LOS EXTREMÓFILOS

Del punk de los '70 al periodismo argentino de la resistencia actual, and back

 

La vida es un fenómeno incorregible. Aun cuando las condiciones físicas se tornen imposibles, la vida no se disciplina. Nunca entra en caja, se adapta creativamente a las dificultades y las sobrevive. Los microbios originales que habitaron este planeta murieron víctimas de una sustancia que los envenenaba: eso que hoy llamamos oxígeno. Los microorganismos que los sucedieron aprendieron primero a tolerar el oxígeno, y a continuación encontraron la forma de sacarle el jugo, de explotar su potencial energético. Esta historia suena remota, pero fenómenos parecidos siguen desarrollándose hoy. La ciencia le presta atención a los organismos que prosperan en condiciones que para nosotrxs serían fatales. Por eso los llaman extremófilos. Esa es su definición genérica, pero además les regalan nombres muy ocurrentes. El Pyrococcus furiosus, por ejemplo, tolera 110 grados centígrados en túneles termales submarinos. El Clostridium paradoxum prospera en la acidez de los manantiales volcánicos. El Synechococcus lividus la pasa bomba a 20 grados bajo cero.

No hace falta ir tan lejos para comprobar que la vida necesita poco y nada para abrirse camino. En cualquier rincón de nuestras casas donde persista una combinación de factores —humedad, luz, sombra—, bastan pocos días para que surjan allí criaturas tan desagradables como vivas — hongos, gusanos, bichos bolita y otras repugnancias que seríamos incapaces de nombrar. El fenómeno parece funcionar en una proporción inversa a nuestro muy humano buen gusto: cuanto más asqueroso el hábitat original, más proclive a generar la reacción química que pone en marcha la vida.

 

La previa a la hora de entrar al CBGB.

 

Llevo días pensando en esa dirección, a partir de un dato que en apariencia no tendría nada que ver. Hace menos de una semana se cumplieron trece años del cierre del CBGB, el club del Bowery neoyorquino donde, a mediados de los ’70, sonaron bandas y artistas que abrieron el territorio por donde discurriría mucha de la música de las décadas que conectan con el presente: Television, los Ramones, Patti Smith, los Talking Heads, Blondie, los B52’s, The Police. Su nombre adquirió hace tiempo el brillo de las leyendas, pero el boliche regenteado por Hilly Kristal era un culo: un antro sucio, húmedo, oscuro, al cual se le permitió funcionar así porque no desentonaba en el contexto de la Nueva York border y anárquica que existió hasta que los republicanos —liderados por el actual abogado de Trump y alcalde durante los ’90, Rudy Giuliani— le lavaron la cara y la convirtieron en un parque temático. (Quien quiera asomarse a lo que era aquella ciudad, puede revisitar Taxi Driver de Scorsese, ver la primera temporada de The Deuce de David Simon —que recrea el inicio de la industria del porno— o pispear la Ciudad Gótica que Todd Phillips creó en Joker.)

Por un lado, la cosa era muy simple. Esos pibes y pibas hicieron lo que hicieron porque Hilly Kristal los acogió, les cedió el centro de la escena y no les puso ni condiciones ni límites. En aquella mugre a años luz de cualquier hábitat respetable, podían ser quienes eran —o probar ser quienes querían ser— sin avergonzarse. El ridículo y el fracaso no eran opcionales, al contrario, eran el punto de partida. Y eso corría tanto para los artistas como para el público: todo el mundo estaba expuesto a consumir el mismo chile tóxico o pasar por el baño unisex, que en materia sanitaria era más peligroso que Chernobyl. Tanto unos como otros conformaban una comunidad extremófila. En la medida en que aprendiesen a disfrutar de aquellas circunstancias límites, les costaría cada vez menos sobrevivir en cualquier parte.

 

El baño del CBGB.

 

Y cuando escarbás un poco, se entiende todavía mejor. En Inglaterra surgía el punk, la música de lxs pibxs que estaban descubriendo que ya no tenían lugar en el sistema. (De hecho, muchos se conocieron en la cola para retirar el cheque del subsidio por desempleo.) A aquellas criaturas ya no les quedaba ni el rock and roll, que había sido cooptado por Emerson, Wakeman y otros con aspiraciones sinfónicas, o empujado en la dirección del virtuosismo del jazz. Por eso agarraron instrumentos de mierda y empezaron a hacer música que sonaba ídem, pero que era de ellos y narraba lo que les estaba pasando y lo que sentían. Todo lo que hacía falta era que llamasen la atención de algún vivillo con intuición marketinera (gracias, Malcolm McLaren), para que el Adán punk que era Johnny Rotten se pusiese de pie y pronunciase sus primeras palabras:

Yo soy un anticristo

Yo soy un anarquista

No sé lo que quiero

Pero sé cómo conseguirlo

Quiero destruir al transúnte.

 

 

 

 

En los Estados Unidos era distinto, porque la crisis no pasaba tanto por la economía como por el vacío de autoridad. El sueño de la cultura rock y la sociedad que evolucionaba hacia la paz y el equilibrio había muerto con los ’60, la trifecta fúnebre de Las Tres Jotas —las sobredosis que se llevaron a Jim, Janis y Jimi— y el ascenso de aquel otro anticristo llamado Charles Manson. Y en el buco que quedó parecía no haber nada vivo (porque el jazz rock era regurgitación y lo sinfónico una paja europea), hasta que empezaron a moverse estos bichitos que venían con el pelo mal cortado y vestidos con ropa de feria americana. La crudeza sonora que llegaba de allende el océano y coincidía con cierto brutalismo que ya tronaba en el país profundo —los MC5 y los Stooges eran de Detroit— funcionó como la reacción química que estaba faltando; y en la intersección de las cuevas como el CBGB y la reivindicación de la música DIY (do it yourself, Hágalo Usted Mismo: una nueva ética amateur), el punk y la new wave devinieron una posibilidad que estalló con la potencia creativa que sólo ofrece la vida.

La música volvió a reclamar como suyo el territorio de la noche, ese dominio mágico donde lo mínimo a que el viajero aspira es a seducir y ser seducido, cojer e intoxicarse por un rato. Pero en su nueva configuración, permitía dejar atrás los guisos recocidos del jazz y lo sinfónico y experimentar otras cosas. Los Ramones eran minimalistas. Los Talking Heads venían de la Escuela de Diseño de Rhode Island y percibían que las formas no eran ingenuas, sino que a menudo estaban cargadas de contenidos siniestros. Los B52’s eran ironistas. Pero ante todo, esa música parecía mandada a hacer para los poetas del momento, que practicaban versos abrasivos y disonantes: las Patti Smiths, los Richard Hell, los Thomas Miller que a la hora de salir a escena se rebautizaban Tom Verlaine y también aspiraban a hacer poesía con la guitarra.

 

The Dead Boys en el CBGB.

 

El sonido podía ser incandescente pero la sofisticación lírica era grande en canciones como Blank Generation de Richard Hell. (Que a menudo se traduce como Generación vacía, o vacante, cuando Ricardito Infierno apuntaba más bien al espacio en blanco como el que hay que llenar en los formularios que esta sociedad te chanta en las narices a cada paso.)

Yo ya estaba diciendo déjenme salir de acá incluso antes

De nacer, se complica tanto cuando te dan una cara

Es fascinante observar lo que hace un espejo

Pero cuando ceno pongo la mesa mirando a la pared.

Yo pertenezco a la generación ________________

Y puedo tomarlo o dejarlo a cada instante.

 

 

 

 

 

 

Del CGCB a CMNT

Acá pasó algo parecido, pero más tarde. En plena dictadura se complicaba hacer ciertas cosas. Por suerte los milicos miraban a otra parte. Vigilaban la universidad y los talleres pero se olvidaron de revisar la basura, que fue nuestra placa de Petri: el lugar donde los bichitos empezaron a multiplicarse a lo loco. Y a mediados de los ’80 ya había tantos virus pululando y tantas colonias de hormigas guerreras, avispas, cascarudos y polillas, que los boliches no daban abasto.

Cemento fue nuestro CBGB. Una cueva brutalista, como dice el Indio, diseñada por Omar Chabán sobre la estructura original de un viejo estacionamiento, a partir de un único criterio estético: que fuese a prueba de la bestialidad de su clientela y por ende no incluyese rasgo alguno que se pudiese romper. (Se le pasó por alto un detalle. Los techos de chapa eran altos y por ende parecían intocables, pero los vecinos hartos del bochinche los rajaban a ladrillazos y por eso no era inusual asistir a un concierto con lluvia y chapaleando en el agua.)

 

Luca Prodan: Sumo nunca sonó mejor que en Cemento.

 

En la atmósfera confluían tabaco, faso, pachuli y olor a vómito, creando una suerte de gas naranja que te freía el cerebro; por algo allí Los Redondos y Sumo sonaron como en ninguna otra parte. Cemento fue el sitio donde mi cuerpo entendió algo a lo que mi cabeza no había llegado: que estaba bueno haber sobrevivido a la dictadura más o menos intacto pero que eso no significaba que ya estaba a salvo; que no habría buen puerto al que llegar si uno no se abría a enfrentar el riesgo que supone estar vivo de verdad. De tener que optar por una escena clave de aquellos tiempos, elegiría volver a verme en Cemento: el lugar donde hice crack y me desprendí de mi vieja piel —chau seguridad, chau ortodoxia, chau pibe católico de manual— para encontrarme con mi yo más genuino mientras sonaba La parabellum del buen psicópata:

La noche tira un salto mortal

Pura tontera del punto G

Y el joven lobo, quemándose de amor.

Está en la cima del volcán

(Nunca pudo ser muy fiel)

Tímidamente moja el Suavestar.

 …………………………….

Un gran remedio para un gran mal

Amores como flechas van

Cruzando el sueño y te acribillarán.

 

 

 

 

 

En grutas infectas como el CBGB y Cemento prosperamos las formas de vida que éramos extremófilas. Los nuevos Vibrio punkensis, los Hallicephalobus argentinus, los Deinococcus decadentis; aquellxs que nos multiplicábamos y evolucionábamos en condiciones que habrían sometido a las mayorías a la extinción. Pero yo no pienso en esos lugares, en esos momentos históricos, desde la nostalgia. Al contrario. Sé que ya no pueden existir boliches parecidos, porque una tragedia nos demostró que son inviables. (Aquellos no habrían pasado ni el test de una inspección de Ray Charles.) Pero lo que siempre es viable —lo que sigue siendo incorregible— es la vida. Y durante los últimos cuatro años, las especies extremófilas emigramos hacia otros lagos ácidos, hacia otras fumarolas, hacia otras Fosas de las Marianas. (Y en algunos casos, incluso, sobrevivimos en locales de una precariedad que hasta Hilly Kristal habría apreciado.)

 

El Indio en Cemento.

 

En términos generales, debería decir que muchos ejemplares extremófilos se desarrollaron en las grietas de las redes sociales. Allí adquirieron una voz y una estatura, sin dejar de lidiar a diario con la amenaza de los predadores de la denuncia fácil y la vigilancia del Gran Hermano Zuckerberg. Pero en lo particular, debo decir que los ejemplares más notables —aquellos que marcaron la diferencia, nuestras Patti Smith, los Richard Hell de hoy, quienes ayudaron a que nuestro presente sea este que es a una semana de las elecciones y no cualquier otra de sus terribles variantes— son aquellxs que practicaron el periodismo desde la resistencia. Profesionales que inventaron medios en grietas infectas, que recuperaron para el periodismo la ética amateur, que sobrevivieron comiendo y viviendo salteado, que escribieron y grabaron en las condiciones más inhóspitas y dijeron lo que nadie más decía y mostraron lo que nadie más mostraba.

A mediados de los ’70, el CBGB fue el escenario de la revuelta punk y new wave. A mediados de los ’80, Cemento constituyó la alternativa real a la bosta elitista que consagraban en la Facultad de Letras. Pero entre 2016 y 2019, lo único punk que existió acá, la movida que quedará en los libros, lo que inventó algo donde no parecía haber nada y le ganó la pulseada a la Historia, fue el periodismo argentino de la resistencia.

 

 

Horacio is a punk rocker

No puedo obviar El Cohete A La Luna, porque es el medio donde publiqué este texto y que ustedes están leyendo. Pero el país está lleno de otros medios, en su mayoría virtuales —páginas y radios—, manejados por chicxs muy jóvenes (si sumamos años, por cada Verbitsky + Figueras entran como cinco de ellxs) y, en no pocos casos, con mayoría femenina. Desde esos no-escenarios digitales, desde esos cubiles astrosos con dos micrófonos y un transmisor digno de la Segunda Guerra, desde bares y hasta en movimiento —ventajas de la tecnología móvil, que permite escribir en bondis, trenes y subtes—, se difundió lo que los demás no querían decir, se destaparon las ollas que tendrán a la Justicia trabajando durante años, se arriesgaron las interpretaciones que nadie había colegido antes, se expresaron las voces que no habrían sonado en otra parte. ¿Qué boca emisora merece hoy ser llamada punk más que La Garganta Poderosa? ¿Qué otros medios le iban a dar espacio y micrófono a un César González —que sería nuestro Pasolini, si no fuese nuestro Favio— sino aquellos marginales donde nos refugiamos los extremófilos, al costado del camino del mainstream comunicacional?

 

Patti Smith en el CBGB.

 

Escribo esto para plantar una pica y que quede claro que aunque en estos cuatro años no hubo CBGBs ni Cementos, eso no significa que no haya habido resistencia, revuelta cultural, nuevo(s) movimiento(s). Con el periodista Ari Lijalad y el Tano Gentili —que formalmente produce radio, aunque es un agitador cultural que no sabe que es tal— venimos diciendo, sólo a medias en joda, que cuando asuma el nuevo gobierno vamos a armar en el Centro Cultural Kirchner una muestra que compile el humor digital que mantuvo alto el estado de ánimo durante estos años: memes, twitts, videítos, en su mayoría concebidos espontánemente por gente del llano. Admito que durante algún tiempo me resistí a reírme de modo abierto, porque me parecía que estaban pasando —y siguen pasando— cosas trágicas. Pero gracias a ustedes, y a los Rinconets, y a los MarceOzzs entre tantos otros que brillaron en estas horas, me rendí ante la evidencia de que necesitábamos seguir riéndonos de estxs hijxs de puta para que entendiesen que no les teníamos miedo — ni siquiera cuando disparaban por la espalda.

Pero, insisto: lo más punk que hemos tenido en estos cuatro años, la gran ola que la realidad no tuvo más remedio que surfear, ha sido el periodismo de la resistencia. Por eso acudiré a las palabras del célebre Lester Bangs (1948-1982). A comienzos de los ’70, Bangs pedía a gritos que ocurriese algo como el punk y, una vez que estalló, supo explicarlo como nadie. Voy a reproducir dos fragmentos suyos y a pedirles que, cuando se menciona al punk o al rock and roll, reemplacen mentalmente esas nociones por la expresión periodismo argentino de la resistencia 2016-2019. Verán que las ideas siguen teniendo sentido, y que las frases describen bien el espíritu que animó a tantos jóvenes de todos los géneros a la hora de practicar el periodismo de guerrillas que, a la vietnamita, terminó humillando a los tanques empresariales del periodismo de guerra.

 

Lester Bangs con Debbie Harry, de Blondie. (La remera pide: «Que le concedan la residencia a Idi Amín».)

 

«La política del rock and roll, en Inglaterra o en América o en cualquier otro lugar —dice Bangs, y aquí es donde pueden poner: la política del periodismo de la resistencia— fue permitir que un montón de pibes se frieran al punto de salir disparados de sus propias pieles a causa de la propulsión más quemante que pudieran encontrar, durante una noche que fingían que era el resto de sus vidas; y si al día siguiente debían volver a trabajar en el negocio o aburrirse en la cola en espera del subsidio de desempleo o languidecer en el ecuador televisivo del living de papi y mami, nada cancelaba la realidad de esa noche al calor de las llamas vivificantes que los habían obligado a despegar de sí mismos y de la monotonía que define la mayor parte de las vidas, en cualquier lugar y en cualquier tiempo; cuando te alimentaste de relámpagos y ninguna otra cosa en los reinos de lo vivo y de lo muerto te importó». Si prefieren, Bangs lo puede poner de modo más sencillo. «Existe una guerra hoy que va más allá de enfrentar a los punks versus el-resto-de-la-sociedad: es la guerra por la preservación del corazón contra todas aquellas fuerzas que conspiran para asesinarlo».

Por eso este es un buen momento para celebrar el periodismo de la resistencia 2016-2019 y poner en valor lo que hizo hasta acá; precisamente ahora, cuando hacemos votos para que no pierda su insolencia y siga empujando hasta que los bucaneros (¡locales y extranjeros!) regresen a sus barcos y piren por un buen rato. Por eso escribí estas palabras, destinadas a llamar la atención de los científicos sociales sobre formas de vida que escapan de lo común; por eso este homenaje que pretende, a la vez, agitar el estandarte que hemos traído hasta aquí, hasta el corazón mismo del territorio enemigo.

Horacio preferiría decir que durante estos años nos abocamos a hacer sonar una orquesta magnífica, como la de Troilo. Este es el único ámbito en el cual me animaría a corregirlo. Lo que estuvimos haciendo, querido amigo y maestro —lo que vienen haciendo tantxs jóvenxs gloriosxs, con recursos mínimos y desparpajo épico— es rock and roll.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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22 Comentarios
  1. Vero Salatin dice

    Todos los Rincone(t)s! Larga vida muchachxs

  2. Luis Juan dice

    Estimado Marcelo:
    Nunca fue mi fuerte el Rock and Roll, tal vez porque no lo he entendido como usted lo describió. Evidentemente, me he perdido una parte de la historia. Tal vez una cuestión generacional o simplemente gustos, incluso, podría haber canciones que me gustaron mucho y nunca supe que se trataba de rock and roll.
    En el sentido expuesto en los párrafos finales de su excelente narrativa, brindo por que siga sonando la orquesta de Troilo y el Rock and Roll.

  3. Lujan dice

    Grande Marcelo. Y que realidad…» en estos cuatro años no hubo CBGBs ni Cementos…» , como podría haberlos si esta casta que hoy- sólo por hoy- ostenta el poder en la Argentina, expresando su visceral odio de clases. Como HV, tengo mucho gotán, y en la repisa, lo que dejo Discepolín…; pero tuve Rock y tenes razón, la movida felizmente de resistencia son de los jovenxs gloriosxs. Las pibas y los pibes del pañuelo verde van ganando la batalla cultural, hasta la Victoria. Abrazooo

  4. miguel gonzalez dice

    Excelente artículo, como la mayoría de las veces. Hermoso reconocimiento- homenaje al periodismo de la lucha y la resistencia en estos años de la basura neoliberal macrista. Por otro lado está bueno correrse de las tribu-boludeces e instalarnos en las cuestiones de fondo y que, al fin y al cabo, son las que nos convocan en este tiempo que viene. Muchas gracias Marcelo

  5. Rodrigo Avelleira dice

    Soy periodista, la realidad que lo ejercí siempre de este modo, probablemente por falta de talento y también una pizca de no querer entrar en el ocaso de la pulsión que me llevó a estudiar la carrera, a completarla con Comunicación Social. Lo que escribís Marcelo es tal cual, en el medio que inicié hace más de dos años y que lleva 8100 seguidores, intenté desenfocar las noticias que nos brindan ya masticadas y volcarle la responsabilidad del analisis al lector. Es decir, un intento de proliferar el buen gusto de cuestionarse lo que masivamente se vuelca en los medios y funcionar, como bien decís, en las rajaduras del sistema. A veces esas rajaduras son más holgadas, otras aprietan mucho. La multiplicación de estos medios como en el que escribo y fundé, y El Cohete (salvando enormes diferencias) es reconfortante y salís de la lógica del francotirador y empezás a hacer tropa. Soy hijo de aquellas noches mugrientas de Cemento (vivía a 7 cuadras, era ir al patio de casa con la sana costumbre de Chaban de hacerte precio cuando te veía corto) y Die Schule, Los parakulturales, bueno, la estética de la decadencia haciéndose carne. No me costó nada enemistarme del sistema, jamás creí que alguna vez iba a sentirme representado de algún modo por quien ocupe la Casa Rosada hasta que me encontré parado con mi amiga hija de desaparecidos en el patio de la ESMA, viendo como ganábamos la batalla entrando a un lugar prohibido y vació, Se podía, no se quería. No la quiero hacer demasiado larga, es un placer encontrarnos todxs sumando desde una clandestinidad a la que dejaron descuidada, casi todxs nos informamos por medios alternativos, esperamos una segunda lectura de la info que corre por las venas del Gran Hermano. Esa desconfianza nos salvó, somos el virus que no vierom vemir y que ellos mismos alimentaron, nos dieron los vehículos. Somos su sueño perdido. Abrazo enorme, nos seguimos leyendo.

  6. Alfredo Piccone Fernández dice

    A propósito de tu comparación sobre las formas de la resistencia, aprovecho este espacio de comentario para hacerte llegar algo que me ocurrió hace unos meses cuando se conformaron los equipos de trabajo del F de T en la UMET…..Cuando Cristina se convirtió en calabaza tenia dos opciones, o se iba a Rio Gallegos y alli la esperaban para meterla presa, sabiendo el régimen que ni la CGT, ni el PJ, ni los gobernadores, ni las Organizaciones sociales y varios etc. moverían un dedo por ella, o se preparaba para enfrentar la asonada….optó por esta y creo lo que yo denominé una Unidad Básica que llamó Instituto Patria, bajo la fachada de ser un centro cultural….allí funcionamos desde un principio más de veinte comisiones de análisis y proyectos pensando que cuando volviéramos íbamos a tener que crear algo así como un Ministrio de la Reconstrucción….No es mucho lo que se pudo hacer en medio del feroz ataque que estábamos recibiendo, pero nos mantuvimos hacien pata a Cristina con el riesgo de ser fichados por los servicios o tal vez alguna consecuencia peor…..Nunca pude hablar con Cristina (todavia mantengo la esperanza) en estos casi cuatro años asistiendo semanalmente a las reuniones de la Comisión de Transporte de la cual soy miembro, pero eso no era mi objetivo sino el orgullo de estar con ella y aguantar los trapos….Hoy ya formamos parte de los equipos de trabajo en la UMET y el IP es uno más, pero a nosotros nos queda la satisfacción de haber estado junto a ella en la soledad más absoluta, cuando muchos la daban por muerta, a ella y al kirchnerismo….el IP va a continuar y veremos que tareas desarrollaremos….los años de la resistencia serán, para nosotros, como un diploma de honor….abrazo peroncho

  7. Augusto Parma dice

    Muy bueno, Marcelo.

    Emerson, Lake and Palmer se disolvió en 1978 luego de grabar su «disco del millón» llamado «Love Beach» y Wakeman suspender su «gira del #sisepuede (con orquesta sinfónica incluida) luego de declararse en bancarrota. Tuvo que recomponer relaciones con los miembros de Yes, we can y olvidarse de que era el REY de los teclados. Ambos sobrevivieron al punk (Emerson lamentablemente se suicidó hace poco) pero la patada en el CGT sí que la sintieron.

  8. Alfredo Santiago Iglesias dice

    …hay un grito que…

  9. Pato dice

    Cuando leí Horacio pensé en González. El escándalo que arman esos dos en nuestras realezas!!!

  10. Fabian Piñeyro dice

    «Das feridas que a pobreza cria, sou o pus», dijo Gilberto Gil en Punk da Periferia. Iba disfrutando tu nota y pensando en ese comienzo.
    Hace más de cuatro años que no voy a la Argentina. Quiero ver esa exposición.

  11. Pablo Zacchino dice

    Brillante. Como siempre.

    «You better understand I’m in love with myself,
    Myself, my beautiful self

    A no feelings
    A no feelings
    A no feelings
    For anybody else»

  12. Oscar dice

    Es así Marcelo haces bien en ponerlo de relieve.Empezamos a reoxigenar el ambiente con esta nueva oleada de jóvenes periodistas rebeldes.Guiados por otros como Horacio Vos y Navarro.Y demás.Gracias.

    1. Fabián dice

      Hermosa parábola Figue. Me permito agregar que cuando apareció Cemento fue la NASA y muchas bandas que tocaban en el Einstein o Zero pudieron hacerlo en un lugar más grande.

      1. Leandro dice

        Tremendo texto. Y que le quede claro a todxs que seguiremos reproduciéndonos y resistiendo, no importa cuán inmunda sea la cloaca en la que nos encierren.

    2. Alfredo Santiago Iglesias dice

      Y…

  13. Soledad elizabeth dice

    Es el periodismo que celebro, descontracturados, «insolente» a la vez nos hacen pensar y saber de qué lado de la mecha estamos, lxs necesitamos xq son inclusivos no «vacas sagradas» bajando línea cm si fuéramos estupidxs auq hay excepciones.
    X siento no me están descontando mi cuota mensual que pasa? Jajaja disculpas tenía que decirlo.

    1. Alicia dice

      Un placer seguir pensando juntos..

      1. Santiago dice

        Muy buena la nota Marcelo, pero te quedo vieja esa concepción antagonista entre punk vs sinfónico & jazz. Hoy ya nadie la sostiene seriamente. Que haya habido en los 70 un emergente que necesito expresarse con urgencia y descaro, no implica la descalificación de otros géneros. Ni siquiera en esa epoca era unánime esa visión. Basta nombrar a Peter Hammil, Miles Davis o a Jaco Pastorious para registrar que la rebeldía y el ideario anti-sistema no sólo pasaba por el cbgb. Afortunadamente, fueron muchos los que pudieron disfrutar tanto del punk, sinfónico y jazz además de otros géneros. Saludos!

        1. Marcelo Figueras dice

          Creo que la descripción es bastante objetiva. El punk se concebía antagonísticamente, consideraban a esos otros géneros como basura autocomplaciente. (Y en muchos casos tenían razón. Fijate quién sobrevivió el paso del tiempo y sigue significando algo y quién es alimento para las polillas.) En lo que a mí respecta, yo no participé entonces ni ahora de ese Boca-River. Me gustan el punk y la new wave y me encantaban ciertos artistas sinfónicos, como el Genesis de Gabriel y el Jethro Tull de «Songs From the Wood». Pero la mayoría de los artistas de jazz rock y del sinfónico han envejecido pésimamente. Sólo conservan relevancia para coleccionistas, pero poca o nula en el contexto de la(s) cultura(s) popular(es).

          1. adrian dice

            «Fijate quién sobrevivió el paso del tiempo y sigue significando algo y quién es alimento para las polillas.». Justamente. Ningún artista punk es la mitad de relevante histórica o culruralmente que los mejores músicos de jazz de esa misma época. Sostener lo contrario es ser militar en la pereza intelectual.

          2. Marcelo Figueras dice

            Todo parámetro de relevancia en materia cultural es relativo. Por las dudas, yo estoy hablando de cultura popular. Y me parece que gente como David Byrne y Patti Smith siguen teniendo hoy una relevancia y una influencia en muchas generaciones de muchas partes del mundo que, por ejemplo, no tienen ni Chick Corea ni Herbie Hancock, por mencionar dos músicos de jazz de aquella época. ¿Significa que Patti es mejor que Chick? No señor. Significa que ha dejado una huella sobre la cultura popular que no sólo puedo seguir e hilvanar a lo largo de generaciones, sino que además excede los confines de la música misma.

            Es mi punto de vista, nomás. Pero, ya que estamos, la próxima vez que quieras disentir te pediría que en la medida de lo posible lo hicieses sin agredir. Gracias.

          3. Fabian bariloche dice

            Sí, quizás hoy los nuevos jovatos podamos reivindicar aquellas travesías nocturnas hacia algo, -lo que sea- distinto de lo cotidiano. Eso me pasaba: la desesperación, y unos manguitos siempre escasos, me impulsaban a treparme en el 53 y rajar de esa Floresta demasiado tranquila, casi angustiante, para entrar a ese lugar oscuro (siempre es oscuro lo desconocido) que me cambiaría para siempre. Cemento es casi un clichè hoy en día, lo he notado. Ahora sé cómo se crea un mito. Pero en esa exageración, que brilla más que nada en la imaginación de los pibes de hoy, hambrientos de riesgos estéticos y contenidos marginales sólidos, hay una verdad y una emoción que me reconcilia con esa ciudad sórdida, extraña, inexplicable e hipnótica que hurgué una y otra vez en esos tiempos. Será, Marcelo, éste un buen momento momento para que germine una nueva tanda de microbios políticos/culturales, ultra resistentes a ese fascismo careta insoportable del 40%? Cuántos de estos orcos de morondanga habrán cruzado por el túnel angosto que daba a esa «pista de baile» sin espejos (una clave importante) con música alienígena recién llegada (gracias, Dj!)? No muchos, creo. El arte popular, aún el díscolo y no masivo, «de culto», siempre fue nuestro fuego secreto. Ojalá se contamine todo, (especialmente el rock de auto homenaje), y volvamos a disfrutar de una hermosa epidemia de arte patea culos. Hace falta.

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