Mantequilla, pero no sólo

El dilemático financiamiento de la defensa

 

A comienzos de la década de los ’90 escribí dos artículos académicos que titulé  “Argentina: desarme de hecho y cooperación para la paz”, que se publicó en el volumen VII, N°1,  fechado en enero/marzo de 1992, de la revista Fuerzas Armadas y Sociedad que publicaba por aquel entonces FLACSO/Chile;  y “La reducción del gasto militar en Argentina: algunas implicaciones económicas y políticas”, publicado en el libro Proliferación de armamentos y medidas de fomento de la confianza y la seguridad en América Latina, editado en Lima en 1993, por el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe.

Ya para ese entonces era evidente que con la llegada de la democracia el gasto militar había iniciado una trayectoria descendente. Hoy, en base a datos del Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI), se confirma con mucha mayor precisión el comportamiento de aquella erogación. El promedio del gasto militar como porcentaje del PBI entre 1976 y 1983, los años de nuestra última dictadura, había sido de 3,65%. En tanto que el mismo promedio medido entre 1984 y 1989 –el período presidencial de Raúl Alfonsín— había alcanzado solamente un 2,2%. Y mantuvo desde entonces un desenvolvimiento tendencialmente descendente: en 1990 bajó a 1,5% y fluctuó entre este guarismo y 0,8%  hasta 2018.

También se hizo evidente, a comienzos de los ’90, que la reposición de los sistemas de armas que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea habían perdido en la guerra de Malvinas iba a ser dificultosa. Concomitantemente con lo anterior comenzó a decrecer la incorporación anual de soldados conscriptos en la fuerza terrestre –imperaba en aquel entonces el servicio militar obligatorio— que cayó, en 1988 a 30.000 soldados, cifra cercana a la mitad de lo que se venía alcanzando en los años anteriores. Y se verificó, asimismo, un decrecimiento de las horas de vuelo y de entrenamiento de los pilotos de la Fuerza Aérea; una cosa similar ocurría con la Armada respecto de la navegación y de la aviación naval, y con las ejercitaciones de la fuerza terrestre. Este paquete de restricciones –al que podría agregarse otras que se omiten para no fatigar al lector— dio origen a una deriva incierta que generó una pérdida del nivel de equipamiento, de alistamiento, de disponibilidad, de capacitación para la acción de nuestras Fuerzas Armadas e incluso de personal calificado, que, con vaivenes, llega hasta el presente.

Es común que se reconozca que la transición argentina a la democracia ocurrió por colapso, a diferencia de las sucedidas en nuestros países vecinos, en las que prevalecieron transiciones pactadas. Precipitada por el fracaso bélico en las islas del sur, no hubo un acuerdo previo que estableciera un marco consensual que regulara el camino. Fue así que anduvimos a los tumbos y, en ocasiones, con el Jesús en la boca, como se decía antiguamente.

Ocurrieron, no obstante, en este tránsito muchas y muy valiosas cosas en la pugna entre civiles y militares que sobrevino con el regreso de la democracia. Entre otras, el juicio a las Juntas y a los genocidas; la condena social y pública del terrorismo de Estado; la superación de los levantamientos de los “carapintadas”; el decisivo afianzamiento del control civil sobre las Fuerzas Armadas y la no menos importante afirmación del gobierno político de la defensa. Se dictaron las Leyes de Defensa Nacional en 1988 y de Seguridad Interior en 1992, que con buen criterio diferenciaron la defensa de la seguridad pública, una deletérea confusión que venía de arrastre debido a la amplia difusión que habían hecho los Estados Unidos, en toda América Latina y el Caribe, de la Doctrina de Seguridad Nacional; se publicaron los Libros Blancos de la Defensa; se implementó una reforma del sistema de justicia militar; se fortaleció el Ministerio de Defensa; se estableció el Ciclo de Planeamiento de la Defensa Nacional y su correlativa Directiva de Política de Defensa Nacional. Se consolidaron el Estado Mayor Conjunto y la conjuntez con diversas decisiones e iniciativas, así como la incorporación femenina a la oficialidad de las tres Fuerzas Armadas. En el plano de la investigación científica y el desarrollo tecnológico en vinculación con la defensa se dieron también importantes pasos. Todo esto, sin agotar la lista.

Sin embargo, en el terreno del financiamiento de la función defensa, esto es, de lo que comúnmente se llama gasto militar, la performance de Argentina ha sido insuficiente. Ha carecido del dinamismo necesario para recuperar las capacidades castrenses preexistentes a la guerra de Malvinas, lo cual ha repercutido en el avance hacia ese desarme de hecho mencionado precedentemente debido, básicamente, a la más que escasa posibilidad de recomponer adecuadamente el instrumento militar. Por extensión, no ha sido fácil mantener al día la formación intelectual y práctica de nuestros hombres de armas.

La Argentina ha padecido dificultades económicas entre 1984 –primer año completo de nuestra recuperada democracia— y 2018 que merecen ser examinadas en primer lugar, pues inciden sobre el gasto militar. En lo que sigue se lo hará en comparación con el resto de los países del Cono Sur (Chile, Paraguay y Uruguay) más Brasil, para disponer de una referencia comparativa. El promedio del crecimiento porcentual anual de los PBI de estos países para el antedicho período, medido a precios constantes, fue el siguiente:

Argentina        2,233%

Brasil              2,380%

Chile              4,840%

Paraguay         3,460%

Uruguay         3,051%

(Los datos básicos para calcular estos promedios fueron tomados del World Economic Outlook Database, de abril de 2019, del FMI.)

Argentina tuvo el peor comportamiento de los cinco países en este rubro, que alude a la formación de riqueza. Merece destacarse, además, que en ese lapso nuestro país tuvo desempeños negativos del crecimiento porcentual del PBI en ¡12! de los 35 años considerados, en tanto que Brasil, Paraguay y Uruguay los tuvieron en 6 oportunidades y Chile solamente en 2.

Por su parte,  el promedio del gasto militar como porcentaje del PBI, entre 1984 y 2018, de cada uno de los países referidos, ha sido el siguiente:

Argentina         1,19%

Brasil               1,63%;

Chile                2,99%

Paraguay          1,63%

Uruguay           2,46%

(Los datos básicos para calcular estos promedios fueron tomados de la Military Expenditure Database del SIPRI.)

Nuevamente aparece la Argentina con el comportamiento más débil del grupo.

Este insuficiente y tortuoso desempeño en materia de PBI a largo plazo, vino acompañado de dos crisis financieras internacionales significativas (la de Estados Unidos en 2008 y la de la Eurozona en 2011-2012), que repercutieron localmente, y dos profundas crisis propias de deuda externa (2001 y 2018, aun en curso), que desencadenaron catastróficas repercusiones internas. También ocurrió una amplia renegociación de deuda externa, desarrollada durante la presidencia de Néstor Kirchner, que insumió mucho tiempo y recursos. Así las cosas, no es difícil comprender que los diferentes gobiernos nacionales hayan encontrado dificultades tanto para financiar la función defensa –que al fin y al cabo dependen buena parte de una decisión presupuestaria que corresponde al Congreso— cuanto para recomponer  el instrumento militar y los diversos aspectos que hacen a la profesión militar, que van desde la formación y el cultivo de las capacidades del personal hasta sus remuneraciones.

Sin embargo, la función estatal de la defensa no se puede dejar de lado. Es posible, eventualmente, postergar el incremento de su financiamiento, como ha venido sucediendo desde 1984 hasta el día de hoy. Pero esto tiene un límite. Vivimos en un mundo inestable en el que, por añadidura, la avidez por los recursos naturales y las materias primas es incesante. Y en el que un Estado que no defienda lo suyo estará expuesto a quedar subordinado a otros países y a perder su condición de nación aunque formalmente preserve y utilice esta denominación.

También es verdad que estamos ante una situación que expone crudamente el dilema que Paul Samuelson sintetizó en esta breve frase: “Mantequilla o cañones”. Y es obvio que hay que optar por la mantequilla, es decir, por la asistencia a nuestro maltratadísimo pueblo. Sería conveniente, sin embargo, que el gobierno que asumirá el próximo 10 de diciembre repare en que 35 años de postergación son muchos. Y que no obstante la extrema penuria que nos legará Mauricio Macri, algún paso debería ser dado por mínimo que fuera, en el sentido de comenzar a recuperar el instrumento militar de esta, afortunadamente todavía, nación. Y de las condiciones de formación, trabajo y vida de quienes lo tienen que servir cotidianamente.

 

 

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5 Comentarios
  1. Luis Juan dice

    Estimado Ernesto:
    Una digresión.
    Salvando la honorabilidad de San Martín (militar de raza) y Belgrano (militar a la fuerza), la historia de nuestras fuerzas armadas no me merece demasiado respeto.
    Siempre resultaron (los altos mandos) políticos con trajes de soldados y, para colmo, políticos que a través de golpes militares siempre eligieron garantizar los privilegios de las clases dominantes en detrimento del pueblo y su soberanía. Fueron copartícipes de la entrega del país a los intereses predatorios locales e internacionales.
    Si las Fuerzas Armadas van a tener la siempre incumplida misión fundamental de defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad del Estado, su honor y la soberanía del país; asegurar el imperio de la Constitución, garantizar la estabilidad del Gobierno legalmente constituido, y participar en el desarrollo integral del país; no sólo respetando el orden constitucional y sometiéndose a él, sino, además, garantizarlo. Y jamás levantarán sus armas contra su propio pueblo, sino que lo defenderán de otras fuerzas de seguridad que más habituadas en su cotidianeidad a esos menesteres, lo intentase; entonces, admitiría plantearnos unas Fuerzas Armadas al servicio de la Patria.
    Decía San Martín:
    “Sacrificaría mi existencia, antes de echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición.”
    “Mis necesidades están suficientemente atendidas con la mitad del sueldo que gozo.”
    “La patria no hace al soldado para que la deshonre con sus crímenes.”
    “Seamos libres y lo demás no importa nada.”
    “En defensa de la patria todo es lícito menos dejarla perecer.”
    “Mi sable nunca saldrá de la vaina por opiniones políticas.”
    “La biblioteca destinada a la educación universal, es más poderosa que nuestros ejércitos.”
    “El que se está ahogando no repara en lo que tiene a mano para agarrarse.”
    “La seguridad de los pueblos a mi mando, es el más sagrado de los deberes.”
    “La conciencia es el mejor juez que tiene un hombre de bien.”
    “Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.”
    “Los soldados de la patria no conocen el lujo, sino la gloria.”
    “Un buen gobierno no está asegurado por la liberalidad de sus principios, pero sí por la influencia que tiene en la felicidad de los que obedecen.”
    “La patria no es abrigadora de crímenes.”
    “La patria no da armas al Soldado para que cometa la bajeza de abusar de estas ventajas, ofendiendo a los ciudadanos con cuyos sacrificios se sostiene.”
    “La tropa debe ser tanto más virtuosa y honesta, cuanto es creada para conservar el orden de los pueblos, afianzar el poder de las leyes y dar fuerza al gobierno para ejecutarlas y hacerse respetar de los malvados, que serían más insolentes con el mal ejemplo de los militares.”
    Decía Manuel Belgrano:
    “Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella.”
    “Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro.”
    “No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo.”
    “•Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida.”
    “Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquéllos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad.”
    “Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos. El bien público está en todos los instantes ante mi vida.”
    “Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás.”
    “El miedo sólo sirve para perderlo todo.”
    “El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente.”
    “En mis principios no entra causar males sino cortarlos.”
    “La vida es nada si la libertad se pierde.”
    “Nadie me separara de los principios que adopté cuando me decidí a buscar la libertad de la patria amada, y como éste solo es mi objeto, no las glorias, no los honores, no los empleos, no los intereses, estoy cierto de que seré constante en seguirlos.”
    “Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquéllos.”
    “¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigirlos del modo que conforme al interés público?”
    “Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido..”
    “Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método no desorden; disciplina, no caos; constancia no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia.”
    “Me hierve la sangre, al observar tanto obstáculo, tantas dificultades que se vencerían rápidamente si hubiera un poco de interés por la patria.”
    “Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos.”
    “No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor.”
    El general de brigada César López ante el 194º aniversario de la creación del ejército boliviano, dijo:
    “En la escala de prioridades, no son el terrorismo, el narcotráfico ni la subversión los factores que asedian nuestra seguridad como se ha pretendido hacer creer. Son la pobreza, la corrupción, la debilidad de nuestras instituciones, la exclusión y el marginamiento, el racismo y la acumulación de poder en manos de unos pocos, las condiciones que permiten que germine y prospere la violencia. Ningún esfuerzo, por poderoso que sea, puede desterrar las amenazas contra un país mientras no se destierren las condiciones de injusticia que lo propician. En cada acto de injusticia, opresión, olvido o impunidad se destila el odio y la venganza.”
    «Acecha sobre nuestro país la perenne voracidad de agentes económicos externos que solo persiguen el saqueo de nuestros recursos naturales, sin importarles el futuro de nuestro pueblo, su aspiración legítima de desarrollo y dignidad (…) Todos sabemos que un pueblo que hipoteca sus recursos naturales es un pueblo condenado al sometimiento y a la tiranía de los más fuertes». Finalmente, López se estrellaba contra «las elites temerosas de perder sus privilegios» y contra los «derrotados de ayer que no asumen su responsabilidad histórica, política ni jurídica».

  2. roque pedace dice

    La tesis de que sin «instrumento militar» no hay nacion se contrapone al mensaje universalista y pacifista de JD Peron en su carta a los pueblos, difundida en esta misma edicion.Y de grandes luchadores por los derechos humanos en Argentina como Emilio F. Mignone.
    Recuperar » las condiciones de formación, trabajo y vida de quienes lo tienen que servir cotidianamente (al sistema de defensa)», justo y loable como es, no requiere hipotesis de guerra como las implicitas en el el texto: «Vivimos en un mundo inestable en el que, por añadidura, la avidez por los recursos naturales y las materias primas es incesante. Y en el que un Estado que no defienda lo suyo estará expuesto a quedar subordinado a otros países y a perder su condición de nación aunque formalmente preserve y utilice esta denominación.»
    Defender lo nuestro requiere hoy la «cooperacion para la páz» como refiere el titulo del articulo citado del autor,
    No cañones.

  3. Juanma dice

    Adam Smith, procer ideologico de nuestros neoliberales, sostenia que el estado debia tener especial cuidado en financiar bien a su armada porque de ese modo, ademas de la funcion de defensa, se impulsaba la industria naval, la formacion de gente de mar y una buena flota privada. Todos recursos que crean riqueza y pueden ponerse a disposicion de la defensa en caso de guerra. Creo que esta sigue siendo cada vez mas la funcion de las FFAA en una epoca de predominio tecnologico. Formar pilotos y una industrua aeronautica que tengan uso civil. Lo mismo con los inganieros e investigadores cientificos… etc. Una reserva militar amplia y calificada, apta para la produccioc civil en tiempo de paz y la militar si hace falta. Es imprescindible dejar de hacer la plancha y tirar la plata con estas FFAA y debatir seriamente su modificacion en un proyecto nacional. GraciasErnesto por mantener siempre presente la cuestion militar.

  4. Jorge dice

    Vos sos un reconocido y antiguo troll facho de las redes. Deberías cerrar el tu jes.

  5. Alcides Acevedo dice

    Qué triste…. el kirchnerismo destruyó las FFAA pero así y todo tenemos que leer semejante tipo de alegatos, mejor llámense a silencio, la defensa nacional ha muerto.

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