Los calladitos

Desprecian la política pero votan. Se guían por caras y promesas de campaña pero definen elecciones

 

Evo Morales los llama calladitos; equivale a lo que conocemos como la mayoría silenciosa. Son los que no hablan de política; más aún, la desprecian. No tienen posiciones políticas firmes. Todo lo que hacen es votar. Lo cierto es que a veces deciden elecciones. ¿Cuántos son? Difícil saberlo. Hay encuestadores que le dan un 20% del padrón, algunos hasta 30%. Como no se pronuncian es difícil saberlo.

Incluso no son pocos los que esconden sus preferencias si presumen que puede traerles problemas.

Lo que los distingue es su única expectativa: vivir tranquilos, un buen trabajo y un país seguro. Y es así como saltan de un candidato a otro, del progresismo a la derecha sin más estímulo que la cara del candidato y sus promesas electorales. No quieren lío. Por eso si bien muchos de ellos viven mejor con el peronismo, algunos le desconfían. El peronismo es quilombero.

En las últimas elecciones Macri pasó de un 30% en las PASO a un 40% en las generales. Más allá del aporte de los partidos de derecha, hubo un vuelco de los calladitos. Entre mis calladitos cercanos hubo tres casos. Votaron al peronismo en las PASO y a Macri en las generales. Cuando les pregunté el motivo del cambio, me respondieron igual: por miedo.

Escucho hablar del pueblo o de la gente como una totalidad. ¿Es así? Los expertos dicen que en la Argentina hay un 30% de ciudadanos y ciudadanas progresistas y una cantidad igual que se los considera de centro-derecha y de derecha. ¿Y los calladitos?

Bolivia es uno de los ejemplos. El MAS obtuvo un 54% en las elecciones que lo repusieron en el poder y poco tiempo después perdió gobernaciones y municipalidades. ¿Fueron los calladitos? ¿Y fueron los calladitos los que terminaron con doce años de gobierno del Frente Amplio? ¿Los que entregaron Brasil al fascismo después de los gobiernos de Lula y Dilma? ¿Cómo puede ser que en Ecuador hayan elegido para Presidente a un banquero?

Todo esto viene a cuento cuando pienso en el futuro de nuestro país. ¿Qué votarán los calladitos en las elecciones de medio término? Los que saben dicen que todo dependerá del desenlace de la pandemia y de la marcha de la economía, nada menos. En ambos frentes, por ahora, el gobierno de Alberto Fernández está en deuda. Falta todavía. El pícaro de Durán Barba suele decir que la gente (en realidad los calladitos) definen su voto a último momento.

Dicho esto, no entendí la reacción en políticos y periodistas a la opinión de Marcelo Longobardi, quien auguró la posibilidad de un gobierno autoritario. Yo pienso lo mismo. Será que a Longobardi se le sospecha una “intencionalidad política”; más que un pronóstico es un deseo. No es mi caso.

Pero basta ver la marcha del mundo: una derecha que cambió el discurso y avanza entre los jóvenes.

El progresismo fracasó en América Latina. La derecha “democrática” también. ¿Qué queda? Si uno rasca un poco a los calladitos, aparecen los genes fascistas.

¡Ay los calladitos!

 

 

 

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