MACRIECONOMÍA DEL GARROTE

La salida portuguesa de la crisis desmiente la necesidad del ajuste

 

La provocación a la sociedad civil y al sistema político del decreto presidencial 683, que levanta las restricciones a las Fuerzas Armadas para actuar en la seguridad interior, denota que el gobierno intenta salir de la crisis que generó preservándose y consolidando el país para pocos. Lo primero es esperable de cualquier gobierno atravesando una situación similar. Lo segundo es propio de los episodios en los cuales la política facciosa impone el comportamiento del grupo político a cargo del Estado, en lugar de que sea el grupo político a cargo del Estado el que trace el derrotero. El gobierno, entonces, entró en una dinámica que le impide volver atrás.

En la base material de la sociedad, la acumulación de capital continuará fuertemente perturbada. Es que, si el gobierno quiso reemplazar la marcada preocupación que experimenta la sociedad civil por el desaliento del presente y la inopia del porvenir, con la promesa de orden mediante la profundización de las soluciones violentas, no lo está logrando. De los chequeos de opinión pública se infiere que el efecto de romper el consenso sobre las Fuerzas Armadas fue el de adicionarle al ciudadano de a pie certidumbre sobre la poca o nula capacidad del gobierno para encarrilar el desmadre. En tales circunstancias los agentes económicos tienden a bajar el gasto, lo que agrava la ya delicada situación.

Llovido sobre mojado, el objetivo de avanzar en la instrumentación de la macrieconomía del garrote enfrenta la experiencia internacional que la desmiente en los hechos. En lo que hace a la represión de la protesta social, usando como excusa las llamadas nuevas amenazas (narcóticos, terrorismo, inmigrantes), el desangelado fogueo mejicano de introducir a los militares en la lucha contra las drogas, con su secuela de más droga y más muerte, con justa causa fue esgrimido una y otra vez como ejemplo de lo que no hay que hacer.

Para el gatomacrismo el proceso mejicano, además de ser fuente de inspiración represiva, es una crónica de lo que hubiera resultado de salir airoso tras instrumentar sus objetivos. En la vereda de enfrente talla la alternativa Portugal, país que salió de la crisis yendo en dirección contraria a la que, con tozudo empeño y FMI mediante, siguen las autoridades argentinas. La ecuación de resultado arduo es sencilla: a más volumen para la crisis menos espacio político.

 

A la mejicana o a la portuguesa

La economía mejicana a fines de 2006, cuando Felipe Calderón se hizo cargo del ejecutivo e inmediatamente movilizó a los militares para combatir la droga, venía sin reponerse desde la crisis del Tequila de 1995. Y siguió así hasta ahora. Es lo que se espera que comience a revertir el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a partir de su asunción el próximo 1° de diciembre.

En lo primordial, la elite mejicana recurrió al expediente ejército contra las drogas para darse espacio de seguir disfrutando de la renta de un país empobrecido y sin miras de alguna mejora, proveniente de la firma en 1994 del TLC (Tratado de Libre Comercio, también conocido por su sigla en inglés: NAFTA) con los Estados Unidos y Canadá. Ahora se encuentra con la renuencia de Trump para continuarlo. En la alternativa, han caído en la cuenta de que México, de seis lustros a esta parte, hizo todo lo que le fue sugerido por el FMI y la OCDE (de la cual es miembro) para crecer más y el resultado fue el estancamiento. De acuerdo a fuentes públicas y privadas, en las últimas dos décadas el producto creció a razón del 2% anual (la población a poco más del 1%), la inflación promedió el 4% y el déficit fiscal y el de cuenta corriente alrededor del 1,5% del PIB. El gasto público que en 2006 era del 23% del PIB, actualmente anda en 28%. El gasto militar que cuando empezó el combate contra la droga orillaba el 2% del PIB, actualmente está en casi 3%. Una voz cantante de esta situación gris oscura es la del mejicano Santiago Levy, actual vicepresidente del BID. Levy, que ocupó cargos importantes en el área económica y de la seguridad social de anteriores administraciones mejicanas, está recorriendo los medios de su país y del mundo para publicitar el ensayo de su autoría titulado: Esfuerzos mal recompensados: la elusiva búsqueda de la prosperidad en México, el cual se puede bajar del sitio del BID, sin costo. Hace unas semanas Levy declaró al Financial Times que «es una verdadera paradoja… Todo lo que se espera que hagan las economías, México lo ha hecho, pero su desempeño ha sido muy, muy decepcionante».

En un reportaje concedido al El País de Madrid el 23/07/2018, Levy entiende que “la mayor parte de los elementos de esa receta [del FMI y la OCDE] son pertinentes. Qué bueno que [México] los ha aplicado, porque si no la situación sería peor. Lo que hubo fue un talón de Aquiles: un conjunto de incentivos microeconómicos al que tal vez no se le prestó atención, pero que acabó dominando el efecto de estas reformas y provocando que el aumento de la productividad y los salarios fuese cero y que México creciese mucho menos de lo que podría haber crecido”.

Levy observa que la política económica mejicana alienta y legaliza la generación de empresas muy chicas que crean empleos informales. La diferencia de los menores costos de las empresas pequeñas con respecto al costo social, la erogan las grandes empresas con trabajadores formales, las realmente productivas. Eso les mina el potencial. Levy parece no darle ninguna importancia a que los pequeños emprendimientos encubren el desempleo.

La receta de Levy es impulsar la concentración. La explicación típicamente ofertista de Levy asegura, en caso de adoptarse lo que propone, que la situación mejicana empeore en vez de mejorar. Antes que nada, es una cuestión macroeconómica no microeconómica (como cree Levy) la que ha estancado a México. Han generado unos precios relativos y una distribución del ingreso asimétrica (mucho más para muchos menos) que no favorece para nada la inversión. Para que sea factible el impulso al crecimiento deberían alentar el consumo masivo (los salarios) y denunciar el TLC, todas cosas que están en extremo lejos e insospechadas de Levy y lo que representa y expresa.

He ahí la sola cosa que los dirigentes mejicanos no hicieron en pos del desarrollo y que sí hizo Portugal a partir de 2015 cuando tomó el gobierno la coalición encabezada por António Costa, actual Primer Ministro: aumentar los salarios (incluidos los del sector público) que son los más bajos de Europa, y las transferencias estatales, como paso previo y necesario para salir del atolladero. Portugal hizo lo contrario a todo lo que se espera que hagan las economías. Portugal venía estropeado por la crisis del 2008. La coalición ganadora de la elección de 2015, se negó a ajustar. En reversa, incentivó el gasto. Los perfiles de deuda mejoraron notoriamente, aunque los problemas de las acreencias son grandes y los del sistema financiero no menores. Por ejemplo, los préstamos netos al gobierno portugués que en 2011 significaban el 10% del PIB bajaron prácticamente a cero hacia finales de 2017. El déficit fiscal que en 2015 era de 4,4% del PIB bajó a 1% del PIB ahora. El crecimiento en 2017 fue del 2,7% del PIB, el más alto de una década a esta parte.

No pasa semana que la prensa internacional no destaque el caso portugués. El New York Times, en una nota del 23/07/2018 titulada: Portugal se atrevió a deshacerse de la austeridad, observa que “el giro económico tuvo un impacto notable en la psique colectiva de Portugal. Mientras el desánimo persiste en Grecia después de una década de recortes de gastos, la recuperación de Portugal ha pivoteado en torno al restablecimiento de la confianza para motivar nuevamente a las personas y a las empresas”.

 

Inmigrantes

La divergencia entre portugueses y mejicanos en materia de flujos migratorios es notable. Por causas estrictamente económicas, entre 2008 y 2016 entraron a Portugal en valores aproximados, 220.000 inmigrantes y emigraron 340.000, generando una pérdida neta de población activa de 120.000, más o menos el 2% de la fuerza laboral. Esto ahora se está revirtiendo y Portugal volvió a su estatus de país receptor neto.

En su disertación doctoral en Harvard, Viridiana Ríos dio cuenta que entre el pico de violencia de 2008 y 2013 emigraron a los Estados Unidos, por temor a los carteles de la droga-militares, 264.000 mejicanos de clase media alta y alta. Desde 2000 hasta 2013, la inmigración mexicana a los Estados Unidos, por lo general de trabajadores no calificados, disminuyó, de un estimado anual de 525.000 inmigrantes a menos de 100.000, las cifras de emigración más bajas de la historia. La diáspora de los mejicanos acomodados tiene epicentro en la región fronteriza. Los seis estados mexicanos ubicados en la frontera dan cuenta del 47,81% de todos los asesinatos relacionados con las drogas a pesar de contener sólo 17,62% del total de la población de México. Desde entonces la tendencia se ha aquietado, pero no cesado ni revertido.

 

¿Otra vez?

Se está extendiendo la percepción de que al igual que en 2001 la salida de la crisis encuentre al grueso de la sociedad argentina reclamando, otra vez, que se vayan todos. El nihilismo de entonces tenía un considerable andamiaje puesto que mientras las finanzas globales estaban en trance inminente de cortar la financiación de la cuenta corriente, acá los actores del proceso político, casi sin excepción aferrados a la insostenible convertibilidad, seguían debatiendo si dolarizar o no, o sumergir la economía en una muy larga recesión. No abandonaron la convertibilidad. La convertibilidad los abandonó. Si se podría haber hecho de otra manera es una discusión primordial, pero no hace al punto de que los ciudadanos identificaron el común denominador y reaccionaron en consecuencia.

La situación actual es muy distinta en ese aspecto. Si el proceso acaecido entre 2003 y 2015 no pasó en vano, los ciudadanos tienen la experiencia de disponer de una alternativa muy diferente al modelo macroeconómico puesto en marcha a sangre y fuego en 1976, del que el actual es una recidiva. Las encuestas de opinión permiten observar que se está despejando la densa niebla de la guerra psicológica. El conjunto de este tipo de razones, además de necesarios, hace que sean factibles los acuerdos políticos que plantean la alternativa. Además, el contraste entre el proceso portugués y mejicano agregan aprendizaje al propio. De manera que el retorno del que se vayan todos parece poco probable. Particularmente, cuando el reloj de la historia marca que alguno está de salida. Fue puesto en hora por el decreto 683.

 

 

 

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