Los talibán saben quién es quién

Estados Unidos, en su huida, dejó dispositivos de identificación biométricos que usó en Irak y Afganistán

 

La televisión y la gran prensa no sólo deberían mostrar a los afganos que se agolpan para salir del país en estas últimas horas de la crisis humanitaria en desarrollo en Kabul, sino a los talibán que recorren casas munidos de la filiación, antecedentes, rasgos biométricos y dispositivos tecnológicamente sofisticados para leer el iris de los ojos del visitado, cualquiera sea el lado en que estuvo en esta guerra, a través de un dispositivo conectado a un banco de datos que lograron de la fuerza de ocupación, confirma Reuters el 17 de agosto.

La victoria talibán el 15 de agosto incluyó la captura de un número indeterminado de esos dispositivos de lectura de la identidad, con acceso al vasto archivo de lo que los militares estadounidenses califican como su principal arma contrainsurgente. Con ella, Estados Unidos se propuso fichar al 80% de la población de Afganistán, 25 millones de personas. Eso incluyó a civiles, talibán, funcionarios del gobierno hoy derrocado, miembros de sus fuerzas de seguridad, contratistas de las fuerzas de ocupación y más.

La información fue dada inicialmente por The Intercept el 17 de agosto, basada en cuatro fuentes militares. El mismo día de la publicación, el secretario general de ONU Antonio Guterres avaló la información, tomó nota de la dimensión del hecho y advirtió sobre “sus escalofriantes implicancias para los derechos humanos y violaciones de mujeres y niñas”, consigna Reuters. Por su parte, Amnesty International señaló que miles de afganos, incluyendo académicos, periodistas y activistas, “quedan expuestos a riesgos serios de represalias de los talibán”.

No se sabe exactamente cuántos están fichados pero, por lógica, los aliados y empleados de Estados Unidos fueron los más asequibles a esta identificación que, según estableció el coronel David Pendall, “elimina para siempre su anonimidad y aumenta la eficacia de la seguridad y de la labor policial”. Lo hace en un trabajo sobre este desarrollo llamado HIIDE (Handheld Interagency Identity Detection Equipment) de 2014. En ese momento, consigna, se habían fichado a “cientos de miles de afganos; es un extenso repositorio”, y desde entonces se redobló el trabajo.

Señala su informe que el ataque del 11 de septiembre de 2001 y el aumento exponencial de la velocidad lograda en la computación motivaron y permitieron la creación del sistema, en la que se unificaron los métodos de identificación conocidos y nuevos: huella dactilar, reconocimiento facial, datos biográficos, información sobre su conducta, rasgos de su carácter, fondo de ojo, pero además métodos forenses, huellas recolectadas de artefactos detonados y ADN; todo surge al enfrentar los ojos del ciudadano a la cámara del dispositivo.

Según Scientific American, combinando los resultados de múltiples medidas (largo de la nariz, distancia de su punta al labio, entre muchas otras) el usuario puede llegar a conclusiones altamente certeras. De acuerdo al coronel David Pendall, la identificación aumentó de 80% con los métodos anteriores hasta casi la certeza. El escaneo del iris se puede hacer en una persona muerta hasta 12 horas después de su defunción, y fue así que se corroboró que el muerto llevado de Abbotabad en mayo 2011 era Osama bin Laden, al comparar su ADN y su fondo de ojo con el de una hermana suya fallecida en Estados Unidos. El coronel Pendall era optimista siete años atrás: “Estamos sólo en las primeras etapas de la identificación biométrica como instrumento de seguridad para la nación y el Estado. El pleno potencial de este sistema nos es desconocido”. También relata casos que demuestran que si el policía es analfabeto eso no es un obstáculo.

Hoy “el Departamento de Defensa tiene esta idea de que la única manera de ganarle esta guerra al terrorismo es a través del sistema biométrico, a través de etiquetar, perseguir y localizar a personas”, señala la radio pública de Estados Unidos, NPR. “Al dividir a la gente, en el extranjero la separación es entre civiles e insurgentes; acá es entre ciudadanos obedientes de la ley y potenciales amenazas”. Estados Unidos lo está usando hoy, por ejemplo, para controlar a los encausados o condenados por la justicia en libertad bajo fianza.

Aplicado por primera vez en la guerra de Irak en 2003, se empezó a utilizar a pleno en 2006; previamente se logró reducir su peso de 25 kilos a poco más de un kilo. En 2020, un artículo publicado por el Ejército de Estados Unidos informaba de la modernización de procesamiento biométrico y de más de un millón de entradas al banco de datos que aloja el Pentágono. Y su presupuesto no tiene estrecheces. Entre 2007 y 2015, en Departamento de Defensa invirtió 3.500 millones de dólares en el sistema biométrico. Además, y sin desmedro de recibir otras partidas hasta la actualidad, esta presidencia de Joe Biden le destinó 11 millones de dólares, para favorecer la conexión del sistema de identificación con otras reparticiones del Estado. El FBI tiene información sobre 94 millones de personas, el 30% de la población de Estados Unidos.

 

 

Así, Irak primero y Afganistán después aparecen como campos de experimentación de este sistema de identificación para su uso generalizado. Hay casi coincidencia en calificar de violatorio de los derechos humanos y un eficaz divisor de la sociedad entre “ellos y nosotros”; un hacedor de grietas sociales que la antipolítica argentina envidiaría. Quien discrepa es la Justicia afgana, puesta y paga por la ocupación en 2010 siguiendo el plan de Defensa de Estados Unidos de crear “el imperio de la ley en Afganistán”.

Los militares de Estados Unidos rehúsan comentar la situación planteada con el HIIDE en manos talibán. Según consigna National Security Archive no es claro cuántos aparatos HIIDE tienen los talibán y hasta qué punto está comprometida la base de datos afgana. También especula con que los talibán no lo sabrían usar. Pero el testimonio recogido por Reuters de que lo están usando lo desmiente. Además, The Intercept cita una fuente militar que asegura que el servicio de inteligencia paquistaní ISI sí sabe usarlo, y tiene una estrecha relación con los talibán. Afganistán tiene otro vecino que sabe, y que podría ayudar: China está controlando con biometría a toda la población uigur, que vive en zona fronteriza con Afganistán. Y China acordó con los talibán que los uigur no accederán a tierra afgana.

 

 

 

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