Más allá de la frontera de las convenciones

‘El sacrificio’ (1986) es la última película de Andrei Tarkovski

 

Autor de films inolvidables como ‘La infancia de Iván’, ‘Andrei Rublev’, ‘Solaris’ y ‘Stalker, la Zona’, Tarkovski es uno de los cineastas favoritos del Indio Solari. ‘El sacrificio’ es su testamento: el más conmovedor de sus relatos, protagonizado por un hombre (Erland Josephson) que al acercarse el final de su vida no parece tener más que desprecio por el mundo; y que sin embargo, al verlo enfrentado a un evento apocalíptico, ofrece todo lo que es y tiene a cambio de obtener para ese mundo una nueva oportunidad.

 

 

 

Tan pronto volví a ver El sacrificio con la excusa de este texto, volvieron a jugar conmigo mis emociones. Hace años, cuando todavía se exhibía “cine de director” en Buenos Aires e incluso cine del este de Europa, conspiraba con la tontera rumiante de pensar que quizás esa profundidad, los rincones oscuros que esos films alumbraban, estaban facilitados por la gestualidad avara y el ambiente (interior o exterior) recio y frío donde la accion sucedía. Se veían tan distintos a nuestras maneras que me llevaban a meloneos de esta clase, en los que he caído más de una vez.

Pero no. Esos trabajos eran conmovedores por la maestría de director, equipo y actores. Es probable que esos temperamentos, a falta de otras virtudes y defectos, tengan la cualidad de emocionarnos de un modo al que no estamos habituados.

Lo que recordé tan pronto arrancó el film no fue la cara de la actriz principal, ni el hecho de que los protagonistas fuesen fetiches de Bergman, ni aquel contrapicado o un travelling back. La memoria siempre juega sucio: hasta hace pocos minutos, hubiese jurado que lo que sobrevolaba la casa del trágico héroe de Tarkovski eran misiles y no aviones. Pero la emoción no engaña: hoy como entonces, viendo El sacrificio volví a sentirme acompañado mientras cruzaba, agitado, la frontera de las convenciones.

Ah, sí. Es una gran película.