Los caminos del desarrollo

¿Conviene un desarrollo basado en la inversión extranjera y en el uso de tecnología importada?

 

Para continuar con el debate sobre el modelo de desarrollo post-Cambiemos es necesario hacer algunas reflexiones sobre el propio debate. Entiendo que es positivo darlo dentro del campo nacional y popular porque no solo debemos confluir, como sin duda alguna lo haremos, para derrotar electoralmente al neoliberalismo periférico de Cambiemos, sino que debemos esforzarnos por confluir en las visiones de la construcción posterior, para que sea mayoritariamente aceptada por nuestros conciudadanos tanto desde lo racional como desde lo emocional y no solo ganar las elecciones sino unir voluntades a la hora de desarrollar un programa de gobierno.

La pregunta que se plantea en este debate es la que ya en los ’50 formulaba el desarrollismo: ¿cuál es la objeción a un modelo de desarrollo basado en la inversión extranjera directa (IED) y por ende en el uso de tecnología importada? ¿Estamos planteando una objeción estética o ética? ¿Es una objeción que nace de la pedantería de ingenieres y científices que aspiran a reinventar el agujero del mate?

La respuesta que hemos discutido en varios artículos y que volvemos a desarrollar es que si bien pueden logarse aumentos de productividad y de valor agregado en la producción, con un proceso motorizado por la IED y por ende con el uso de tecnología importada, estas herramientas no permiten recorrer proceso de desarrollo inclusivo (DI) como es nuestro objetivo.

Retomar, a partir del 10/12, el camino del DI implicará aumentar el valor agregado de la producción argentina, complejizando nuestra matriz productiva y simultáneamente aumentar la participación de los trabajadores en la distribución del ingreso.

Para complejizar la producción y desandar el camino de reprimarización de Cambiemos, se deberán tomar decisiones de política tecnológica (estilo tecnológico [1]) y para avanzar en los niveles de igualdad distributiva se deberán tomar decisiones de política económica-social y ambos conjuntos de decisiones configuran el modelo de país [1].

Para solamente cumplir con el objetivo de complejización productiva existen tres estilos tecnológicos posibles:

  1. Delegar el desarrollo tecnológico en empresas multinacionales para que aporten su tecnología, es decir, reforzar la dependencia tecnológica la que mediante diversos mecanismos involucra una permanente fuga de capitales; entre los mecanismos podemos citar sin pretensiones de completitud el comercio inter-empresa calibrado de forma de dejar las ganancias en paraísos fiscales o en países en los que su planeamiento global indique la conveniencia de concentrar las inversiones; auto-pago de royalties a sus headquarters, etc. (temas discutidos extensamente en [2]). Las multinacionales no localizan en el país sus cadenas productivas y la dependencia respecto de los proveedores que imponen, compatible con su división internacional de la producción pero no con nuestros intereses como país, hacen que por un lado no se desarrollen capacidades productivas nacionales y por otro lado que la integración del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SNCyT) con el sector productivo tienda a ser nula (un ejemplo típico es la industria automotriz, analizada en [3]). Este es el camino que tomó el gobierno de Cambiemos y es incompatible con el aumento de la participación de los trabajadores en el ingreso, ya que cuanto más se produce más divisas pierde el país.
  2. Delegar el desarrollo tecnológico en asociaciones entre empresas nacionales (públicas o privadas) con multinacionales. Es imprescindible tener en cuenta que en un emprendimiento tecnológicamente complejo, el dueño de la tecnología maneja el negocio independientemente de su participación en el capital. Este segundo camino provoca inexorablemente las mismas consecuencias que el anterior.
  3. Basarse en el desarrollo autónomo de tecnología por parte del complejo conformado por empresas estatales, pymes nacionales y el SNCyT. Este fue el camino que permitió complejizar la matriz productiva argentina durante las presidencias de Juan Domingo Perón, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. En los tres casos la gran traba que limitó las posibilidades del desarrollo autónomo fue la restricción externa. En el próximo gobierno nacional y popular, para evitar que vuelva a truncarse el proceso de desarrollo autónomo por la restricción externa, el control estatal sobre los flujos de capitales deberá figurar prioritariamente en la agenda.

El rol central en este proceso de DI; por las inversiones que se requerirán, por los largos períodos de retorno del capital y por los riegos económicos involucrados; solamente podrá ser asumido por el estado nacional [2]. Que el estado cumpla un rol central en el desarrollo tecnológico no es, como pretenden hacer creer los sostenedores del proyecto nacional neoliberal-periférico, una característica de los países de capitalismo tardío como el nuestro; es la base de los procesos de innovación tecnológica en los países de alto desarrollo industrial [4] [5].

A modo de epílogo del presente artículo y para ir avanzando en la precisión del debate: cuando hablamos de desarrollo autónomo de tecnología no estamos necesariamente hablando de patentes [6]. No hay patentes en los procesos de sustitución de importaciones como el que por algunos años deberemos recorrer, no hubo patentes en el caso de producción autónoma de radares, de satélites, ni de centrales nucleares de baja potencia, todos éxitos del estilo tecnológico logrados en base a la interacción de empresas estatales, el SNCyT y pymes nacionales, es decir la puesta en acto del triángulo de Sábato descripto en [7]. En este proceso la innovación local [8], la ingeniería inversa de productos y procesos a ser sustituidos es lo relevante y no la búsqueda de innovaciones globales patentables.

 

 

[1] O. Varsavsky, Estilos Tecnológicos – Propuestas para la selección de tecnologías bajo racionalidad socialista, Buenos Aires: MinCyT, 1974 (reeditado en el 2013).
[2] E. Dvorkin, ¿Qué Ciencia Quiere el País? Los estilos tecnológicos y los proyectos nacionales, Buenos Aires: Colihue, 2017.
[3] E. Dvorkin, «El complejo automotor después de Macri,» El Cohete a la Luna, 23 octubre 2018.
[4] M. Mazzucato, The entepreneurial state, Demos (www.demos.co.uk), 2011.
[5] M. Mazzucato y G. Semieniuk, «Public financing of innovation: new questions,» Oxford Review of Economic Policy, vol. 33, nº 1, 2017.
[6] E. Dvorkin, «Cómo evaluar la C&T,» Página 12, 17 septiembre 2013.
[7] J. A. Sábato y N. Botana, «La ciencia y la tecnología en el desarrollo futuro de América latina,» de El pensamiento latinoamericano en la problemática ciencia-tecnología-desarrollo-dependencia, Ediciones Biblioteca Nacional, 1975 – Reimpreso en 2011.
[8] E. Dvorkin, «¿De qué hablamos cuando hablamos de innovación tecnológica?,» 12 Octubre 2018. [En línea]. Available: http://www.iade.org.ar/noticias/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-innovacion-tecnologica.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 250/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 500/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 1000/mes al Cohete hace click aquí

4 Comentarios
  1. Soledad dice

    En un todo de acuerdo.

    No tengo en claro si es posible enfrentar la restricción externa sin bancarse no poder dejar de usar PLCs Siemens, reactivos Merck o instrumentos ópticos GE a nivel industrial o inclusive a nivel consumidor final tolerar el Rastrojero o el Siam DiTella 2.0.

  2. Abelardo llosa dice

    Excelente! Claro, preciso y enfocado en el futuro proximo.

  3. Fur Li dice

    Interesante, pero excesivamente referencial. Links que nos conduzcan a esas referencias, colaborarían a situar con más claridad el modelo que nos propone.

  4. Andrés J. Kreiner dice

    Gran aporte! Comparto plenamente. Estos conceptos deberían explicitarse en una plataforma electoral.

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.