Mercosur: pandemia y pobreza

Se debe retomar la cooperación y prever respuestas sanitarias conjuntas ante eventuales futuras pandemias

 

Introducción

En esta reflexión abordaremos la problemática de la emergencia de la pandemia COVID 19 como una cuestión que se desplegó en varias dimensiones concretas y simbólicas de la reproducción social. La intención es presentar los principales aspectos y vínculos que incidieron en la problemática de la pobreza en América Latina y, específicamente, en el marco del Mercado Común del Sur (MERCOSUR).

Enfocaremos el tema de la pobreza como un fenómeno que tiene varios pliegues que se extienden desde los determinantes de la conformación e inserción en el mercado laboral, los niveles de ingreso, hasta las condiciones de vida, de educación, salud y medio ambiente.

Para analizar y explicar todas las dimensiones de la “pobreza” se debe examinar el conjunto de dispositivos de la organización y rumbo socioeconómico que adopta y configura un país, considerando sus patrimonios humanos y naturales, las tensiones políticas y culturales.

El trabajo es una primera aproximación a la temática y enfoca su mirada en la búsqueda de formas de solucionar las cuestiones derivadas de la pandemia y su relación con los segmentos más pobres de la sociedad. Dicha población es la que más padeció las consecuencias de la pandemia en la región más desigual del mundo.

 

Entorno de la pandemia

En los inicios de 2020, a partir de orígenes desconocidos, forjado desde algún lugar del planeta, se generó un nuevo virus denominado COVID 19. El mismo provocó un padecimiento que se difundió rápidamente a nivel mundial y afectó de forma disímil a los seres humanos. Actualmente los especialistas coinciden en que se trata de un virus altamente contagioso, potente y que se multiplica adoptando en el transcurso del tiempo distintas variantes. Los expertos han denominado a la variante predominante con el nombre de ómicron, que al parecer incluye múltiples familias virales.

Utilizando como principal medio de transporte los cuerpos de los pasajeros de los aviones1, el virus se extendió rápidamente por todo el mundo causando muertes y padecimientos de diversos rigores, dependiendo de las condiciones culturales, sociales y materiales de los lugares, sumado al alcance del registro existente de la situación inmunológica local.

Este nuevo fenómeno que afectó a la salud humana puso en tensión y, en algunos casos, ocasionó cierres o interrupciones en distintas dimensiones de la reproducción material, social y simbólica, en todos los países del mundo.

La primera actividad que fue afectada por la presión del advenimiento del nuevo fenómeno fue el sistema sanitario, tanto público como privado. En la mayoría de los países, el Estado tuvo una función central en la organización de la salud y en la coordinación de los flujos de personas, bienes, servicios y, en muchas circunstancias, en la regulación del funcionamiento de las actividades económicas y sociales. En un inicio, en muchos lugares, el conjunto de medidas públicas procuró ampliar el aislamiento y distanciamiento social, con el objetivo de evitar los contactos humanos y los consecuentes contagios.

En principio, cerrar o restringir el tránsito a través de las fronteras pareciera ser una medida antigua, pero de alta eficacia, para evitar la propagación de la pandemia, en el caso de poder lograr sostenerla en el tiempo. Esta fue una de las pocas medidas en las que coincidieron la mayoría de los países latinoamericanos.

Otro estilo predominante del accionar del sector público fue que cada Estado-Nación diseñó y realizó su propia estrategia sanitaria y económico-social, distanciándose de los acuerdos preestablecidos con otros países y con otros bloques internacionales; convenios entre países que en general contemplaron sumar esfuerzos para obtener ventajas y beneficios conjuntos, superando diferencias de dimensiones políticas, institucionales, de escalas territoriales y de actores reales. Los países miembros del MERCOSUR, igual que otros bloques internacionales, no confeccionaron una estrategia agrupada y coordinada para hacer frente a la pandemia.

Las reacciones estatales en materia sanitaria, en general, estuvieron orientadas a ampliar la capacidad de atención en los hospitales y centros médicos, aumentando el número de camas, reorientando las prioridades de asistencia a los enfermos y fortaleciendo la fuerza de trabajo especializada en distintas ramas de la atención médica. Por su lado, los grandes laboratorios fueron generando, de manera acelerada, la producción de nuevas vacunas y avanzando en la fabricación a gran escala, e investigando en nuevos remedios.

 

Evolución de la pobreza

Durante los dos años de pandemia, en América Latina la pobreza extrema medida por ingreso fue del 13,1% en 2020 y pasó al 13,8% en 2021, datos que expresan una situación que no se registraba desde 27 años. En tanto, la tasa de pobreza general habría disminuido levemente del 33% al 32,1% de la población, comprendiendo a unos 201 millones de personas. Aun así, 2021 se ubica con niveles de pobreza mayores a 2019. (CEPAL, Panorama Social de América Latina).

Es de destacar que los mayores registros de aumento de la pobreza se observaron en la Argentina, Colombia y Perú, donde alcanzaron o excedieron los 7 puntos porcentuales. Mientras que en Chile, Costa Rica, Ecuador y Paraguay creció entre 3 y 5 puntos. En tanto en Bolivia, México y la República Dominicana, creció menos de 2 puntos. El resto de los países mantuvieron casi los mismos niveles o disminuyeron levemente los niveles de pobreza general; es de destacar que ésta es una medición que considera solo el nivel de ingreso; por lo cual un ingreso ligeramente superior a la línea de pobreza queda afuera del registro; pero en la práctica la vida real es en un ámbito de pobreza.

En muchos países, el incremento de la pobreza extrema se puede explicar por una reducción relativa de las sumas destinadas a las “transferencias de ingreso de emergencia”, situación que no fue compensada por aumentos de empleo y salarios. Es de enfatizar que la situación de fragilidad social también afectó a una significativa porción de los estratos de ingresos medios y bajos, en muchos casos originados por la inestabilidad institucional de la inserción laboral, sumada a la débil cobertura legal y efectiva de la protección social gubernamental.

Examinando el nivel de empleo se observa que en 2020 la tasa de desocupación de las mujeres fue de 12,1% y la de los hombres de 9,1%; en tanto en 2021 alcanzó un registro respectivamente de 11,8% y 8,1%. La expulsión de las mujeres del mercado de trabajo expresa un retroceso a niveles de su participación similar a los de 18 años atrás. La CEPAL prevé en 2022 un aumento del empleo, pero será de peor calidad en relación a 2019 y la mejora favorecerá a los hombres.

 

Dilemas y opciones

Desde que se desató la pandemia, los países miembros del MERCOSUR sufrieron un penetrante y vasto cimbronazo sanitario, social y económico, con efectos análogos al que recorrió la mayor parte del mundo. Como señalamos anteriormente, el bloque respondió con una estrategia implementada por cada país miembro, como sucedió con otros bloques ubicados en distintas zonas del mundo.

Una posible explicación puede ser que el origen del MERCOSUR se centró en facilitar los flujos de bienes, servicios y personas; luego su accionar se fue desplazando a la colaboración orientada a otros temas de interés común; pero no se diseñó ni previó una acción colectiva para hacer frente a eventuales embates de pandemias. La carencia de una política conjunta puede responder a muchas razones, desde las diferencias de concepciones políticas de los gobiernos de los países miembros hasta las particularidades novedosas del fenómeno COVID, que sin duda significó un desafío no previsto. Lo cierto es que la solidaridad y la colaboración entre los países a escala global no primó ni prima en la actualidad.

Sostenemos que los países del MECOSUR deberían retomar las sendas de cooperación recorridas y ampliarlas hacia nuevas temáticas, tales como encarar proyectos comunes que involucren al sector público, a las universidades y al sector privado en general, retomando experiencias que ya vienen realizando.

En las temáticas concernientes a eventuales futuras pandemias, teniendo en cuenta las advertencias de los especialistas, se torna necesario sumar los esfuerzos de los laboratorios y el accionar de la esfera pública para avanzar en la instalación de equipamiento y preparación de la fuerza de trabajo para encarar rápidamente la investigación y producción de medicamentos y vacunas para hacer frentes a nuevos desafíos.

La creación de organismos específicos que incluyan a todos los países miembros del MERCOSUR podría prever las respuestas sanitarias frente a la aparición de futuras pandemias, y atender los requerimientos de atención de la salud.

Producir todo tipo de indumentaria e instrumental médico de alta eficiencia, creando una asociación eficiente y productiva entre instituciones y PYMES sectoriales.

Instrumentar una política sub-regional de prevención y atención de la salud, organizando la gestión de un modo coordinado, recorriendo las fases de un acuerdo que contenga un proporcionado despliegue espacial en un marco de un equilibrio político y social.

Una política de salud sin atender al mismo tiempo la situación de pobreza integral de la población seguramente será un empeño malogrado, con grandes derroches materiales y simbólicos.

En las cuestiones de la pobreza se deben atacar las múltiples causas, no solo los aspectos relacionados con el ingreso de la población. Se deberían enfocar los factores básicos que inciden en las condiciones de vida material y simbólica. En ese sentido se deberían encarar proyectos conjuntos de reconstrucción de las viviendas y el hábitat de las zonas rurales y urbanas carenciadas, teniendo en cuenta la atención de servicios, equipamiento y cuidado del medio ambiente de los lugares donde se asienta la población más pobre.

Una de las consecuencias de la reconstrucción del hábitat es la de originar nuevos empleos y, por lo tanto, crear ingresos. En la trama de los circuitos de los ingresos hay muchos estudios que muestran el modo y la amplitud en que el actual cambio tecnológico está transformando el mercado laboral, lo que implica extender la mirada hacia nuevos instrumentos de transferencias de ingresos y la creación de condiciones de soporte material, y fomentar los conocimientos y saberes con el objeto de incorporar nuevas capas de fuerza de trabajo a las relaciones laborales. Todo este esfuerzo debería orientarse a mejorar las condiciones de reproducción de los seres desplazados del acceso a los bienes y servicios, manteniendo claros y efectivos criterios de equidad e igualdad de género.

Queda pendiente analizar en profundidad los acontecimientos de los últimos dos años. Reflexión crítica que debería servir a los países miembros del MERCUR para superar diferencias y encarar un dinámico programa común, con el objeto de terminar con las asimetrías sanitarias, económicas, sociales, de género, ambientales y simbólicas actuales; abordando enérgicamente un accionar eficaz e inteligente para resolver las situaciones de pobreza y, al mismo tiempo, prever las respuestas ante una eventual aparición de nuevas pandemias.

El quehacer mancomunado del conjunto de los países necesariamente deberá acometer las injustas tramas y conflictos que son consecuencia de la desigual distribución de la riqueza y del ingreso.

 

 

Bibliografía

 

 

1 Una temática importante es abordar las consecuencias de la primera pandemia en épocas de intensa circulación global de personas, comercio, flujos financieros y de híper-conectividad difundida a través de las redes sociales. Se le agrega el fenómeno actual de la circulación de información falsa o maliciosa que irradia consecuencias en la esfera política, en la reproducción social y el funcionamiento del Estado en todas sus políticas, incluidas las sanitarias.

 

* El autor es docente investigador consulto UNQ; productor y entrevistador del ciclo “Diálogos Cercanos”, UNQ-TV y CLACSO-TV; director de la “Revista de Ciencias Sociales, segunda época”, UNQ; director de la revista virtual Mundo Urbano, UNQ; director del Programa de Investigación: “Dimensiones y alcances del Desarrollo Territorial”, UNQ; y coordinador del Grupo de Trabajo, CLACSO: “Pobreza y Política Social”.

 

 

 

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