Los bancarios caen en la cuenta

El Especial de IADE para El Cohete a la Luna

 

Al igual que Sergio Palazzo, es afiliada radical.  Y como secretaria general de La Bancaria seccional Buenos Aires (abarca 60 entidades bancarias de Ciudad, Gran Buenos Aires, y parte de la Provincia) Alejandra Estoup comparte el liderazgo de un gremio de trabajadores de clase media, que en su mayor parte votaron a la alianza Cambiemos. Pero sin embargo, juntos se encuentran llevando una dura lucha contra un gobierno con una clara política anti-obrera que, para hacer el cuadro más complejo, es respaldado por varios sindicalistas peronistas con bases mayormente justicialistas. Consultada por esta paradoja, una de las tantas en estos tiempos, Estoup señala que no se trata de una cuestión partidaria, sino ideológica. “A Sergio y a mí nos dicen que parecemos más peronistas que los peronistas, y les decimos que peronistas no somos, sino nacionales y populares, y por otra parte que un radical luche por los derechos de los trabajadores y la justicia social es lo más lógico, eso no es patrimonio del peronismo”. De hecho, consultada por el rol actual de la UCR, lo define como “lamentable”, ya que “es inaceptable que un partido centenario que dio las luchas más duras para sacar al conservadurismo enquistado en el poder pierda sus valores por un cargo o una estructura política. Uno puede entender la política de acuerdos y de alianzas, pero no se pueden perder los principios. Raúl Alfonsín decía que nunca podíamos estar con la derecha, que claramente en estos tiempos es Macri, y que la UCR podía perder elecciones pero nunca sus principios”. Además señala que otro de los motivos por los que mantiene en alto su lucha es su vocación sindical, ya que “somos sindicalistas de alma y eso implica representar a los compañeros trabajadores por sobre cualquier bandería política, tanto de los compañeros como del gobierno”. Una vocación que siendo además mujer le significó una doble marginación. “Ya siendo delegada —señala—, la primera vez que sufrí discriminación de género fue cuando quedé embarazada de mi primera hija, pues me negaron un cargo diciendo que debido a mi embarazo había bajado el rendimiento. Esa es una estigmatización permanente que sufrimos las mujeres, como también por las licencias por maternidad. Y por el hecho de ser sindicalista, me dijeron que pese a mis condiciones laborales no me ascenderían, pero yo sabía que eso iba a pasar, así que pese a la bronca siento orgullo por seguir mi vocación”.

Activa en el sindicalismo desde 1980. ¿Hubo algún tipo de evolución en estos dos aspectos durante todos estos años?

Cuando yo comencé a activar el sindicato estaba intervenido por la dictadura, con lo que sin dudas ha evolucionado la organización de las estructuras, lo que implica una base más sólida para la lucha. Pero en los resultados aún estamos muy lejos. Quienes entran al gremialismo no ascienden en sus puestos laborales, lo que es una forma de censurar el activismo por parte de las patronales. Y en relación al tema de género, tal vez ya no pueden ser tan explícitos como antes, pero continúan con formas más solapadas, como por ejemplo durante las entrevistas laborales previas al ingreso, con lo aún queda mucho camino por recorrer.

¿Y en relación a los derechos laborales de los bancarios?

Con el kirchnerismo se avanzó muchísimo en las condiciones y los derechos laborales, con Héctor Recalde como diputado y otros legisladores, movilizados bajo la decisión política del gobierno anterior, aunque aclarando que si bien ese gobierno dio las herramientas, la lucha fue de los trabajadores. Pero el impuesto a las ganancias fue como un Pac-man para cada avance, y por eso los compañeros reconocían a Palazzo y toda la estructura, pero no dejaban de reclamar por la falta de avances en este tema.

¿Pudieron haber sido contraproducentes, en términos políticos, los diversos paros efectuados al anterior gobierno por este reclamo de los trabajadores de la punta de la pirámide, en función del voto posterior de sus bases?

Nosotros no podíamos dejar de reclamar esto, porque el Impuesto a las Ganancias en Argentina es regresivo, ya que se desvirtuó completamente en relación a la inflación y, además, mientras que los empresarios tienen exenciones, nosotros debemos tributar el total del porcentaje correspondiente. Los salarios de convenio no deberían tributar porque se trata del salario de sustento, e incluso muchos trabajadores que hacían horas extras o lograban ascensos terminaban trabajando más por menos haberes. Pero Palazzo dijo claramente que prefería pelearse con Daniel Scioli por Ganancias y no con Macri por despidos. De todas formas, muchos compañeros creían que los avances logrados no se iban a perder y que Macri representaría entre otras cuestiones la posibilidad de un nuevo avance por su anuncio de que los trabajadores no iban a pagar el impuesto a las Ganancias, que fue comprado por casi todos los bancarios y más. Pero yo no soy quien para decirles que se equivocaron, más aún con el nuevo voto de confianza que recibió el gobierno.

¿Influyo también el voto de clase o aspiracional en un gobierno que terminó recortando sus derechos?

En nuestro sector nadie discute el liderazgo de Palazzo ni lo que hacemos como sindicato, pero es verdad que en la fase política se mantiene la mirada conservadora de nuestra clase social, y en muchos casos la confusión de pensarse como banqueros en vez de bancarios. En este sentido, creo que tampoco ayudaron muchas formas del anterior gobierno, que si bien no hacían al fondo, resultaban irritantes para los compañeros, Nosotros tampoco venimos de un repollo, somos parte de este entramado, y si no interpreto a los bancarios, mejor me dedico a otra cosa, y además los perdemos como compañeros. Pero ellos están empezando a hacer un clic, porque se ven afectados en términos individuales, debido a que ya no les está alcanzando, lo que no quiere decir que no haya resto, porque somos de las actividades con salarios dignos, porque no me gusta decir salarios altos, pues el salario inicial de 25.500 pesos y el promedio de 40.000 del año pasado, simplemente se ajustan a la canasta familiar, y la diferencia es porque otras actividades están con salarios muy bajos.

¿Cómo evalúa el actual estado de la CGT?

Nosotros apuntamos a la unidad y no a la ruptura, porque la atomización del movimiento obrero es lo peor que nos puede pasar. Y lo decimos desde un sindicato que lidera la lucha y es parte de la CGT aunque no está en la Comisión Directiva, porque habíamos dicho que era necesario hacer la unidad con las CTA. Creo que de hecho es muy importante el nuevo e incipiente reagrupamiento social y sindical que se vio en la marcha de febrero, porque está el buen antecedente del MTA de los ’90, pero quedó claro que no podemos cometer el error de volver a dejar afuera a los trabajadores precarizados o los desocupados, y los movimientos sociales tienen que ser bienvenidos. Y creo que hay que trabajar duramente para que este incluido todo el movimiento obrero, porque todos los trabajadores están sufriendo mucho este presente, con esta ola de despidos y búsqueda de ajuste del costo laboral, lo cual no sorprende de un gobierno conformado por empresarios.

¿Que opinión tiene de los dirigentes sindicales alineados al oficialismo?

Pienso que primero tendrían que ponerse de acuerdo con lo que dicen y firman y después hacen, porque la marcha de febrero había sido avalada inicialmente por toda la Central con el duro documento que se hizo junto con la Corriente Federal en la que estamos con Palazzo como uno de sus líderes. Y me preocupan los trabajadores defraudados, que empiecen a decir que no se sienten representados, porque de esa forma les damos de comer a los grupos del poder que denostan al sindicalismo, porque siempre se estigmatizó al sindicalismo, con la falta de representatividad, la corrupción, la caja.

En este sentido, ¿cómo ve las causas judiciales que se están desarrollando?

Hay casos de delincuencia, si, y si se comprueban en la Justicia tienen que ir presos, yo no voy a defender a ningún delincuente. Pero llama la atención que cuando otros denunciados están al calor del poder, la justicia actúa diferente, o que no se hace nada con la corrupción empresarial, y entonces parece que solo hay corrupción en el sindicalismo. Entonces, todo termina siendo más parecido a una persecución y una extorsión instrumentada a través de la corporación judicial, junto con la correspondiente estigmatización, lo cual es un bumerán para toda la sociedad porque el poder es efímero.

 

Sus inicios en el sindicalismo

Estoup ingresó al banco Palmares de la familia Bulgheroni a los 17, creyendo que su vida adulta sería muy diferente al sofocante clima experimentado en su secundaria durante el Proceso. Pero, señala, “una de las primeras normativas en el banco era que las mujeres debíamos usar pollera, y para mi eso era como volver al régimen militar del secundario, por lo que con mi actitud rebelde le planteé al jefe de personal que debía pagarme esa vestimenta o de otro modo iría con lo que podía, así que finalmente empecé a ir con pantalones. Luego vino la lucha para que los compañeros pudiéramos tener un lugar para almorzar, y el día en que quisieron despedir a una compañera por no atender a un director del banco que siempre venía fuera de horario. Aquella vez fui junto a un compañero a reclamarle al gerente general, algo nada fácil teniendo en cuenta quienes eran los dueños del banco y que si bien la dictadura ya no era tan terrible, todavía no había vuelto la democracia. Pero gracias a nuestra gestión la compañera mantuvo su puesto. A partir de ese momento se fue generando una situación clara de defensa, y ahí sentimos que eso debía ser más formal, porque no había comisión interna, con lo que empezamos a trabajar para formarla, y luego me convertí en delegada”.

 

  • Entrevista por Julián Blejmar @jblejmar

 

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