubernamentales y sus distinciones por fines o actividad, como el “dólar ahorro” o el “dólar tarjeta”). Pero en otros se diseñan nuevas secciones (como “Dólar hoy” del diario La Nación), en las que se publican diariamente los valores de los diversos dólares y comienzan a agruparse todas las noticias vinculadas con la situación cambiaria local. Vale destacar también que los sitios web de los diarios de mayor tirada del país (La Nación y Clarín) desarrollaron dispositivos de cálculo online para realizar conversiones cambiarias al blue y al “dólar tarjeta”, así como para estimar las posibilidades de compra de “dólares ahorro”, combinando las variables intervinientes según las regulaciones gubernamentales.

  2. Andrea Romano dice

    En todo caso la publicación del precio de un bien ilegal como el dólar «blue» se corresponde con el hecho de que el gobierno tolera la presencia de «arbolitos» en la calle, ¿no les parece? Lo peor es que estas restricciones afectan a la clase media baja que por muy buenas razones no confía en el peso y no sabe cómo operar con criptomonedas de valor más estable que el bitcoin u otras alternativas más sofisticadas que comprar 200 dólares.

  3. Unomás dice

    El dólar, otra vez. ¿Y cuántas van?. Nuevamente su retención (la de los dólares) por parte de los campestres que quieren que resuene por todo el ámbito de la patria el grito sagrado:»¡Devaluación!devaluación!», pero como advierten que eso sería demasiado grosero y contraproducente, promueven el rejunte de unos cuantos zombies para articular, con alguna dificultad es cierto, las palabras «democracia», «libertad» y «república» en lugares públicos y violando las normas de seguridad que impone la pandemia. Son ellos, los que reconocen el liderazgo de un egresado nada menos que del Cardenal Newman que se exhibe incapaz de hacer, en pública ceremonia, la señal de la cruz: tan infructuoso fue el intento de inculcarles a ellos nociones como democracia, república, libertad, derechos y deberes del ciudadano, solidaridad, etc. Son ellos los que nos cruzan por la calle exhibiendo, a la manera de desafío, la ausencia de tapaboca, son ellos y sus allegados los que reclamarán atención médica antes que nosotros, que procuramos cuidarnos y cuidar al otro. Ellos, que ignoraron el desesperado pedido de médicas y médicos, enfermeras y enfermeros, muchos de los cuales ya no están entre nosotros, referido a la utilización de barbijo.¿Tan difícil les resulta, por lo menos en señal de homenaje a tantos muertos, respetar ese humilde pedido? Pero a esta altura, no puede ignorarse que no les importa nada que no sea la aspiración al goce (el goce de ellos, claro) y no les interesa cuántos sea necesario sacrificar, porque para ellos esos «otros» no están en el inventario de los entes existentes. Son ahora «orgullosos soldados» (en otros tiempos, idiotas útiles), de una causa que ni siquiera es la de ellos: no les importa, van al frente, como si de una épica homérica se tratara y no una red para cazar tontos. También a ellos los mueve una aspiración, una fantasía de imposible cumplimiento: no estar donde están (alguna zona poco glamorosa de Palermo, en lugar de Recoleta, sobre la Avenida del Libertador), no estar como están (con dificultad para pagar el alquiler o las expensas), no sentir el miedo de recalar donde la clase media baja, o más bajo aún. Pero cualquier cosa, antes de reconocer que fueron también ellos artífices del gobierno neoliberal que a tantos arrastró al desastre.

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