Los desafíos de China

Objetivos a corto y largo plazo tras la reelección de Xi Jinping

 

Recientemente se llevó a cabo el 20° Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), con un largo discurso de Xi Jinping el domingo 16 de octubre y la elección del nuevo Comité Permanente del Politburó de siete miembros el domingo 23. Salieron cuatro y quedaron tres, incluido Xi, y entraron cuatro nuevos, más jóvenes. Entre estos cuatro se encuentra el líder que continuará a Xi en 2027 o (menos probable) en 2032:  Li Qiang, Li Xi, Ding Xuexiang y Cai Qi. Desde Deng, es la primera vez que el secretario general del PCCh es reelecto para un tercer mandato de 5 años. En marzo de 2023 serán electas las autoridades del Estado y Xi Jinping mantendrá la presidencia del país y la presidencia del Comité Militar.

Desde el retiro de Deng, la norma había sido dos mandatos de cinco años (Jiang Zemin, 1992-2002; Hu Jintao, 2002-2012). Sólo Mao y Deng ejercieron el poder por más de diez años. La extensión del mandato fue extraordinaria, como los desafíos que enfrenta China. Estados Unidos teme que el desarrollo independiente chino dispute su hegemonía en el futuro, oponiéndose al mismo en todos los campos.

China ha tenido un enorme éxito al desarrollarse como modo de producción distinto al tipo soviético y también al capitalismo neoliberal. Después de treinta años de modelo a la soviética, han pasado de más de cuarenta años de la política de “reforma y apertura” a las relaciones de mercado. Lejos de haber convergido en la plena propiedad privada de los medios de producción, China mantiene una estructura combinada: 70% de actividad privada y 30% pública, incluyendo las principales empresas estratégicas y el sector financiero.

El temor al crecimiento de China comenzó con Barack Obama y se agudizó bajo Donald Trump y Joe Biden. En 2018, Trump inició la guerra comercial que ha continuado en una guerra tecnológica tratando de retrasar el avance chino, en especial en los sectores de información y comunicaciones por su capacidad de incrementar la productividad y especialmente por su utilización en la defensa militar. En este campo, Biden aumentó deliberadamente la presión con la provocativa visita de Nancy Pelosi a Taiwán.

 

 

 

El discurso de Xi

El informe de Xi enumeró los logros del PCCh en los últimos años, la estrategia para su próximo mandato de otros cinco y los objetivos de largo plazo hasta 2049, cuando se cumpla el centenario del triunfo revolucionario. Xi incluyó los logros desde su ascenso en 2012, que  sintetizó en la frase “hemos dedicado gran energía a terminar de construir una sociedad modestamente acomodada en todos los aspectos”, englobando en ella el impresionante crecimiento, la eliminación de la pobreza absoluta, el desarrollo científico y tecnológico, el crecimiento de calidad, el triunfo frente a la pandemia, la normalización de Hong Kong tras años de manifestaciones opositoras, los avances en defensa y los logros en la diplomacia internacional. En particular, enfatizó en el inicio de “una gran lucha contra el separatismo y la injerencia extranjera” en Taiwán, pero se cuidó de no elevar una presión que obligara a China a invadir la isla ahora. La normalización de Hong Kong –sin costo en vidas en la represión del movimiento anti-Beijing– fue descripta como la “transición del caos al orden”, un concepto que remite a la historia milenaria de China.

En efecto, uno de los conceptos que se repite en la exposición de Xi es la necesidad de mantener la “armonía” y la previsibilidad. Ejemplo de lo último son las metas detalladas para el próximo quinquenio y los objetivos a largo plazo hasta 2049, mientras que la armonía es la esencia de lo que entiende el PCCh por un buen gobierno, que es aquel que se puede situar por arriba de las clases y las múltiples etnias nacionales y utilizar sus potencialidades para el bienestar de las mayorías.

China es una civilización que ha pasado por incontables períodos de convulsión, incluidos los últimos siglos con invasiones imperialistas desde 1840, humillaciones, guerras, pérdidas de territorios, millones de muertos, fin de la última dinastía imperial en 1911, creación del PCCh en 1921, inicio de la larga marcha con las guerrillas campesinas de Mao en los ’30, rechazo de la invasión japonesa y toma del poder en 1949. Tras los “tiempos convulsos”, la principal misión de un gobernante chino, a lo largo de su dilatada historia, ha sido devolver la armonía a la sociedad, y en ello no hay diferencia entre el pasado y el presente. La China actual es el resultado de una prolongada revolución social triunfante, su acto fundante, con un presente dominado por la necesidad de institucionalizar esa revolución a partir de la creación exitosa del socialismo de mercado o “socialismo con características chinas”.

Al desarrollar sus conceptos sobre el marxismo, Xi reafirma la herencia ideológica, pero indica que “le debemos el éxito de nuestro partido y el socialismo con características chinas al marxismo y a cómo China ha logrado adaptarlo”, ya que el marxismo “no significa memorizar y recitar sus líneas y conclusiones específicas, y menos tratarlo como un dogma rígido”, sino integrarlo con la “excelente cultura tradicional de China”, a la que define como “muchos principios y conceptos importantes, incluida la búsqueda del bien común para todos; considerando al pueblo como fundamento del Estado; gobernar por la virtud; desechando lo obsoleto en favor de lo nuevo; seleccionar a los funcionarios sobre la base del mérito; y promover la armonía entre la humanidad y la naturaleza”. Xi incluye una crítica elíptica a la eliminación de las relaciones mercantiles y el aislamiento de Mao en un país que era básicamente agrario y atrasado: “La abundancia material y el enriquecimiento ético-cultural son objetivos fundamentales de la modernización socialista. La miseria material no es socialismo, ni tampoco el empobrecimiento cultural”.

Respecto de su situación internacional, Xi plantea que “los intentos externos de reprimir y contener a China pueden escalar en cualquier momento” y que deben estar preparados “para soportar fuertes vientos, aguas agitadas e incluso tormentas peligrosas”, sin nombrar directamente a los Estados Unidos en su discurso. El hegemón publicó pocos días antes del congreso su Estrategia de Seguridad Nacional, indicando que China es su principal peligro estratégico y proponiendo el desacoplamiento progresivo.

Además de todos los esfuerzos en la actualización tecnológica en el campo civil y militar, Xi presta especial atención a mantener el apoyo activo de la población a los objetivos de desarrollo económico compartido, rejuvenecimiento cultural y de elevar la moral pública en todos los sentidos. Para esto entiende que los funcionarios del Partido deben ser los primeros en dar el ejemplo con su integridad moral y esfuerzo en su trabajo, en especial en el contacto con los ciudadanos. De allí la lucha contra la corrupción que inició en 2012 y que continúa sin pausa a la fecha.

Existe muy buena opinión pública sobre el gobierno. El Ash Center de Harvard indicó en julio de 2020 que la satisfacción con el gobierno central creció del 86,1% en 2003 al 93,1% en 2016. La elevada satisfacción es el resultado de las mejoras sensibles en el bienestar económico a lo largo de tantos años de alto crecimiento, reforzado por palpables campañas de lucha contra la corrupción. Las encuestas sobre satisfacción en Estados Unidos dan resultados muy inferiores.

 

 

 

Vientos, aguas y tormentas

Los fuertes vientos, aguas agitadas y tormentas peligrosas a que alude Xi son los desafíos que enfrenta China por la presión de Estados Unidos, que la somete a un cerco geo-estratégico en todos los campos (militar, económico, tecnológico, etc.), activando toda su red de alianzas y el poderoso aparato de comunicación (soft power) de su hegemonía cultural. Frente a ello, el objetivo de China es evitar una guerra con Estados Unidos o sus aliados antes de lograr la paridad económica, científica, tecnológica y militar que se han propuesto alcanzar en 2049. Mencionaremos algunos de los desafíos que influirán en la posibilidad que se cumplan los objetivos planteados para el Centenario de la República Popular China.

 

  • Guerra tecnológica

El sector tecnológico de punta está concentrado en seis sectores de alta competencia entre ambas potencias: Inteligencia Artificial (IA), 5G, Ciencias de la información cuántica, Semiconductores, Biotecnología y Energía verde. Según el Belfer Center, China es un competidor serio en todos ellos, indicando que en algunas ya lidera y en otras superará a Estados Unidos en la próxima década. Es a partir de la ventaja norteamericana en el diseño de semiconductores avanzados –de utilización en el resto de los sectores indicados, incluidas las industrias de defensa– que Estados Unidos desplegó la guerra tecnológica. En 2019 emitió una “lista negra” de 140 empresas chinas a las que no se les permite exportar tecnología norteamericana avanzada aduciendo su potencial uso militar. La lista continúa creciendo y ello afectó a muchas industrias, incluida Huawei en su área de teléfonos inteligentes, mientras presionan a países aliados para que no compren sus equipos 5G. Tampoco permite exportaciones a China a la empresa holandesa ASML, único fabricante mundial de los equipos de litografía EUV (ultravioleta extremo) que pueden fabricar chips de 3 nm, porque es norteamericano el láser que genera la luz ultravioleta. El objetivo de la ley CHIPS es paralizar las cadenas de suministro de semiconductores avanzados a China, presionando a Taiwán y Corea a fabricar chips en Estados Unidos. Otra iniciativa de cerco es su proyecto “Chip 4 Alliance”, que incluiría a Japón, Taiwán y Corea del Sur. Para lograr la paridad tecnológica en diseño y producción de microchips avanzados, China necesita al menos cinco años de marcha forzada.

 

 

  • Lucha contra el Covid-19

China ganó la lucha contra el Covid-19 cuando no había vacunas. Pero la política Cero-Covid ha vuelto a tensarse con el brote de Ómicron en febrero pasado. China había dominado el brote original antes de mayo de 2020 con 80.000 casos y apenas 4.600 muertos. Ómicron multiplicó aceleradamente los casos, aunque no los muertos. El nuevo brote se dominó cerrando dos meses Shanghái y otras ciudades con alto costo en crecimiento económico. Xi reiteró en el Congreso que lo primero es cuidar a la gente, y los resultados comparados son impresionantes. A la fecha, los muertos chinos son 15.500 contra 1.068.000 de Estados Unidos.

 

 

  • Crecimiento del producto

No se logrará el objetivo del 5,5% para 2022, a pesar del repunte del tercer trimestre (3,9%). Las exportaciones han crecido a buen ritmo, pero la política Cero-Covid y la fuerte crisis de la construcción iniciada con Evergrande limitan la expansión de 2022.

 

  • Internacionalización del yuan

Se demorará por la entendible negativa de China a abrir totalmente la cuenta capital hasta que su solidez permita hacerlo sin temor a sufrir los movimientos especulativos del capital financiero internacional. China avanza en el desarrollo del yuan electrónico utilizando la tecnología blockchain de las criptomonedas privadas, al tiempo que prohíbe las mismas y reduce el minado cripto.

 

 

  • Corrupción

En su exposición, Xi volvió a reafirmar que la lucha contra la corrupción es una política permanente con resultados palpables. En el período de Mao la corrupción era marginal. No existía sector privado con dinero para corromper a un funcionario, ni dinero o bienes importantes que pudiesen ser justificados en una sociedad humilde. La corrupción como problema emergió con las reformas de mercado.

 

 

Las nuevas clases y el poder

El poder no radica en Xi sino en el PCCh, que se erige en representante de toda la nación, no sólo de los trabajadores. La presencia de empresarios no supera el 5% de la jerarquía partidaria. Sin embargo, su influencia se hace sentir en distintas políticas. En el futuro próximo no es probable el control del Partido por estas nuevas clases, pero en plazos mayores esta relación puede cambiar. El desarrollo de las fuerzas productivas en China está actualmente basado en las empresas de alta tecnología y muchas de ellas son privadas. Es por ello que a largo plazo el poder de negociación e influencia política de los empresarios privados irá creciendo sobre el Estado y el partido.

 

El mensaje de Xi es que las fuerzas externas que buscan frenar su desarrollo se deben combatir con la fortaleza interna en todos los frentes, los aquí señalados y muchos otros no tratados. Pero la base es la capacitación, trabajo esforzado e integridad moral de los miembros del PCCh, lucha en la que se ha enfocado desde su primer gobierno. Los chinos son muy conscientes que la corrupción y el desprestigio de los jerarcas de la Unión Soviética fue un factor que aceleró su disolución y condujo a la apropiación mafiosa de sus principales empresas. El futuro dirá cómo se resuelven estos desafíos.

 

 

 

 

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