Marche preso

El paradigma neofascista en la Mendoza de Cornejo

 

En la Mendoza de Cornejo vivimos el diseño e instauración de un paradigma neofascista, una práctica sistemática violatoria de las garantías más elementales del Estado de Derecho.

Los medios de comunicación con una capacidad inédita de construcción de subjetividad, resultan un necesario soporte ideológico de las nuevas políticas racistas y misóginas.

El Poder Judicial a su vez, asumiendo un papel fundamental en la criminalización de los sectores postergados, otorga viso de legalidad a todo tipo de arbitrariedades contrarias al debido proceso y las garantías que otorga nuestra Constitución Nacional.

En este contexto de violencia política desatada, se produjo un hecho brutal en el Hospital Lagomaggiore de la capital mendocina, cuando una mujer afrodescendiente, migrante, de nacionalidad haitiana, fue despojada de la tenencia de su hijo recién nacido, en un episodio que aún no fue aclarado por las autoridades intervinientes. Sin embargo trascendieron las imágenes captadas por otros pacientes del Hospital cuando personal policial, sacó a la mujer del Hospital a fuerza de golpes, insultos, empujones y tirándole de los pelos.

No existía ningún motivo que justificara la intervención policial y menos la violencia ejercida contra esta mujer, ya que hay protocolos de abordaje interdisciplinario para preservar la integridad física y psicológica de la paciente y su hijo, que estaban allí para ser atendidos por profesionales de la salud. En cambio la intervención del Estado Mendocino se redujo a la extrema violencia institucional.

Y no es casual ni un hecho aislado. A la predica constante y moralizante que asocia delincuencia con pobreza o migración y justifica públicamente los abusos policiales, se suman las reformas jurídico-institucionales más retrógradas que se conozcan desde la vuelta de la democracia como es la reforma del Código de Faltas, que castiga con hasta 90 días de arresto efectivo circunstancias cotidianas que nadie podría pensar que constituyan delitos o contravenciones, o que puedan ocasionar amenaza alguna. Como por ejemplo comprar sin pedir factura, poseer de forma injustificada llaves (¡sí, llaves!), llevar consigo un objeto cortante o contundente (como podría ser un celular o un libro), realizar pintadas, pegar afiches, trabajar en la calle como vendedor/a ambulante, usar las redes sociales para convocatorias masivas, el requisito de pedir “autorización previa” para reunirse, incluyendo reuniones privadas en lugares cerrados, entre otras “tropelías”. Organizando, por último, el castigo a la protesta y la movilización de modo expreso, dejando la instrucción del procedimiento en manos de la policía.

Todo esto constituye un andamiaje represivo y violento contra determinados sectores sociales de la provincia, especialmente contra jóvenes de barrios populares, mujeres pobres, migrantes, trabajadoras y trabajadores; todo lo No-blanco.

Quieren una provincia reducida a ciudades excluyentes, con corredores seguros, bicisendas limpias, y contenedores para separar el papel del plástico, que transmitan la imagen y los posvalores esteticistas de un higienismo social reciclado. Es el surgimiento y puesta en escena del posfascismo neoliberal que aparece como trágica moda en la provincia, el país y la región.

Existe en marcha una verdadera reapropiación del espacio público, ilegítima y de corte corporativista, que pretende reconfigurar nuestra cotidianeidad en clave disciplinaria y reaccionaria contra lo diverso, derogando diferentes instancias de nuestra cultura democrática.

El ajuste y la expulsión de miles de personas del aparato productivo, la uberización de la vida, la marginación y miseria planificada, se ligan íntimamente a esta reconfiguración, constituyendo su necesario correlato.

Lejos de ser el hombre que pone orden y establece buenas normas de convivencia, Cornejo es el personero machista de una política a la que sólo le interesa el mejoramiento de las condiciones privilegiadas de las élites dominantes, la concentración de la riqueza y el disciplinamiento social. Política diseñada y ejecutada como paradigma punitivista de un régimen que resulta el laboratorio represivo, exportado como franquicia exitosa por el macrismo para todo el país.

 

 

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