Se pudo leer en La Nación del viernes 25 de septiembre: “Cambio de modelo: Electrolux cierra su planta en Rosario y empezará a importar todos sus productos”.
La firma Electrolux no está sola. Están cerrando empresas industriales en forma constante y creciente. La empresa de fundición más grande de la Argentina, la Fundición San Cayetano —inaugurada en 1956—, entró en concurso preventivo esta semana: adeuda fuertes sumas a entidades bancarias y aseguró a sus 260 empleados que no cerrará.
Es difícil sobrevivir en el contexto de un proyecto económico explícitamente anti-industrial, que pone todas sus fichas en enclaves extractivos de exportación.
La Nación presenta el episodio Electrolux de una forma neoliberal. Lo llama “cambio de modelo”. Como si uno se cambiara la ropa porque llegó la primavera, sin efectos negativos.
No es así. El cierre de una planta industrial es un retroceso económico, social y civilizatorio para un país como la Argentina, como podría serlo el cierre definitivo de FATE. Porque la producción actual de estas plantas no será reemplazada por una producción mejor, de bienes o servicios más sofisticados, que aprovechen las capacidades y el talento de lxs argentinxs.
Será reemplazada por importaciones, probablemente de Asia. Sobrevivirán los dueños, convertidos en importadores. Mientras tanto, los trabajadores, los técnicos y los ingenieros se quedarán sin empleo y tendrán que buscar uno nuevo en las poco productivas y eficientes actividades que quedan en un mercado en contracción permanente y con un entorno económico completamente desalentador para la producción.
¡Otra vez lo mismo!
Reflexionemos un segundo sobre estos episodios:
- Esto ya pasó: el escenario de cierre de empresas productivas generado por un entorno invivible de apertura importadora irrestricta, tasas de interés exorbitantes, derrumbe del mercado interno y tarifas públicas desmesuradas ya pasó en otras oportunidades en las que se implementaron las mismas medidas. Cuando Raúl Prebisch visitó la Argentina en 1980, declaró que era un entorno macroeconómico letal para las empresas productivas.
- Sin embargo, se repiten, casi calcadas, todas las políticas públicas que llevaron al desastre. Se copia con fruición lo que salió “mal” y se olvida que ya fracasó. ¿O no fracasó? Siempre “el verdadero capitalismo” está por ser reinaugurado en nuestro país.
- ¿Cómo se puede explicar la reiteración de políticas económicas ruinosas? Una hipótesis: porque no hay ningún otro proyecto, ni idea, en la élite dominante argentina. Y además, porque ese libreto económico colonial coincide con lo que quieren los principales centros de poder que ocurra con nuestro país: el subdesarrollo que se muerde la cola.
- También se reiteran esas políticas ruinosas porque los opositores, llámense como se llamen, en vez de estar cada vez más claros y más firmes en la denuncia, la oposición y la propuesta alternativa, ceden intelectualmente y se ablandan políticamente ante los profesores del fracaso.
- El no aprender se transformó en una característica de la sociedad argentina, que parece no tener memoria institucional ni memoria histórica. Es como una amnesia que se reitera. Pero la sociedad no es una persona. Es un complejo sistema articulado entre actores de muy diverso poder material y simbólico. En nuestro caso, un sistema político-económico totalmente controlado hace décadas (desde el golpe del '76) por una clase dominante que es la que fija el límite de lo que se puede pensar y de lo que se puede recordar. Los incontables fracasos y desastres protagonizados por los gobiernos de la clase dominante argentina son metidos en la bolsa (insólita, ridícula) de los supuestos “80 años de peronismo”, o ya en el delirio mileísta, de “los 100 años de socialismo”.
- No sólo no hay memoria histórica nacional mínimamente basada en hechos reales, con una atribución justa de responsabilidades y una comprensión madura de las circunstancias históricas, sino que ha sido reemplazada por un discurso propagandístico a medida de los intereses de la clase dominante que viene modelando el país, eternamente impune.
¿No entienden, o se hacen los que no entienden?
La sombra de una triple crisis cambiaria, productiva y fiscal se agranda con el paso de las semanas, pero la magia del pensamiento neoliberal dice que con las recetas de siempre estaremos cada vez mejor. Con ser amigos de los mercados, alcanza.
El Centro de Estudios para la Recuperación Argentina de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA publicó un trabajo documentado en el que sostiene que se registra cierto crecimiento de la economía (aunque con trayectorias sectoriales muy divergentes), pero no en el empleo. El agro, la minería y los servicios financieros lideraron la evolución económica desde noviembre de 2023, “pero ocho de las diez ramas con mayor expansión redujeron sus planteles”. Mientras se contraen la industria, la construcción y el comercio, las ramas que crecen también expulsan personal.
También se conoció esta semana que el consumo de naftas y gasoil acumula siete meses consecutivos de caída: bajó 2,2% interanual en agosto. Si el rumbo está bueno, como sostienen casi todas las cámaras empresarias argentinas, ¿por qué será que cae el consumo de naftas y gasoil? ¡Qué cosa rara! Según el gobierno, los salarios “vuelan” y 15 millones de personas salieron de la pobreza.
Esta semana el INDEC informó que la pobreza —medida según criterios muy cuestionados por especialistas en el tema— subió al 32,3% en el primer semestre del año y llegó a 15,5 millones de personas. Eso significó un incremento de 4,1 puntos respecto al semestre previo. La indigencia se ubicó en 7,5%, un número inaceptable si se piensa que se trata de personas que no logran cubrir una canasta de alimentos básica. La discusión metodológica es significativa, ya que, utilizando canastas actualizadas e incluyendo los alquileres en forma debida, y dejando de inventar ingresos que no existen, el porcentaje de la población bajo la línea de pobreza es mucho mayor que en el registro oficial. Las estimaciones de organismos especializados en el tema, como el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS), de la Universidad Nacional de La Plata, la ubican en el 41,5% de la población.
El viernes, el indicador de riesgo país superó los 600 puntos. En la semana subió un 14%, ¿por qué será? Si Milei es amigo de los mercados. ¿Quién puede gobernar mejor que un amigo de los mercados? ¿O acaso no alcanzaba con eso? ¿No alcanzaba con hacer todo lo que piden los mercados, es decir, los grandes capitales? ¿Por qué no es suficiente con eso?
Es verdad que subió la tasa de interés internacional (lo que dificulta y encarece el acceso al crédito internacional) y que bajó un poco el barril de petróleo (lo que reduce las proyecciones de exportaciones hidrocarburíferas). Y también es cierto que el Banco Central no pudo comprar muchos dólares recientemente, lo que no es bueno para la obligatoria acumulación de reservas para afrontar los grandes pagos de deuda externa que se vienen. También es un gran dato que los particulares argentinos compraron una enormidad de dólares en agosto: 2.853 millones. Se trata de una impresionante manifestación de desconfianza en el gobierno de su propia base social.
Vale la pena recordar que Adolfo Sturzenegger, el padre del actual ministro de Desregulación, planteaba en los años '90 que la economía había cambiado tanto que las viejas medidas keynesianas no servían para reactivar. Que si se intentaba aumentar el gasto público para impulsar la actividad productiva, se generaba la expectativa en “los mercados” de que subiría la inflación, y por lo tanto remarcaban precios preventivamente, pero no invertían. Y que lo mejor que se podía hacer para que la economía creciera era bajar el gasto público. Los mercados tomarían esto como una señal de la seriedad del gobierno, de la futura estabilidad de precios y macroeconómica. Por lo tanto, se dedicarían a invertir con mayor tranquilidad.
Todo el razonamiento es un encadenamiento de supuestos, que sólo en casos muy particulares pueden ocurrir conjuntamente. No lo es lo que sucede en la mayoría de los casos, en donde el gasto público, universalmente, es estimulante de la producción y el empleo. Pero además, en la Argentina actual se está haciendo precisamente lo que don Adolfo predicaba en los '90, con el resultado del hundimiento de la economía, del empleo y de la inversión privada.
Según el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), el gasto primario de la Administración Pública Nacional cerraría el año en torno al 12,4% del PBI, 5,4 puntos menos que en 2023. Se trataría de la mayor reducción del gasto primario de los últimos tres años. Esta caída bestial del gasto público, que en principio estuvo impulsada por la ideología neoliberal extremista del gobierno, este año se está transformando en una dinámica impuesta por la realidad: la baja recaudación tributaria está obligando a ajustar más que en años anteriores. La recaudación cayó, si se compara el período transcurrido desde el inicio del año hasta agosto con lo recaudado el año pasado, en un 5%.
Los recortes son descomunales y contractivos: se calcula un 86% de caída en la transferencia a las provincias y municipios (alerta con crisis fiscales en ciertos distritos); gasto en obra pública, 83%; universidades nacionales, 39%; ayudas sociales y asignaciones familiares, 30%.
Y así sigue: los funcionarios encabezados por Milei niegan la realidad con vehemencia. Los ideólogos de este experimento empiezan a enervarse y se muestran confundidos. Dicen que no entienden por qué la economía está en recesión ni por qué no toman crédito los privados para invertir; no entienden por qué ellos mismos no invierten.
Esta semana, el sitio informativo Bloomberg Línea publicó un artículo preguntándose por qué la inversión privada en la Argentina es tan baja, teniendo en cuenta que el gobierno argentino proyectó una imagen mundial de “market friendly”.
“La inversión en Argentina es el componente del Producto Bruto Interno (PBI) que peor se ha comportado desde diciembre de 2023”, dice el sitio perteneciente a uno de los grupos de noticias económicas más influyentes del mundo. Entre los economistas de consultoras privadas que intentaron una explicación, aparecen como temas la caída del consumo interno con la consiguiente existencia de gran capacidad instalada ociosa, la contracción dramática del gasto público no reemplazada por ninguna iniciativa privada (ambos datos irrefutables) y las perspectivas a futuro de la economía.
Alguien menciona que el antecedente del fracaso del gobierno de Macri —de similar orientación que el actual— también pesa sobre las expectativas de los presuntos inversores.
Se puede entender la preocupación por la continuidad cambiaria del modelo y los peligros de un salto devaluatorio.
Lo que resulta increíble es que haya gente que dice que no invierte porque habría peligro de “cambio de rumbo”. Es ahora cuando no están invirtiendo, con el “rumbo bueno”. Este rumbo bueno genera condiciones que impiden la inversión, excepto en petróleo y minería para exportación.
La ideologización del análisis económico ha llegado a niveles absurdos.
Le temen a un futuro gobierno que pueda venir a enmendar los desastres que está generando el gobierno actual, que nos está empujando a una crisis severa.
En cambio, si “alguien”, un futuro gobierno que continuara el rumbo, les garantizara que los salarios se seguirán hundiendo, que el mercado interno se secará del todo y que la obra pública no se continuará más —y por lo tanto la infraestructura del país se tornará invivible—, entonces sí estarían dispuestos a invertir.
No sabemos si engañan a los interlocutores o se engañan a sí mismos con ese tipo de argumentos. Viven en una burbuja ideológica en la que han dejado de analizar la realidad y repiten lo que su sector social considera demostración de “sabiduría” y “visión estratégica”.
En todo caso, la producción, el crecimiento y el desarrollo del país no pueden seguir dependiendo de inversores cuyo pensamiento es tan incoherente y desemboca indefectiblemente, a lo largo de los gobiernos neoliberales, en la misma conclusión personal: “Mejor, por ahora, no invierto. Pasado mañana, veremos”.
Este sector social siempre recurre al subterfugio —una verdadera chantada— de la “incertidumbre”. Hay fracaso económico e inconsistencia macroeconómica ahora. Se entró en una dinámica de contracción permanente, que derrumba la actividad y los ingresos fiscales, con lo cual la compra de activos para pagar la deuda desplaza a actividades básicas del Estado, que está yendo hacia una crisis fiscal. Pero ellos dicen que estamos fenómeno —mientras cierran las plantas productivas— y que esperan la ratificación electoral del rumbo del Titanic. Jamás se indaga por qué en estos modelos rentísticos-financieros, la incertidumbre es lo que se termina imponiendo como lógica para justificar el cortoplacismo y la especulación oportunista.
En lo que sí son buenos los diversos actores de la derecha vernácula es en engañar o confundir a la opinión pública, en domesticar a los políticos opositores y en echarle la culpa al peronismo/kirchnerismo/zurdaje de lo que ellos están generando con sus reiteradamente ruinosas políticas económicas.
Sigue la jauría antidemocrática predicando violencia
En la semana ocurrió un nuevo episodio de dignidad judicial. La magistrada porteña Laura De Marinis sobreseyó a un adolescente de 14 años acusado de tentativa de robo y cuestionó la aplicación del nuevo régimen en ese caso específico. Por ese fallo fue objeto de persecución político-mediática. El jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, activó el juicio político contra la jueza que con criterio fundamentado evitó el régimen penal juvenil.
El periodista Eduardo Feinmann no sólo arreció en epítetos contra la jueza, sino que difundió su rostro y pidió en su programa de televisión que se mostrara en pantalla el teléfono y los datos del despacho público de la jueza De Marinis para que la masa de indignados le haga la vida imposible. También el periodista Luis Novaresio exhibió un estado de alteración manifiesto contra la magistrada, abandonando transitoriamente su rol de derechista mesurado. Nos recuerdan a la figura de Jorge Lanata, quien también incitó contra jueces probos que no eran del agrado del poder real.
Es importante señalar que estos perseguidores de gente decente están en los medios mucho antes de que Milei llegara a la presidencia. Cumplen la función que requieren las corporaciones mediáticas y no mediáticas: perseguir gente honesta y adoctrinar a la sociedad en la persecución a los pobres.
No empezó con Milei. Asignarle esa culpa al mandatario actual es desconocer la historia reciente argentina y abonar la fábula de que hay una derecha honesta y republicana y otra violenta e intolerante. Sería muy cómodo que el mal social se derivara de una sola persona: si el malo se retirara del poder, volveríamos a vivir en una democracia vibrante. Pero la verdad es que la ideología anti pobres, de impunidad de los grandes delincuentes económicos y la persecución política contra los y las políticas que no se arrodillan frente al capital, no empezó en diciembre de 2023.
Es notable cómo la derecha estructura sus campañas de incitación mediática, siempre al borde de la violencia contra la gente que exhibe sensatez y humanidad a la hora de aplicar la ley. Evidentemente, la derecha ve en el Poder Judicial un instrumento que le pertenece en forma monopólica, para promover la subordinación de la sociedad, y se vuelve absolutamente intolerante cuando surgen criterios distintos al punitivismo y el castigo sin piedad a los sectores más vulnerables. Es el único horizonte de la derecha: ahí está su pasión.
Vale recordar que todo el espectro periodístico de la derecha no tuvo ningún comentario, ni crítica, ni mucho menos indignación ni incitación mediática contra los jueces que garantizaron recientemente la impunidad de Milei en el caso $LIBRA. Tampoco con los jueces que, desde hace décadas, desprocesan a Macri en cualquier matufia en la que haya participado.
La ley es buena si mete preso a un pibe de 14 años o a una líder política opositora. Para eso está el Poder Judicial, y por eso es tan importante custodiar que no se desvíe de su rol social reaccionario.
Señaló el jurista Sebastián Soler con relación a este fallo: “Una virtud esencial de los buenos funcionarios públicos es el coraje cívico: la valentía de hacer lo que corresponde aun sabiendo que vas a pagar un costo personal alto. La jueza Laura De Marinis tiene esa virtud de sobra; Jorge Macri, en cambio, rebosa cobardía y demagogia”.
Qué personajes lamentables ofrece la derecha política para dirigir el Estado. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Macri representa la fusión en una misma persona de la ineficiencia y el desinterés como funcionario y el activismo contra los pobres en todos los ámbitos. Cultiva un perfil político de síntesis entre la derecha “republicana” y la derecha lumpen libertaria. Piensa que la ciudadanía está tan envilecida que puede llegar a apoyar eso.
Basta de robots servidores del mercado
¿Con ser del capital alcanza? La actual experiencia vuelve a demostrar lo que ya demostraron Martínez de Hoz, Menem-Cavallo-De la Rúa y Macri: podés ser el ídolo indiscutido y absoluto de las grandes empresas, de las grandes embajadas y de los organismos internacionales de crédito, pero nada garantiza que, al seguir por los lineamientos que te dictan esos grandes actores, llegues a alguna meta socialmente útil o nacionalmente relevante. Y menos aún políticamente exitosa.
En agosto de este año, hace pocas semanas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó un extenso documento, realizado por la Comisión sobre Geopolítica, Globalización y Desarrollo, en el cual realiza un amplio análisis sobre la situación internacional, y formula hipótesis sobre los diversos escenarios —muy dispares— que se pueden abrir a partir de la ruptura del orden global que se está produciendo en los últimos años.
Antes de avanzar sobre las recomendaciones que realiza la CEPAL, vale la pena recordar que es un organismo dependiente de Naciones Unidas y cuenta con una larga historia de posiciones heterodoxas en lo económico. Sin embargo, está lejos de considerar los elementos de conflictividad y las contradicciones de un orden internacional que desde 1945 gira en torno a las necesidades de los países centrales liderados por Estados Unidos.
Asumiendo la complejidad de la nueva situación, los activos con los que cuenta nuestra región y las debilidades estructurales que arrastra América Latina, CEPAL realiza un conjunto de recomendaciones para que la región latinoamericana y caribeña pueda navegar de la mejor forma posible en un contexto de aguas internacionales agitadas y hostiles.
Entre las principales recomendaciones, CEPAL propone:
- “Aprovechar el momento mediante la movilización de los activos estratégicos de la región” (que no son sólo los recursos naturales, sino las capacidades manufactureras, científicas, humanas). Aprovechar el tamaño del mercado regional (660 millones de personas) y ciertas condiciones políticas particulares, como la ausencia de conflictos armados como los existentes en otras regiones.
- “Utilizar los abundantes recursos naturales de la región como herramienta estratégica de negociación”, lo que ubica a la CEPAL en las antípodas del gobierno mileísta, que concibe a los recursos naturales como regalo a efectuar a las potencias dominantes, sin contrapartida.
- “Ampliar la escala de las políticas de desarrollo productivo”: CEPAL está proponiendo un rol muy activo e inteligente del Estado en la promoción de sectores económicos específicos, utilizando un amplio conjunto de herramientas para aplicar el conocimiento científico al mundo productivo.
- “Fortalecer la integración y la cooperación regionales”: ese debió ser el proyecto histórico de la región, que avanzó débilmente cuando existieron gobiernos soberanistas, y que está siendo destruido desde adentro por los gobiernos neoliberales pro norteamericanos.
- “Aprovechar al máximo el talento humano de la región”, una idea que está absolutamente clara en los países desarrollados, y que en la Argentina actual se transformó en su opuesto: la expulsión explícita y premeditada de todos los expertos, especialistas y personas capacitadas del sector público.
- “Fortalecer la gobernanza y las instituciones” es, en la perspectiva cepalina actual, clave para poder enfrentar los graves desafíos que se vienen. En la Argentina se está demoliendo al Estado, a sus capacidades de recopilar información necesaria para la acción política, y deteriorando a propósito los instrumentos de la gestión pública.
- “Reforzar la capacidad fiscal del Estado”, para poder “planificar, coordinar y mantener estrategias de desarrollo de manera eficaz”. Bajo la conducción libertaria, la Argentina se encamina a una crisis fiscal del Estado nacional y los estados provinciales, que no es casual, sino una vía especialmente destructiva de generar ingobernabilidad política. El destino final, de seguir el rumbo mileísta, es que la Argentina deba ser gobernada desde afuera —donde cuenten con la información que falte aquí— y sus metas como país fijadas desde el exterior.
- “Evitar alineamientos rígidos, fortalecer la capacidad de análisis geopolítico y diversificar las alianzas” es la recomendación para la política exterior latinoamericana a futuro. Ni qué hablar de que este gobierno de la derecha argentina parece fascinado con el alineamiento incondicional y la sumisión neocolonial como toda estrategia nacional.
Como nos permite visualizar el trabajo de la CEPAL, que es ante todo un intento de pensar sensatamente, cautamente, cómo poder mejorar la situación regional en un mundo hostil y conflictivo, el actual gobierno argentino, la élite que lo apoya y los recambios que se piensan desde el poder real, no tienen nada que ver con la idea de mejorar las condiciones de vida de nuestra población desde una mirada propia, sino con cómo ser serviciales a la potencia hemisférica y cómo acomodarse a las necesidades de las grandes empresas occidentales.
Es demasiado poco para nuestro país, y esperamos que así lo entienda y lo sienta la mayoría de los argentinxs.
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