Mandale gas

Los jóvenes y el tiempo electoral, el riesgo de interpretar sondeos como operaciones políticas

 

En los medios comienzan a escribirse los guiones de la próxima campaña electoral: las segundas dosis de las vacunas, la relación con Nicaragua y el peligroso sendero que conduce a Argenzuela y al comunismo sin escalas. San Luis y Formosa vuelven a ocupar en estos días el sitial del peligro autóctono, enunciados como muestras de la inevitable decadencia a la que puede llegar el país persistiendo en el actual derrotero político. Dos provincias en las cuales el Estado no es gaseoso siempre son una invitación para el idioma libertario que hoy se va filtrando en la oposición política. Se vuelve a la carga denunciando el clientelismo basado en el alto empleo público y se llega hasta la violación de los derechos más elementales de la población. Toda una gama de interpelaciones negativas, cuyo objetivo es la erosión permanente de proyectos inclusivos donde el Estado y el rol que debe cumplir en una sociedad moderna proyectada con innovación hacia el futuro son indispensables.

En momentos en que los precios, los salarios, la pandemia y las próximas elecciones conforman un combo que tensiona a la ciudadanía, el discurso de la derecha se anima a redescubrir la pobreza que generó, la educación que decapitó cerrando escuelas y estigmatizando su carácter público, y a dar lecciones de salud aún después de haber cerrado o inactivado hospitales. Enseñan cómo vacunar, aún después de haber permitido que el sarampión regrese a nuestras tierras, y pretenden desvalorizar ante la opinión pública los esfuerzos por reconstruir el país bajo pandemia argumentando que “no hay un plan económico de gobierno”. Como dijo la vicejefa de Gabinete Cecilia Todesca Bocco en una entrevista radial: “Cuando dicen que no hay plan económico es porque no es el que ellos quieren”. A todo este pastiche, en días recientes, se le sumó un desencanto de los jóvenes con el Frente de Todos. ¿Real o supuesto?

Encuestas divulgadas en los últimos días mostraron números que refuerzan algo que se palpa en la calle. “Fuerte inquietud en el Gobierno por la baja en las encuestas entre los jóvenes y la clase media”, tituló La Nación. En la nota se hace referencia a la preocupación del gobierno por sondeos que muestran una marcada caída en el apoyo de esos sectores al Frente de Todos.

Más allá de las encuestas, su verdad o su utilización como molde para imponer opinión y sentido común, las próximas elecciones van a tener en el segmento etario joven a quienes pueden definirla. Casi un 25% de quienes van a votar tienen entre 16 y 24 años. De ellos, quienes tienen menos de 22 comenzaron su carrera cívica en el 2015 y desde entonces vienen siendo bombardeados por un mensaje anti política. Adicionalmente, transitaron los años macristas bajo promesas de un futuro venturoso al final de un túnel, pero del cual emergieron pedaleando como trabajadores precarizados de algún delivery de marca internacional. Años en los que vieron cómo su familia fue cediendo el asado de los fines de semana con un vino en la mesa, las vacaciones, la computadora en la casa, el auto, usado pero auto al fin, y con miras a renovarse con cierta regularidad, transformando los gastos hogareños al punto de pedir un préstamo en 2018 para pagar las boletas de gas y luz. Con Mauricio Macri como Presidente, muchos de quienes habían accedido al pasaporte ciudadano desde la ampliación de sus consumos tuvieron que restringirlos a lo estrictamente necesario para sobrevivir, sosteniendo con alfileres a la familia.

En 2019 el joven cantante y compositor Wos interpelaba al macrismo y lo que encarnaba poniendo en su voz la de muchos jóvenes que probablemente hayan votado al Frente de Todos. Su gran éxito de circulación masiva describía y condensaba la impotencia: “Trabajando doce horas, Cobra dos monedas al mes pa’ mantener 4 personas. Y no hables de meritocracia, me da gracia, no me jodas. Que sin oportunidades, esa mierda no funciona”.

 

 

 

 

Con la llegada del nuevo gobierno algunas definiciones trajeron nuevas expectativas y la sensación de que el mérito dejaría de ser el exclusivo parámetro de acceso social a lo indispensable. El cambio de orientación de la política avizoraba mejoras de ingresos, un perfil más productivo y menos especulativo, y ya no más subas escandalosas de los servicios públicos. Se volvieron a nombrar algunos derechos antes adquiridos, aún no restituidos. Sin embargo, un salario mínimo vital y móvil que hoy es de 25.272 pesos, y resulta equivalente a 42 kilos de asado al mes, deja la expectativa insatisfecha. No puede dejar de reconocerse que, sobre aguacero, aguacero, y que la actual pandemia restringió el margen de una política reparadora de la anterior, la amarilla.

Los jóvenes, anegados de desempleo, subempleo y precarización, redondean ingresos que no les permiten hacerse cargo de su vida con la independencia que les impone el deseo. Sienten que el futuro se les escurre de las manos, por lo cual no debe sorprendernos que profesen desconfianza por las fuerzas políticas ni por las instituciones. En una mayoría abrumadora, hablamos de cifras que superan el 75%, están invadidos por sentimientos de incertidumbre, miedo, inseguridad respecto al futuro, tanto personal como colectivo. Una apabullante sensación denegatoria del presente que debiera contemplarse en la agenda de gobierno.

Quedó lejos el día en que los del populoso Conurbano bonaerense fueron convocados mediante la creación de nuevas universidades para apropiarse de un futuro profesional. Años después, la primera gobernadora que tuvo la provincia de Buenos Aires sentenció que había que abandonar el engaño porque “los pobres no van a la universidad”. ¿A qué se los convoca hoy?

La pandemia, los cierres, la alteración de sus vidas, sumados a las escasas oportunidades de un trabajo que los satisfaga y los proyecte en el desarrollo personal, los bajos ingresos y el modo precario de transitar el mundo laboral, las incertezas que todos tenemos pero que pegan diferencialmente en los jóvenes, son elementos que los envuelven y por lo cual van a decidir en lo inmediato y dentro de dos años. A ellos el Frente de Todos aun no los interpela.

Deberíamos resistir la tentación de caer en el facilismo de interpretar aquellos datos que no nos satisfacen como simples operaciones políticas. El voto a las posiciones libertarias, esa esotérica confluencia que configura el anarco liberalismo, hoy representa una intención de voto de al menos 6 puntos en la provincia de Buenos Aires y, entre los jóvenes, 1 de cada 5 mira dulcemente la opción.

Antipolítica y rechazo a las instituciones, una amalgama de rebeldía que tiene las coordenadas antisistema de las criptomonedas. Sin Estados, ni bancos, ni regulaciones. Un horizonte tech que parece expresarlos ajustadamente bajo un modo de habitar el mundo amigable a los nativos digitales. Son jóvenes que tramitan sus experiencias bajo nuevas configuraciones, entre su individualidad y sus apuestas colectivas. Imprimen la marca personal en la realización de sus experiencias colectivas, en las que se hacen multitudes. Lo demuestra el movimiento feminista.

En épocas electorales, donde hay que sostener lo hecho y conquistado, enfrentando los embates neoconservadores que, con disfraces libertarios y/o épicas anti-populistas intentan seducir saboreando un frente anti-comunista, vale preguntarse por dónde ir con argumentaciones eficaces. Cómo conquistarlos, ya que junto a los sectores medios informales y precarios son un grupo muy golpeado, y dado que en ellos se juegan fuertemente las hegemonías políticas. Aspecto nada sencillo en tiempos de democracias de audiencias y postverdad, donde la discusión política se encamina y reduce a enunciados breves y de alto impacto emocional y marketinero.

Hay que preguntarse, y contestarse, respecto de las políticas orientadas a regenerar proyecto y futuro para los jóvenes. Algo que está faltando. Está claro que el “Progresar” y el “Acompañar: puentes de igualdad”, no alcanzan. Son necesarios, sin dudas, pero nadie puede entusiasmarse con una ayuda que sirve para apagar el incendio y calmar el hambre. Porque el futuro es expectativa que se lee muy desde el presente, particularmente cuando, por edad, uno tiene poco pasado.

Esa rebeldía, ese perfil antisistema, ¿es lo que estaría disolviéndose de las manos del Frente de Todos? Tal vez podemos retomar nuevamente a Wos, y llevar a la voz pública sus palabras, que insisten en este presente tan pandémico en que hay una agenda pendiente: “Y no, no hace falta gente que labure más. Hace falta que con menos se pueda vivir en paz. Mandale gas, no te perdás, acordate en dónde estás. Fíjate siempre de qué lado de la mecha te encontrás”.

 

 

 

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