Un café
El café humeaba sobre la pequeña mesa y con la colega Sol Gastaldi teníamos el placer de conversar con el capitán (RE) VGM Héctor Tessey. La larga charla desembocó rápidamente en anécdotas sobre la guerra del Atlántico Sur (1982) y, más importante aún, sobre las reflexiones del veterano de guerra sobre su desarrollo. Habíamos leído muchos artículos y libros sobre el impacto de la doctrina militar en el conflicto por cuestiones de investigación y docencia. Entre ellos, la tesis de maestría “L'influence de la DGR Francais dans la formation des officiers de l'armée argentine 1956-1971” (Paris III Sorbonne Nouvelle) de Diego Lluma. También los libros La política secreta de la última dictadura argentina (1976-1983), de Paula Canelo; Un enemigo para la nación. Orden interno, violencia y "subversión", de Marina Francio; La represión militar en la Argentina (1955-1976), de Esteban Pontoriero, y un clásico, Seguridad Nacional y sedición militar, de Ernesto López. Por tal motivo, teníamos la premisa de que la influencia extranjera en la doctrina militar había afectado la planificación y los combates en las Islas. En un momento de la charla, le preguntamos: “¿Cómo hicieron para combatir en la guerra del Atlántico Sur (1982) si toda la doctrina estaba impregnada por la doctrina de guerra revolucionaria francesa y la doctrina de seguridad nacional? La respuesta no dejó de sorprendernos: "Esas doctrinas foráneas no impregnaron todo el marco doctrinario de las Fuerzas Armadas Argentinas; si no, no hubiéramos podido combatir".
En efecto, la suposición que teníamos antes de la conversación era que la derrota en la guerra se había debido —entre otras muchas razones detalladas en el Informe Rattenbach [1]— a la influencia de las doctrinas contrainsurgentes. Ante dicha respuesta, la pregunta obvia era: ¿qué había fallado a nivel doctrinario? La respuesta del veterano de guerra fue el puntapié para la investigación. Pero, además, otro comentario suyo en esa mesa en el año 2022 nos dejó estupefactos: los errores y aciertos no se enseñan en los institutos militares; la doctrina que fracasó en Malvinas seguía vigente a fines del año 2023. [2]
Algunos hallazgos
El estudio de la evolución doctrinaria, puntualmente la referida al área de conducción de las operaciones militares, confirmó nuestro argumento de que no había habido cambios significativos en la doctrina militar argentina después de la guerra. Una de las causas de ello es que el Informe Rattenbach y, más en general, las lecciones aprendidas en relación con los niveles estratégico-militares y operacionales de la guerra no fueron (¿son?) enseñadas en las instituciones de formación y perfeccionamiento de civiles y militares para la defensa del Ministerio de Defensa y/o de la Universidad de la Defensa Nacional (UNDEF) [3]. El estudio, el debate, la reflexión quedaban sujetos a la iniciativa de los docentes y/o de los cursantes. Pese a que a muchos docentes se les ha indicado que no abordaran el informe o que lo hicieran con cuidado.
A fin de chequear esta afirmación, durante la investigación (volcada en el libro que será publicado en mayo), se realizaron 17 talleres en los que participaron 269 efectivos militares, oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas Argentinas. La pregunta disparadora era: “¿Cuál es la principal amenaza a los intereses vitales de la República Argentina?”
Los resultados muestran que solamente el 15,61% de los participantes identificaron al Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte como una amenaza. El resto de las respuestas se repartió entre NS/NC en un 34,57% y en las ya viejas conocidas, pero siempre vigentes, nuevas amenazas (narcotráfico, terrorismo, crimen organizado, narcoterrorismo, pesca ilegal), en un 25,65%. Mientras que en la categoría “otros” agrupamos respuestas, tales como ideología de género, calentamiento global, corrupción política, recursos naturales, entre otras.
¿Y los civiles?
Se suele sostener que los militares piensan, votan y tienen ideologías diferentes al resto de la sociedad. Después de cada elección se analiza cómo votaron los militares argentinos, tomando como referencia los resultados electorales en la Antártida. Por ejemplo, como analizamos en este medio, Samuel Huntington [4] argumenta que el conservadurismo es “básicamente similar a la ética militar”; por ello, considera que esta última debe ser denominada como “conservadurismo realista”. Por tal motivo, el conservadurismo es la única ideología que no provocaría, a priori, “un conflicto inevitable con los valores militares que surgen de las demandas de la función militar”. Esta apreciación del politólogo estadounidense ha sido verificada por muchos colegas en Europa, Estados Unidos y también en la Argentina. Con la paradoja, decíamos, de que, a diferencia de las derechas del norte, a las derechas argentinas no les interesan la política de defensa ni las Fuerzas Armadas.
Ahora bien, Morris Janowitz [5] argumenta que, por un lado, a medida que la tecnología y la administración militar se vuelven más complejas, las habilidades y el pensamiento del militar se asemejan más a los de un gerente o técnico civil. Y, por otro lado, dado que el reclutamiento se realiza entre diversos sectores sociales, los militares ingresan con los valores propios de su entorno de origen.
En el caso argentino, Germán Soprano [6] sostiene que los militares argentinos en la actualidad son un "grupo social" integrado porque comparten espacios de sociabilidad, educación y consumo con las clases medias y élites civiles, y porque sus intereses electorales suelen alinearse con los de la sociedad civil: estabilidad económica, seguridad y educación, más allá de las particularidades de la "familia militar”.
De lo anterior, podría inferirse que la percepción de amenaza en la sociedad civil respecto a los intereses vitales de la Argentina no diferiría mucho con respecto a los militares. Si esto es así, no es solamente un problema educativo de las Fuerzas Armadas, sino que el proceso de desmalvinización ha arrasado en todo el sistema educativo nacional. No me refiero a que no recordemos el 2 de abril y/o a nuestros veteranos, sino que la cuestión Malvinas se piensa como bronce e historia, asociada en los '80, a la última dictadura, y no como un proyecto estratégico para el futuro.
Para ahondar un poco más en esta idea, junto a la colega Ana Vásquez hicimos un pequeño sondeo no representativo a través de las redes sociales para tener un indicio sobre lo que piensa la sociedad sobre la principal amenaza a los intereses vitales de Argentina. Reitero: está lejos de ser un muestreo significativo y representativo; es un indicio.

La mayoría de los que respondieron fueron civiles, lo cual es un buen punto de partida para tener indicios sobre si los civiles tienen la misma percepción de amenaza que los militares.


No sorprenden las respuestas a la pregunta anterior, en tanto que por los diálogos que sigo manteniendo con algunos militares, aquellos que se consideran liberales aprecian fuertemente las acciones simbólicas y las recientes compras del F-16 y del Stryker; pese a que la información presupuestaria muestra una caída en el presupuesto de la función defensa y en el destinado al adiestramiento y a las operaciones, y al desastre que la gestión de Petri & Presti ha realizado en IOSFA, que ha dejado a muchos integrantes de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad, y sus familiares, sin cobertura en todo el país.

Únicamente el 24,6% de los que respondieron señalaron a Gran Bretaña/Reino Unido/Inglaterra como la principal amenaza. El 42,8% se refirió a problemas internos como subordinación política, dependencia económica y política, mala política de defensa, entre otros, como la principal amenaza de los intereses vitales de la Argentina (lo que explica gran parte de los agrupados en la categoría “otros”). El dato “alentador” es que solamente el 4,8% seleccionaron a las nuevas amenazas (terrorismo, narcotráfico, crimen organizado, trata de personas, contrabando de armas, secesionismo indígena, pandemia). En cuanto a NS/NC, se incluyeron, entre otras, respuestas que se referían al agua, el litio y otros recursos porque entendemos que no responden a la pregunta, en tanto que no señalan la fuente de la amenaza, sino el objeto amenazado.
Por otro lado, sorprende que entre los militares en actividad se señale a Irán como amenaza a los intereses vitales de la Argentina.

En cuanto a los militares retirados, se destaca, sorprendentemente, la categoría otros, y una mayor percepción de amenaza respecto al Reino Unido de Gran Bretaña.

En lo que respecta a los civiles, se mantiene la misma tendencia que en los militares con respecto a la categoría “otros” y aumenta de manera importante el señalamiento del Reino Unido de Gran Bretaña como la principal amenaza a nuestros intereses vitales. ¿La política de remalvinización iniciada en el 2003 tuvo su impacto en la respuesta de los civiles?
Sin duda, como adelantamos, esta muestra no es representativa, pero nos brinda algunos indicios de la desmalvinización. Quedará para otros colegas el trabajo de profundizar en estas respuestas.
Mañana es hoy
Entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, muchos jóvenes se enfrentaron a una potencia de la Organización del Atlántico Norte (OTAN), el Reino de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, con un amplio apoyo de Estados Unidos que continúa al día de la fecha, pese a las fantasías de algunos sectores del peronismo y de la derecha que piensan que la alianza ideológica con la potencia norteamericana redundará en la recuperación del 25% de nuestro territorio. Los jóvenes no fueron únicamente soldados, sino también pilotos, marinos y soldados profesionales que con bravura no pudieron corregir los errores que se cometieron en el nivel estratégico nacional y en el nivel estratégico militar. Todos estos jóvenes, veteranos y veteranas de la guerra, caídos en suelo argentino, fueron escondidos y olvidados. La desmalvinización campeó en la sociedad civil y en las propias Fuerzas Armadas hasta fines del siglo XX. El proceso de remalvinización, realizado a partir del año 2003, fue importante pero no suficiente. Los pares dictadura/olvido y memoria/bronce que se impusieron desde el fin de la guerra no alcanzan para redefinir una política hacia la recuperación de nuestras islas y la defensa de nuestra soberanía en la Antártida.
Para ello, hay que geopolitizar la cuestión Malvinas, entendida como Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur, Atlántico Sur y Antártida. A la derecha no le interesa esto y no pondrá un peso en esta cuestión, y sostener que no hay que gastar plata en ella es ser de derecha o hacerle el juego.
El enclave colonial en las Islas Malvinas es la plataforma que utiliza Estados Unidos a través de su aliado estratégico para garantizarse el acceso al continente blanco. Por otro lado, el régimen de Milei estaría dispuesto a facilitarlo aún más con acuerdos que derivarían en un control directo o indirecto del puerto de Ushuaia. Asimismo, el Presidente Javier Milei ha abandonado la postura tradicional argentina e introduce el “deseo” de los isleños en la ecuación de la disputa, y la Cancillería argentina mantiene el reclamo diplomático en el mínimo nivel de ritualización. Hace unos días, el ex embajador Jorge Arguello recordaba el hito de la Resolución 2065 (1965). Sin embargo, salvo por el dictamen de la Comisión de Límites de la Plataforma Continental (CLPC), que resaltó la existencia de una disputa de soberanía en 2016, la diplomacia argentina no ha producido ningún hecho relevante desde 1965. Por ello, hay que volver a la Asamblea General de las Naciones Unidas, actuar regionalmente para dificultar los puntos de apoyo logístico que tiene el enclave colonial y, bilateralmente, presionando a los británicos diplomática, política, económica y, si también, militarmente. Esto último solo será posible si la política de defensa define como horizonte el sur, el mar y la Antártida en su planeamiento, adiestramiento y operaciones en tiempos de paz. PLANCAMIL con presupuesto general del 2% y con un FONDEF alimentándose del 1% de las exportaciones de productos primarios sin valor agregado; un ejercicio Malvinas 2028 en la Patagonia, vigilancia, control y reconocimiento en el Atlántico Sur; y radares 3D en el sur, entre otras acciones. A esto se le podría agregar, y que excede a la defensa, aunque se relaciona, sacar el radar británico de Tolhuin, control del puerto de Ushuaia, polo logístico en Ushuaia y la base Petrel, cuyas obras están suspendidas. Y también restringir el soft power británico, como han hecho la diputada nacional Agustina Propato y el embajador argentino Ian Sielecki. Las decisiones son políticas y estratégicas, no técnicas o fierreras.
Pero para geopolitizar hay que concientizar. Malvinas no puede ser una fecha en el calendario escolar solamente. Malvinas no puede estar fuera de la currícula de historia y geografía del sistema educativo. Malvinas y Rattenbach no pueden estar fuera de la currícula de las instituciones educativas militares.
Este 2 de abril que pasó, el Ministro de Defensa, Carlos Presti, inauguró sus acciones malvinenses firmando un acuerdo con Toyota para que los veteranos de la guerra de Malvinas compren esos vehículos a mejor precio, ratificando la política de pasado y bronce, ausencia de estrategia en materia de política de defensa. Pero también hay muchos jóvenes que estudian y encarnan la cuestión Malvinas en su cuerpo, que sostienen, como Ezequiel Magnani, que “la posguerra terminó (…) [y] terminó porque existen nuevas generaciones que empiezan a cuestionar esos pilares de la guerra que hasta hace pocos años parecían incuestionables”. Entre esos pilares señala que la guerra pudo tener todos los errores que señala el Informe Rattenbach y fue llevada adelante por una dictadura genocida, pero fue el Reino Unido el que invadió y ocupó las islas en 1833 y las volvió a invadir y a ocupar en 1982; y cuya agresión, en los términos de la Resolución 3314 (1974), continúa y se ha acrecentado al día de la fecha. El derecho a defendernos y a diseñar una política de defensa y Fuerzas Armadas y con un presupuesto acorde es vital para recuperar las islas, asegurar el mar y garantizar la soberanía en la Antártida.
El café aún no se ha enfriado. No hay que escaparle al primer sorbo. Debemos beberlo con convicción, voluntad y con una doctrina, planeamiento estratégico y presupuesto acordes.
* La elaboración de este artículo contó con la asistencia de la licenciada en Ciencia Política (UBA) Ana Vásquez.
[1] Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur elaborado por: Teniente general (RE) Benjamín Rattenbach, general de división (RE) Tomás Armando Sánchez de Bustamante, almirante (RE) Alberto Pablo Vago, vicealmirante (RE) Jorge Alberto Boffi, brigadier general (RE) Carlos Alberto Rey y brigadier mayor (RE) Francisco Cabrera.
[2] Estos párrafos figuran en los agradecimientos del libro: Gastaldi, S.; Eissa, S.; Tessey, H. & Llaser, G. (2026), ¿Punto de inflexión? El impacto de la guerra del Atlántico Sur en la doctrina militar argentina. Santiago del Estero: Ediciones de la Paz, que será publicado en el mes de mayo de este año.
[3] Esta afirmación es válida hasta el año 2023. Otro dato de color es que la UNDEF no ha podido publicar en formato de libro el Informe Rattenbach.
[4] Huntington, S. (1964 [1957]). El soldado y el Estado. Buenos Aires: Círculo Militar.
[5] Janowitz, M. (1990 [1960]). El soldado profesional. Madrid: Ministerio de Defensa del Reino de España.
[6] Ver, entre otros, el trabajo "Militares y élites en la Argentina del siglo XX y XXI. Problematizando definiciones teóricas y usos empíricos de las categorías" de Germán Soprano y Virginia Mellado y otra versión del mismo trabajo.
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