Marx y Foucault, de Toni Negri

Fragmento final del “Constitución y excedencia”, prólogo al libro "Marx y Foucault" de Toni Negri

 

[…] El método de Negri reconoce un último momento en el que excedencia y constitución devienen derecho, institución, articulación entre una materialidad concebida en mutación dinámica y formalización plástica y abierta. La coyuntura política es leída, entonces, a partir de un ángulo institucional. El derecho debe captar y dar curso al acontecimiento. No hay política de izquierda, en el sentido ya argumentado de una política que sustituya la representación capitalista del poder y del valor (es decir, más allá de la propiedad estatal y privada), sin un deseo de constitucionalización de la excedencia.

Marx y Foucault propone este tipo de cuestiones a la discusión política y leído desde la coyuntura sudamericana actual, tanto de la situación brasileña como de la argentina, permite pensar productivamente la crisis de legitimidad del programa neoliberal así como su último recurso a elementos neofascistas tendientes a reprimir, como en el caso de Brasil, los elementos de excedencia (negros, favelados, mujeres, comunistas) a fin de estabilizar el orden, pero también permite problematizar el horizonte de una posible derrota electoral del programa neoliberal, que sería completamente insuficiente sin un impulso constituyente ausente en los partidos políticos, pero presente en movimientos sociales de mujeres, de las diferencias sexuales, antirrepresivos, en defensa de los bienes comunes o de trabajadores precarios. Marx y Foucault ayuda a plantear el problema de la reforma de la constitución como una cuestión absolutamente central para refundar una idea de izquierda que no se disuelva en un populismo centrista ni en una izquierda impotente.

¿Qué nos dice Negri respecto de una reforma de la constitución? Primero, que las constituciones liberales que organizan la racionalidad del Estado en nuestros países tienen un a priori sólido en la propiedad privada y no en la producción del común. Este es el primer bloqueo a la representación no capitalista de la actividad social que haría falta remover, por la sencilla razón de que la producción y la innovación, la expansión de la riqueza social depende del acceso a los bienes comunes (recursos naturales, conocimientos, información, infraestructuras). Lo que implica inventar un nuevo humanismo, el humanismo de la época poshumana, es decir, asumir las condiciones en que los humanos producimos humanos (welfare), un pensamiento radicalmente alternativo frente a aquel que sostiene las actuales condiciones fundadas en las exigencias de la renta financiera. Construir criterios para sustituir el fundamento liberal de tal representación por otro del común sería una primera tarea estratégica de los constituyentes.

En segundo lugar, y tomando en cuenta el papel del conocimiento en la producción social, resulta absolutamente estratégico desplegar políticas de autoformación y formación del común en torno al mundo laboral, las comunicaciones, las universidades y el mundo educativo y cultural como dinámicas de valorización e integración –construcción– de lo social mismo. Este punto adquiere una importancia coyuntural de primer orden, además, en la confrontación con los neofascismos y populismos de derechas, puesto que sin la expropiación de instrumentos de producción y comunicación capaces de elaborar verdades comunes, el entero mundo de la esfera pública queda soldado al poder de las finanzas.

Deducido de lo anterior, y esto es lo tercero, hace falta implementar –dice Negri– políticas de democratización de las finanzas, orientarlas a la producción de lo social como tal, rediseñando los bancos pero también los mecanismos de inversión: “Se trata de inventar instrumentos democráticos de big governance, volviendo permanentes los instrumentos utilizados en momentos agudos de la crisis”. Tomar la moneda como momento del común e imaginar inversiones no dominadas por la noción de ganancia.

En cuarto lugar, se trata de superar la política sustentada en prácticas de representación y profesionalización. La propia experiencia de movimientos de masas y la multiplicación de organizaciones sociales es la base desde la cual es posible esta superación. En quinto lugar, y correlativo a lo anterior, se trata de imaginar una descentralización federalista del poder lo más pegada posible a esa base.

Estas y otras propuestas para una reforma de la constitución tienen el valor de abrir el horizonte de la coyuntura política en lo que quizás sea la más delicada fase del método: el de la adecuación continua de los procesos formales y de gobierno a las modificaciones ocurridas en el sistema social (constitución material). En este punto resurge toda la problematicidad de la relación entre método y coyuntura, que no puede ser resuelta sin dar pasos efectivos en la reinvención de dispositivos de investigación militante capaces de crear en y desde las luchas los lenguajes, los diseños y las reformas, pero también la fuerza con la que atravesar cada vez el orden jurídico.

 

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7 Comentarios
  1. Julio Maier dice

    Estimo que tienes razón. Julio

  2. Sergio Guilli dice

    EL DIA QUE FOUCAULT AFIRMÓ
    Hace 43 años, a una semana del golpe en Argentina, con Pinochet en Chile y los yankis habiendo concluido su masacre en Vietnam, Michel Foucault acusaba de «racistas» a los marxistas

    “Me resulta difícil hablar de esto. Hablar así es jugar a la afirmación contundente.” Las palabras de Michel Foucault resonaban en el anfiteatro del Collège de France con una voz fuerte, eficaz, reproducida por los altoparlantes, única concesión al modernismo en una sala apenas iluminada por una luz que se eleva de unos pilones de estuco. En 1969, el filósofo del saber – poder había sido elegido por la asamblea general de profesores para integrar aquella institución, sancta sanctorum de la intelectualidad del estado francés.

    Pero ¿qué afirmación haría que Foucault perdiera su inamovible línea estilística, compuesta de tozudos potenciales? ¿qué vendaval de certezas habría barrido con los “cabría considerar”, “podría pensarse”, “habría que reflexionar”? Es que estaba por afirmar su tesis de que el socialismo, en cuanto se plantea seriamente el problema del poder, se convierte en un “racismo”.

    Así pretendía descalificar experiencias históricas heroicas de los trabajadores por emanciparse del yugo de la explotación “las formas de socialismo más racistas fueron sin duda el blanquismo, la Comuna y la anarquía…” Es decir, Blanqui que soportó años de cárcel por su insolencia de levantarse contra el poder burgués; la Comuna, el gran grito de libertad de los trabajadores del siglo XIX, donde se demostrara que podemos vivir sin los burgueses y la lucha de los anarquistas, heroica, solidaria, abnegada fueron “sin duda” (extraño término en Foucault) expresiones del racismo. Claro que un poco menos racista era según Foucault “la socialdemocracia” (a pesar de su “reformismo” nos dirá desde vaya a saberse donde). La hipótesis amañada es que cuando alguien se pone en pie de guerra contra la injusticia se convierte en “racista”. “Cuando se trató … de pensar el enfrentamiento físico con el adversario de clase en la sociedad capitalista, el racismo resurgió, porque era la única manera que tenía un pensamiento socialista… de pensar la razón de matar al adversario”. ¿Cómo es esto, Fidel Castro era un “racista”? A ver, sigamos con Foucault “…desde el momento en que hay que pensar que vamos a estar frente a frente y que será preciso combatirlo físicamente (al adversario), arriesgar la vida y procurar matarlo, el racismo es necesario”. “Por lo tanto, cada vez que vemos esos socialismo, unas formas de socialismo, unos momentos de socialismo que acentúan el problema de la lucha, tenemos racismo.” Ah…. no queda lugar a dudas.

    Entronizado por la superestructura ideológica de un estado imperial, Foucault estaba denominando “racistas” precisamente a compañeros que como el Che Guevara, hacía pocos años había dado su vida en las selvas de Bolivia, junto a mulatos, a latinoamericanos de rostro aindiado. Por otra parte, ¿por qué referirse al menos conocido y más histórico Blanqui cuando tenía a mano el ejemplo del Che, de los vietnamitas, de la Fracción del Ejército Rojo alemana? Obviamente, un cálculo político para tirar un tiro por elevación.

    Desde su perspectiva, entonces, pensar un socialismo sin racismo es dejar gentilmente el poder a la burguesía, ser políticamente correcto, llorisquear por aquí o por allá por alguna injusticia del régimen, hacer una huerta orgánica colectiva, pero nunca decir basta al sistema de explotación, tal es el legado teórico de Foucault y la práctica de la saga situacionista / autonomista que le siguió. El odio a la injusticia es condenado, la actitud acomodaticia, elevada a virtud.

    Pasados muchos años de oficialismo foucaultiano en la universidad argentina ya tenemos suficiente como para entender cual fue el rol de su pensamiento. Foucault brinda a la pequeñoburguesía urbana intelectual de occidente la coartada perfecta para recostarse en sus más oscuros y egoístas temores, de manera tal que la tibia crítica salve la bienpensantez de aquellos que no tienen el coraje para ser explotadores, pero tampoco lo tienen para combatir la explotación. Así frente a un régimen irracional que lleva al planeta al límite de su equilibrio ecológico, que hace que los pobres subsidien a los ricos, Foucault nos dice que hacer capoeiras mediáticas es una opción moral ¿cómo no iba a ser entonces entronizado por el estado terrorista francés?

    La hábil estrategia de Foucault consistió en desplegar un incesante ataque como la mejor defensa. No era él un intelectual acomodaticio de un estado imperial, los racistas eran los que jugaban su vida por una sociedad más justa. Foucault no negaba la necesidad de un cambio, simplemente lo llevaba de manera escrupulosa al plano de la microfísica. Esperar la perfección del revolucionario es la mejor excusa para nunca hacer la revolución. Y como contrapartida, los foucaultianos del barrio se la pasan tratando a los porteros, las enfermeras y las maestras como si fueran Bush.

    Tanta escrupulosidad contra los marxistas revolucionarios nos lleva a otra reflexión: y el propio Michel, ¿donde estaba? ¿Acaso el teórico del contrapoder no era conciente del lugar que el propio poder le estaba proveyendo?¿dónde estaba la sospecha sobre su propio lugar por parte de este “maestro de la sospecha”? ¿cómo podía dejar de ser funcional al sistema un filósofo que decía que la resistencia al poder era parte del poder? En Francia, M. F. era una carta a jugar para tratar de sacarle a la burguesía el sabor amargo que le había dejado el hecho de que el lugar de conciencia intelectual de la nación fuera ocupado por un pensador como Jean Paul Sartre, con quien se puede tener mayor o menor acuerdo pero que indudablemente estaba del lado de los desposeídos del mundo.

    El 17 de marzo de 1976 se venía la primavera en Paris, el día en que Michel Foucault, como corolario de su ciclo de charlas, acusaba de racistas a los marxistas revolucionarios. Por aquellos días en nuestro país se venía el otoño, presagio de un largo invierno: faltaba una semana para el comienzo de una historia en la cual una banda de asesinos iba a bañar de sangre a nuestro pueblo ¿acaso iban a intentar acabar con el “racismo de clase”? Si leemos literalmente a Foucault tenemos que llegar a esa conclusión. Pero no seamos tan duros con Michel, su buena conciencia lo hubiera llevado a decir alguna frase de ocasión contra la dictadura si hoy estuviera entre nosostros. Poco importa que “el filosofo del saber-poder” hubiera asumido o no las consecuencias de sus dichos en un momento que desde nuestra visión argentina podemos observar como tan poco oportuno. Aun así, no podemos dejar de pensar que en ese momento podría haber utilizado su estrado para hablar de los aberrantes crímenes de la dictadura chilena, la nicaragüense, las secuelas de los yankis en Vietnam, pero no lo hizo. El dato jugoso y que nos sirve para comprender el carácter objetivo del discurso de Foucault es que por aquel entonces los militares del mismo estado francés que entronizaba al pensador en marras, el mismo aparato burocrático militar que apoyaba (y apoya) la publicación de sus obras, era el que mandaba a nuestro país a sus militares expertos en contrainsurgencia, a sus violadores y torturadores, a sus verdugos manchados con la sangre del pueblo argelino, a enseñar sus artes a nuestros milicos asesinos. ¿Esquizofrenia francesa? No esquizofrenia es la de aquellos que pretenden salvar su conciencia bienpensante pinchando con alfileres lo que debe ser destruido a mazazos.

  3. José Luis Vega Carballo dice

    Maravilloso planteo de tipo marxista…

  4. Chuck B dice

    Foucault? Michel? es este el mismo a quien se refiere Mario Bunge cuando dice: «Michel Foucault fue un mentiroso, un gran embaucador.»…?
    El mismo que el filósofo objetivista Robert Nola muestra que, entre otras tergiversaciones, niega las leyes de Mendel?
    El que Nancy Pearcey se refiere cuando dice: «[when someone] states that it is impossible to attain objectivity, is that an objective statement? The theory undercuts its own claims.» (Cuando uno dice que la objetivad es imposible, es esa una aseveración objetiva? La teoría se socava a si misma.)
    A Negri me parece que hay que apilarlo junto a Zizek y otros filosofos mediatico/as, Darío Sztajnszrajber incluido: Tienen tanta razón (en lo poco que uno entiende de sus textos arbitrarios, y cuando no hablan de si mismo/as) que molestan….

  5. Chuck B dice

    Foucault? Michel? es este el mismo a quien se refiere Mario Bunge cuando dice: «Michel Foucault fue un mentiroso, un gran embaucador.»…?
    El mismo que el filósofo objetivista Robert Nola muestra que, entre otras tergiversaciones, niega las leyes de Mendel?
    El que Nancy Pearcey se refiere cuando dice: «[when someone] states that it is impossible to attain objectivity, is that an objective statement? The theory undercuts its own claims.» (Cuando uno dice que la objetivad es imposible, es esa una aseveración objetiva? La teoría se socava a si misma.)
    A Negri me parece que hay que apilarlo junto a Zizek y otros filosofos mediatico/as, Darío Sztajnszrajber incluido: Tienen tanta razón (en lo que poco que uno entiende de sus textos arbitrarios, o cuando no hablan de si mismo/as) que molestan….

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