Los carteles y las fábricas

La experiencia de los Astilleros Astarsa

 

La Revista IAS, que era una publicación empresarial, en abril de 1972 presentaba a los Astilleros Astarsa como un modelo de seguridad e higiene. Nosotros, los trabajadores, no lo sentíamos de esa manera. No confiábamos demasiado en el médico de fábrica, cuando íbamos al consultorio nos daba alguna aspirina y hasta en algún caso nos permitía no trabajar ese día, pero de todos modos seguíamos sintiéndonos mal. Hasta entonces, creíamos, porque nos lo habían hecho creer, que cuando había un accidente en la fábrica era porque el compañero no prestaba atención a su tarea o porque no miraba los carteles que ponía la empresa con las normas de seguridad o porque no se accionaba algún dispositivo de seguridad. Pero eso era lo que se decía, lo que realmente ocurría era, por ejemplo, que un compañero se murió porque soldando en el doble fondo de un barco se juntó la llama del soplete con la manguera que traía el oxiacetileno inflamable y se produjo una explosión que lo mató. De eso, nosotros, sin ninguna duda, no éramos responsables.

 

 

 

 

Además, es cierto que muchas veces no mirábamos los carteles de seguridad o nos descuidábamos, eso ningún trabajador debería ocultarlo. Cualquier persona, en cualquier trabajo, puede distraerse, estar preocupada por algo. Los que trabajábamos junto a una máquina, también nos distraíamos, la diferencia es que muchas veces eso nos costaba una mano, un brazo o la propia vida. Y esto no se resuelve entonces con carteles, como si fuéramos animales, enseñándonos como se va a la máquina como se le enseña al perro dónde hacer sus necesidades. Esto se resuelve haciendo máquinas para hombres, hombres que se distraen, y no adaptando a los hombres a las máquinas. Todos estos problemas pueden ser resueltos, pero ocurre que en muchos caso no es que no se sepa cómo hacerlo, sólo que resolver alguno de ellos cuesta mucho dinero, o resulta más barato pagarle a un accidentado la indemnización que cambiar la forma en que se trabaja. Pero nosotros sosteníamos que eso no era justo; no se puede encarar esto según si la solución es más cara o más barata, el problema tiene que resolverse teniendo en cuenta la salud del trabajador.

Por eso, cuando pasó el último accidente que provocó la muerte de un compañero, creamos una Comisión de Control de la Seguridad, la Salubridad y la Higiene integrada por doce trabajadores. Decidimos que nosotros éramos los dueños de nuestra salud, y nadie más que nosotros. Entonces sí que cambiaron las cosas. Se consiguió, con el asesoramiento del Instituto de Medicina del Trabajo y la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) que se declarara insalubre casi todo el barco. El doble fondo quedó clausurado un tiempo hasta que se cambiaron las condiciones de seguridad. Lo más importante que conseguimos es la conciencia de que nosotros somos los que tenemos que ocuparnos. Entonces la comisión de control de la seguridad recorría la fábrica y recibía los problemas y sugerencias que presentaban los compañeros. Tratando de encontrar soluciones, y sobre la base de nuestra experiencia, intentamos elaborar nuevas normas de seguridad; para esto es imperioso que los trabajadores tengamos nuestros propios asesores médicos y técnicos, y también necesitamos capacitarnos, porque nadie nos puede reemplazar en el control, ya que los que sentimos las cosas somos nosotros. Son imprescindibles cursos accesibles para el trabajador; necesitamos también nuestros propios aparatos de medición, para medir el ruido, el polvo, los gases y además aprender a manejarlos.

Empeñados en la gran lucha para controlar el estado de salud de los compañeros, éramos conscientes de que ello tiene mucho que ver con que podamos conocer y controlar cómo se organiza la producción, para que no se haga a costa de nosotros y de nuestra salud. Mientras duró la Comisión del Control Obrero de la Seguridad, Salubridad e Higiene (1973-1976) no hubo ningún accidente más en el Astillero, incluso con las medidas tomadas pasamos por encima de normas internacionales que regían para los astilleros navales, pero que tenían poco que ver con la realidad. Todo lo conseguido en esos tres años fue anulado y abolido por el golpe cívico-militar de 1976.

Con el golpe militar de 1955 fue intervenida la CGT y encarcelados sus dirigentes. El movimiento obrero entra así maniatado a los 18 años de Proscripción y Explotación. Este sindicalismo acosado por la dictadura militar y los intentos de soborno y corrupción por parte de los Patrones, se convierten en meros agrupamientos burocráticos. Hubo de todos modos intentos de organización. La CGT de los Argentinos con Raymundo Ongaro, los Sindicatos Clasistas de la Fiat de Córdoba Sitrac y Sitram, Luz y Fuerza con Agustín Tosco, los Gremios Combativos, los Metalúrgicos de Villa Constitución, etc. Todos ellos fueron algunos de los referentes que tuvo el Movimiento Obrero en su búsqueda por democratizar la vida sindical. Los obreros comenzaron a organizarse en Agrupaciones de Base, principalmente en las fábricas, después en los Sindicatos. Las consignas de estos nucleamientos se basaban en la lucha antiburocrática y la movilización por las condiciones de trabajo: el control por parte de los trabajadores de la seguridad e higiene, los ritmos de producción, la revalorización de las categorías, el maltrato de los capataces e ingenieros. Estas luchas reconocen su punto más álgido en el año 1973 durante el gobierno de Héctor Cámpora y un ejemplo fue la lucha de los Obreros Navales de la Zona Norte del Gran Buenos Aires, que lograron el Control Obrero de la Seguridad, Salubridad e Higiene.

 

 

El origen

Las palabras pronunciadas por el General Perón en ocasión del Primer Congreso Americano de Medicina del Trabajo, realizado durante su primer gobierno en el año 1949, sintetizan la lucha constante de la clase trabajadora por mejorar las condiciones laborales. «El trabajo es el medio indispensable para satisfacer las necesidades espirituales y materiales del individuo y de la comunidad, la causa de todas las conquistas de la civilización y el fundamento de la prosperidad general. La riqueza, la renta y el interés del capital son frutos exclusivos del trabajo humano. La consideración debida al ser humano, la importancia que el trabajo reviste como función social, consagran el derecho de los individuos a exigir condiciones dignas y justas para el desarrollo de su actividad. El cuidado de la salud física y moral de los individuos debe ser una preocupación primordial y constante de la sociedad a la que corresponde velar para que el régimen de trabajo reúna los requisitos adecuados de higiene y seguridad, no exceda las posibilidades del esfuerzo y posibilite la debida oportunidad de recuperación por el reposo. Estos últimos conceptos encierran los aspectos esenciales de medicina del trabajo, pero en rigor de la verdad, todos los derechos del trabajador concurren a crear la personalidad del hombre que trabaja, a darle la plenitud de sus posibilidades en bien de la salud física y moral, para que pueda alcanzar la mayor felicidad posible. Los mismos trabajadores exigen todo esto. ¡Y son los mismos trabajadores los que quieren y exigen higiene, seguridad y previsión y asistencia! Cuando yo veo este nuevo panorama nacional y analizo sus aspectos relacionados con estos problemas, confirmo cada vez más la idea de que ya todo esto que hemos logrado tiene el sello de lo definitivamente conquistado. Se podrá avanzar pero no retroceder; porque aunque vuelvan hoy mismo al gobierno las mismas fuerzas antisociales que nosotros vencimos, no podrán destruir las construcciones fundamentales de nuestro movimiento, porque hemos tenido el buen tino de entregarlas al pueblo. ¡Y el pueblo sabrá defenderlas en cualquier circunstancia, porque tiene un especial sentido de autodefensa que es precisamente la razón por la cual sobrevive y progresa a pesar de tantos reveses y tantos cataclismos! Ahora nos queda por realizar la tarea cotidiana (que es trabajo de paciencia), que consiste en extender, hasta el último lugar de trabajo, las conquistas logradas y consolidadas».

Estas palabras del General Perón, resaltando la enorme importancia de la conquista y consolidación de los derechos de los trabajadores en relación a sus condiciones de trabajo adquieren una total actualidad en estos momentos en que el Gobierno Nacional propone un Proyecto de Ley para que se formen Comités Mixtos de Seguridad, Salud, Medio Ambiente y Prevención de Riesgos en el Trabajo. La importancia de las condiciones de trabajo y el sentido de luchar por su mejoría tomándolas como una de las reivindicaciones más importantes de un trabajador se ven reflejados en las palabras pronunciadas por el Ministro de Salud Pública Ramón Carrillo, en el mismo Congreso donde citamos al General Perón.

“Deseamos suscitar en el médico, el anhelo superior de adentrarse en el estudio de todos los problemas afines a la ciencia del trabajo, hasta llegar a la creación de la gran Escuela de Medicina Tecnológica (…). Queremos que la salud del ciudadano se cuide para que el ser adquiera su más alta dignidad en la plena realización de los fines a los que está destinado. Queremos que la salud del ser se cuide, también, para que él logre su mayor capacidad, en beneficio propio, de los suyos y de la Nación. Queremos que la salud argentina se cuide para mantener y acrecentar el poder de producción de nuestra patria que es, en última instancia, consolidar y hacer inexpugnable su libertad y su soberanía (…). Queremos que en la formación y educación integral del hombre y de la mujer de trabajo, resida el secreto de su mayor potencialidad. Y queremos, en fin, con voluntad y fervor patrióticos llegar en salud, bienestar y medios a transformar la pesadumbre del trabajo, en la alegría del trabajo, como corresponde a esta juvenil y potente patria nuestra”.

Además de la resistencia empresarial, que en defensa de sus intereses nunca aceptará voluntariamente estos derechos, ellos solo podrán imponerse en el camino de los debates legislativos, a través de la movilización y la lucha que lleven adelante las dirigencias sindicales combativas. Pues los patrones y la clase dirigente siempre intentan, con bastante éxito por cierto, que el joven nuevo trabajador viva en un presente continuo, que ignore lo que ha costado en esfuerzos y mártires obreros lo que hoy gana con su trabajo y los derechos que lo asisten. Es sólo cuando se sabe algo que se siente la necesidad de saber más, es cuando no se sabe nada que la curiosidad desaparece. Existen algunas tendencias que rechazan toda reforma y desconfían de los Comités Mixtos de Empresa, considerando que hacen perder combatividad a los trabajadores que integran los mismos y a la clase trabajadora en su conjunto. Nuestra experiencia demostró precisamente lo contrario. Todo lo que acreciente el poder de los trabajadores dentro de la empresa debe mantenerse y reforzarse aumentando las facultades de los Comités de Seguridad, Salubridad e Higiene en el Trabajo.

 

 

 

* Juan «Chango» Sosa es ex obrero naval, fundador en 1973 de la Comisión del Control Obrero de la Seguridad, Salubridad e Higiene en el astillero Astarsa. Actualmente colabora en la Secretaría de derechos humanos de la CTA de los trabajadores.

 

 

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