Los arrepentidos después del tsunami

Los jueces y fiscales de Comodoro Py temen represalias por lo que hicieron.

“El sistema no castiga a sus hombres: los premia. No encarcela a sus verdugos: los mantiene”.
“Quién mató a Rosendo”. Rodolfo Walsh.

 

El ruido en la economía y en la política generado tras el tsunami Fernández-Fernández también se siente en la Justicia. Especialmente en Comodoro Py 2002, donde las PASO son el GPS en lugar de la Constitución. Por estas horas, algunos de los principales interrogantes giran en torno al futuro de las causas y juicios de corrupción tanto K como M y al uso discrecional de las prisiones preventivas. Otro caso, menos comentado públicamente pero que va a generar un fuerte debate, es el de los arrepentidos.

Es que el proceso judicial y la seguridad de aquellos que delataron a ex funcionarios kirchneristas preocupa a más de uno. Quizás el caso más emblemático sea el de los Cuadernos de Centeno, que llegó a tener veinte arrepentidos. Pero no es el único. Y tampoco es el problema de fondo.

Sucede que, de acuerdo a un relevamiento informal que realicé con fuentes judiciales, para la Justicia argentina hay tres clases de arrepentidos que son motivo constante de cuestionamientos de las diferentes partes involucradas y que ahora cobraron más notoriedad:

  1. Arrepentidos comunes, en las causas de drogas. Concretamente, se trata de aquellos que se quedan en la cárcel y conviven con personas cercanas a las que delataron. No consiguen la libertad porque no tienen domicilio. Su única protección es que los fiscales no muestran su nombre. El único beneficio es la promesa de una condena menor a futuro. Son casos envueltos en situaciones complejas.
  2. Arrepentidos Vip. Ellos son los que negociaron con las autoridades los términos de la confesión. Van a la TV, tienen casa, medicina prepaga y custodia. El ejemplo más famoso es  Leonardo Fariña.
  3. Arrepentidos forzosos. Es decir, aquellos que son detenidos como un mecanismo de convencimiento. Los funcionarios judiciales les ofrecen la libertad a cambio de la confesión. Por ejemplo, en la causa de los Cuadernos esto fue denunciado por algunos imputados. Uno de ellos fue Gerardo Ferreyra, de Electroingeniería, en una audiencia ante la Cámara de Casación Penal (ver acá el video). En delaciones de esta naturaleza, lo que está en discusión es el modo en que esas personas tomaron la decisión. Sobre todo, porque en muchos casos despidieron a su defensor de confianza, designaron al oficial y luego se arrepintieron. En la regularidad de esa dinámica yace una sospecha de que en algún momento se va a debatir a fondo.

Los tres tipos de arrepentimiento tiene un punto en común. Los unen problemas de implementación de la ley de los que derivan diversos planteos. La Ley del Arrepentido  27.304 tiene algún punto discutible. Todas las leyes poseen algunas oscuridades. No obstante, en este caso el Procurador Eduardo Casal, que tiene a su cargo el diseño de la política criminal del Ministerio Público Fiscal, podría haber elaborado un protocolo para que los fiscales apliquen la ley del mismo modo. Por ejemplo, podría haber garantizado que una persona decida arrepentirse en libertad plena, que se filme la negociación con el fiscal y la confesión y que los fiscales informen cada tanto cómo va el chequeo de la confesión. Recordemos que todo arrepentimiento debe ser corroborado.

Pero eso no pasó hasta ahora y, producto de estos problemas de implementación y de la bomba electoral de las PASO, el temor habita a muchas personas.

Los jueces y fiscales de Comodoro Py temen represalias por lo que hicieron. Muchos estiraron la ley, no siempre de un modo compatible con las causas.

Por su parte, los funcionarios sienten que pueden sufrir lo mismo. Sobre todo, porque ese modo de aplicar la ley se convirtió en jurisprudencia. En otras palabras, muchos temen el modelo Bonadío-Stornelli.

Además, los arrepentidos que hablaron y apuntaron contra los ex funcionarios K ahora sienten peligrar su seguridad. Pero, principalmente, muchos están preocupados porque si mintieron pueden perder todos los beneficios y además afrontar el delito de perjurio que contempla la ley 27.304 .

Más allá de las decisiones de los jueces y fiscales, quien asuma en diciembre tendrá el desafío de que reconciliar la ley con la Justicia y que la misma deje de ser un arma.

 

* Publicado en #DosJusticias

 

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8 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimada Catalina:
    Una digresión.
    Alejandro W. Slokar (el juez apartado por Carrió), decía en un artículo de 2013:
    Durante el siglo XIX, H. Daumier llevó a cabo la crítica más devastadora de la Justicia en la forma de sátira. La caricatura, se sabe por lo menos desde Kant, encierra la exageración de lo característico, y el mérito imperecedero del artista fue para el notable jurista Gustav Radbruch, ministro de Weimar, luego profesor proscripto por el nazismo, poner en evidencia las tipologías del pathos judicial: “la venalidad, la ceguera, la insensatez y la indiferencia de los jueces; la codicia y la sofistería de los abogados”.
    Ciento cincuenta años más tarde, la misma desilusión puede surgir en la primera experiencia directa que un ciudadano tenga con el “palacio”, a poco de tropezarse con un sistema incomprensiblemente barroco y una maquinaria que impone un tiempo interminable para la decisión de los conflictos. Mas aún: cualquiera lo observará como un poder demasiado autoritario, excesivamente burocrático, con prerrogativas antigualitarias, poco abierto a la diversidad de las dinámicas sociales y calcado sobre un modelo que pudo haber funcionado para el país de otro tiempo y de otro modo.
    En la imagen, los dos togados capturados en silenciosa connivencia, con sonrisas de complicidad, se tornan muecas grotescas de un ámbito a menudo corrompido. Se pregunta aún hoy el ciudadano: ¿Todas las partes –poderosos o miserables– son igualmente escuchadas y tomadas en cuenta? ¿Todos reciben el mismo trato y tienen los mismos derechos?
    Cuando todos aquellos que no tienen los conocimientos, los ingresos o las influencias necesarias constatan que no están en condiciones de hacer valer sus derechos, desaparece el sentimiento de equidad que es la base de la legitimidad del Poder Judicial.
    En rigor, se trata de la existencia de constantes estructurales relacionadas con un modo cultural, que todavía pretende pensar el mañana con las ideas de ayer y administrarlo con las instituciones de anteayer. Más allá de reacciones veleidosas y superficiales, la Justicia siempre padeció de un mal grave que, sin la cura apropiada, permanecerá y empeorará con el paso del tiempo.
    Porque, en esencia, el Judicial es una institución con resistencias al cambio y además con efecto espejo, o sea, genera tipos de actores a su propia imagen y semejanza. No es de extrañar que aquellos símbolos, ritos y ritmos retratados por Daumier se reediten de modo permanente, a partir de la cooptación de un cuerpo cerrado, colocado social e ideológicamente fuera de la sociedad. Así, no es casual el anclaje de otras corporaciones (clero, militares) que durante décadas sin acuerdo y con juramentos de fidelidad a regímenes de facto supieron articular sus redes y proyectar sus intereses. Tal como todavía al día de hoy lo procuran los grupos de economía concretada y/o hegemonía mediática.
    La lógica institucional, con modos de decisión y gestión donde todo se concibe en la cúspide, desde los espacios jerarquizados que se ejercen en lo más alto de la estructura, se soporta en burocracias no pocas veces medrosas cuya caracterización tradicional son los rancios valores del conservadurismo –o sea, defensa del statu quo– contra cualquier innovación. Así se defiende en bloque lo acomodaticio e indolente, y se reclama neutralidad (falsa) con notas pretendidas de impolutez y asepsia. No a través de leyes, sino con esos códigos –las más de las veces implícitos– se forjan las mentalidades, las actitudes y los reflejos.
    El mayor desafío de una transformación quizás sea poner a los jóvenes agentes en el centro de la estructura de cambio. Requiere la adaptación del personal existente a una radical revisión de sus enfoques, para convertirlos en la punta de lanza de una reforma que debe ser estructural. Luego, demanda construir una política de formación inicial y capacitación permanente, en donde nada es ajeno a las misiones comunitarias de universidades y centros de estudios, fundamentalmente aquellos ubicados en las periferias de la gran urbe.
    Existe un conjunto de momentos de la vida política y social de un país en los cuales se generan las condiciones decisivas para los cambios y, una vez producidas las rupturas, los procesos devienen irreversibles. Estamos emplazados a una reflexión autocrítica sobre nuestro oficio y, cual albañiles, encargados de reparar un edificio cuya estructura está cada día más socialmente cuestionada. Sin un Poder Judicial fuerte e independiente no hay protección de los derechos ni de las reglas básicas de convivencia, pero legitimidad es confianza en la aceptación de nuestros magistrados como garantes de ello. Cualquier reacción que tienda a pensar en términos de conspiración o de cruzada antijudicial no puede impedir la evocación nuevamente del bueno de Daumier, que alguna vez tuvo que padecer la consecuencia de seis meses de encierro por delito de prensa contra el monarca. La historia enseña que la censura de Luis Felipe I dio lugar a las barricadas de 1848 que echaron por tierra el último reinado de aquel país y cedió el paso a la II República.
    https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-214525-2013-02-24.html
    Está demasiado claro, Catalina, que este poder judicial ya no nos sirve de ninguna de las maneras por las que fue concebido, salvo, como garantía del statu quo de los poderes fácticos.

  2. Lili dice

    La reforma nunca hecha es la más necesaria: A ver si el nuevo Poder Legislativo reconstruye un sistema de justicia que cumpla con la ley, que no cometa delitos, que no haga «derecho creativo», Donde los casos que llegan a la Corte sean tratados y con celeridad, donde los Ministerios Públicos Fiscales no sean frontones para la ciudadanía y herramientas del Poder de turno y donde los jueces que prevariquen (que son inconmensurablemente muchos), sean destituidos.
    Si hiciéramos eso como primera cosa, todo lo demás se desbarrancaría mucho menos cíclicamente. Porque en semejante estado del Poder Judicial (en todo el país), lo que no tenemos es Estado de Derecho. Ni siquiera eso, mirá si vamos a tener todo lo otro algo ordenado.

  3. Ernesto Oscar dice

    Libertad a los presos políticos y Justicia a todos los que atentaron contra la señora de los ojos vendados.

  4. FPV dice

    Alguien cree en la aplicación de la ley en argentina hoy? Gobierna una banda de delincuentes que han puesto a los investigados en los mas altos cargos de investigadores! Hasta en la corte suprema pusieron sus abogados!!! La justicia es un valor que para ellos no existe.

  5. norberto dice

    ¡¡¡¡ CARCEL !!!! , ¡¡ CARCEL !!! , ¡¡ CÁRCEL !!!!

  6. Héctor de Troya dice

    Cuando este sainete acabe…¿ quiénes se harán cargo del sufrimiento y el escarnio social de las personas que día a día comprobamos que fueron acusadas y apresadas, con testimonios truchos por dinero o por libertades que no corresponden? ¿ está lo que llamamos Poder Judicial en condiciones de ejercer estas correcciones?
    No se debe permitir que esta lacra agonizante nombre ni un Juez o fiscal más.

  7. Oscar dice

    Deberían tener que renunciar,todos los que mal actuaron y atenerse a derecho.Sin llorar ni reclamar indulgencia.

  8. Babalusil dice

    Esta ley nacio mal yterminara mal. Pensada (creo) para narcos y otros delitos, termino siendo un arma en manos de fiscales y jueces para perseguir opositores. Los chicos de Py creyeron de verdad q ser recompensados x el PE seria formar una sociedad eterna y lucrativa. Les salio mal. Q se hagan cargo…

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