Los dueños del relato

Cómo se cuentan los datos

 

“What unites people? Armies? Gold? Flags? Stories. There’s nothing in the world more powerful than a good story. Nothing can stop it. No enemy can defeat it”.*

Tyrion Lannister, Game of Thrones

 

Dato

La escena ocurrió en el Latam Economic Forum organizado por Jabad Lubavitch el jueves pasado, en Parque Norte. No fue un detalle de agenda. Allí, frente a empresarios, financistas, dirigentes oficialistas y parte del arco político que va del centro hacia la derecha, Javier Milei y Luis Caputo desplegaron una de las ideas centrales de esta etapa: el gobierno tiene datos, los críticos tienen relato.

El ámbito tiene importancia. Jabad Lubavitch no funciona solamente como una organización religiosa; es también un factor de poder global con capacidad de articulación política, empresarial y financiera. Es una de las expresiones más influyentes del sionismo internacional y logró construir vínculos estables con sectores de peso en Estados Unidos, Israel y América Latina. En la Argentina, uno de sus representantes más visibles dentro del universo económico es Darío Epstein, asesor cercano a Milei y uno de los puentes activos entre el oficialismo y Wall Street.

La conexión no es nueva. Tras el triunfo de Milei en el balotaje, Epstein viajó a Manhattan junto a Juan Nápoli, presidente del Banco de Valores y candidato a senador por La Libertad Avanza, para mantener reuniones con fondos de inversión y ejecutivos financieros. La misión tenía un objetivo concreto: pasar la gorra entre potenciales respaldos financieros para el gobierno de Milei.

Uno de los encuentros más relevantes ocurrió en la casa de Gerardo “Gerry” Mato, histórico ejecutivo financiero con llegada directa a los grandes fondos que operan sobre la Argentina. La escena adquirió otra dimensión con el paso del tiempo: Mato terminó vinculado al fondo Burford Capital como operador alrededor del litigio por YPF. 

Ese entramado ayuda a entender mejor la fotografía del Latam Economic Forum. Milei y Caputo no estaban hablando únicamente frente a un auditorio empresario. Estaban exponiendo ante una parte de los sectores financieros que observan a la Argentina como una oportunidad de negocios, una plataforma exportadora o un deudor que depende del financiamiento.

La tesis oficial es que el plan funciona, que la economía está creciendo, que las reservas aumentan, que la inflación cae, que las inversiones llegan y que el superávit comercial bate récords. Frente a eso, las críticas serían apenas una construcción política incapaz de resistir el peso de la evidencia.

La semana ofreció argumentos para sostener esa narrativa.

El Banco Central compró otros 447 millones de dólares y acumuló 9.681 millones desde diciembre, cuando abandonó su estrategia de no acumulación de reservas. Si mantiene este ritmo, alcanzará durante los próximos días los 10.000 millones de dólares comprometidos para todo 2026.

Las reservas brutas llegaron a 48.511 millones de dólares. Al final del gobierno de Alberto Fernández eran 21.209 millones. Es el nivel más alto desde octubre de 2019. El número luce imponente y el gobierno lo exhibe como una prueba de fortaleza.

La actividad económica también aportó buenas noticias. El EMAE de marzo mostró una suba interanual de 5,5%, un crecimiento mensual de 3,5% y un máximo histórico para la serie. Como el PBI se publica con rezago trimestral, el EMAE funciona como el indicador más cercano para seguir el pulso de la economía.

La composición del crecimiento, además, coincide con el modelo económico que impulsa Milei. Minería, energía y agro aparecen como los grandes motores de la expansión y son precisamente los sectores sobre los que descansa la apuesta oficial para aumentar la generación de divisas.

El comercio exterior aportó cifras excepcionales. El superávit comercial de abril alcanzó los 2.711 millones de dólares, el más alto desde 1990. Las exportaciones crecieron un 34% interanual, mientras que las importaciones cayeron un 4%.

En los primeros cuatro meses del año el saldo acumulado supera los 8.300 millones de dólares, siete veces más que durante el mismo período de 2025. El aporte más importante provino del sector energético, que registró un superávit récord de 1.402 millones de dólares impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta.

La inflación completa el cuadro. En abril se ubicó en 2,6%, el menor registro desde noviembre. Durante su exposición en el foro, Caputo sostuvo que mayo será aún mejor y descartó turbulencias cambiarias o financieras.

El ministro incluso se permitió una definición de largo alcance y dijo que el mercado y buena parte del periodismo siguen pensando en un año electoral tradicional, pero que esta vez ocurrirá lo contrario. "La economía se va a llevar puesta a la política", afirmó.

Las inversiones aparecen como la última pieza de la argumentación oficial. Esta semana se aprobaron dos nuevos proyectos bajo el RIGI. Uno de ellos corresponde al proyecto minero PSJ Cobre Mendocino, por 613 millones de dólares. Otro fue presentado por Pan American Energy para expandir la producción en Cerro Dragón con una inversión de 680 millones.

El cuadro general es consistente: reservas en alza, inflación en baja, exportaciones récord, inversiones anunciadas y actividad económica en crecimiento. La conclusión parece inevitable: todo marcha de acuerdo al plan.

 

 

Relato

Pero los datos nunca hablan solos. Siempre existe alguien que decide cuáles mostrar, cuáles jerarquizar y cuáles dejar fuera del encuadre. La diferencia entre un dato y un relato suele estar menos en la cifra que en la selección.

La misma semana que el gobierno exhibe como prueba de éxito ofrece otra colección de números.

Las reservas son un buen ejemplo. Las reservas brutas rozan los 48.500 millones de dólares. Pero cuando se descuentan encajes bancarios, el swap con China, los préstamos del BIS y los repos, las reservas netas se reducen a 4.119 millones. Si además se descuentan los Bopreales y los depósitos en dólares del Tesoro, las llamadas reservas "súper netas" permanecen en terreno negativo por 1.883 millones. Y según la contabilización del FMI, el rojo marca un negativo de 6.500 millones de dólares.  

La diferencia entre una medición y otra explica buena parte del debate económico actual. El gobierno muestra la fachada. El mercado intenta averiguar cuánto queda detrás de la puerta.

Además, el viernes se pagaron 1.040 millones de dólares correspondientes al 34% del capital del Bopreal Serie 3 más intereses. Ese desembolso impactará sobre las reservas que se conocerán el lunes.

La actividad económica también tiene otra cara. El EMAE de marzo creció 5,5%. Sin embargo, durante el mismo período las ventas en supermercados cayeron 5,1% interanual. Los autoservicios mayoristas retrocedieron 13,3%. Las ventas de electrodomésticos se derrumbaron 25,6%. El primer trimestre cerró con bajas en los tres mostradores representativos del consumo corriente.

La contradicción es apenas aparente. La economía crece porque avanzan sectores vinculados a la minería, la energía y el agro. Pero los sectores que más empleo generan siguen retrocediendo, así, construcción, comercio e industria continúan mostrando dificultades. Y los sectores ganadores absorben muy poca mano de obra. Incluso varios de ellos redujeron trabajadores durante el último año.

Los datos privados refuerzan esa tendencia. La UIA advirtió de una nueva caída industrial tanto en términos interanuales como mensuales.  La actividad industrial mostró un retroceso del 0,7% interanual y de 0,4% con respecto al mes anterior. Según la entidad, “los primeros datos disponibles de abril indicaron mayoritariamente una baja respecto al mes anterior”, interrumpiendo el repunte que se había registrado oficialmente durante el mes de marzo.

Uno de los termómetros más claros fue la demanda de energía eléctrica de grandes usuarios industriales, que mostró una baja mensual del 2,9% respecto de marzo. La producción automotriz también acusó el impacto de la recesión doméstica, registrando una caída mensual del 3,9%, traccionada principalmente por una baja en las ventas al mercado interno. Además, se registraron retracciones en el segmento de alimentos y bebidas, como producción láctea 5,3%, faena vacuna 4,5% y la producción de bebidas 1,7%.

Respecto al saldo cambiario, es cierto que luce sólido. Pero una parte relevante de esa fortaleza descansa sobre factores transitorios. El segundo trimestre coincide con el período fuerte de liquidación del agro y la guerra en Medio Oriente, que disparó el precio del barril de petróleo, lo que mejoró el resultado exportador argentino. A esto se suma el fenomenal endeudamiento de empresas y provincias que supera los 7.000 millones de dólares en lo que va del año. 

En el listado de colocaciones corporativas y provinciales desde fines de 2025 y principios de 2026 aparecen Vista Energy, de Miguel Galuccio, con 1.300 millones; Tecpetrol, de Paolo Rocca, con 750 millones; IRSA, de Eduardo Elsztain, 660 millones; TGS, de Marcelo Mindlin, 500 millones; Pluspetrol, de la familia Rey, 500 millones; Pampa Energía, de Marcelo Mindlin, 450 millones; Genneia, de Jorge Brito, 400 millones; CGC, de Eduardo Eurnekian, 300 millones; Edenor, de Daniel Vila y José Luis Manzano, 201 millones; YPF, 541 millones; Ciudad de Buenos Aires, 600 millones; Santa Fe, 800 millones. 

En materia de inversiones aparecen datos incómodos. Un informe del centro de estudios Misión Productiva, basado en estadísticas de la OCDE, ubicó a la Argentina en el último lugar de América Latina en captación de inversión extranjera directa durante 2025. El país recibió apenas 3.100 millones de dólares. Brasil captó cerca de 77.000 millones. México, más de 40.000 millones.

Pero debajo de esa discusión aparece un fenómeno todavía más interesante. Los 3.100 millones de dólares de inversión extranjera directa que recibió la Argentina tampoco representan necesariamente una entrada neta de dólares para la economía.

Los propios datos del balance de pagos muestran movimientos significativos dentro de las estructuras corporativas multinacionales. Durante el último trimestre del año pasado, las empresas radicadas en la Argentina devolvieron cerca de 5.000 millones de dólares en préstamos a sus casas matrices y compañías vinculadas. Son operaciones que aparecen registradas dentro de la cuenta financiera y que suelen pasar inadvertidas detrás de los anuncios de inversión.

Esto ayuda a entender por qué el dato bruto de inversión extranjera puede resultar engañoso cuando se lo observa de manera aislada. Una multinacional puede anunciar una inversión por cientos de millones de dólares, ingresar fondos al país y, al mismo tiempo, girar recursos hacia otras empresas del mismo grupo bajo distintas modalidades: cancelación de préstamos, servicios de ingeniería, asistencia técnica, licencias, royalties, consultorías o pagos por activos intangibles.

Nada de eso necesariamente viola ninguna norma. Forma parte del funcionamiento habitual de las grandes corporaciones globales. Pero obliga a mirar con más cuidado qué parte de los dólares anunciados termina efectivamente transformándose en nueva capacidad productiva y qué parte vuelve a circular dentro de la propia red empresaria. Los dólares que entran por una ventanilla pueden salir por otra, y muchas veces dentro del mismo conglomerado empresario.

 

 

Historia

El duelo entre dato y relato es una aberración a la historia del pensamiento. Los datos existen y los relatos también, y ninguno puede funcionar sin el otro. Por un lado, una cifra aislada carece de significado; por el otro, un relato sin evidencia no convence a nadie. Toda interpretación de la realidad supone una selección. Alguien decide dónde mirar, qué comparar, qué priorizar, qué omitir.

Por eso un mismo conjunto de datos puede sostener conclusiones completamente distintas. El gobierno observa reservas, inflación, exportaciones y actividad agregada. Quienes cuestionan el modelo miran consumo, industria, empleo y distribución. Los números son reales en ambos casos, lo que cambia es la historia que construyen. Por eso la pregunta relevante no es quién tiene razón hoy, sino dónde aparecen los límites del modelo. Y allí la respuesta parece concentrarse en un punto: la deuda.

El Banco Central acelera la acumulación de reservas. Pero buena parte de esa mejora convive con un aumento del endeudamiento financiero. Durante 2025 la economía acumuló un endeudamiento neto de 7.236 millones de dólares. Dentro de la cuenta financiera aparecen más de 27.000 millones de dólares en nuevos pasivos bajo la categoría "otra inversión". Allí figuran préstamos, repos y distintas formas de financiamiento externo. La recuperación de reservas avanzó al mismo tiempo que aumentaban las obligaciones futuras.

El problema aparece en el calendario. En julio vencen más de 4.400 millones de dólares entre capital e intereses de Bonares y Globales. Todavía faltan aproximadamente 1.000 millones para completar los recursos necesarios. Los últimos pagos de deuda fueron financiados mediante repos. Ahora esos repos también comienzan a vencer: 1.000 millones en octubre, 4.000 millones en enero, otros 1.000 millones en abril, y así sucesivamente.

La solución que negocia Caputo consiste en refinanciar esos compromisos mediante una nueva operación de aproximadamente 5.000 millones de dólares con bancos internacionales. Pero las condiciones no son sencillas. Los bancos exigen garantías crecientes, más colaterales, más cobertura, más activos inmovilizados y tasas más altas. La normalización financiera prometida sigue dependiendo de un flujo constante de crédito cada vez más caro.

 

 

Un último dato que llama la atención

Durante las reuniones del FMI y el Banco Mundial en Washington, Caputo anunció una estructura respaldada por organismos multilaterales destinada a conseguir alrededor de 4.000 millones de dólares adicionales. Ese mecanismo ocupó un lugar central en la narrativa oficial durante abril. Hoy prácticamente desapareció del discurso público. Mientras los repos vuelven a ocupar el centro de la escena, aquellos 4.000 millones quedaron archivados en algún lugar del relato.

El gobierno probablemente tenga razón cuando afirma que muchos indicadores mejoraron. También tienen razón quienes señalan que el mercado interno agoniza. Ambas cosas pueden ocurrir al mismo tiempo. Una economía exportadora puede crecer, la inflación bajar, las reservas aumentar mientras destruye la vida cotidiana de una mayoría. 

Porque los números e indicadores nunca se muestran desnudos. Y la disputa política consiste precisamente en quién impone la historia que los arropa.

 

 

 

* ¿Qué une a las personas? ¿Los ejércitos? ¿El oro? ¿Las banderas? Las historias. No hay nada en el mundo más poderoso que una buena historia. Nada puede detenerla. Ningún enemigo puede derrotarla.

 

 

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