Los argentinos queremos goles

Alberto no es Cristina, como lo ha dicho reiteradas veces, y convoca a una coalición política diferente

 

Lo inocultable

La pelota tenía que elevarse, pasar por encima de la barrera de jugadores, y entrar en el ángulo del arco, en un lugar tal que el arquero no tuviera posibilidad de rozar el balón. Tenía que ser allí, porque si no, no habría gol, y el resultado del partido sería muy distinto.

Y la pelota entró exactamente allí.

Así fueron los resultados de las PASO del 11 de agosto. El macrismo había preparado un conjunto de artimañas –las que eran públicamente conocidas, y las que no— para minimizar el resultado previsto que favorecía al Frente de Todos. No sólo contaba con la dudosísima empresa SmartMatic –contratada para concretar la compulsión macrista de “electronizar” las elecciones para ponerlas a tiro de hackers contratados locales o extranjeros—, sino el muy buen manejo de tiempos y climas del que había hecho gala Cambiemos en 2017, la colaboración hiper-oficialista de los grandes medios, el visto bueno militante de las embajadas amigas, la solidaridad de la derecha global con un gobierno que consideran propio con justa razón. La trampa era viable y posible dentro de determinados límites.

Todo estaba para diluir y eventualmente falsificar el resultado electoral, pero la pelota entró en el ángulo, y el hecho político fue indisimulable: 15 puntos de diferencia en Nación, 17 en Provincia de Buenos Aires. Abrumador. En esta misma columna habíamos consignado que “los mercados”, o sea los intereses alineados con este gobierno, en consulta con los analistas políticos amigos, consideraban que 6 era el número que separaba lo manejable de lo inmanejable por parte de Cambiemos. La frontera era 6. Nunca 10, nunca 15. Y ahí estaba la pelota del voto popular clavada en el lugar de lo políticamente irreversible.

Comunicacionalmente se trataba de un acontecimiento in-ninguneable, como hubiera sido una diferencia de 5 puntos. Empezando por la prensa internacional, que por más conservadora que sea, no ha llegado aún a la degradación desinformativa de los medios locales. A partir de allí, ningún gobierno extranjero podía dejar de tomar nota, ni las grandes corporaciones, ni los bancos y los grandes fondos de inversión, de la debacle del gobierno de los mercados.

Y por lo tanto el cerco mediático local quedó inutilizado, y hasta el propio Cambiemos, campeón de la negación y la manipulación de masas, debió conceder y aceptar un resultado ominoso para su futuro.

A partir de allí florecieron los mil cactus del odio y el resentimiento interno, el clima de desbande, las reacciones que oscilaban entre redoblar el ataque furioso contra el “kirchnerismo” (que de ser una secta de corruptos y autoritarios se había ampliado hasta abarcar al 47% de la población), o encontrar formas de ir al rescate de los enojados, los confundidos, los desorientados por el pequeño detalle del hundimiento económico.

 

 

Moviéndose hacia el centro

No cabe duda que fue la decisión estratégica de Cristina Fernández la que creó este escenario. Fue también el acierto en la designación de un político mucho más articulado que el candidato del FpV de 2015. Alberto Fernández fue el puente hacia sectores del peronismo oportunistas o más conservadores, remisos a toda confrontación con nadie, y hacia sectores de la población sin definiciones políticas muy precisas. También es potable para los ex macristas superficiales.

Quien esto escribe planteó, durante el período kirchnerista, que en muchos aspectos la gestión de Cristina se ubicaba en posiciones a la izquierda de lo que era un hipotético promedio social argentino. Fue una gestión que rozó los bordes de lo tolerable por una sociedad que tiene reservas de apatía y conservadorismo importantes, en todos los sectores. De todas formas, la buena gestión de ese gobierno, sus logros sociales, su voluntad integradora, ayudaron a atraer a un nuevo electorado y crearon las bases consistentes de un movimiento que, aunque desorganizado, es masivo y tienen una clara sensibilidad popular y progresista.

Para la derecha local, muy retrógrada e ideologizada, la experiencia kirchnerista rozó el “chavismo”, cuando en realidad fue una combinación de instintos populares y soberanistas y medidas pragmáticas para resolver –sin dañar a las mayorías— diversos problemas que se fueron presentando a lo largo de 12 años.

La acción propagandística de Cambiemos, que sólo fue la prolongación de lo que ya venían haciendo los grandes multimedios, apuntó al aislamiento y a la eventual desaparición del espacio social kirchnerista. Y algo logró en cuanto a generar rechazos pre-políticos no sólo contra la figura de Cristina, sino a todo lo que fuera popular o latinoamericanista. Bajo la máscara de la República, impulsaron un pensamiento conservador e individualista.

La decisión de Cristina respondió específicamente a esa situación. Si bien importante, el kirchnerismo encabezado por su líder indiscutida, podría ser eventualmente segregado o aislado por una combinación de todas las fuerzas anti-k, por las razones que fueran.

Alberto no es Cristina, como lo ha dicho reiteradas veces, y convoca a una coalición política diferente. Los denominadores comunes son más básicos, aunque resultan indispensables luego de la arrasadora gestión macrista.

Es característico de los ciclos de derecha en Argentina, que cuando concluyen es tal el descalabro que la sociedad se debe unir en base a cuestiones mínimas y elementales: la vida, al final de la dictadura cívico-militar, la subsistencia en el derrumbe de la convertibilidad.

El vasto espacio peronista, con sus gobernadores, sus intendentes, sus sindicalistas, parece dispuesto a acompañar un intento de gobierno en base a cuestiones muy básicas, como la restitución del poder adquisitivo del salario, la reactivación del mercado interno, el acotamiento de los negocios particulares a costa del resto de la sociedad.

En un contexto normal, se diría que es una coalición de centro, que viene a administrar y encauzar una situación más que orientar el rumbo del país mediante transformaciones significativas. Pero en la Argentina, que está terminando de sobrellevar una experiencia extremista neoliberal por tercera vez, adquiere el significado de un gobierno popular y de progreso.

 

 

Macri el malo

A medida que se derrumba la imagen presidencial, la figura de Macri se vuelve electoralmente insalubre para sus propias fuerzas. Así lo testimonian las reticencias a las fotos en común, las boletas dobladas para que no se lo vea, los cambios de color y denominación en diversos parajes del país. Se ha vuelto un lastre y su reacción auténtica, agresiva y amenazante del lunes 12, no contribuyó a que su suerte se enderece.

Tampoco las escasas medidas compensatorias que se han tomado después de favorecer la estampida del dólar hacia el andarivel de los 60 $. No cabe duda del impacto contractivo de ese movimiento cambiario, malamente compensado por los modestos alivios anunciados el miércoles siguiente. El mercado interno desciende un nuevo peldaño, mientras el macrismo fantasea con un resurgimiento electoral.

Sin embargo, se trataría de un error político personalizar en Mauricio Macri al actual desbarajuste económico y social. No es que no le quepan responsabilidades: él ha sido el conductor de todo este proceso, y en algunos casos el inspirador de las peores medidas.

Pero Macri no llegó a la Rosada en un plato volador. Macri llegó aupado por una poderosísima coalición de intereses locales y extranjeros, que tenían un claro plan de negocios para hacer con la Argentina. Si bien son impresionantes las ventajas que ha propiciado el Presidente para su familia, amigos y socios a costa del patrimonio público, él está al frente del Poder Ejecutivo Nacional para que los fondos buitres, el campo, las mineras, las energéticas, ciertos proveedores del Estado y los fondos de inversión extranjeros ganen mucha plata en la Argentina. La suma de negocios privados no hacen un plan de gobierno, por más poderosos que sean quienes estén involucrados. Es precisamente la suma de negocios privados, sin ninguna tarea de compatibilización macroeconómica y social para hacerlos consistentes y sustentables, lo que ha llevado al actual desastre.

Saquemos por un segundo a Mauricio Macri del esquema. Pongamos a la Madre Teresa de Calcuta, o al más brillante de los CEOs de Wall Street: si insistieran en satisfacer las demandas desarticuladas de diversas fracciones empresariales, terminarían en igual catástrofe económica. Porque es la inconsistencia de base la que hace fracasar –y hará fracasar— cualquier experimento basado en la misma falla inicial.

Hoy, con la imagen de Mauricio Macri cayendo en picada, se corre el riesgo de que su figura se transforme en el árbol que tape el bosque. Que más y más argentinos, cada día, mascullen su nombre como sinónimo de desgracia, de impericia, de chantada, pero que no terminen de comprender que su fracaso no es exclusivo de él, sino de los sectores más encumbrados de la Argentina, que apostaron fervorosamente a un proyecto inviable e irresponsable, encandilados con la posibilidades de acceder directamente al poder estatal para gestionar negocios particulares e incrementar los beneficios sectoriales.

Macri es responsable políticamente, pero su candidatura es inexplicable sin la confluencia de sectores que deberían tener una mirada más amplia y estratégica, pero que volvieron a demostrar que carecen de ella.

 

 

Queremos goles

Le tocará ahora a Alberto Fernández y a Cristina Kirchner lidiar con el país endeudado y con gravísimos problemas de viabilidad productiva. Tienen de vuelta frente a sí a un poder económico que continúa simpatizando con Macri —que se les parece más—, y que desconfía seriamente de lo que podría hacer un gobierno de base popular.

Nos gustaría pensar que en algún encuentro reservado y recóndito algunos de los empresarios más influyentes de la Argentina pudieran preguntarse: ¿por qué apoyamos esto? ¿No hay algo que hicimos mal? ¿No tenemos algo para revisar de nuestra propia acción política y del tipo de proyectos que sostenemos? ¿O mejor hacemos como Macri, y le echamos la culpa a otros?

Está hundiéndose políticamente el proyecto económico-social de un bloque de poder tan poderoso como inepto. Bastará con hacer políticas sensatas e inteligentes para que la Argentina remonte y empiece a funcionar como necesitan las amplias mayorías.

¿Cómo se parará el futuro gobierno popular ante el conjunto de demandas sociales contradictorias que convergerán sobre la naciente administración?

¿Podrá la coalición política triunfante transformarse en una coalición social estable, a la altura de los desafíos estructurales, o recibirá los consejos estériles de los responsables del actual fracaso nacional?

Por ahora hay que seguir votando bien, y preparando respuestas creativas para el escenario pésimo que dejará la coalición macrista.

 

 

 

 

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18 Comentarios
  1. Alejandro dice

    El problema esta no ne los goles , sino en que arco se meten…

    1. Alejandro dice

      Respuesta de Alejandro a Marcelo Lagomarsino

  2. Juan Carlos dice

    Que buen artículo. Un placer leerlo. Tengo la ingenua pero valiosa esperanza que avancemos a partir de Diciembre juntos hacia un país vivible. Conscientes de la reciente experiencia neoliberal

  3. Luis Juan dice

    Estimado Ricardo:
    Excelente análisis.
    Una digresión.
    Dice Carlos Ciappina (vaconfirma.com.ar): “El destino rompió ese círculo, pero las bases para una nueva sociedad argentinas estaban ya construidas en 1952 y solo podrían modificarse por el odio y la ilegalidad oligárquica.”
    En un artículo titulado “Minorías y discurso del odio” (puntocritico.com) se refiere: “En un mundo de ficción, regido por el «deber ser», parecería sencillo (o al menos factible) alcanzar una convivencia social «estática», regida por principios inmutables de orden constitucional. Sin embargo, en el mundo real, el «deber ser» no puede resultar ajeno a las tensiones creadoras de ese dinamismo constructor de la realidad inmediata.”
    “La potencia de las minorías, hoy, está al servicio del caos. Cuyo beneficiario último, en un entorno caracterizado por la Corrupción de la Justicia y la Manipulación de la Información, no son sino los poderes del “antiguo régimen”, que en España son los poderes subsistentes del viejo Franquismo; ahora sin Franco. Los titulares del Poder financiero, verdadero poder no democrático que rige nuestros destinos.”
    “…La esquizofrenia se ha apoderado del cuerpo social. Hemos renunciado a buscar la verdad, instalados en un ultraindividualismo feroz.”
    “…Hemos destruido nuestra potencia, cegados por el discurso del Odio instaurado por los Medios de comunicación y su manipulación informativa, cuyo dominio no parece tener fin.”
    “…En definitiva, “prudencia viajero, el camino por el que avanzas es peligroso. Si ves almendras dulces, no las comas. Contienen veneno” (Omar Khayyam). Los excesos de esta rancia “nueva política”, cuya violencia recuerda a las falanges fascistas de los años 30 del siglo pasado, representan amenazas muy reales para la efectividad de nuestros Derechos Humanos.”
    Resulta interesante observar cómo en dicho artículo se describe la pirámide del odio y como no pude incorporarla al presente comentario, se puede ver en el link referido anteriormente.
    Se lee en revista5w.com lo siguiente:
    “…Cuando se desató la violencia en aquella ciudad, Christian Picciolini sintió un golpe en el corazón. Lamentó, una vez más, haber ayudado a fortalecer los cimientos del supremacismo blanco. “Siempre que algún miembro del movimiento neonazi hace daño a alguien, me siento muy responsable. Aunque no conozca a ese tipo, aunque yo saliese de eso hace 22 años, sé que en aquel momento planté las semillas de lo que está ocurriendo ahora”.”
    “Picciolini, de 43 años, perteneció a la primera generación de skinheads en Estados Unidos. Organizó a grupos neonazis, difundió su propaganda por todo el país, aborreció y golpeó a los que no pensaban como él y se tatuó su ideología en el cuerpo. Ahora ayuda a extremistas a abandonar el camino del odio, un giro de 180 grados que sabe que se puede dar. Él es el ejemplo.”
    No creo -y ojalá me equivoque-, que los odiadores seriales vernáculos estén dispuestos a imitar a Picciolini, pero de todos modos les sugiero que repasen la pirámide del odio. Se sabe demasiado tarde -generalmente cuando se llega a la cúspide- lo que han engendrado.

  4. DANIEL ROY dice

    Muy buen artículo. Coincido en que «Macri no es el malo», sólo es el gerente del poder real igual que Trump, Merkel, Putín Xi Jinping, etc.
    El poder real es el sector financiero global que agudiza los males del neoliberalismo.

  5. Fabian 63 dice

    los Argentinos queremos goles porque los goles son la verdad, Jingle de campañara del Ing Alvaro Alsogaray.

  6. Héctor Thompson dice

    Aprecio tu calidad conceptual. Creo que una herramienta que permitiría, muy paulatinamente, tener más dinero y de mejor calidad es la que propongo en https://perio.unlp.edu.ar/sitios/observatoriodetecnologias/dinero-de-nueva-generacion/
    Mayores aclaraciones están en mensaje a través de FB. Espero tu apreciación sea positiva o negativa sobre este des-cubrimiento de la mayor mentira más extendida en el tiempo y el espacio: el dinero tiene valor propio…… solo en la cabeza de muchísima gente. Tanto es así, que EEUU desde que le sacó el respaldo oro al dolar en 1971 ha conseguido -via maquinita- conseguir todo gratuitamente en el resto del mundo. Al principio cada billete de 100 dólares costaba 0.10 de dólar imprimirlo….. ahora ni siquiera tiene ese costo.

    1. Nestor dice

      los argentinos, queremos goles, la nueva fuerza los hará. Goles goles goles para ganar, goles goles goles, para triunfar. Me hiciste acordar!

  7. Fernando dice

    Importante la vigilancia crítica para avanzar sin pisar las trampas de oso que la «poderosísima coalición de intereses locales y extranjeros» (derrotada sólo electoralmente) va ha puesto e irá poniendo en el camino.
    Gracias Ricardo. Muy buen aporte.

  8. Delia Tedin dice

    Genial el artículo . Siempre con el sentido del humor que provoca y da contundencia a frases que definen el análisis . Por ejemplo cuando decís ¨Los desorientados por EL PEQUEÑO DETALLE del hundimiento económico . También cuando decís de poner a La Madre Teresa de Calcuta en lugar de M. Macri provocaría el mismo desastre es definir claramente que a este gobierno ni Dios le cabe . Muchas gracias por este SERIO análisis .

    1. José M. dice

      Formidable Ricardo

  9. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Me parece que el análisis de las crisis (local e internacional), no son sometidos a una auténtica crítica. No veo por qué el estado de una crisis no represente una oportunidad para hacer diversificación económica y proponer nuevos alineamientos en consecuencia.
    Veo que Estados Unidos, con Trump, ha decidido encerrarse y castigar todo aquello que no represente sus intereses. Esto lleva a pensar que no se podrá ingresar a ese mercado, ni competir contra ellos, ni asociarse a ellos desde una perspectiva de ventajas mutuas. Por lo tanto sería estratégicamente equivocado, sea como país o como empresario argentino, pretender manejarse con Estados Unidos tal como lo han querido hacer históricamente.
    Estados Unidos está en vía de declive imperial y no aceptarlo será un suicidio para el país, nuestros industriales y la región.
    En China se observa apertura, interés por conquistar mercados, intento de inserción en nuevos entramados políticos y, por supuesto, manejo de la crisis para salir fortalecidos. Ese es el punto. Ahí debemos apuntar, pero seríamos muy zonzos si creemos que sólo por ser Argentina lograríamos imponer condiciones competitivas en una vinculación con China.
    Para entrar a jugar el nuevo juego mundial, debemos hacerlo como región, sino no lograremos cambiar más que de dueños.
    Estamos en el mejor momento del mundo para cambiar a Latinoamérica de una vez y para siempre. Será cuestión de que los líderes regionales lo entiendan y se vinculen desde una perspectiva que necesariamente tenga a nuestros pueblos como meta y al desarrollo como bandera.

  10. Juan dice

    EXCELENTE ANÀLISIS Y DIAGNÒSTICO.
    Lo comparto absolutamente.

    Sólo tengo un matiz respecto al nuevo gobierno de F-F respecto de èsta afirmaciòn: «adquiere el significado de un gobierno popular y de progreso». Creo que serà un gobierno popular y de recuperaciòn parcial, pues las ùltimas 2 crisis graves de Argentina duraron 7 años (hasta alcancar el nivel de PBI donde se iniciò la caìda), y esto significa que la expectativa sería volver al nivel de noviembre 15 en noviembre 22.
    El contexto internacional es mucho màs grave que en 2002 (hoy la crisis es global y nò solo local). Sòlo se puede recuperar en base a mercado interno y ésto implica confrontaciòn con empresarios grandes y sectores capital intensivos. Ya no serà posible rebotar del fondo del pozo al 8-9% anual, sino al 4-5%….y en medio del conflicto estructural irresuelto (quizá Argentina siga en «empate catastròfico» durante todo el gobierno F-F. )

    Veremos. Lo interesante (siempre) es que la historia està abierta. Y en argentina el ANTAGONISMO (NÒ simple grieta) està presente y en desarrollo.

    Saludos y L O M J E.

  11. Ricardo Santoni dice

    Muy buen artículo. Desarrolla con claridad meridiana lo sucedido hasta aquí y plantea el verdadero interogante para lo que vendrá.

  12. Bibiana ortolani dice

    Excelente!!!! y muchas gracias.

  13. Marcelo Lagomarsino dice

    Me sorprende (y me hace ruido) el titulo de este excelente artículo. Es que, mi memoria me remite directamente a la primera campaña electoral que recuerdo y, específicamente, a un famoso gingle de la «Nueva Fuerza» de Alvaro Alzogaray. «Los argentinos, queremos goles, la Nueva Fuerza se los dara…» decía.

    1. Jorge dice

      Puede ser, Marcelo, pero para mí lo importante es el contenido de la nota de Ricardo. Hemos comenzado por apropiarnos del uso del «first name»: Marcelo, Ricardo, Alberto, Cristina, Axel… y siguen los nombres. Ahora vamos adelante con lo posible, porque no debemos (deberíamos) incurrir en el error de pensar que los políticos (incluso los que nos representan) no tienen mácula, en tanto los ciudadanos son (somos) personas que jamás se equivocan. Muy interesante es el desarrollo que hace Damián Selci sobre populismo, con senda base en Ernesto Laclau, revelador, como una suerte de inversión del sentido común respecto de la noción de «pueblo». Recomiendo la lectura de su libro «Teoría de la militancia. Organización y poder popular». Editorial Cuarenta Ríos.

  14. Daniel Roy dice

    Macri, Bolsonaro, Trump, Merkel, Putin, Xi Jinping, a pesar de sus diferencias geopliticas, son GERENTES, del neoliberalismo dominado en forma total por el SISTEMA FINANCIERO GLOBAL, conocido vulgarmente como LOS MERCADOS. Coincido en no focalizar en la persona Macri, sino en el sistema neoliberal.
    Para ampliar el tema, se puede ver el post «Los gobiernos que ellos quieren» en http://www.mundoglobal.blog.

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