Los matones de Tapebicuá

Crónica de un atentado impune en los pagos del clan Méndez Ribeiro

 

1.

La geografía de los hechos a veces importa. Tapebicuá, en Corrientes, es una de las tres localidades satélites de Paso de los Libres. Cuenta con municipio y carta orgánica y ya debe andar cerca de los mil habitantes, teniendo en cuenta que eran 740 en el último censo. Un pueblo del año ‘30 que todavía tiene almacenes de ramos generales para comprar mortadela o Buscapina. La estación de tren viene de la época de las arroceras y sus familias fundadoras. Ahora es una zona de forestación que ya no da trabajo porque no quedan aserraderos; alcanza con un par de hombres que manejen las máquinas para voltear la fila de pinos y eucaliptos. Tiene jardín, primaria y secundario; no tiene farmacia y tampoco cura en la capilla. En la comisaria nunca se ha visto a diez policías juntos. No hacía falta: la única transgresión conocida era que alguno se empede un sábado.

 

 

2.

“Menos de 400 votos había en disputa en Tapebicuá”, dice Mario Chiappa, locutor, periodista y animador del acto político en que el diputado Miguel Arias recibió un disparo en el abdomen. Chiappa es un profesional pero si no le pagaran lo haría igual porque es peronista. En campaña pone el auto al servicio del partido y reparte boletas, además de prestar la voz en cada una de las apariciones de los candidatos. “Había que imponerse en las comunas –continúa– para juntarle votos a Fabián Ríos y que el peronismo vuelva a ganar la provincia después de 40 años. Yo lo veía feo porque los radicales tienen todo el poder, la maquinaria para presionar a la gente (la presunción finalmente se cumplió: el gobernador Gustavo Valdés triunfó con paliza) pero igual nos fuimos para Tapebicuá”.

Chiappa arregló los detalles con el intendente de Paso de los Libres, Martín “Tincho” Ascúa, un peronista que llegó al cargo luego de que Arias, el veterano y respetado cuadro político de la zona, lo eligiera como candidato por su juventud y sobre todo por su llegada a las organizaciones menos “ortodoxas” como La Cámpora y Barrios de Pie. Arias, más cómodo en un segundo plano, aportaría como diputado provincial.

El jueves 26 de agosto, Chiappa armó el equipo de mate y se subió a la camioneta de Arias. Juntos recorrieron los poco más de 50 kilómetros con rumbo norte que separan Paso de los Libres de Tapebicuá, donde se realizaría el acto de cierre de campaña. “Definíamos de visitante”, reflexionaría Chiappa después. A las siete y media de la tarde, en el ingreso al pueblo sobre la Ruta Nacional 14, les llamó la atención que no hubiera nadie en el puesto de Gendarmería, ese control rutinario al que deben someterse los camiones que bordean el Río Uruguay. Más adelante, llegando a las vías, tampoco estaba el retén sanitario por covid que solía ser riguroso en las fases previas de la cuarentena.

Antes de aparecer en el escenario montado en la casa de los abuelos de Carlos Braseiro, el candidato a intendente por el partido, Arias se paseó por las cuatro manzanas asfaltadas para mostrarse y sumar gente al acto. En el camino se cruzó con la caravana de la alianza rival Eco-Vamos Corrientes, también en el cierre de su campaña, y hasta se saludó con el vice-intendente Carlos Gómez. El clima de insólita madurez democrática se acabaría de forma abrupta.

“Alrededor de las 20:30 –cuenta Chiappa– presenté a Gloria Pared, la candidata a vice-intendenta. Ya estaba aburriendo porque había hablado mucho. En un momento sentí como el ruido de un celular cuando cae al piso. Ahí vi que Arias se puso las manos arriba del ombligo con gesto de dolor. Pensé que le habían pegado un hondazo. ¿Cómo iba a pensar en un tiro? ¿Estamos todos locos?”.

 

 

 

Fue un tiro nomás. Enfrente, en la salita de primeros auxilios, la ambulancia permanecía inútil detrás del portón con candado. Los policías que habían llegado después del griterío y las corridas subieron a Arias a la caja de la camioneta. Alguien lo envolvió en una frazada previendo el frío de la ruta a esa hora. Igual llegó al hospital de Paso de los Libres con hipotermia. Allí pasó la noche después de una operación de urgencia que logró estabilizarlo. Al día siguiente fue llevado en ambulancia hasta una pista de Yapeyú y subido al avión sanitario que mandó el gobernador Valdés. En el Hospital Escuela General José de San Martín de Corrientes permaneció internado hasta el viernes. Tuvieron que obligarlo: él se hubiera ido antes.

 

 

3.

A más de una semana del ataque a un diputado provincial durante un acto de campaña, no se conoce el tirador ni el arma que gatilló y mucho menos si respondió a una motivación personal o se trató de la obediente ejecución de un deseo ajeno. Para la ministra de Seguridad de la Nación, Sabina Frederic, “es un hecho de violencia política” y por eso envió a Corrientes a la Brigada de Investigaciones y a la División Homicidios de la Policía Federal junto al equipamiento necesario para realizar las pericias. Pero lo que se imaginó como un trabajo conjunto entre las fuerzas federales y la justicia provincial para el pronto esclarecimiento de un atentado con probable fin electoral, se volvió una pugna entre dos líneas de investigación.

“El disparo de un calibre 22 se tiene que hacer a corta distancia, eso es una ley pericial”, declaró el fiscal general de Corrientes, César Sotelo, reconociendo así que buscaban al responsable entre los asistentes al acto. También dijo que “la mayoría de la gente fue traída desde Paso de los Libres” y que en eso “tuvo participación el intendente Ascúa y su hermano”, deslizando la hipótesis del fuego amigo.

Mientras tanto, los agentes federales identificaron al dueño de un Volkswagen Gol que había sido visto por testigos merodeando en inmediaciones del acto y allanaron su casa, aunque no encontraron armas ni cualquier otro elemento que pudiera servir en la causa. Los investigadores enviados desde Buenos Aires creen que el disparo pudo realizarse desde los terrenos del ferrocarril ubicados en frente del escenario, permitiéndole al tirador huir sin mayores complicaciones.

El divorcio entre locales y foráneos es tan evidente que el personal de la Policía Federal no participó de ninguno de los procedimientos realizados en Tapebicuá por una sencilla razón: no les avisaron. Desde el Ministerio de Seguridad confiaron que en las últimas horas sus agentes “no pudieron establecer contacto alguno con el fiscal Sotelo” ni a través de mensajes de WhatsApp ni con llamadas telefónicas, por lo que decidieron comunicarse con la fiscal del caso, Noelia Lena, para intercambiar impresiones.

De nuevo el silencio fue la única respuesta.

 

 

4.

“El 22 revienta y se escucha, pero nadie vio ni escuchó nada. Estamos hablando de un complot de más de 50 personas que se pusieron de acuerdo para encubrir al que disparó. Es difícil de creer y más sabiendo que las personas que estaban en el acto eran, en su mayoría, conocidos y familiares de los candidatos y que están identificados por las imágenes del dron. Una cuestión de sentido común debilita la hipótesis de las autoridades”, dice Rodrigo Nenda, el abogado que asumió la querella. “La fiscalía y la Policía de Corrientes insisten con que el disparo salió de adentro del predio y que el proyectil sería un calibre 22, pero no hay ninguna certeza porque Arias todavía tiene alojada la bala en la cuarta vértebra y las pericias realizadas en la ropa no pudieron determinar la distancia del disparo. Son todas presunciones”, aclara.

 

 

Diputado provincial peronista Miguel Arias.

 

 

Nenda también recuerda que el sábado posterior al ataque llegó al predio junto a los peritos de Gendarmería y que le costó creer lo que veía: faltaba la torre de luces. “Si el disparo vino de afuera –argumenta– la torre es clave para tomarla como punto de referencia. La volvieron a instalar tratando de hacerla coincidir con los pozos que había dejado en la tierra, pero la escena ya estaba alterada”.

Otra queja es la actuación de la policía. “Después del disparo, tendría que haber vallado el lugar, buscar casquillos, verificar en los alrededores, intentar que la gente no saliera corriendo, pero en vez de eso tuvieron que trasladar a la víctima porque el ambulanciero no aparecía. Estuvo todo distorsionado”.

 

 

5.

En Tapebicuá el apellido Méndez Ribeiro abre puertas. También obliga a bajar la cabeza. Danilo Méndez Ribeiro empezó vendiendo palitos de helado y terminó comercializando vacas. Ya tenía campos y plata, pero quería ver su foto en afiches y en 2001, después de la intervención del gobierno de Fernando de la Rúa a la provincia, ganó la intendencia de Tapebicuá. Durante los dos periodos en el cargo modernizó la red eléctrica, asfaltó caminos de tierra, abrió la salita de primeros auxilios y el colegio secundario. También violó a su sobrina de 14 años, según el procesamiento que tiene en la justicia correntina desde 2005, aunque nunca estuvo detenido. En 2009 eligió como sucesor a Javier, el mayor de sus tres varones. En 2013, el mismo año en que la familia abandonó el peronismo para sumarse a ECO-Cambiemos, Javier le dejó el puesto al hermano más chico, Jonathan, que ostenta la intendencia hasta hoy. El domingo pasado, Javier volvió a imponerse, completando una racha de seis mandatos consecutivos –dos décadas– sin alternancia. El municipio como un bien de familia.

 

Jonathan Méndez Ribeiro con el gobernador Valdés.

 

 

 

6.

El miércoles, la concejala de Paso de los Libres por el Frente de Todos y hermana del intendente de la misma localidad, Celeste Ascúa, denunció que la policía de Corrientes apretó a uno de los jóvenes que estuvo esa noche en el acto para direccionar la investigación. “No te hagas el pelotudo y decinos que el tiro vino de adentro del acto. ¿O querés hacerlo por las malas?”, fue la amenaza.

“Estos hechos oscuros –dijo Ascúa en el Concejo Deliberante de Paso de los Libres– ocurren una y otra vez y quedan en la historia, quedan tapados. ¿Dónde estamos viviendo? ¿Qué estamos eligiendo? Les pedimos por favor a las autoridades provinciales que sean responsables, que la investigación se haga con transparencia. Es una tremenda barbaridad lo que está ocurriendo en nuestra provincia y todos hacemos oídos sordos. No podemos dejar pasar este hecho de irresponsabilidad política e institucional”.

Aunque no lo hicieron público, la familia de Arias está segura de que el disparo vino de alguien que estaba afuera, uno de los “matones” leales al clan Méndez Ribeiro. También creen que la intención no era cometer un crimen: alcanzaba con provocar el caos, esparcir el miedo, abandonar la esperanza de un remoto triunfo.

“Si esto fue un atentado político no se va a esclarecer nunca –sentencia Chiappa–, porque toda la Justicia la tienen para ellos. Lo más probable es que la policía agarre a un carpinchero, lo cague bien a palos, le arme una causa y lo haga pasar como el responsable”.

 

 

 

 

 

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