Los docentes en huelga

La batalla no se limita a los salarios. También a una educación pública de calidad

 

Después de dos años de negociaciones con las autoridades educativas, que se negaron a invertir los recursos necesarios para reducir el tamaño de las cursadas, contratar más personal de apoyo incluidos asesores y enfermeras, mejorar la infraestructura y, en términos más generales, mantener y expandir la educación pública de calidad para todos los ciudadanos y para garantizar los derechos de los maestros, estudiantes y padres críticos dentro del sistema, los docentes declararon la huelga y salieron a la calle en respaldo de esos reclamos. También demandan que se detenga la expansión de las denominadas escuelas autómomas, que proliferan a expensas de la crisis de la enseñanza pública, sin el mismo nivel de transparencia y responsabilidad.

Esto que aquí es rutinario, en Estados Unidos ocurrió por primera vez en 30 años. La huelga de maestros en Los Ángeles se produjo después de varias peleas de alto perfil el año pasado en estados como West Virginia, Oklahoma y Kentucky, donde educadores cansados ​​de los salarios de pobreza lucharon por aumentos y ganaron. Pero la huelga de Los Ángeles es más amplia que las otras, no sólo por el tamaño del distrito y del sindicato, sino por las demandas presentadas. Las autoridades ofrecieron un aumento del 6 por ciento en dos años, que es insuficiente, pero además los maestros demandan una mejor experiencia general para sus 600.000 alumnos, en su abrumadora mayoría no blancos.

En el soleado sur de California, la huelga de maestros de 2019 se inició durante una semana dominada por el clima frío, ventoso y lluvioso. A pesar de las condiciones invernales, decenas de miles de maestros, consejeros, enfermeras, organizadores sindicales e incluso algunos padres y estudiantes, marcharon y se reunieron en el centro de Los Ángeles y formaron piquetes frente a sus escuelas en todo el distrito.

 

Piquetes bajo la lluvia. Foto Truthdig

 

Ante la periodista independiente Sonali Kolhatkar los maestros contaron sobre el excesivo tamaño de sus clases, los libros antiguos, los techos con goteras y, sobre todo, la escasez de personal de apoyo.

Los estudiantes que necesitan atención médica regular asisten a escuelas donde hay personal paramédico solo uno o dos días a la semana. Los consejeros escolares y los psicólogos se ven obligados a trabajar en numerosas escuelas a la vez, manejando emergencias siempre que pueden. Los estudiantes que quieran usar la biblioteca deben esperar que el bibliotecario de la escuela esté de guardia. Mientras tanto, las escuelas autónomas se están expandiendo por todo el distrito. Los maestros están enojados por cómo el distrito trata a sus estudiantes y tienen buenas razones para estarlo. Pero tampoco pierden el humor. En este video se puede ver la representación Striking in the rain (De huelga bajo la lluvia), que es un juego de palabras con la famosa película de Gene Kelly Cantando bajo la lluvia, en inglés Singing in the rain.

 

 

La maestra de primer grado, Louise McLorn, dice que los salarios de los maestros no son lo principal. Los miembros del sindicato rechazaron el modesto aumento de sueldo que se les ofreció y se centraron en el bienestar de los estudiantes.

Los medios destacan los millones de dólares perdidos porque la mayoría de los estudiantes no asistió a la escuela (la financiación del distrito depende de las tasas de asistencia). McLorn recitó una lista de sus preocupaciones y dijo: “Hay un agujero en el techo de mi aula, que es necesario arreglar. Tenemos estudiantes que necesitan mucho más asesoramiento del que están recibiendo, pero los psicólogos tienen que ir de una escuela a otra. Es menos costoso educar que encarcelar”.

Algunos maestros se mostraron especialmente críticos con el Superintendente Escolar de Los Ángeles, Austin Beutner, un hombre que los medios de comunicación describen como “un ex banquero de inversiones sin historial que trabaja como educador”. Andy Dowdell, de la Escuela Intermedia Fleming, sospecha que la verdadera agenda de Beutner es privatizar el distrito escolar. De hecho, las autoridades mantienen más del 25 por ciento del presupuesto como superávit en lugar del 1 por ciento requerido, generando sospechas sobre su agenda. Mike Fahy, un maestro de educación especial en Le Conte Middle School, explica que las computadoras que necesita para enseñar a leer a los estudiantes disléxicos están rotas y deben ser reemplazadas. Pero el distrito no financiará la mejora necesaria. “Simplemente no hay dinero para los suministros para mi escuela, así que termino comprando los suministros yo mismo porque no quiero dirigir un programa de pobreza”, dijo.

Fahy tiene una teoría. Le Conte comparte su campus con una escuela primaria charter. “En mi escuela, los estudiantes entran y son 90% de color. En la escuela charter en nuestro campus, los estudiantes son 90% blancos”. Según Fahy, “la otra escuela está siendo dirigida como una escuela privada”. A la larga teme que las escuelas autónomas no reguladas conviertan a Los Ángeles en “un distrito de educación especial para los niños problemáticos”. Ya ocurrió en Nueva Orleans, donde las escuelas autónomas condujeron a un sistema aún más segregado que les falla a los estudiantes y maestros.

Las elites de mentalidad corporativa ven la educación como un negocio. El primer día de la huelga de docentes el Wall Street Journal publicó un burlón editorial sobre el aumento de los costos de los salarios y las pensiones de los docentes que requieren nuevos impuestos cada pocos años. Los editores del periódico ni siquiera reconocieron las condiciones de Tercer Mundo con las que luchan las escuelas situadas en la quinta economía más grande del mundo y dentro de la nación más rica del mundo.

Los maestros de Los Ángeles le están diciendo al distrito y al planeta que sus escuelas públicas han sido profundamente dañadas por años de austeridad. Están ofreciendo soluciones claras para reparar el daño y señalando el dinero que el distrito ya tiene disponible. Tienen el poder de la acción colectiva a través de un sindicato para hacer sus demandas, y en última instancia, el distrito los necesita más de lo que le importa admitir.

 

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