LUCHA VUELVE

La música que escuché mientras escribía

El domingo pasado, Ariela Ruiz Caro tituló su nota sobre las elecciones en Venezuela y Chile  Jamás Impedirán. Junto con el artículo me puso el link a la canción en la que se inspiró, porque compartimos la admiración por Lucha Reyes, la inigualable cantante peruana, de la talla descomunal de Edith Piaf o Billie Holiday. Como ellas, su vida fue tristísima, de miseria, explotación y amores desdichados. entre hombres golpeadores, consumos problemáticos y mujeres prostituidas. Ese es el mundo que reflejan las letras que las tres cantaron, hecho de abandonos, soledad e incomprensión. Ninguna necesitó formación musical porque eran fuerzas prodigiosas de la naturaleza.

 

Te podría contar muchas cosas de su vida, que apenas se extendió por 37 años, consecuencia de una diabetes juvenil mal tratada que la cegó, le destruyó el corazón y las arterias y la obligó a constantes internaciones hospitalarias, en las que no acertaron con la enfermedad ni el tratamiento. Pero prefiero proponerte que veas este documental del realizador, novelista y psicólogo clínico Javier Ponce Gambirazio, quien dedicó tres años a investigar la historia de la mayor artista popular de su país. Apasionado por la marginalidad,  también dedicó un film a Sarita Colonia, la santa de los migrantes provincianos, de los lisiados, de los negros, de los ladrones, las travestis y los traficantes, de la cultura andina, de lo que el historiador Jorge Basadre llamó «la choledad», como principal aporte peruano al mundo. Un pabellón del penal del Callao lleva su nombre. La Iglesia Católica la niega porque no es un modelo de vida recomendable y los milagros que hace son que uno de sus devotos consiga una changuita, o deje de ser pandillero y que a otra no la desalojen o le corten la luz.

 

 

Javier Ponce califica a Lucha Reyes como ícono gay, pese a que ella misma no lo era. Así la reconoció la célebre transexual francesa Coccinelle, quien sólo aceptó actuar en Lima si la acompañaba La Morena de Oro.

 

Si tenés tiempo y ganas para profundizar, en su podcast el director cuenta detalles de su investigación y añade reflexiones valiosas sobre el Perú, sus clases sociales y su racismo.

Uno de los entrevistados enumera todas las desventajas que Lucha Reyes debió remontar: ser mujer, pobre, negra y fea, en este orden.

Lucha cantaba mientras fregaba los platos en un restaurante popular de uno de los barrios más pobres de Lima. Le pidieron que lo hiciera entre las mesas del salón. Un comensal la invitó a un programa  de aficionados en una radio y de allí pasó a la grabación de singles en 45 rpm. Bastaba con que la escucharan una vez.

Una foto de Lucha durante una de sus internaciones, muestra que tenía en la habitación una imagen de Sarita Colonia, a quien le pedía por su salud. También visitó su tumba en el cementerio.

Lucha en el hospital, con la imagen de Sarita.

 

Lucha en la tumba de Sarita

 

Hace medio siglo, Tania Libertad ganó un concurso con un vals de Augusto Polo Campos, que se llama Regresa. Tania Libertad era el reverso de Lucha, como Sarita Colonia de Santa Rosa de Lima: blanca,  de clase media, universitaria,  rubia y se presume bonita.

La compañía  para la que Lucha Reyes había grabado, se apresuró a lanzar el mismo tema interpretado por ella, que de la noche a la mañana se convirtió en un ídolo popular. Escuchala y vas a entender por qué. Con esta versión desgarradora, su voz portentosa taladró el cerebro del Perú, de una vez y para siempre. Como cantó sin conocerla Homero Manzi: No habrá ninguna igual.

 

 

Ella misma no terminaba de creerlo cuando la invitaron a compartir en horario central de la televisión el show de Pedro Vargas, el célebre bolerista mexicano, en esa época en que era posible ser un adorado cantante romántico con más de sesenta años y cien kilos.

 

Video editado por Lucchino Della Maggiora

Como corresponde a un mito, ya muy enferma le pidió al compositor amigo Pedro Pacheco que le escribiera un tema. Se llama Mi última canción y murió poco después de grabarla. Es impresionante que ya en las últimas, conservara esa potencia expresiva.

 

 

Durante muchos años hubo problemas de derechos que impedían conseguir sus pocos discos y de desidia por la que no se editaba todo lo que había registrado en radio y televisión.  Hoy es distinto, de modo que te dejo con ella, para que te regocijes.

De yapa, el hermoso documental de Ponce Gambirazio sobre Sarita Colonia, que ayuda a entender al pueblo peruano más pobre y marginado y a valorar mejor a Lucha Reyes.

Y para que el homenaje sea completo, escribí estas líneas mientras comía un ceviche y tomaba un pisco peruano, que es el único que merece ese nombre, aunque Chile le haya ganado un pleito por la denominación de origen y sea  tan difícil conseguirlo fuera del Perú.

A la salud de quienes leen estas divagaciones y a la memoria de la grandiosa Lucha Reyes.

En el vaso, el mapa de América de Joaquín Torres García, otro genio de la Patria Grande.

 

 

 

Para que lo veas bien, es este, que Jauretche usó en la tapa de uno de sus libros de pedagogía anticolonial.

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