Mileísmo con buenos modales

El panorama no es auspicioso para el establishment industrial

Madanes y Rocca apostaron por Milei, que ahora los insulta.

 

La cortoplacista política argentina que daba por reelecto a Milei luego de obtener el voto del 25% del padrón general y haber perdido la elección provincial en Buenos Aires, ahora cree que difícilmente sea reelecto si no mejora las condiciones económicas de los asalariados formales e informales, los jubilados, en suma, de la mayoría de la población. Esto, sin antes analizar cuáles son las alternativas, pues la elección es entre un número limitado de posibles futuros gobernantes.

Ante ese panorama aparecen aspirantes por derecha y por izquierda, y revive el peronismo que, tal vez olvidando las enseñanzas del fundador del movimiento, parece creer que basta con una buena estrategia electoral y un poco de suerte.

 

¿A quiénes votaron Madanes y Rocca?

Hace unas semanas cerraba FATE y mientras el Presidente Milei apodaba despectivamente a los principales accionistas de las dos empresas industriales más grandes radicadas en la Argentina, circulaba una pregunta de humor casi negro: ¿A quién habrán votado Madanes y Rocca? La siguiente pregunta es: ¿Se habrán arrepentido?

Según los medios, Rocca cree que lo mejor para la Argentina y sus negocios es que a Milei lo suceda alguien como Macri, que fracasó en 2015-2019, o Bullrich, que tiene oficio para tejer en el poder y seducir el voto de la derecha, pero que puesta a expresar un plan de gobierno le cuesta mucho superar un discurso básico de orden. Electoralmente no es un panorama auspicioso el de ese sector del establishment. Hace poco eligió a Rodríguez Larreta, que sacó el 10%. Pasaron a Bullrich, que no entró al balotaje. Por fin, apostaron por Milei, que ahora los insulta. Soñaron un pase de magia poniendo a Schiaretti, pero perdió en Córdoba.

La aspiración es un mileísmo con buenos modales. Hace unos meses sugerí que lo potente es el modelo hidrocarburífero y minero, apoyado con el RIGI en lo tributario, sobre una estructura legal inconstitucional de sobre-representación de las provincias mineras y petroleras en la Cámara de Diputados en perjuicio de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Tucumán, un artículo 124 de la Constitución que requiere de la elaboración de una doctrina que respete los intereses nacionales, un reparto de la coparticipación inicuo e inadmisible para la provincia de Buenos Aires, y un esquema tributario que perjudica a las provincias agrícolas e industriales, las más pobladas.

El sueño del establishment (mineros, petroleros, financistas y grandes industriales) es este modelo de Milei, pero con un Presidente amable, que no insulte a los grandes industriales (ni a los periodistas) sino que, en lo posible, les asegure negocios, y que asegure estabilidad política.

No parece interesarles alguien que plantee una política económica donde ellos puedan invertir su capital y desarrollar su talento como industriales. De hecho, Rocca o el presidente de la UIA, Rapallini, muestran que su vocación los lleva a preferir ser petroleros o mineros.

Los grandes industriales, racionalmente, deberían buscar un peronismo que vuelva a ser el Partido de la Producción y la integración social, el que generaba mano de obra calificada con fondos públicos en las escuelas y universidades del Estado y aseguraba la salud con políticas sanitarias y hospitales.

Si Milei no se derrumba es difícil que esta propuesta pueda ser competitiva, pero sería útil que exista para dividir el 40% del voto antiperonista. Aunque sume un 10%, impediría, si mejoran las condiciones generales, que La Libertad Avanza aspire a ganar en primera vuelta si el peronismo no logra unir a toda la oposición en un proyecto de poder serio.

Por ahora, luego de un buen inicio de año, la gestión de Milei no vuela. Los resultados económicos son malos y solo puede mostrar que controla el dólar, que no es poco en la Argentina, pero el símbolo es su jefe de Gabinete, que ante la Cámara de Diputados no pudo decir una sola palabra sin leer, lo que conlleva consecuencias mucho más fuertes que incumplir el reglamento de la Cámara o desvirtuar lo que debería ser un debate entre el ministro y los legisladores. Es inexplicable que Milei mantenga en el cargo a un funcionario que no pudo decir ni una chicana sin leer y que es un hazmerreír.

 

Peronismo

Si las encuestas que encumbran a Bregman no son un fenómeno fugaz, el peronismo debería mirar no solo hacia adentro sino también hacia afuera para conformar una propuesta que no divida el voto opositor.

Los grupos del peronismo, tardíamente, empiezan a reagruparse. El que propone a Kicillof tiene claro su candidato, con los méritos que son públicos: rectitud, una gestión prolija en la adversidad de un gobierno nacional hostil, la edad adecuada, etcétera. ¿Se le puede reprochar poca rebeldía ante la situación injusta de la provincia, la coparticipación federal o la resolución de temas institucionales endémicos (capacidad tributaria de los grandes municipios condenados a cobrar tasas y no impuestos, un poder judicial con deficiencias por ejemplo en el fuero laboral, la Suprema Corte incompleta, etcétera)?

Los problemas estructurales de Buenos Aires –y de la Argentina– son soslayados sistemáticamente por la política. No solo por el gobernador. Sería injusto responsabilizarlo solo a él.

Seguramente buscará una compañera de fórmula femenina para seducir al voto renuente de Córdoba y el campo o sellar una alianza con los gobernadores del norte.

El kirchnerismo sigue siendo un sector con poder que puede tener aspiraciones a influir en muchos ámbitos si lee correctamente la situación que vive la Argentina. El nuevo gran operador, Juan Manuel Olmos, conformó un grupo para ser tenido en cuenta. Está en él crecer para ser algo más que un gran armador. Y quedan los gobernadores del norte y las provincias mineras, si es que no están más enamorados de Milei y del RIGI que de construir la Comunidad Organizada. Pero no está claro si La Libertad Avanza los quiere contener.

Todos sueñan con seducir al peronismo de Córdoba (ya caída la ilusión de llegar a la presidencia en una carambola) pero el problema, tal vez, no sean los dirigentes, sino que los votantes deciden solos, y acá aparece una de las primeras “realidades” que el peronismo debe afrontar, y es su relación con el campo.

 

Desafíos

Si el peronismo nacional aspira a ganar el interior de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Santa Fe, debe modificar su visión y su política hacia la pampa húmeda.

¿Es razonable que los gobernadores del norte sean amigables con las mineras que dejan poco y nada, pero el peronismo no sea capaz de tener una política para el sector que más dólares produce, deja una buena parte en retenciones y liquida las divisas en el mercado interno? La soja tendrá muchos problemas, pero no tiene RIGI.

El peronismo tiene que poder conformar una propuesta electoral, pero también una propuesta de gobierno. Si el mundo de 1989 cuando asumió Menem o el del 2001 de Kirchner era difícil, ¿el actual es más amigable?

Si el mundo empieza a ser cada vez más caótico, menos guiado por reglas, y las guerras vuelven a ser un modo de resolución de controversias, la Argentina no puede seguir sin política de Defensa y tener Fuerzas Armadas con capacidad limitada para defender la soberanía. Sud América es tierra de paz hace mucho, tal vez porque es zona de influencia indisputable de Estados Unidos como potencia hegemónica. No es razonable que un gobierno peronista crea que esa suposición sustituye la formulación y desarrollo de una política de defensa.

Un razonamiento similar es plausible en materia de Relaciones Exteriores, lo que supone definir con seriedad, profesionalismo y sin fantasías los intereses nacionales.

Obviamente, también es necesario pensar en política judicial, salvo que creamos que Comodoro Py y la Corte son órganos de gobierno y no jueces que resuelven controversias entre partes adversarias. O de educación y salud, salvo que como los libertarios repitamos la insensatez de que son competencia de las provincias, y que haya tantas políticas como gobernadores.

 

Reflexionar tras la idea de las “dos Argentinas”

Además de estas obviedades, un futuro gobierno justicialista debe repensar la relación entre la Nación y las provincias.

Para el capital ese debate se limita a presionar a las provincias para que bajen los ingresos brutos, a los municipios para que cobren tasas meramente retributivas de servicios e invoca la idea del “país federal” para desarticular políticas nacionales racionales en materia de recursos naturales y medio ambiente.

Desde una perspectiva nacional, el repensar político de las relaciones entre la Nación y las provincias tiene, al menos, los siguientes planos:

  • Me refiero a la coparticipación federal, que no puede seguir discriminando a Buenos Aires, y a los incentivos impositivos que se establecen de modo sectorial, sin una visión de desarrollo nacional ni de política económica integral.
  • Recursos naturales. Es decir, desde ya, los recursos mineros e hidrocarburíferos. Pero cabe empezar a preguntarse desde las provincias agrícolas por los recursos de los inmuebles agrícolas. Llamémosle los recursos superficiarios.
  • Representación política.
  • Aplicación del derecho común (civil, comercial, laboral y de minería).

Cada uno de estos puntos requiere de una reflexión institucional, una negociación política y un cuerpo de doctrina constitucional.

No pretendo abordarlos acá. Aspiraría a expresar algunas ideas sobre cada uno de ellos en futuras notas.

Hay un consenso en que el plan de Milei genera dos Argentinas. Una que aprovecha los recursos mineros e hidrocarburíferos, que es protegida, desgravada su renta y licenciada para contaminar. Otra es la que de los conurbanos, que necesitan generación de trabajo. De esto se habla mucho. Lo que está menos presente en el debate es que ese modelo se asienta también sobre una interpretación constitucional confusa, relaciones institucionales entre las provincias y la Nación poco transparentes y situaciones injustas, y, fundamentalmente, sobre la total falta de concepción de todos estos aspectos como una integralidad, es decir como partes integrantes de una sola Nación en la que vive un solo Pueblo.

 

 

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