Los primeros 40

El CELS cumplió cuatro décadas de vida y lo celebró con la presentación de su informe anual

 

El Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) acaba de cumplir 40 años de existencia – de vida para quienes militaron, trabajaron o pidieron su acompañamiento. Creado en la víspera de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por madres, padres y familiares de desaparecidos, el CELS supo hacer de su lucha contra la dictadura una bandera para reclamar más derechos durante la democracia. Durante estas décadas, las alianzas fueron muchas y novedosas, y estuvieron invitadas a una entrevista pública para dar a conocer su 22° informe anual – el primero escrito en lenguaje no binario.

La presentación pública del informe 2019 se realizó el martes por la tarde en el Teatro del Picadero. El lugar también fue el mensaje. El Picadero fue la primera sede de Teatro Abierto en las postrimerías de la dictadura, una irreverencia que los represores no estaban dispuestos a tolerar. Una bomba destruyó el edificio ubicado en el hoy Pasaje Enrique Santos Discépolo en 1981. Permaneció cerrado por más de 20 años. Lo reinauguraron en 2001, y en cuestión de meses cerró nuevamente sus puertas. Lo quisieron demoler en 2007, pero vecinos y vecinas se opusieron. En 2012, volvió a levantar el telón.

 

 

Una marca

Horacio Verbitsky, el director de El Cohete, preside el CELS desde hace 20 años, la mitad de su existencia. “Un número apabullante”, confesó el martes al comenzar la presentación.  “El CELS no se concibe fuera del movimiento de derechos humanos, que marcó una tónica que hoy de alguna manera se ha socializado al conjunto de nuestro país”, dijo.

Fueron las diversas militancias asociadas y continuadoras del movimiento de derechos humanos que impidieron la consolidación del proyecto político que llegó con Cambiemos a la Casa Rosada en 2015.  Durante estos años, el gobierno hizo de la pérdida de derechos una bandera, sostuvo el periodista.

“En el año ’15 ganaron una elección dentro de las reglas del juego de la democracia, lo cual, por un lado, es una desgracia, y, por otro lado, habla de la consolidación de la democracia en nuestro país, sobre todo cuando cuatro años después podemos revertirlo, cuando no llegaron para quedarse, cuando llegaron para irse y aspiracionalmente para no volver nunca más por esa vía ni por ninguna otra”, dijo Verbitsky.

 

Mabel Thwaites Rey, Flor Alcaraz, Gastón Chillier, Lita Boitano, Estela de Carlotto y Horacio Verbitsky. Foto: CELS.

 

Para el presidente del CELS, hubo dos movilizaciones que pusieron en juego todo lo acumulado por el movimiento de derechos humanos y su puente con nuevas luchas: la que sacó a miles a las calles contra el 2×1 para los represores de la dictadura –que resolvió en mayo de 2017 la Corte Suprema con la anuencia del gobierno de Mauricio Macri– y la desaparición de Santiago Maldonado ese mismo año.

“Obtener una ley es parte de una lucha —apuntó Verbitsky—, pero no es el total de la lucha, luego hay que obtener que se cumpla. Eso implica movilización, militancia, estar en las calles permanentemente, participar, que es la clave de la construcción democrática que desde el CELS planteamos, y esto implica relaciones que mantenemos con sindicatos, movimientos sociales. Acompañamos esa transición cromática del pañuelo blanco al pañuelo verde, que muestra la continuidad de las luchas del pueblo argentino, que provocan envidia y admiración en otros países”.

Los retos son muchos, dijo, incluso cuando se puede ser optimista por el período que se termina y por el que empieza. “Tenemos por delante un desafío de consolidar y transformar esta democracia que hemos sabido conquistar, y es la tarea para los próximos 40 años a la que están todos convidados”.

 

 

Las que cuentan la historia

En la primera hilera de butacas se sentó una de las fundadoras del CELS: Noemí Fiorito de Labrune. Laura Conte, la vicepresidenta, no pudo estar, pero mandó sus saludos. La representaba su hijo Gonzalo. A su lado estaba Mercedes Mignone, una de las hijas de Emilio y Chela, también fundadores del organismo.

Al otro lado del pasillo estaban dos conocidas de estas cuatro décadas de lucha: Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, y Lita Boitano, dirigente de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas.

Las dos recordaron a los fundadores del CELS durante los años de la dictadura, el departamento de Emilio y Chela en el que se reunían para discutir distintas acciones. Estela contó cómo Emilio y otros abogados solían esperarlas en el aeropuerto, cuando viajaban por el mundo para denunciar los crímenes en la Argentina, para evitar que se las llevaran. “En lo personal me ha tocado llamarlo en otras situaciones de emergencia, para evitar el secuestro de mis hijos”, recordó.

Lita, a su turno, dijo que nunca iba a olvidarse de una reunión en Ginebra, en la que el fundador del CELS había conseguido tener voz, pero no voto, y en la que el resto de los integrantes de los organismos de derechos humanos fueron a pedir servilletas a un bar de Naciones Unidas para usarlas como pañuelos mientras seguían su discurso desde un palco.

Hubo halagos también para Verbitsky. “Siempre lo tuvimos como puntal”, dijo Lita, aunque aprovechó para bromear sobre las diferencias:

Estuve con el Papa Francisco, eh.

 

 

Estela recuerda los inicios del CELS. Foto: CELS.

 

 

Victorias que se celebran

Gastón Chillier, director ejecutivo del CELS, también recordó que Mignone decía que había victorias que merecían ser celebradas. Lo había dicho después de la resolución de la Cámara Federal porteña que abría la posibilidad de los juicios por la verdad.

“Cuarenta años después de que estos hombres y mujeres hayan fundado el CELS desde la tragedia, que estemos festejando 40 años todos nosotros aquí es una gran victoria para celebrar”.

El informe – que consta de nueve capítulos – fue presentado por activistas y especialistas en una entrevista pública que coordinó la periodista Florencia Alcaraz. Estuvieron el economista Pablo Manzanelli (CIFRA), Diego Montón (Movimiento Nacional Campesino Indígena), la comunicadora Natalia Vinelli (Barricada TV), la doctora en Derecho Político Mabel Thwaites Rey, el jurista Manuel Garrido (Innocence Project – Argentina) y el diputado Horacio Pietragalla, entre otros y otras.

 

 

Todes les expositores. De izquerda a derecha: Thwaites Rey. Pietragalla, Alcaraz, Montón, Casullo, Manzanelli, Vinelli, Verbitsky, Grosso, Garay y Garrido.

 

 

La posta de los organismos

Otra de las expositoras fue María Esperanza Casullo, doctora en Ciencia Política, que también buceó en las marcas que el movimiento de derechos humanos fue imprimiendo en la sociedad argentina.

“Las raíces de la democracia argentina son el movimiento de derechos humanos”, dijo, y explicó que a partir de la labor de los organismos se constituyó un modelo de ciudadanía universal y concreto, siempre encarnado en la persona que sufre.

“Lo que venimos haciendo los organismos de derechos humanos, movimientos sociales, feminismos y todos los procesos de organización novedosos que aparecen en el mundo y en la Argentina desde la destrucción del Estado de bienestar –o desde la dictadura para acá– es organizar los pedazos que el capital deja fuera”, sostuvo, por su parte, el diputado Leonardo Grosso.

Ninguna de estas experiencias de los últimos años se dieron en el vacío. «Hay que retomar la experiencia de lucha del pueblo argentino porque ninguna lucha se da aislada de las luchas anteriores», remarcó el referente del Movimiento Evita. Fue esa tradición, dijo, la que constituyó la idea de que en la Argentina es posible ir adquiriendo nuevos derechos — y que no son sencillos de arrebatar. Por eso situó entre las marchas contra el 2×1 y la desaparición de Maldonado las movilizaciones contra la reforma previsional impulsada por la gestión Macri. «Era la primera vez que este gobierno pagaba un costo político fuerte».

 

Al futuro

Juana Garay, activista feminista y ex presidenta del centro de estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires, se llevó suspiros de envidia cuando dijo que había nacido en 2000. Con zapatillas y sentada en el sillón verde, Juana fue una promesa de futuro.

“Como generación, tenemos que mantener esta escalerita de derechos”, dijo, haciendo referencia a las conquistas de las que había hablado Grosso. “Significa todo el tiempo volver a esta historia, pero siendo irreverentes”.

 

El Picadero, a sala llena. Foto: CELS.

 

Podés leer el informe completo desde acá.

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