Memorias que arden

Dudo de que sea posible recusar a los jueces amigos del poder con esta Corte y esta Cámara de Casación

 

 

El párrafo que antecede lo escribió quien suscribe esta nota como abogada de Héctor Timerman, en un Recurso de Queja presentado ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Recuerdo bien esa mañana de 13 de diciembre de 2016 cuando lo presenté, porque entre otras cosas ardía de fiebre y al recurso lo había escrito llorando. A nuestro defendido, Héctor Timerman, le habían dado hacia pocos días los resultados médicos de los análisis sobre indicadores tumorales, y después de casi dos años sin noticias que asustasen, ese 13 de diciembre estaba asustada. Porque el cáncer, que yo no podía entonces mencionar, había vuelto.

La situación era absurda desde la perspectiva jurídica. El 12 de marzo de 2015 la Sala I de la Casación Penal había confirmado el cierre de la causa 777/2015, que se había originado a partir de la denuncia del fiscal Alberto Nisman. El fiscal había denunciado la existencia de un presunto ‘plan delictivo’ destinado a dotar de impunidad a los imputados de la causa AMIA de nacionalidad iraní acusados –y prófugos desde 2007—, para que eludan la investigación y se sustraigan de la acción de la Justicia argentina, con competencia en el caso. Y había señalado que la herramienta para garantizar dicha impunidad habría sido la firma del Memorándum de Entendimiento. Dos o tres datos de color habría que consignar en este punto:

  • el Memorándum había obtenido ratificación por parte del Congreso de la Nación,
  • el presunto beneficiado, esto es la Republica de Irán, se había negado a ratificar el memorándum y
  • en enero de 2015 el entonces Secretario General de Interpol, Ronald Noble, había enviado un mail a Cancillería desmintiendo taxativamente la denuncia de Nisman.

La causa se cerró definitivamente en marzo de 2015, por no existir delito, aunque luego las querellas, denunciantes seriales y el propio poder Judicial hicieron diversas presentaciones con el objeto de reabrirla. En aquellos días el juez que tenía la causa era Daniel Rafecas, que denegó cada uno de los requerimientos de reabrir la causa en cuestión.

Entonces los cretinos de esta historia —y sumo en este colectivo a varios miembros del Poder Judicial— buscaron otras formas de reabrirla. Y con la inestimable colaboración de un juez que por definición era un mal juez y un cretino hicieron una maniobra de forum shopping y empezaron a tramitar una causa paralela. Y quienes se horroricen de lo que digo de Bonadío sepan que se lo dije en persona cuando estaba vivo y se lo escribí también. Porque jugar a las escondidas nunca ha sido una característica de mi ejercicio profesional.

Con Alejandro Rúa, mi socio, recorrimos todas las instancias explicando que lo que estaban haciendo en Comodoro Py no solo constituía un forum shopping escandaloso, sino que además vulneraba el principio liminar del ne bis in idem, que expresa  taxativamente que nadie puede ser perseguido dos veces por el mismo delito. Y así fue como llegamos a la Sala IV de la Casación Penal, conformada por los doctores Hornos, Borinsky y Gemignani.

Planteamos en su momento que esa sala no podía intervenir, porque existía un fallo plenario de fecha 18/5/2006 dictado en la causa «Castañeda, Carlos A. s/recurso de casación», conocida como «Funcionarios I» o «Encubrimiento», en la que se analizaban las denuncias por irregularidades por parte de funcionarios públicos en la investigación de la voladura de la sede de la AMIA. Dicho fallo plenario establecía que todas las causas vinculadas al atentado de la AMIA debían tratarse en la Sala II de la Casación Penal.

Hornos, Borinsky y Gemignani denegaron el planteo.

Les señalamos que no podían intervenir en esa causa porque tanto Hornos como Borinsky se habían excusado de intervenir en una causa conexa a la que indagaba sobre la constitucionalidad del Memorándum (CFP 3184/2013/CFC1), mientras que Gemignani había sido recusado.

El juez Hornos se había excusado expresamente de intervenir “en las causas relativas al criminal ataque terrorista a la sede de la AMIA y de la DAIA y respecto de los procesos en los que se investigan delitos cometidos en su tramitación”. El juez Borinsky se excusó de intervenir también en la del atentado por la “vinculación” que tenía con la de su encubrimiento, en la que se encontraba involucrado un allegado.

Resulta ordenado en términos lógicos y jurídicos que si ambos jueces —Hornos y Borinsky— no podían intervenir en la causa AMIA, y se excusaron en la causa Memorándum, tampoco podían intervenir en esta causa. Y que tampoco podía hacerlo Gemignani.

Hornos, Borinsky y Gemignani rechazaron la recusación.

Y llegamos a noviembre de 2016. La causa original, que había sido cerrada en marzo de 2015, volvió a Casación impulsada por la querella de la DAIA, que a la fecha carecía de poder para ser querella, cosa que señalamos. (Y que ya había señalado Bonadío, debo decir). Pero además y por esas “casualidades” del destino y por cierto hay un dejo de sarcasmo en el término casualidad—, la Sala I de la Casación penal en el año 2016 estaba conformada por su presidenta, la doctora Ana Figueroa, y los dos miembros suplentes… los doctores Gustavo Hornos y Mariano Borinsky, que eran al mismo tiempo miembros de la Sala VI y que ya intervenían en la causa que entonces tramitaba Bonadío.

Esta brutalidad jurídica que permitió Comodoro Py también la señalaron entonces tanto la doctora Figueroa, como el fiscal de Casación, cuando expresó en El ne bis in idem, la litis pendentia y el forum shopping: «Los jueces Borinsky y Hornos intervienen en esta causa conformando la Sala I. Así ha quedado resuelto hace unos días».

«Pero ellos también intervinieron como integrantes de la Sala IV en la causa CFP 14305/2015/4/CFC1 (es una causa radicada en el Juzgado Federal N° 11) con motivo de una queja interpuesta por la defensa de Héctor Timerman, contra una resolución de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal por la que se había rechazado la falta de acción interpuesta por esa defensa que planteaba que en esa causa y en esta se investigaban los mismos hechos, bajo dos calificaciones legales diferentes, y que se producía una violación a la citada garantía constitucional. En aquella oportunidad, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal (jueces Hornos, Borinsky y Gemignani) declaró inadmisible esa presentación directa sin sustanciación, por resolución del 8 de noviembre de 2016 (registro N° 1431/16.4)”.

Recuerdo con claridad cuando recusamos a Hornos y Borinsky en la Sala I y nos contestaron citando a jurisprudencia del rechazo de su recusación en la Sala IV. Aquí les dejo un párrafo inolvidable de nuestro recurso, el que por cierto también rechazaron.

 

 

 

 

Y entonces fuimos a la audiencia, en la Sala I de la Casación Penal. Era los días previos a Navidad de 2016. Y los diarios anunciaban que la causa se reabriría. Fue tal el escándalo que, en un hecho inédito, la Sala I de la Casación Penal publico en el sitio de la Corte Suprema un comunicado señalando que la sentencia aun NO estaba firmada.

 

 

Firmada no estaba, pero la decisión ya estaba tomada. Y el 29 de diciembre de 2016 la Sala I de la Casación Federal, con los votos de Hornos y Borinsky, se reabrió la causa de la denuncia de Nisman por el Memorándum. Además, removieron a Rafecas como juez de la causa y a la Sala I de Apelaciones. Quedaron a cargo de la investigación Bonadío, Irurzun, Farah, Hornos, Borinsky y Gemignani.

Ya todos conocemos la tragedia que vino después, pero yo quiero contarles que Bonadío elevó a juicio la causa sin tomarle declaración a Noble, nunca en su vida, lo cual fue convalidado por Irurzun, Farah, Hornos, Borinsky y Gemignani. Pero mucho antes, Bonadío, Irurzun, Farah, Hornos, Borinsky y Gemignani impidieron que Héctor Timerman pudiese realizar su tratamiento para el cáncer. En diciembre de 2017, Bonadío procesó con prisión domiciliaria a Héctor. Irurzun y Farah confirmaron dicho procesamiento. A los tres les supliqué que no impusieran la prisión, porque si lo hacían Timerman no podría continuar su tratamiento, para un cáncer que ya lo estaba comiendo en vida. Tal vez ustedes hayan leído una de las escenas más conmovedoras de la Ilíada, que es cuando el rey de Troya, Príamo, se humilla y le suplica a Aquiles el cuerpo de su hijo bienamado Héctor. Aquiles se lo entrega.

“El gran Príamo entró sin ser visto, y acercándose á Aquiles, abrazóle las rodillas y besó aquellas manos terribles, homicidas, que habían dado muerte a tantos hijos suyos”.

“…Respeta a los dioses, Aquiles, y apiádate de mí, acordándote de tu padre; yo soy aún más digno de compasión que él, puesto que me atreví á lo que ningún otro mortal de la tierra: a llevar a mis labios la mano del hombre matador de mis hijos».

Aquiles fue mucho más piadoso que Bonadío, Irurzun y Farah. Y mucho más que Borinsky, Gemignani y Hornos, que ni siquiera trataron el tema porque estaban de vacaciones. Solo el juez Torres, que estaba en feria, atendió las razones y excarceló a Héctor por razones de humanidad. Pero ya era demasiado tarde. Cuando regresó de Estados Unidos. Timerman volvió con una sentencia de muerte escrita entre los cafés que tomaba Gustavo Hornos en la Casa Rosada con Mauricio Macri y los partidos de paddle que jugaba Mariano Borinsky con el Presidente en Olivos.

Fue en esa causa también donde vi a Cristina Fernández de Kirchner decirle en la cara a Bonadío que era un juez arbitrario. No tenía fueros, pero sí tenía y tiene ovarios, porque mientras muchos se corrían a un costado, cobardes o asustados, yo la vi enfrentar la misma persecución, sin miedo y con algo que pocos tuvieron entonces: coraje y dignidad.

En la madrugada del 30 de diciembre de 2018, Héctor Timerman, mi amigo Héctor Timerman, se murió. Y yo le prometí que iba a seguir pidiendo justicia.

Tres años después de su muerte tomó estado público que Hornos había visitado a Mauricio Macri en la Casa Rosada, en seis oportunidades. Una de ellas en noviembre de 2016, mientras tramitaba la causa de Memorándum y nuestros recursos. Cuando esto tomó estado público, la Cámara de Casación le reclamó explicaciones. Nada dijo respecto a que también frecuentaba la Quinta de Olivos.

Hace pocos días  El Destape publicó que Mariano Borinsky había concurrido al menos en 15 oportunidades a Olivos, una de ellas el 23 de diciembre de 2016. Días antes de resolver la reapertura de la causa que lo involucraba a Timerman.

Su explicación a la prensa es que concurría a jugar al tenis y a discutir la reforma del Código Penal.

En otra causa, cuya investigación está en Lomas de Zamora y donde quien les habla y Alejandro Rúa figuramos como víctimas del espionaje ilegal que llevó adelante el gobierno de Macri, constan las capturas de la pantalla de teléfono de Darío Nieto, secretario de Macri. Y consta esta captura que da cuenta de qué tipo de actividades deportivas y discusiones sobre el futuro código penal llevaban adelante Mariano Borinsky y Mauricio Macri.

 

La persistencia de la maniobra es que hace pocos días Mariano Borinsky dictaminó que la causa que se investiga en Lomas de Zamora y donde constan estas capturas de la pantalla de Darío Nieto que señalan a Borinsky… se remitan a Comodoro Py. Mariano Borinsky intervino en una causa cuya prueba lo involucra. Porque así funcionó y aun funciona el esquema de persecución que instauró el gobierno de Macri. Persiguieron y encubrieron y aun encubren a sus actores. Otro juez de Casación retiene el cruzamiento de llamadas telefónicas de Macri. Todos nos preguntamos a quién está protegiendo. Y todos sospechamos que está protegiendo al propio Poder Judicial. Del listado de llamadas del celular de Pepín Rodríguez Simón, asesor presidencial, ya sabemos que era habitual en el anterior gobierno hablar con miembros de la Corte. Además de designarlos por decreto, claro.

Me he cansado de decir que el principal problema u obstáculo para investigar la persecución judicial y el espionaje ilegal del que muchos fuimos víctimas, es que el sistema corrupto de persecución judicial sigue activo, porque sus miembros, jueces y fiscales siguen en su lugar, antes persiguiendo, ahora encubriendo y encubriéndose a si mismos. Y aunque los medios hegemónicos lo tapan, porque algunos también fueron parte, la verdad no deja de salir a la luz.

Porque así funcionaba la persecución y el armado de causas. Con periodistas, políticos o denunciadores seriales. Recuerdo con claridad cuando los medios de comunicación denunciaban que el juez Sebastián Casanello había concurrido a la quinta de Olivos. Dos testigos certificaban que así había sido. Finalmente, los testigos admitieron que habían mentido. Pero Comodoro Py no investigó por qué y trabajó afanosamente para cerrar la causa, dejando afuera a un miembro de la AFI de esos días que figuraba como el instigador. Sobre las visitas de los jueces Hornos y Borinsky, que no son rumores y que están probadas documentalmente, verán que los mismos medios poco dicen, porque algunos medios también encubren. Ya aprendimos que, según el interés, un tema se puede tapar… o hacer tapa.

 

 

También con jueces influenciables por el poder político. Con Cámaras de apelaciones que cuando eran incomodas para los designios del poder político eran removidas y sus reemplazantes designados a dedo por el Poder Ejecutivo, contraviniendo la Constitución. Con la Cámara de Casación con jueces que eran amigos del Presidente e igual intervenían. Y con una Corte Suprema que compartía esas prácticas y aun hoy las sigue encubriendo. El primer caso que llegó conocimiento de la Corte Suprema, donde se denunciaban las pinchaduras de teléfono ilegales del anterior gobierno, el uso de testigos pagos y el espionaje ilegal del que fueron –y fuimos— víctimas durante el gobierno de Macri, fue la causa de Ciccone, donde está condenado el ex Vicepresidente Amado Boudou. ¿Analizó acaso la Corte Suprema las maniobras que denunciamos los abogados? No, no las analizó y cerro el recurso sin dar ningún fundamento. Porque abrir ese recurso era tocar la bolsa de pus en las que están muchísimos involucrados y que nadie quiere abrir. Aun cuando sea continuar con la persecución.

Lo dije cuando escribí sobre Gustavo Hornos y lo voy a reiterar ahora. Jueces y Fiscales pueden ser amigos de que quien se les dé la gana. Del señor que busca los taxis en la puerta de Comodoro Py y que siempre te manguea cigarrillos o del mismísimo Presidente de la Nación. No hay delito en eso. Donde sí hay delito es en no excusarse de intervenir en causas donde el Presidente o el gobierno tenga un interés directo. Ni Gustavo Hornos ni Mariano Borinsky se excusaron. Y lo que es más, ocultaron sus relaciones con Mauricio Macri y tomaron intervención en causas que lo involucraban o en las que el gobierno tenía un especial interés.

Muchos celebran que con esta información nueva ahora podremos recusarlos, pedir la nulidad de sentencias por ellos dictadas. Tal vez sea posible. Yo dudo de que lo sea  con esta Corte Suprema, con esta Cámara de Casación, con las Cámaras de Apelaciones aún cooptadas, con los jueces delivery que funcionan a teléfono y con fiscales procesados y también encubiertos por el Poder Judicial. Pero igual los planteos debemos hacerlos. Y tal vez prosperen.

Pero ni  eso va a traer a la vida nuevamente a Héctor Timerman ni  borrar el dolor infinito que pasó durante su agonía ni restaurar su ausencia siempre presente. Porque yo no me olvido que entre cafecitos, decretos y partidos de tenis, mataron a un hombre. Mientras se sentían todopoderosos y los recibían en la Casa Rosada o en la Quinta de Olivos. Mientras se calentaban al fuego del poder, mataron a un hombre. Se llamaba Héctor Timerman. Era mi amigo y se murió reclamando Justicia.

 

 

 

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