Microfascismos

La construcción colectiva como respuesta eficiente al engañoso relato oficial

 

En los últimos meses, como consecuencia a la crisis económica y social generada por el gobierno de Cambiemos, se agravó la situación en las casas de estudios de todos los niveles del país. Inconvenientes de infraestructura, cruentos recortes presupuestarios y paupérrimas negociaciones salariales fueron retroalimentados por una campaña de demonización contra los docentes en diferentes declaraciones por parte de funcionarios ligados al oficialismo junto a la inestimable colaboración de los medios hegemónicos.

El caso más significativo fue la explosión en la Escuela N°49 Nicolás Avellaneda de Moreno ocurrido el 2 de agosto de este año, donde fallecieron Sandra Calamano y Rubén Rodríguez, vicedirectora y auxiliar del establecimiento. Meses de denuncias sobre pérdidas de gas e informes elevados a diferentes estamentos provinciales sobre condiciones edilicias que no fueron escuchados y terminaron en una tragedia con responsabilidad estatal. A partir de ello, centenares de escuelas en toda la provincia de Buenos Aires mantienen sus clases suspendidas, ya que no pueden garantizar condiciones mínimas de infraestructura para dictar clases.

El sector terciario y universitario, por su parte, está sufriendo recortes presupuestarios feroces que levan directamente al cierre de cátedras, obras de infraestructura, programas de becas y fomento de actividades académicas, entre otras consecuencias. En algunos casos —como la Universidad Arturo Jauretche— la situación llega a un nivel crítico: existe peligro de cierre de la casa de estudios de Florencio Varela, en el corto plazo.

En este contexto de escuelas cerradas, docentes muertos por la desidia estatal y amenazas de cierre de espacios educativos terciarios y universitarios, se busca (re)instalar el discurso de que las instituciones educativas atrasan y que los docentes se aferran a privilegios.

Desde las altas esferas de los gobiernos nacional y provincial se pone a los docentes en un rol patoteril, de vagancia y de obstáculo para el desarrollo de la educación. Estos imaginarios de sentido común, acompañados por una fuerte imposición mediática que apelan a las audiencias a partir de su propio registro autobiográfico, intentan deslegitimar los reclamos de infraestructura, alimentos en condiciones mínimas y paritarias dignas que se necesitan para poder llevar adelante un proceso de enseñanza educativa.

Los gobiernos neoliberales suelen repetir fórmulas. En los años ’90, con un conflicto docente extremo que llevó a construir colectivamente la Carpa Blanca durante casi 1000 días, se utilizaron las mismas construcciones simbólicas para denostar a la figura del docente. En ese entonces, la visibilización de la situación presupuestaria estuvo tan profundizada que se generó un discurso mediático que apuntó a “vagos”, “sindicalizados” y “obstaculizadores de procesos de innovación educativa”. La historia se repite, esta vez, como tragedia.

Hoy, y a diferencia de aquel conflicto que se desarrolló durante el menemismo, desde las redes sociales se potencian estos discursos que logra llegar a todos los sectores sociales. Con el objetivo de debilitar la lucha docente, mediante equipos organizados (los llamados trolls) se orquestan representaciones “microfascistas” con fuertes estigmas. En contextos de crisis, la permeabilidad a estos discursos es mayor.

¿Cómo desactivar esos mensajes que operan en las Comunidades Educativas sobre padres y madres, que no saben dónde dejar a sus hijos para cumplir con sus horarios laborales y que se ven terriblemente perjudicados por la crisis económica? ¿Qué desafíos comunicacionales se nos presentan a partir de la construcción discursiva del oficialismo?

El camino farragoso que propone el oficialismo se construye desde el miedo que busca mantenernos bajo control y gerenciar en tiempos de angustias nuestros temores a través de posiciones que encuentra su antecedente en la teoría oficial del enemigo interno en los casos de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel.

En Facebook, como en Twitter, usuarios anónimos y no tan anónimos se refirieron a un “auto-secuestro”, a un “acting”, a la “política”, para describir el caso de Corina de Bonis; maestra del CEC 801 del barrio Villa Anita, Moreno. Maestra que realizó tres denuncias públicas por amenazas a la Escuela, la primera, el 28 de agosto. Maestra secuestrada por tres hombres que la subieron en un auto y le pusieron una bolsa en la cabeza. Fue torturada con un punzón en la panza y, a raíz de todo esto, fue hospitalizada.

Desde los espacios estudiantiles tenemos como deber histórico estar a la altura de las circunstancias. Eso se logra articulando y trabajando con los compañeros y compañeras docentes. Elaborando estrategias en conjunto para contrarrestar la fuerza política y mediática que hoy nos acecha de una manera brutal. De esas prácticas microfascistas solo saldremos proponiendo un horizonte colectivo que sea superador, porque a diferencia de la derecha, no podemos sostener que el remedio del canibalismo sea comerse al caníbal.

Seguir profundizando la lucha de manera organizada será clave para poder generar construcciones colectivas eficientes.

 

 

* Colectivo Estudiantil de Comunicación Social de la Universidad Nacional de Moreno