Maldita competencia

Los empresarios agropecuarios reniegan por la asistencia a los más castigados, que les encarece la mano de obra

 

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) manifestó su “preocupación por la falta de mano de obra en el campo”, que los empresarios agropecuarios atribuyen a “los planes y programas de asistencia social” que entrega el Estado y que a su entender “desincentivan a los beneficiarios a aceptar un empleo registrado”. En el comunicado sugieren que ese es el motivo que los lleva a tener empleados en la informalidad, ya que son los mismos trabajadores quienes, por miedo a perder esa asistencia al ser momentáneamente registrados, prefieren no estarlo. El reclamo, por el que le piden una audiencia al ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca, Luis Basterra, pasa por buscar un mecanismo para “compatibilizar los planes y programas sociales con el empleo registrado, de forma tal que puedan seguir cobrándolos pese a estar en blanco”, expresó el presidente de Economías Regionales de CAME, Eduardo Rodríguez.

 

Eduardo Rodríguez, presidente de Economía Regionales de CAME.

 

Si bien desde CAME aseguran que “no cuestionan la ayuda que el Estado brinda a los más necesitados”, advierten que esa asistencia “no debería ser un escollo para el normal desempeño de la actividad”. El Cohete a la Luna se contactó con Rodríguez para profundizar sobre su planteo. “La gente no se quiere blanquear por temor, porque pierden los planes sociales. Entonces el productor no puede tener esa mano de obra”, dice. Reconoce que se toma mano de obra de manera informal pero no lo adjudica a los salarios que ofrecen los empleadores sino a la conveniencia de los empleados.

 

 

 

No conseguir mano de obra para el trabajo temporal que ofrecen es una dificultad pero no es la ayuda estatal “un escollo”, como sugiere el comunicado. Un Estado presente ante los más vulnerables en tiempos de pandemia y con altos niveles de pobreza garantiza a miles de personas poder contar con un plato de comida en la mesa familiar. De no existir esa asistencia reinaría el trabajo esclavo, que tranqueras adentro reaparece periódicamente. La asistencia del Estado, sea vía Asignación Universal por Hijo o ser por diferentes programas y planes existentes, sólo establece un piso que los pequeños y medianos empresarios deberían superar con una oferta laboral más atractiva. Si las propuestas salariales compiten con un plan y pierden la partida es evidente que la oferta resulta escasa. Si no supera las expectativas de lo que pretenden para sus ingresos los trabajadores es la oferta la insuficiente y no la asistencia estatal el “escollo”.

“Uno quiere dar trabajo y compite con los planes sociales”, había señalado Cristian Klingbeil, presidente de la Asociación de Productores Agrícolas de Misiones (APAM), al portal Bichos de Campo. “Los planes son una traba muy grande”, insiste Klingbeil, que respaldó el comunicado de CAME, en diálogo con El Cohete a la Luna. “Cualquier persona prefiere en vez de ganar 40.000 pesos trabajando, ganar 20.000 sin trabajar. Esa es la relación directa pero la gente gana mucho más que 20.000 con planes”, expresa. Como la cosecha de yerba mate es fuerte desde el mes de abril hasta fines de septiembre, desde el sector propusieron que los planes se suspendan en esos meses y así poder contar con la mano de obra para levantar la cosecha. Toda una confesión de parte: cortar la asistencia Estatal en los meses que necesitan mano de obra barata.

 

Cristian Klingbeil, presidente de APAM. Imagen Bichos de Campo.

 

La misma idea repite Eduardo Salmoiraghi, presidente de la Sociedad Rural de San Pedro. “Mientras estén los planes no va a haber trabajo o el del plan tiene que ganar mucho menos. Entonces vos le podes ofertar un buen sueldo para que diga ‘me voy, me conviene’, pero mientras el plan sea tan alto es imposible conseguir gente para trabajar”.

 

 

Para el dirigente de los patrones rurales los planes están “altos” y hay que bajarlos para que los más vulnerables no tengan otra opción que aceptar las chauchas y palitos que les ofrece el autodenominado “campo”. En la misma línea, sostienen que el Aporte Solidario a las grandes fortunas les viene a quitar lo que podrían invertir y reniegan de un Estado que no les asegura menos retenciones, menos impuestos, menos derechos laborales, para poder contar con mano de obra sin protección estatal a la que poder explotar. Como el aporte extraordinario de los millonarios fue promovido por el diputado Carlos Heller, presidente del Banco Credicoop, hacia él apuntaron sus cañones las sociedades rurales de San Pedro, Pergamino, Rojas y Baradero, igual que asociaciones de productores de San Antonio de Areco, Arrecifes y Carmen de Areco, que pidieron a sus integrantes cerrar sus cuentas en esa entidad financiera. Salmoiraghi lo contó en una radio en Junín:

 

 

Edgardo Salmoiraghi, presidente de la Sociedad Rural de San Pedro.

 

Patrones sin conciencia

En 1944, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión, Juan Domingo Perón impulsó por decreto la sanción del Estatuto del Peón Rural. El 15 de octubre de ese año se produjo su lanzamiento en la localidad de Junín. “Hoy llegamos a todo el país con el Estatuto del Peón que llenará una necesidad sentida en los campos argentinos –dijo Perón en su discurso–. Sé bien que ello no agradará a algunos patrones sin conciencia. Sé también que será motivo de críticas por parte de algunos merodeadores de las grandes empresas y escribas sin escrúpulos al servicio de los poderosos que ya han visto mal que yo defienda con más emoción el perfeccionamiento de la raza humana que el de los toros y perros argentinos”.

Perón no se equivocaba, las críticas aparecieron. La Sociedad Rural –que no ha perdido coherencia a pesar de los años– expresó entonces: “En la fijación de los salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales (sic) que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes. Últimamente se ha visto en la zona maicera entorpecerse la recolección debido a que con la abundancia de cereal y el buen jornal por bolsa, resulta que con pocos días de trabajo se consideran satisfechos (…) holgando los demás”. “El régimen de las faenas rurales no debe ser alterado y consideramos impracticable la tarea de fijar horarios de trabajo uniformes (…) ¿O es que habrá que fijarles horario de parición a las vacas y ovejas, a las moscas gusaneras, juicio a los corderos y terneros y la comida y engorde por etapas a los novillos?”, expresaban con ironía, en oposición al derecho laboral que se le otorgaba a los peones para no tener más jornadas de sol a sol, como demandaban sus patrones. Aquellos derechos fueron resistidos por los mismos sectores que se autodenominan «el campo” y que ven como un “escollo” toda asistencia estatal que no les permita conseguir mano de obra barata.

 

 

 

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