Los negocios no paran

El slogan de Larreta remite a un tren sin frenos que se lleva todo por delante

 

La Legislatura porteña aprobó un proyecto que procura mantener el paisaje y la arquitectura de Lomas de Núñez y Nuevo Belgrano modificando disposiciones del Código Urbanístico. Sin embargo, distintas organizaciones barriales expusieron deficiencias en la audiencia pública para debatirlo. El polígono comprendido en el proyecto está delimitado por las vías del ferrocarril Mitre, las calles Vedia, Vilela y Cuba. Los detractores de la urbanización desmedida de la Ciudad de Buenos Aires alertan que esta buena noticia acotada a un polígono es insuficiente para frenar un negocio inmobiliario millonario que viene creciendo exponencialmente en casi todos barrios de la Ciudad y que pone en peligro sus identidades y el equilibrio ambiental, en contra de la población que lo habita y transita diariamente.

La Ciudad de Buenos Aires, en un esfuerzo por satisfacer los reclamos de los vecinos, informó que cuenta con 3.600 espacios verdes, de los cuales 1.700 son canteros (sic) y 422 son derivadores de tránsito. Es decir que, entre ambos, suman el 60% del espacio cuya denominación remite más bien a plazas o parques. La insólita lista del registro ecológico de la Ciudad también incluye 618 plazoletas, por lo general secas, con una superficie de menos de un cuarto de manzana, 200 “veredas” con más canteros y hasta cementerios.

 

En el imaginario Pro, todo computa como «espacio verde».

 

 

 

Inconstitucionalidades y violaciones legislativas

El Código Urbanístico fue aprobado en 2018 y establece un gran incremento de la capacidad constructiva, es decir de las zonas en las que se permite edificar. En el caso concreto del barrio de Núñez, se incrementó del 400% hasta un 1.000%. Estas ampliaciones fueron posibles gracias a la eliminación del FOT (metros cuadrados construibles por parcela) y la disminución de los pulmones de manzana, que genera un impacto ambiental significativo y una consecuente precarización de las condiciones de vida de los habitantes de la ciudad.

La eliminación del sistema FOT, que dio rienda suelta a un descontrolado mega negocio inmobiliario-estatal, permitió que si un barrio con un FOT 1 (el más bajo, como sucedía en Núñez) sólo tenía permitido construir casas de entre 3 y 6 metros, ahora puede construir hasta 14 metros.

Estos cambios son inconstitucionales por partida doble: el artículo 41 de la Constitución Nacional establece que las autoridades deben proveer la protección del ambiente, la utilización racional de los recursos naturales, la preservación del patrimonio natural y cultural, la diversidad biológica, la información y educación ambientales.

Por otra parte, el artículo 27 de la Constitución porteña indica que la Ciudad debe desarrollar una política de planeamiento y gestión del ambiente urbano que promueva la preservación y restauración de los procesos ecológicos esenciales y de los recursos naturales. También del patrimonio natural, urbanístico, arquitectónico y de calidad visual y sonora, así como la protección e incremento de los espacios públicos de acceso libre y gratuito, en particular la recuperación de las áreas costeras y de los espacios verdes.

Por si esto fuera poco, también violan el Plan Urbano Ambiental (Ley 2.930), que pone énfasis en la necesidad de mantener su pluralidad de actividades residenciales, productivas, culturales (artículo 4) y una estructura más reticular, con diferentes centros barriales, que mejore el hábitat de los sectores sociales de menores ingresos y las condiciones de calidad ambiental del hábitat residencial, preservando las características singulares que otorgan identidad y diversidad a los distintos espacios urbanos (artículo 8).

Nada de esto es política del gobierno de “la transformación que no para”, como un tren sin frenos que se lleva todo por delante, incluido al medio ambiente y a los vecinos que les permitieron gobernar.

Frente a esta situación, comunidades de diferentes barrios se manifestaron enérgicamente en las calles de barrios como Caballito, Belgrano, Villa Ortúzar, Villa Urquiza y Núñez. En el caso de este último, los vecinos se organizaron para denunciar los impactos negativos del nuevo Código y proponer una modificación sustancial, presentando un amparo colectivo pero también elaborando el proyecto de ley que hoy se debate.

 

 

Fallo “Barembuem y otros contra GCBA”

En 2011, la jueza Elena Liberatori dictó una medida cautelar por la cual suspendió el otorgamiento de los trámites administrativos de registro u otorgamiento de permisos de obras nuevas o ampliaciones en una zona de Belgrano R, para preservar el proceso de debate legislativo de un proyecto de rezonificación.

 

 

Necesario pero insuficiente

Si bien estamos ante un proyecto que protege la identidad del barrio de Núñez, cabe realizar varias consideraciones. En su intervención en la audiencia pública, Jonatan Baldiviezo, presidente del Observatorio de Derecho y de la Asociación por la Justicia Ambiental (AJAM), explicó que este no alcanza a todos los sectores residenciales del barrio afectados por el Código Urbanístico. Por ello solicitó que se incorporen estos sectores a los parámetros de la ley o bien se inicie el tratamiento de un proyecto específico para el resto de los sectores residenciales del barrio.

 

 

La estrategia de los permisos de obra

Para conservar las condiciones favorables de la normativa vigente, los dueños de los predios presentan constantes permisos de obras nuevas intentando esquivar las delimitaciones que la ley contempla a favor de evitar el impacto ambiental.

De esta forma, si no se frena el otorgamiento de los permisos de obra durante el tratamiento del proyecto de ley o se considera que a los trámites iniciados no se les puede aplicar la nueva ley, no se cumplirá en los hechos porque la anticipación del poderoso negocio inmobiliario la volverá ineficaz.

 

 

El peor de los rankings

Si se compara la cantidad de espacios verdes por habitante que la ciudad tiene respecto a otras capitales de Latinoamérica, Buenos Aires pierde como en la guerra. En el estudio realizado por ONU Hábitat, la capital argentina quedó en penúltimo lugar con 6,2 metros cuadrados por habitante, sólo por detrás de Lima.

El slogan tiene su cuota de verdad: la transformación no para.

 

 

 

 

 

 

 

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