Los verdaderos protagonistas

La guerra agiganta las tensiones entre Estados Unidos y China

 

La escalada de tensiones entre los gobiernos de Estados Unidos y China ha dado lugar a una reunión virtual el viernes entre los Presidentes de Estados Unidos y China, en la que se abordaron las relaciones bilaterales, temas de seguridad y el de Ucrania. Xi Jinping señaló que «las dos mayores economías del mundo deben asumir las debidas responsabilidades internacionales (…) y cualesquiera que sean las circunstancias, siempre se requiere el coraje político para crear espacios para la paz y dejar márgenes a la solución política».

Implícitamente, dio a entender que armar hasta los dientes a uno de los bandos, en este caso Ucrania, no es el camino para el cese de hostilidades. “China actúa a la luz de la Carta de la ONU y aboga por el concepto de seguridad común, integral, cooperativa y sostenible, que constituyen los principios fundamentales que sustentan su enfoque sobre la crisis de Ucrania”, señaló. Joe Biden dijo que “no pretende iniciar otra Guerra Fría con China, sino que está comprometido con manejar sus diferencias y la competencia comercial a través del diálogo”. Pero no consiguió el compromiso de China para sumarse al boicot económico a Rusia.

 

Antecedentes

El lunes pasado, en Roma, tuvo lugar una reunión entre autoridades de Estados Unidos y China para tratar, entre otros, el tema de la guerra entre Rusia y Ucrania. El asesor de Seguridad Nacional norteamericano, Jake Sullivan, advirtió que su gobierno no permitirá que ningún país se salga con la suya, en alusión al supuesto intento del gobierno chino de «rescatar a Rusia de las sanciones impuestas por naciones extranjeras tras la invasión de Ucrania». China le respondió que «dará una respuesta firme y contundente si Estados Unidos impone sanciones a empresas e individuos chinos o daña los derechos e intereses legítimos de su país en el manejo de sus relaciones con Rusia».

El gobierno chino considera que las sanciones nunca han sido una manera efectiva de resolver los problemas, por lo que se opone firmemente a cualquier tipo de sanciones unilaterales. Esto lo había manifestado días antes el Presidente Xi Jinping a sus pares de Francia y Alemania, en una reunión virtual, al señalar que medidas de estas características ponen en peligro la recuperación económica global tras la pandemia y pueden tener consecuencias sobre las cadenas de suministro, la energía, el transporte y las operaciones financieras globales, que están teniendo un impacto devastador en la mayoría de las economías del mundo. Eso mismo le dijo el Presidente chino a su par estadounidense el viernes, a lo que agregó: “Cuanto más compleja sea la situación, mayor será la necesidad de mantener la calma y la razón”.

Las tensiones entre Estados Unidos y China en los ámbitos económico y político son crecientes. El miércoles, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) estadounidense retiró la licencia de la empresa estatal de telecomunicaciones china Pacific Networks, hecho que se suma a la revocación de los permisos de operación, pocos meses antes, a China Telecom y China Unicorn con el argumento de que “la propiedad y control de las compañías por parte del gobierno chino plantean importantes riesgos para la seguridad nacional”.

La revocatoria de la autorización operativa de Pacific Networks se enmarca en la estrategia de confrontación con China que instrumentó, sin cortapisas, su predecesor Donald Trump (2017-2021), y que continúa el Presidente Biden. Así se lo hizo saber el Presidente chino a su par estadounidense el viernes: “las relaciones sino-estadounidenses, en lugar de salir del aprieto causado por la anterior administración estadounidense, han tropezado con crecientes retos”.

En efecto, en junio del año pasado el reino de las libertades incrementó de 48 a 59 el número de empresas en las que prohíbe invertir a sus ciudadanos por representar una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos. En la lista del decreto adoptado por Trump en noviembre de 2020, que declaraba “emergencia nacional” la actividad de empresas chinas ligadas al complejo militar, se encuentran Huawei y la Corporación Internacional de Industria de Semiconductores, la mayor empresa china dedicada a la fabricación de microchips.

 

 

Embarrar la cancha

Horas antes de la reunión de Roma, varios medios de comunicación informaron que China había aceptado el pedido de Rusia de brindarle asistencia militar, lo que fue tajantemente desmentido por ambos gobiernos. Como en la película Mentiras que matan (Wag The Dog, 1997), en la que se muestra cómo desde la Casa Blanca se arman informaciones y videos con contenidos falsos, el supuesto suministro de armas chinas a Rusia fue difundido, sin citar ninguna fuente, a través de medios prestigiosos como el Washington Post y el New York Times y replicado inmediatamente por sus parlantes del resto del mundo.

La supuesta venta de armas de China a Rusia sería un operativo mediático enmarcado en la narrativa del conflicto entre autoritarismo y democracia, tal como lo presenta Anne Applebaum en El ocaso de la democracia, la selección del autoritarismo. Su mirada se contrapone a la de quienes consideran –como el sudafricano Buyile Matiwane– que no existe un modelo único de democracia y que es un proceso en construcción. Es decir, se trataba de embarrar la cancha a la posibilidad de intermediación de China en esta trágica guerra.

El 7 de marzo, el ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, dijo estar “dispuesto, si es necesario y junto a la comunidad internacional, a llevar a cabo la mediación necesaria cuando haga falta”. China mantiene buenas relaciones comerciales con Ucrania y tiene ascendencia sobre Rusia, con la que ostenta fuertes vínculos económicos y estratégicos. El gobierno ucraniano fue el primero en solicitar su intermediación el 1° de marzo, lo que fue apoyado por el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell: “No hay alternativa. No podemos ser nosotros los mediadores. Y no puede ser Estados Unidos. ¿Quién si no? Debe ser China”, señaló.

En momentos en que busca erigirse como la primera potencia económica y diplomática, mal haría China en dañar su reputación vendiendo armas a una de las partes en conflicto. El gigante asiático mantiene tradicionalmente una posición de no injerencia en los asuntos internos de otros países y respeto a la soberanía e integridad territorial de los Estados, motivada, entre otros, por su reclamo sobre Taiwán.

La postura de China con respecto a la intervención militar de Rusia en Ucrania es clara. Tanto en la sesión extraordinaria de la Asamblea General como en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, su voto ha sido de abstención. Condena la guerra, pero señala que la OTAN y Estados Unidos pasaron por alto las atendibles demandas de Rusia por su seguridad interna. El semanario alemán Der Spiegel publicó en su edición del 16 de febrero un documento desclasificado encontrado por el politólogo estadounidense Joshua Shifrinson en los Archivos Nacionales del Reino Unido que prueba que durante las discusiones sobre la unificación de Alemania en 1991 existió el compromiso de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Alemania de que la OTAN no incorporaría a países del este europeo. Es algo que el secretario general de ese organismo, Jens Stoltenberg, negó hasta ahora. Incluso, llegó a señalar que las declaraciones rusas eran falsas. El documento corresponde a las actas de la reunión de los directores políticos de los Ministerios de Asuntos Exteriores de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania, celebrada en Bonn en marzo de 1991, en la que se sostiene que la seguridad de los países de Europa Central y Oriental tendría lugar en el marco de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación de Europa (CDCE).

El gobierno estadounidense no acepta la posición de China y le exige que acompañe las sanciones. El 9 de marzo, la secretaria de Comercio estadounidense, Gina Raimondo, advirtió en el Congreso que las empresas chinas que desafíen las sanciones a Rusia y Bielorrusia pueden ser objeto de acciones “devastadoras”, mientras que la subsecretaria de Estado, Victoria Nuland, señaló que ser neutral “no es una opción”. Para reforzar a sus funcionarios, el Presidente Biden habló el viernes con su homólogo chino, Xi Jinping, a fin de abordar el tema de su posición respecto a Rusia.

 

La secretaria de Comercio estadounidense amenazó con acciones “devastadoras” a empresas chinas que desafíen las sanciones a Rusia.

 

Las autoridades rusas han dicho que no están listas para aceptar la intermediación internacional de naciones que hayan impuesto sanciones en su contra, arguyendo que las medidas económicas son un nuevo tipo de arma que tienen un efecto boomerang en Europa y en el resto del mundo. En ese sentido, el canciller ruso, Serguéi Lavrov, consideró positivas las propuestas de Israel y de Turquía sobre su disposición a intermediar. Asimismo, exigió la compresión de las causas reales y fundamentales del conflicto bélico actual, a la par que ha reiterado que Occidente no quería una solución pacífica a los legítimos reclamos de seguridad de Rusia y que es en ese punto donde deberían encontrarse las causas del estallido bélico.

 

 

By-pasear las sanciones

Mientras ello ocurre en el ámbito político diplomático, en el económico tienen lugar algunas acciones que podrían debilitar el poder hegemónico del dólar como divisa internacional, como resultado de la exclusión de las entidades bancarias de Rusia del sistema internacional de pagos interbancarios SWIFT. Arabia Saudita dejó entrever la semana pasada que podría comercializar sus exportaciones de hidrocarburos con China utilizando el yuan. El miércoles, autoridades de la India anunciaron que la empresa estatal Indian Oil Corporation había llegado a un acuerdo para comprar 3 millones de barriles de petróleo a la rusa Rosneft Oil Company con un 20% de descuento respecto a los precios mundiales mediante un sistema de pago en rupias. Un mecanismo similar podría realizarse para la compra de fertilizantes, el otro rubro de gran importancia en el comercio de ambos países.

Estados Unidos ha expresado su disconformidad a través de la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, quien ha señalado que India “debería preocuparse por cómo aparecerá en los libros de historia cuando se escriba la historia de la invasión de Ucrania”. Las autoridades de India han dicho que Occidente no pensó en el impacto que tendría sobre los países no occidentales la eliminación de Rusia del sistema SWIFT y otras sanciones económicas: “Al igual que a algunos en Occidente les preocupa que la India no se esté alineando de su lado, a los indios les preocupa que la noción occidental de ‘de su lado’ no incluya a la India”. Sin embargo, las autoridades indias temen que, en el largo plazo, las sanciones empujen a Rusia a estar cada vez más cerca de China y amplíen el control de Beijing sobre la economía global.

En este proceso, China ha rechazado la semana pasada las críticas a su posición neutral por parte del secretario general de la OTAN, quien advirtió que cualquier país que no condene firmemente a Rusia contribuye a una guerra brutal contra una nación soberana. Un portavoz de la Embajada de China en la Unión Europea le ha respondido que la OTAN no tiene la autoridad moral para sermonear sobre justicia internacional ni guerra, cuando continúa ampliándose geográficamente y expandiendo su rango operacional. A la par que señaló que la OTAN es un remanente de la Guerra Fría, advirtió que conoce muy bien cómo opera esa alianza y las atrocidades y sufrimientos que ha causado en varios países del mundo. Fue precisamente ese organismo, recordaron, el que bombardeó la Embajada china durante la Guerra de los Balcanes en la entonces Yugoslavia.

Detrás de la trágica guerra que tiene lugar entre Rusia y Ucrania, el surgimiento de un nuevo hegemón y la reconfiguración de un nuevo orden multipolar se esconden las verdaderas batallas que se libran hoy en el mundo.

 

 

 

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