LOS SUEÑOS Y LAS GUERRAS

La democracia frente a la urbanización y al cambio tecnológico en el empleo

 

El primer fin de semana de septiembre el vértice del gobierno desplegó el espectáculo de lastimosos fuegos artificiales para ahondar el ajuste fiscal. Agitando esa mezcla rara de angustias de la población y cañitas voladoras de ministerios que dejaron de ser, espera encontrar la olla con dólares que está al final del singular arco iris coloreado con las feas tonalidades del alto desempleo y de salarios corriendo muy por detrás del alza de los precios. Aquellos dólares que necesita (y no tiene) provistos por la caída de las importaciones y las exportaciones más o menos andando por donde venían. La financiación del mientras tanto se pretende a cargo del FMI.

En el fondo de esa olla, también, está cocinándose la meta estratégica de consolidar a bajo nivel los salarios argentinos. Si los ingresos de los argentinos deben ir para abajo, según propuso una y otra vez a lo largo de los años la minoría reaccionaria ahora gobernante, el producto bruto (que en definitiva es la sumatoria de los ingresos) debe necesariamente caer a corto y mediano plazo, hasta que se acomoden las cargas y se vuelva a crecer. Más que cinismo, la sorpresa con que el gatomacrismo recibe los datos que verifican la caída del producto, denota que, Buda más Buda menos, es bastante poco o nada consciente de las consecuencias necesarias de las medidas económicas que aplica.

Paradójicamente, de lo que sí es plenamente consciente y de cinismo acentuado, es del grado de represión que su esquema demanda en lo inmediato a efectos de que no pueda subir lo que han impulsado que caiga. Aunque, como en el caso del producto bruto, no parece portar la más pálida idea o somera intuición sobre las consecuencias a largo plazo de lo que consagran, por ejemplo, y son unos de consideración, el decreto 683 de militarización de la seguridad interna y la engañifa de las retenciones de suma fija. Esto, además, imbricado con las decisiones coyunturales encarnadas en el Comando Sur, de cuyas andanzas buena cuenta han dado varios artículos en El Cohete. El conjunto, resulta de interés leerlo con las tendencias que se observan en los cambios tecnológicos con respecto a la huella que dejan en las evoluciones del espacio humano, el empleo y la propia práctica bélica. Pinceladas que vivifican los claroscuros del cuadro que intenta retratar qué se juega respecto del porvenir en la coyuntura de crisis.

 

Ciudades de corazones empobrecidos

La abrumadora mayoría de los conflictos armados que se vienen desenvolviendo desde el fin de la Segunda Guerra son del tipo guerra civil. Las guerras civiles se localizan en la periferia. El mundo signado por el desarrollo desigual augura que seguirán prevaleciendo por mucho. Un survey de The Economist, titulado “El Futuro de la Guerra” (The Future of War, 27/01/2018) indica que el campo de batalla será cada vez más, inevitablemente, las ciudades. Y esto, puntualiza The Economist, “aunque solo sea porque en 2040 dos tercios de la población mundial vivirán en ciudades. El número de mega ciudades con poblaciones de más de 10 millones se ha duplicado a 29 en los últimos 20 años, y cada año casi 80 millones de personas se mudan de áreas rurales a urbanas […] La tecnología cambiará la guerra en las ciudades tanto como en otros tipos de guerra, pero todavía tendrá que combatirse en lugares cerrados, cuadra por cuadra”.

Las tendencias de la urbanización preanuncian asuntos de cuidado. En 1950, únicamente dos de las 10 ciudades más grandes del planeta estaban en la periferia. Ya para las estimaciones de 2015, una sola está ubicada en el centro. De acuerdo a las estimaciones de la ONU, en 2015 en Latinoamérica las ciudades con más de diez millones de habitantes incrementaron su población en 10,5%, las de entre cinco y diez millones en 13,8% y las de uno a cinco millones, 38,8%. Según los modelos de comportamiento urbano más consultados por la solidez de sus predicciones, este aumento de la tasa de urbanización del 63,1%, tiene potencialmente la capacidad de casi duplicar los valores de la actividad criminal, siempre y cuando no se mejore marcadamente la distribución del ingreso. Los limitantes físicos aportan al desaguisado. La producción mundial de acero ronda los 1.350 millones de toneladas y la de cemento los 2.500 millones de toneladas, lo que implica que por habitante del mundo se consume más o menos 193 kilos de acero y 358 de cemento. El grueso de estas producciones tiene lugar en el centro. A la postre, redunda en que una parte sustancial de la población de la tierra viva, y albergue perspectivas de vivir, en hábitats precarios.

Esta tendencia a la urbanización es la madurez de lo que comenzó hace dos siglos y medio de la mano del “crecimiento sensible […] de la productividad agrícola [el que] debió, en la mayor parte de los casos, provocar la iniciación del proceso de industrialización”, conforme la observación del historiador Paul Bairoch. Aplicando la misma lógica, de ahora en más para que las ciudades (expresiones del espacio donde se asienta la vida nacional), allí donde sea posible, resulten lugares estables, necesitan del aumento del gasto público para sostener la demanda, en vista de que los robots y la inteligencia artificial (IA) reemplazan empleos humanos y esto no se puede hacer si no hay demanda.

Hay que tener en cuenta que según un reciente informe [i] del McKinsey Global Institute —la consultora de los gigantes corporativos— la adopción de la IA sumará 13 billones de dólares anuales a la producción mundial y un promedio de 1,2% al crecimiento del PIB mundial por año. Todo esto en el transcurrir de los próximos 5-7 años, con un empinamiento de la curva en 2025. De ahí la disputa global intensa en este campo, que tiene a los Estados Unidos y China enfrentados en la cresta de la ola. Asimismo, en el muy citado trabajo académico de B. Frey y M. Osborne [ii] se estima que el 47% de los empleos norteamericanos actuales son reemplazables por las computadoras. La estimación con sus más y sus menos es aplicable, por ejemplo, a los países que conforman el G-20, entre los cuales está la Argentina.

La contemplación de estas tendencias lleva a advertir que si un país como la Argentina, quiere tener una participación positiva en los avatares de la acumulación a escala mundial, debe hacer uso acentuado de ciertos instrumentos específicos. En concreto, los gastos en educación y ciencia y tecnología deben subir y los impuestos también. Particularmente, considerando las tendencias a la urbanización señaladas, los que tasan sobre base territorial: retenciones e inmobiliario. La renta agraria como la renta inmobiliaria, son contingentes y no necesarias para el desarrollo. Su nivel lo establece la lucha política. Remuneran poder relativo.

El gatomacrismo está yendo en sentido inverso a lo que marca una adecuada respuesta nacional a las presiones provenientes del par de tendencias mundiales relevadas. Degradó financiera e institucionalmente el ámbito de la ciencia y la tecnología; amén del maltrato permanente a la educación pública. En una muestra de humor negro, estableció retenciones fijas. Son parte del norte de su política que arruina la demanda efectiva, base del desarrollo. En cuanto al impuesto inmobiliario, es una cuestión que atraviesa a todo el andamiaje político desde siempre. En las provincias se suele recaudar más por patentes que por inmobiliario.

En este aspecto, lo que ocurre en la provincia de Buenos Aires es elocuente dado que el territorio bonaerense da cuenta de alrededor del 40% del PIB geográfico argentino y el Estado provincial significa 15% de ese PIB geográfico. Hace dos décadas el 25% de la recaudación impositiva bonaerense lo explicaba el impuesto inmobiliario. En 2006 había caído a 10,6% (tres quintos urbano, dos quintos rural). En 2017 siguió el declive. El inmobiliario recaudó 6,8% del total de impuestos (poco más de tres quintas partes urbano). Para el corriente año por el Pacto Fiscal hubo revalúo y subieron la alícuota y proyectan aumentar la recaudación al 9% del total. Hace dos décadas la diferencia más que por el peso del inmobiliario se explicaba por la baja de ingresos brutos, el otro gran impuesto provincial. Desde entonces, la recaudación bonaerense descansó sobre el aumento de ingresos brutos (al ritmo del crecimiento del producto bruto). Desde que las computadoras, los satélites y los drones avanzaron tanto, ya no hay más excusas para esconder la falta de decisión política en los problemas densos de la administración tributaria. La base imponible del inmobiliario ya no presenta grandes o insalvables dificultades para ser llevada al día.

Las imágenes de este cuadro de situación alcanzan contornos más firmes trayendo a colación una nota del Director del Cohete, cuando era columnista de Página/12, del domingo 15 de abril de 2012, titulada “Sangre en la tierra” y enfocada en cuestiones usualmente olvidadas de la vida carcelaria y la urbanización como síntomas del malestar social. La parte del copete referida a la urbanización dice: “La imposibilidad de acceder a la tierra y la vivienda afecta a un millón de bonaerenses, masa de maniobra de la especulación inmobiliaria y de las redes de ilegalidad administradas por la policía”. En la nota se desgranan las circunstancias que malograron la llamada entonces “ley de Promoción del Hábitat Popular”, que era una sensata y seria iniciativa para encaminar las soluciones.

 

Infantería

Dada las necesidades coyunturales del gatomacrismo de reprimir, que pueden afianzarse como tendencia si se sale con la suya y las pulsiones que se emiten desde la República Imperial, es para preguntarse si el decreto 683 no conlleva el potencial peligro de convertirnos en chanchitos de la India para testear e ir poniendo a punto las novedades tecnológicas de la actividad bélica. Salirse con la suya significa pobreza en alza combinada con la irrefrenable tendencia a la urbanización: convivencia democrática estropeada.

Un indicio se capta en el survey de The Economist ya aludido, en las declaraciones del general Mark Milley, jefe del ejército de los Estados Unidos. Refiriéndose a la toma de la ciudad iraquí de Mosul en manos del ISIS, ocurrida hace casi dos años, Milley describe que “la infantería, los blindados y los comandos de operaciones especiales tuvieron que entrar en esa ciudad, casa por casa, cuadra por cuadra, habitación por habitación […] y se tomó bastante tiempo para hacerlo, y a un alto costo”. El semanario británico comenta que Milley “piensa que su fuerza ahora debería enfocarse menos en luchar en ambientes tradicionales como el bosque y el desierto y más en la guerra urbana [y que] a pesar de todos los avances que las nuevas tecnologías pueden ofrecer, el general Milley dice que es una fantasía pensar que las guerras ahora se pueden ganar sin sangre y sacrificio”. Cita a Milley puntualizando que “después del shock y pavor (shock and awe en inglés: alude a la técnica de combate conocida como dominio rápido) viene la marcha y la lucha […] imponer tu voluntad política sobre el enemigo requiere que […] destruyas a ese enemigo cara a cara con las fuerzas de tierra”. En la cuenta también debe sumarse que uno de los dos contendientes establecidos de los Estados Unidos, China (el otro es Rusia) ha registrado, en materia de urbanización, una mayor convergencia con el resto del mundo en los últimos 15 años que en los últimos 50. Su nivel de urbanización pasó de un 20 por ciento a finales de 1970 a alrededor del 44 por ciento actual. Esa cifra será probablemente el 66 por ciento en 2025, y probablemente el 80 por ciento (el nivel actual de Estados Unidos) en 2040. Siempre según proyecciones de la ONU.

Si en la salida de la crisis no se marcha como tendencia hacia la mejora estructural de la distribución del ingreso, es obvio que para un país tan urbanizado como la Argentina la estabilidad democrática cae bajo asedio permanente. Seguro que hay algo más interesante para hacer en la vida nacional que abandonarnos a la pesadilla del potencial destino de ratas del laboratorio de experimentos bélicos.

 

 

[i] https://www.mckinsey.com/featured-insights/artificial-intelligence/notes-from-the-frontier-modeling-the-impact-of-ai-on-the-world-economy

[ii] https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

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