Los jóvenes de ayer y los de hoy

De las Ligas Agrarias al Siglo XXI, un libro intergeneracional

 

“Escribir sobre hechos que, en muchos casos, hemos vivido y en otros han sido vividos por personas muy cercanas a nosotros, nos evita el esfuerzo vano de intentar ser objetivos. Como todo relato que nos involucra es inevitable que esté teñido de subjetividad. O quizás debamos decir de subjetividades.

La visión que hoy tenemos de algo que sucedió en 1973 difiere muchas veces de la que teníamos entonces, incluso puede ser distinta de nuestra visión de ese mismo hecho en 1979, o en 1990. Nuestra manera de percibir, valorar y recordar los hechos recogidos en este libro intenta reconstruir esas diferentes visiones, esas diversas subjetividades, con el fin de reflejar, de la manera más clara posible, cómo hemos vivido esta particular experiencia montonera”. PFL

 

 

 

«Eran las vísperas de San Valentín en 1979, en Ciudad de México, cuando me llegó una orden: ir hasta el departamento del compañero Obregón Cano. No era extraño porque mis tareas como asistente y custodio del comandante Raúl Yäger incluían este tipo de contactos con los “viejos”, pero era inusual que ellos nos llamaran, no era el procedimiento habitual.

Cuando entré al departamento me abrió la puerta quien fuera gobernador de Córdoba e inmediatamente veo que mi hermano Pablo está sentado en el sofá. Disimulo la sorpresa. Pablo se despide agradeciéndole la gestión a Obregón y asegurándole que estaba todo en orden y caminamos en silencio hasta el ascensor. Una vez dentro me miró y me dijo: Se pudrió todo.

Ahí comenzó el último acto de nuestra historia montonera. Era febrero del ’79 y participaríamos de la rebelión de los tenientes, una de tantas disidencias en el seno de la Orga, que en ese momento se llamaba Partido.

Pablo era uno de esos tenientes y yo era sargento del ejército montonero. Éramos soldados. Diez años antes habíamos comenzado nuestro recorrido como militantes de base y ahora éramos parte de una estructura fuertemente militarizada, sin inserción social y política más que la que algunas y algunos de sus militantes mantenían por su trayectoria individual.

Con una conducción estalinista y triunfalista y un tendal de muertos entre nosotrxs, era hora de parar y pensar si todavía había posibilidad de cambiar el rumbo y cuál era ese rumbo a tomar.

Es desde ese momento que estamos reflexionando y pensando en escribir esas reflexiones”.  MFL

 

“La dictadura, el miedo, el triunfo duradero del liberalismo, el individualismo, el desinterés por la política, cuando no el desprecio, acentuaron el corte en la continuidad biológica de la experiencia política revolucionaria en nuestro país. Sin embargo, en los últimos 15 años, en un clima propiciado por las luchas por la memoria, la verdad y la justicia, ayudado sin duda por políticas de Estado que impulsaron los juicios a los responsables del terrorismo de Estado, surgen, entre los más jóvenes, nuevas expresiones del compromiso social, político, militante. Se abren nuevos frentes de lucha y organización, como todo lo relacionado con el género, la tierra y los alimentos.

Y se produce un acercamiento entre nosotros y esta juventud. A veces ellos nos buscan, otras nosotros les buscamos. Y en estos contactos procuramos cerrar ese corte, esa herida en la continuidad de nuestras historias. ¿Qué saldrá de todo esto? Difícil predecirlo. Lo importante es que nos da a los viejos la oportunidad de acompañar a los jóvenes en su camino, de cuidarlos en lo posible, socializando algunas experiencias, los viejos, los jóvenes, las mujeres, recuperando historias y proyectos, y haciendo cada uno lo suyo.

Hoy, en 2019, a mis 73 años, esto sigue siendo parte de mi militancia política en Misiones… Juntarnos, reconstruirnos, desenterrar esa historia sepultada por la falta de memoria, por el desinterés o el miedo de muchos, por un plan sistemático para destruir todo rastro de quienes fueron compañeros en la lucha. El reconocimiento de los lugares donde se dio esa lucha en Misiones, y su señalización, visibilizar a las víctimas, a los sobrevivientes, la reconstrucción de los lazos de amistad, compañerismo, que quedaron encapsulados en el tiempo y los corazones, es nuestro compromiso y nuestra experiencia montonera hoy.

Nuestro sueño es que muchos jóvenes se entusiasmen con este desafío y continúen con nuestra tarea. Y que logremos encontrar los restos de Juan “El Negro” Figueredo y de Valdi Hippler que nos están esperando allí donde «sin una vela encendida sin una flor a su lado, sin una cruz en la tierra hay dos sueños sepultados».  PFL

 

“¿Cuál es la diferencia entre un indio y un gaucho? Esta pregunta se hacía Sarmiento para concluir: ‘Ninguna’. Pero sí había entre gaucho bueno y gaucho malo, el primero sumiso y aceptando su propia desaparición por el bien del progreso. El otro, orejano, matrero y altivo, era el gaucho montonero. Un personaje en constante retirada que vuelve una y otra vez desde más allá de las fronteras. A montonerear.

El hecho maldito de nuestro país burgués, el peronismo, cobijó ese eterno (quizás) retorno. El aluvión zoológico primero, la Yegua (la que no se nombraba) y después la juventud en la calle, junto a otras rarezas como sindicatos revolucionarios y estudiantes nacionales, eran las caras visibles de la montonera que volvía a galopar.

Sujetos contradictorios, sentimentales y nunca ubicados en la corrección política, que pateaban el tablero y espalda contra espalda salían a pelearle al imperio y a la oligarquía. A dar una lucha perdida de antemano contra la lógica capitalista, desoyendo a la izquierda científica, al sentido común y hasta a la doctrina peronista. Desnudando la trama completa de complicidades que permiten la alienación capitalista y la pérdida de los territorios en aras de la modernidad y el progreso.

Por eso la enorme repercusión en 1970 cuando irrumpe un nuevo actor político, una pequeña organización que en su primera performance levanta los signos de la época y la experiencia histórica de las masas: lucha armada, peronismo, revolución, socialismo nacional y un nombre que era identidad y propuesta a la vez: Montoneros.

Eso éramos, eso somos. Así nos percibíamos mientras dábamos lo que quizás fue la última batalla de un mundo que se fue. Así se sentía Pedro cuando izaban la bandera en el campamento de Acaraguá. Así se sintió, seguramente, Pérez Rueda en desigual combate contra los comandos de Seineldin. Así también la maestra Ferreyra en el más difícil de los combates o el Negro Figueredo en su final. Por el pueblo y por la patria, montonero hasta la muerte.

…………

Pero claro que había tensiones, entre el movimientismo y el leninismo, entre el basismo y el estalinismo, entre los jefes y la tropa, ni hablar de la cuestión de género y de clase que garantizaba los cargos fundamentales a los varones blancos. Feroces luchas internas como en cualquier cuerpo social que no hacían mella en la cuestión de la identidad. Cada uno se sentía más montonero justamente por sus posiciones en estas disputas. Se sentían más montoneros los verticalistas y nos sentíamos más montoneros los disidentes. Pero el otro también era monto, por eso años después nos cruzamos y nos reconocemos, como en la milonga de Yupanqui: por el lejano mirar. Aunque me hayas hecho juicio revolucionario, aunque te haya dejado de garpe mientras conspiraba”. MFL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 Comentarios
  1. Alfredo Santiago Iglesias dice

    ‘…se conmueve el Inca la tumba…

    Marte mismo parece animar…’
    Bolivia
    Chile
    y…

    P
    V…

  2. José Luis dice

    Son Pablo y Miguel, no Matías. Gracias

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