¿Made in Taiwán?

Cárteles de la mentira, en la Argentina y en Bolivia

 

A falta de proyectos político-programáticos superadores, las fuerzas conservadoras de nuestro continente no hallan otra estrategia que la destrucción de sus oponentes. Cansa hasta el hartazgo enunciarlo, y seguro que a usted más le aburre leerse la perorata, pero ellos no dan tregua a la hora de dañar eso tan sensible que es la honradez de una persona.

Como dijo un columnista brasileño ya hace algunos años: “La derecha encontró un culpable, Lula… y ahora busca el delito”.

En el último acting, un ciudadano taiwanés que visitó la Quinta de Olivos fue beneficiado con una serie de licitaciones estatales. Es, obviamente, tráfico de influencias. El viernes –tras el titular de ocasión de Héctor Magnetto–, el Presidente Alberto Fernández habló, entre compungido e indignado, con Víctor Hugo Morales.

A mí se me vino clarita la imagen de un suceso que viví y documenté en Bolivia en 2016. Fue la primera vez que la derecha de ese país pudo sembrar la duda sobre la honradez de Evo Morales. El caso Zapata.

Corría el mes de febrero y restaban tres semanas para el referéndum que debía definir la posibilidad de una nueva reelección para Morales. Entonces apareció en escena un hábil comunicador de Santa Cruz de la Sierra, Carlos Valverde, para revelar ante la opinión pública que Evo tenía un hijo oculto y que la madre de ese niño utilizaba su relación con el mandatario para favorecer contratos a una empresa china de la que era empleada, CAMC, que explotaba el litio en el salar de Uyuni.

No todo en la denuncia era falso, pero el hijo no existía y el mandatario tampoco estaba al tanto de las maniobras non sanctas de su joven ex pareja, que sí utilizaba su pasada relación para beneficiarse.

Valverde no era un comunicador cualquiera. Había sido jefe de Inteligencia del gobierno de Jaime Paz Zamora a inicios de los ’90 y menos de dos meses antes de su oportuna revelación se había reunido a tomar el té con el encargado de negocios de Estados Unidos, Peter Brennan, y con el agente de la CIA Chase Allen Beamer, señalado por un bien informado medio paceño de ser el responsable de “montar una nueva ofensiva anti-Evo por medios clandestinos y estrechos contactos con la oposición”.

(Poder Ciudadano, la organización detrás de las “revelaciones” sobre el empresario taiwanés, tampoco es una entidad cualquiera.)

Los Magnettos bolivianos montaron su festín. Morales perdió el referéndum y un par de meses más tarde su jefe de Gabinete los calificó con el mote de “Cártel de la Mentira”. En ese entonces yo conducía un programa en la televisión llamado Ojo con los Medios, y la caracterización hecha por el ministro me pareció exacta.

Semanas más tarde lo invitamos al programa. Al finalizar, le propuse que hagamos un documental sobre el caso, que realmente era de película, ya que en la vorágine de desesperación organizada para destruir al Presidente, los perpetradores llegaron a alquilarle el hijo a una pareja para hacerlo pasar como el niño del mandatario. El falso hijo fue presentado ante el inefable Fernando del Rincón de CNN, quien se tomó el trabajo de volar hasta La Paz para mostrar al fruto del pecado.

Les invito a ver el documental ya que, como bien sabemos, mucho mejor es prevenir que curar.

 

 

 

 

 

 

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