Milei, Perón y CFK

El Estatuto del Peón Rural y el poder detrás del voto traidor

 

Tal vez la medida que más irritó a la oligarquía terrateniente argentina fue el Estatuto del Peón Rural. Una auténtica reforma y modernización laboral, que hizo ingresar a la Argentina de pleno al siglo XX. Su derrotero de sanciones y derogaciones explica mejor que mil discursos la puja política por la redistribución del ingreso en nuestro país.

Hoy estamos asistiendo a un nuevo embate oligárquico para sancionar una contrarreforma rural. “La modernización es retroceso”, como muy bien lo explicó la diputada Fernanda Díaz, la única que se ocupó específicamente del tema rural en el debate parlamentario. Sin estridencias discursivas, pero con mucha solidez, desgranó uno a uno los puntos de esta vuelta al pre peronismo estancieril del siglo XX.

La disputa entre oligarquía y pueblo, más vieja que la espalda y tan actual como la IA, queda perfectamente retratada en las reyertas históricas por la participación del salario en la renta terrateniente.

El primigenio Estatuto del Peón Rural fue sancionado como decreto-ley 28.169 el 8 de octubre de 1944, y refrendado por ley 12.921 en diciembre de 1946. Su objetivo era mejorar la calidad de vida de los peones mensualizados. Entre otras cosas, les fijó salarios mínimos, instauró la jornada limitada, el descanso dominical, vacaciones pagas y vivienda digna. Hasta entonces dormían y vivían en los galpones de las estancias, cobraban lo que le parecía al patrón y cuando éste quería. Una auténtica reforma y modernización laboral. Esta ley fue derogada por la dictadura militar en 1980.

A la par del Estatuto se sancionó la ley 13.020, que protegía y ampliaba los derechos de los trabajadores rurales transitorios; establecía jornales mínimos, fijaba las condiciones para la recolección, trilla y manipulación de productos agrícolas en las chacras. Tuvo mucha menos prensa, pero no menor importancia, ya que el número de trabajadores alcanzados era muy alto. Sólo en el sur de Santa Fe había más de 60.000 obreros transitorios. Por ese tiempo, el agro recién se estaba mecanizando y miles de peones se movilizaban, de un sitio a otro, todos los años, para trabajar en la juntada de maíz a mano, “la concuñada”, como se la llamaba popularmente.

Esta ley reglamentaba el trabajo de los peones sin relación de dependencia: los llamados golondrinas y los trabajadores transitorios, que no eran los mismos. Estos últimos residían por lo general en los pueblos de campaña, no se mudaban en busca de trabajo y se anotaban en las bolsas de trabajo del lugar, manejadas por el Sindicato local de Obreros Rurales. Estos “Rappi” trabajaban y cobraban, por día o “por tanto”, eran las dos modalidades. No había relación de dependencia, trabajaban cuando ellos querían y en la modalidad que querían. Podían “acumular horas” (a eso se llamaba “por tanto”) y “manejaban su propio tiempo de trabajo”. ¿Lo oyeron por estos días? Todo se pactaba en forma individual, con el patrón en la chacra y por cada trabajo; no había relación de dependencia. Exactamente igual que los trabajadores de Rappi, sólo que en vez de ir a la aplicación del celu, iban todos los días, a primera hora, a la bolsa de trabajo de los pueblos, a ver si había “pique”. La 13.020 modernizó y reguló esa relación laboral, anclada en el siglo XIX. También fue derogada por la dictadura militar en 1980.

Lo nuevo es lo viejo que olvidamos. Por eso es tan importante estudiar Historia, para que el poder no se te disfrace de novedad.

Ambas leyes fueron sustituidas por el decreto-ley 22.248 de la dictadura militar, que eliminó derechos laborales esenciales, reinstalando la precariedad del trabajo rural. Lo de siempre, con la crueldad de siempre, para volver al pre peronismo, que tanto añora la derecha. De vuelta “la burra al trigo”.

Pero en 1999, con el auspicio de Eduardo Duhalde, llega otro invento genial del ciclo menemista para cagar a los trabajadores. Eso sí, con envase peronista y foto de Perón y Evita, eso no puede faltar, aunque la cosa contenga más antiperonismo que Rojas y Aramburu juntos. Por ley 25.191 se crea el RENATRE, Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores. ¿Qué era esto? Básicamente una tercerización del control del trabajo no registrado, en un organismo administrado y controlado ¿por quién? ¿Adivinan? Por los mismos que no registraban a los trabajadores. ¿Qué puede salir mal? Este organismo pantalla tiene (aún existe) un directorio compuesto por representantes de UATRE y la Mesa de Enlace. Es básicamente una “cajita feliz”, para alegría de los dirigentes rurales, gremiales y sus familias, ya que distribuyen sueldos del primer mundo para controlar a trabajadores con derechos y salarios del cuarto mundo. Esa es la verdad de la milanesa. Cada organización de la Mesa de Enlace tenía regulada esta porción de felicidad en un quiosco interno, rigurosamente parcelado y vigilado por Gerónimo “Momo” Venegas, el “transparente” y astuto millonario, con avión privado, que fungía como secretario general de UATRE. Este repartía con ahínco justiciero y a piacere el 1,5% de aporte patronal, que ingresaba mensualmente al ente. Todo legal y de suerte… ¡Y por ley! Unos genios.

La repartija funcionaba así: una organización gremial patronal tenía la capacitación, la otra la provisión de computadoras, así sucesivamente las cuatro, y el UATRE la caja mayor. Desde ahí se proveía al financiamiento del gremialismo patronal agrario y al periodismo “independiente”. Había unidad de acción y de concepto en cuanto al discurso que se financiaba: “Todo es culpa de CFK y de La Cámpora”. Toda gente de honor.

La única disputa entre ruralistas, federados y cooperativistas era la de conchabar a familiares (hijas/os, esposos/as, amantes, etc.) para que marcaran tarjeta en la central o en algunas de las regionales que se fueron abriendo en todo el país. Lo del trabajo te lo debo.

Esta fiesta la termina CFK en 2011, cuando sanciona la ley 26.727, un nuevo Estatuto del Peón Rural, que ampliaba y protegía los derechos conculcados por la dictadura. Establecía la jubilación ¡a los 57 años! (con 25 de aportes en el sector), se terminaba con el trabajo de sol a sol, de menores, se daba comida decente y un largo etcétera de derechos para los que nunca tuvieron nada. Igual que Perón, pero con la diferencia de que CFK terminó presa y Perón exiliado. ¡Vaya diferencia!

Sería muy aleccionador para todos/as que se lleguen hasta Santa Isabel, sur de Santa Fe, y vean las viviendas temporales que tuvieron que construir empresas como Nidera, Cargill, Bunge, etcétera, por exigencia de esta nueva ley, para alojar decentemente a los peones golondrinas. Estos venían a trabajar en el despanojado de semillas. Los tenían en condiciones de esclavitud, dormían tirados en cualquier tapera y comían porquerías.

En Santa Isabel podrían apreciar in situ “los callos que pisó” CFK, y comprenderán mejor los aplausos en La Rural y por qué la proscribieron y encarcelaron. Ver para creer y comprender. A los gobiernos populares se les juzga por lo que hacen, no por lo que dicen que van hacer. Hechos, no palabras. Lo dijo Perón, ¿no?

Pero en este proceso de quita de derechos a los trabajadores rurales es aleccionador ver la alianza política que tejió la derecha gremial para enfrentar la modernización laboral de Cristina. Es calcada, en términos políticos, a la que apoyó recientemente a Milei para conculcarlos. Esto interpela fuertemente al peronismo, pero no sólo de ahora.

La ley del Renatea, en 2011, fue aprobada por unanimidad, con la sola excepción del senador Carlos Menem y la oposición de la cúpula del UATRE y la Mesa de Enlace. El esquema de protección de los privilegios patronales que armó la burocracia sindical fue articulado por Venegas con Hugo Moyano; que, al igual que Menem, apoyaron a Cambiemos para hostigar con paros por ganancias a CFK y derrotar al kirchnerismo. En el colmo de la transfiguración, fiscalizaron la elección para Macri e inauguraron juntos un monumento a Perón. Esta alianza fue clave para que la Corte Suprema, la misma que encarceló a CFK, en una resolución del 2016 (presidencia Macri), le devolviera el RENATRE a la sociedad de la patronal con el Momo. Todos felices, volvió la “normalidad”. Son las famosas coincidencias permanentes.

El error es pensar, ilusionarse, aspirar o contar con que los Jaldos, los Jalil, los Llaryora, porque fueron elegidos en listas peronistas, son peronistas. Nunca lo fueron, siempre estuvieron ahí por mero cálculo electoral y de negocio. No desaparecieron nunca de las listas, vienen de lejos, no son flores de esta movida.

El diputado Pablo Ansaloni, dirigente de UATRE, que votó positivamente la reforma laboral, no es más que una fusión de baja calidad del Momo con Carlos Menem.

Ni siquiera los inventó la billetera de Milei. Desde 1955 que están ahí, tratando de cooptar al peronismo para la derecha y acusando a los que reivindican el auténtico ideario de Perón de “zurdos”. Son un remedo del diputrucho que se utilizó para privatizar Gas del Estado, de los que cobraron por la privatización de YPF o de los que firmaron el nefasto Pacto de Olivos. Y ahí está la causa profunda de la disgregación nacional que está en marcha. Es el poder que otorgó la reforma de 1994 a gobernadores como Sáenz o Jalil, haciéndolos patrones del subsuelo. Por eso las mineras los empoderan generosamente, para que rompan el movimiento popular. Ahí está la causa profunda del problema. Ese es el verdadero poder detrás del voto traidor. Y esto interpela fuertemente al peronismo…

El vandorismo, la Triple A, la burocracia sindical, fueron el veneno que inoculó la derecha, de afuera y de adentro, y que hizo su efecto en el menemismo. El grave error del peronismo fue no recetarse un suero antiofídico.

¿Cómo puede ser que se siga llamando peronista a Menem? ¿Que no haya sido expulsado post mortem del PJ, igual que los “vivos” como Kueider, Scioli, Schiaretti o Jaldo? Menem compró el envase del peronismo y lo llenó con las ideas de la peor derecha neoliberal. Es como comprar una botella de Coca Cola y rellenarla con agua o tierra. ¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

Menem es lo más trucho que viene en la lata de la política. Tiene de peronista lo mismo que Milei de patriota. En política cuentan las ideas y los intereses que se defienden, lo demás es escenografía. Esta puede ser real o trucada, que es cuando se falsifica la historia.

Lo hemos dicho muchas veces: el peronismo es de izquierda o no es. Sé que a muchos les molesta esta definición. ¡Lo siento! No es un decreto de este escriba, es la verdad histórica. En todo caso, los reclamos háganlos a Perón, Evita, Néstor y CFK, que produjeron los hechos, no a mí que se los cuento tal como sucedieron.

 

 

* Publicado en Página/12.

 

 

--------------------------------

Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí

Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí