Moneda de cambio

Cárcel a políticos y sindicalistas, balas de goma y operativos serviciales como política económica

 

El optimismo del presidente Maurizio Macrì es resistente a la realidad. Dentro de nueve días viajará con dos ilusiones a Davos: un encuentro con el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, así sea en un pasillo del Foro Económico Mundial, y el comienzo de la tan pronosticada y nunca ocurrida lluvia de inversiones productivas extranjeras. Según el INDEC, entre enero y noviembre de 2017 sólo garuaron 2.091 millones de dólares, 17% menos que en el ya magro 2016. La cita podría ocurrir, ya que Trump tiene un buen recuerdo del pibe ítalo-argentino al que con ayuda de una mafia más poderosa le birló el negocio inmobiliario que emprendieron juntos. La segunda será defraudada, porque la propia economía argentina desvía los capitales hacia destinos más rentables en otros lugares del mundo o hacia la especulación financiera aquí mismo. El problema es mundial, pero Macrì  ni lo entiende.

Por eso planteó una política de apertura financiera y comercial a contramano de las tendencias mundiales. El previsible resultado fue el déficit comercial más alto de la historia argentina (7.656 millones de dólares entre enero y noviembre del año pasado), la mayor rentabilidad del Merval entre todos los mercados del mundo (59% en dólares) y el endeudamiento más abultado de un país emergente (35.180 millones de dólares sólo en los primeros tres trimestres de 2017). Los intereses a pagar por esa deuda ascienden a 8.000 millones de dólares. Esa cuenta puede abultarse al mismo tiempo que se estreche la posibilidad de nuevos préstamos si la tasa de interés en Wall Street corcovea como se espera: la última tapa del Financial Times informa de la masiva venta de bonos del tesoro estadounidense, cosa que ocurre cuando se prevé un aumento significativo de la aún adormecida prime rate. Como esos bonos son de renta fija, cuando sube su rendimiento baja su valor. Los que hoy los venden a buen precio los recomprarían más baratos una vez que la FED aumentara la tasa.

Además el déficit quasi fiscal llegó el 5 de enero a 1,15 billones de pesos. Esto equivale a 61.000 millones de dólares, 10% más que las reservas ese mismo día, algo más inquietante que el famoso festival de bonos que le permitió a Roberto Lavagna saltar a tiempo del gobierno de Raúl Alfonsín. El turismo dejó un déficit neto de otros 8.000 millones entre enero y noviembre, un 20% más que en 2016 mientras se duplicó la formación de activos externos del sector privado no financiero, es decir la fuga de capitales, hasta alcanzar los 19.410 millones de dólares. Desde que asumió Macrì los dólares que ingresaron para apuestas financieras en el paño de las Lebac cuadruplicaron a los que vinieron para quedarse en una inversión productiva.

La puerta cerrada

Trump trató a Macrì como a un viejo amigo cuando se vieron en la Casa Blanca, pero lo apuñaló por la espalda en cuanto se dio vuelta. Tal vez este año entren algunos limones argentinos al mayor mercado del mundo, pero la puerta está más cerrada que nunca para el biodiesel, cuyo impacto comercial es veinticinco veces mayor que el de los cítricos tucumanos y explica un 16% del déficit argentino total. En el reino de la libertad nada se prohíbe, pero para ingresar el producto argentino hay que pagar un arancel del 72%.

Trump no lleva a Davos el plan de coincidir con los mayores nababs de la economía mundial acerca de las ventajas del libre comercio, sino el de recordarles que su programa se titula “Primero Yo” o, en inglés, America First, y que abomina tanto de las élites mediáticas como de los organismos internacionales y los acuerdos regionales. Incluso mantiene su amenaza de denunciar el Tratado de Libre Comercio con sus vecinos de América del Norte, el NAFTA, al que atribuye la pérdida de puestos de trabajo en su país. La falta de progresos en la reforma del Tratado que Trump puso como condición para no abandonarlo golpeó a los mercados de valores y la moneda de sus dos socios.

Trump con Xi Jiping, extraña pareja

El decano del Instituto de Relaciones Internacionales Modernas de la Universidad china Tsinghua, Yan Xuetong, definió a Trump como “el Gorbachov de los Estados Unidos”, según consigna el diario Washington Post. Parece exagerado, pero el multilateralismo queda en manos de China y Francia, cuyos jefes de gobierno Xi Jinping y Emmanuel Macron se comprometieron a sostener la globalización durante su encuentro de esta semana en la ciudad imperial de Xi’an. No es una paradoja menor el desconocimiento de Macrì sobre el rol de China, el repliegue de Estados Unidos y la asociación forzosa entre ambas potencias (como explica en esta misma edición el Experto que ya lo ha visto Casi Todo. En cambio su padre, Franco Macrì, fue uno de los primeros empresarios argentinos en comprender ese nuevo rol chino. El hijo ha pedido a la justicia que lo declare demente, pero a juzgar por los resultados ese calificativo se aplica mejor a su política económica.

Sus encrucijadas quedaron en evidencia en la última quincena. En cuanto el Congreso votó el presupuesto 2018 con una inflación prevista del 10%, el gobierno incrementó esa expectativa en la mitad, hasta el 15%, y anunció que esa modificación en las metas de inflación influiría en el nivel de la tasa de interés. Pero el martes pasado, el Banco Central apenas la redujo en 0,75 puntos básicos. Macrì no puede sintetizar la pugna de fondo y la tensión estructural que expresan el ministro Nicolás Dujovne y el banquero central Federico Sturzenegger. Esto se completa con la contradicción entre los objetivos declarados y las metas reales del gobierno. La mejor metáfora sobre este divorcio es la pileta de natación dibujada por Horacio Rodríguez Larreta.  Hasta los caños para mojarla se le pincharon. En invierno, la pintan de blanco y anuncian una pista de esquí como las que el presidente verá en Davos. Marcos Peña Braun explica todo, pero cada día hay más incrédulos.

La pileta dibujada, una metáfora de la política oficial

 

La macrieconomía irracional

El discurso oficial se centra en la reducción del déficit y de la inflación, que según la ortodoxia son causa y efecto. La práctica no es tan nítida ya que mientras se reducen egresos a expensas de jubilaciones, pensiones y asignaciones, también disminuyen los ingresos por impuestos y retenciones. La mano que le quita a los más débiles es tan diestra como la que les da a los poderosos. Lo que desequilibra definitivamente la cuenta es el endeudamiento externo e interno. Una de las mayores irracionalidades de la macrieconomía ha sido contraer deuda en dólares para pagar gastos en pesos. Según el gobierno esta es la alternativa ortodoxa a la impresión de más pesos, que serían el combustible de la inflación. Con los dólares obtenidos por la impresionante gestión de Luis Caputo se compran pesos, que el Tesoro vuelca a la circulación. Para retirarlos, de modo que no produzcan el mismo efecto que se atribuye a ese nicho de la industria editorial, el BCRA ofrece las LEBACs, a partir de lo cual se pone en movimiento el conocido subibaja entre la tasa y el dólar. El emprendedurismo en boga le ha colocado un motor electrónico a la bicicleta, que así vuela. En cualquier momento la veremos pasar desde la ventana del Cohete.

Para que los inversores adquieran las letras del Banco Central, la tasa prometida debe superar las ganancias previstas con el dólar. Pero la alta tasa es veneno para la inversión productiva. Un círculo vicioso perfecto. Con el aumento de la tasa (o con su reducción apenas cosmética), la cotización de la divisa retrocede, pero esto produce tensiones con los exportadores. Por ejemplo, según el último informe del BCRA, en noviembre el cobro de exportaciones del sector de oleaginosas, aceites y cereales fue de 1.705 millones de dólares, con una caída de 6% respecto del mismo mes de 2016. En el acumulado del año, el descenso fue del 3%, con ingresos que no llegan a los 25.000 millones de dólares. Este es un claro síntoma de que a pesar de todas las ventajas que les confirió el gobierno, los grandes exportadores están presionando por una devaluación más fuerte, lo mismo que el Fondo Monetario Internacional, que no se conforma con menos del 25% y un dólar por encima de 22 pesos. El gobierno está buscando un punto de equilibrio, pero no lo encuentra y de ahí su conducta errática. Macrì terminó su segundo año de gobierno con 25% de inflación, apenas un punto por debajo de la que recibió en 2015, pero en ascenso, a diferencia de entonces, que venía en baja. Para este año presupuestó 10%, se estiró luego a 15, pero es improbable que termine por debajo de 22%. En estas condiciones, el trascendido oficial de que las paritarias tendrán un techo del 15% sin cláusula gatillo es una fantasía o una provocación. En cualquier caso, permite prever un otoño caliente. Al mismo tiempo, la bola de nieve de los intereses que el BCRA paga por las LEBAC no puede crecer en forma indefinida sin provocar un estropicio. Una hipótesis que se repite con insistencia es que en algún momento los tenedores reciban a cambio un bono forzoso. Antes podría llegar la prohibición a los bancos para seguir operando en ese mercado tan seguro.

Tensiones estructurales que Macrì no sintetiza

 

La resistencia social

Estos fracasos de la política económica se deben también a la fuerte resistencia social que encuentra cada intento de ajuste, lo cual mantiene la puja distributiva al rojo vivo. El aparato oficial de propaganda puso el acento en las refriegas del 18 de diciembre alrededor del Congreso, pero quienes lo conducen no dejan de atender al fenómeno que quisieron ocultar: la masividad de las movilizaciones que durante una semana jaquearon al gobierno, cacerolazo incluido. La última Carta Económica del Estudio Broda y Asociados dice que uno de cada cuatro votantes de Cambiemos en las elecciones de hace apenas dos meses y medio “no volverá a hacerlo, esgrimiendo como principal detonante a la reforma previsional”. Aunque es conocida la despreocupación de Broda por la exactitud, uno de cada cuatro es una proporción impactante, que bajaría la cosecha electoral amarilla del 40 al 30%. Un estudio difundido el jueves 11 por la consultora Synopsis indica que una mayoría del 41,4% de una muestra telefónica de 1527 casos en las principales ciudades del país tiene una opinión negativa del gobierno, contra un 38% favorable. La mayoría de los críticos lo considera muy malo, mientras apenas un 15% de los que lo aprueban lo ven muy bueno. Ante la pregunta sobre cómo será la economía dentro de un año, 42,6% dijo Peor y 29,7% Mejor. Para Broda “el gobierno ha pagado un alto costo por un conjunto de reformas que tendrán un magro impacto en materia de mejora de la inversión, el empleo y la competitividad de la economía argentina”. Para quienes lo padecen es insoportable, para los beneficiarios, insuficiente. Está claro que la variable de ajuste debería ser el salario, pero no hay una actitud pasiva y resignada que facilite esa redistribución del ingreso. Algunos sectores impacientes del establishment llegan a calificar la política del gobierno como neokirchnerista, por no apretar el acelerador a fondo.

 

 

Tal vez en respuesta a ese reclamo, el presidente optó por un decreto sin necesidad ni urgencia por el que derogó o modificó más de un centenar de leyes, eliminando medidas protectoras de la producción y el empleo, permitiendo que los fondos de la ANSES no se inviertan en emprendimientos productivos sino en la timba financiera, reduciendo de tres años a treinta días la permanencia  de las empresas en el registro de infractores al empleo en blanco y permitiendo el embargo de las cuentas sueldo, por no mencionar las burradas, como la derogación del decreto de 1945 que estableció la lucha preventiva contra la aftosa. Como consecuencia del decreto también se produjo una eliminación masiva de Licencias No Automáticas de Importación para más de tres centenares de posiciones arancelarias. Esto  acentuará la crisis de la industria y sumará hasta dos puntos al desempleo, pero mejorará en Davos sus credenciales como globaludo.

La resolución E-5 2018 firmada por el secretario de Comercio Miguel Braun fue resultado de una puja interna y un laudo presidencial a favor de la más dura. Una propuesta era agilizar el ingreso de 70 productos, todos ellos insumos básicos. La otra, que Macrì prefirió, alcanza a 314 productos. Esto lo informa el propio Braun a los empresarios que lo llaman para reclamar por la desprotección, que incluye tractores, sembradoras, cosechadoras, motocicletas y sus partes, aparataje médico y odontológico, muebles, patines, encendedores, cojinetes, frenos, limpiaparabrisas, motores eléctricos, secadoras de ropa, herrajes, tejidos de punto, hilados, tarjetas postales, sobres, papel y cartones varios. Funcionarios del Ministerio de Producción estiman que se perderían entre 300 y 400 mil empleos directos e indirectos. Pero además se anuncian facilidades para otros productos en el otoño. Cambiemos logró instalar la mayoría en la comisión bicameral que debe tratar este DNU, pero de todos modos será judicializado. Quien quedó a salvo fue el presidente del PRO, La Chacha Humberto Schiavoni, pero se le nota parte del aserrín en las manos. Con los amigos no.

Los límites del carpetazo

En este contexto, la persecución judicial a dirigentes políticos, sociales y sindicales debe leerse como parte de la política económica, moneda de cambio para la sanción de la ley laboral y la conformación sin mayores corcoveos del imprescindible Ejército de reserva. El gobierno hubiera querido tratar en diciembre la “deforma laboral”, como la llama el economista y magister en relaciones internacionales Enrique Aschieri, pero debió resignarse a incluirla en el decreto de convocatoria a sesiones extraordinarias, sin que tenga certeza sobre la posibilidad de tratarla antes de las ordinarias de marzo. Para Aschieri el gobierno procura bajar salarios e “implantar una factoría de mano de obra barata vía acuerdos comerciales”. Pero, “¿hasta dónde deberían caer los salarios argentinos para volvernos más ‘competitivos’ desde los 1600-1800 dólares corrientes promedio ponderado mensual actuales, hasta 700, hasta los 300-350 o hasta los 150-200 dólares, según nos situemos en China, en Vietnam o en Bangladesh, de acuerdo a la información consignada por Euromonitor?” se pregunta el último pelo del bigote del verdadero Frigerio que anda por el mundo. Para colmo, la irrupción masiva de la tecnología robótica está volviendo obsoletos los enclaves. “El mundo funciona al revés de lo que el oficialismo cree; ninguna sociedad tuvo que bajar los salarios para desarrollarse. Por el contrario, tuvo que subirlos previamente. El mejor ejemplo son los Estados Unidos, un país que antes del gran salto era subdesarrollado pero con altísimos salarios y por esa condición necesaria se fue tan rápido, tan arriba”, concluye Aschieri.

Desde el primer momento el jefe del Peornismo Opoficialista, Miguel Pichetto, descargó la responsabilidad en la CGT, al anunciar que sin una solicitud explícita del triunvirato que administra sus bienes materiales, los senadores que le responden no votarían el proyecto. El triunviro Héctor Daer reclamó por su parte que el gobierno asumiera la defensa del texto y no delegara en ellos esa ingrata tarea. Luego de las jornadas calientes de diciembre, tampoco en el oficialismo hay entusiastas para ese cometido. La CGT ha sido una obsesión para todos los gobiernos antiperonistas, que ven en los sindicatos un obstáculo para sus propósitos refundacionales. La dictadura cívico militar intervino las organizaciones pero mantuvo la relación con muchos de sus dirigentes porque los veía como un muro de contención a la guerrilla. El paradigma fue Jorge Alberto Triaca, quien en el juicio a las juntas de 1985 declaró bajo juramento que durante su detención en un buque de la Armada fue tratado en forma ejemplar, complacido porque su mesa era servida por suboficiales. Es el padre del ministro homónimo, al que envió a refinarse a la Universidad San Andrés.

Alfonsín no alcanzó el número necesario en el Congreso para reformar la ley de asociaciones profesionales. La Alianza de Fernando de la Rúa y Carlos Álvarez consiguió la aprobación legislativa de la precarización del empleo, pero debió pagar por ello, en todo sentido. Dentro de aquel gobierno, la entonces joven ministra Patricia Bullrich encaró la confrontación abierta con la dirigencia gremial hurgando en los fondos de sus dirigentes, en especial Hugo Moyano. Lo que le faltó fue un gobierno consistente que la respaldara. No por casualidad hoy es una de las preferidas de Macrì, quien no objetó la compra de un millón y medio de balas de goma entre febrero y abril, como recordó el dirigente de los maestros Eduardo López. Esta panoplia de acciones se completa con la acción de servicios y parapoliciales, como los que irrumpieron la última semana para robarse las computadoras del Movimiento de Profesionales para los Pueblos y de una de sus fundadoras, Eli Gómez Alcorta, defensora de Milagro Sala.

 

Uno de los problemas de esta estrategia es la indiscriminación en la selección de los blancos, y no sólo durante la represión en las calles. Tampoco es lo mismo el coleccionista de autos de lujo Balcedo que el impulsor de universidades y teatros Santa María, aunque ambos sean editores de medios tan distintos como el chantajista Hoy Página/12, ni es posible asimilar al Pata Medina o Humberto Monteros con los Moyano, aunque las respectivas huestes hayan cruzado palos en diversas ocasiones. Los cinco gramos de cocaína que permitieron aullar a la prensa canalla que Montero “tenía drogas” no bastan para contaminar a todo el movimiento sindical. Desde que comenzó el actual gobierno, en las reuniones informales entre sus dirigentes se comenta la explícita amenaza oficial de carpetazos. Fue útil para moderar ínfulas cuando otras organizaciones convocaron a marchas y actos multitudinarios. Pero cuando ya no se trata de la amenaza sino del carpetazo propiamente dicho (a un alto costo porque incluye la violación del secreto fiscal que el gobierno garantizó a quienes ingresaron al blanqueo), la zona de riesgo pasa a ser compartida. Por un lado el cambio en la composición etaria de la clase obrera produjo una militancia mucho más decidida, por otra hay sindicatos y dirigentes que no se movilizan en defensa de los derechos de sus afiliados pero que no perdonarán una ofensiva real contra su propio núcleo duro, con lo cual el carpetazo podría tener un efecto paradojal. Además, el desprecio por principios tan generales como la presunción de inocencia y la brutalidad de la política del escarnio que practican el Ministerio de Seguridad y la prensa adicta, ya comienza a provocar reacciones hasta en el serpentario de Comodoro Py. La excarcelación de Héctor Timerman se basó en razones humanitarias, que en el caso del juez Sergio Torres no suenan cínicas, pero la de Amado Boudou incluye una crítica explícita al dictado de la prisión preventiva a un ex funcionario sin poder residual alguno y que nunca intentó eludir la justicia.

Boudou en libertad, sin poder residual no se justifica la preventiva

 

Para colmo, el juez Ariel Lijo se la dictó sin pedido del fiscal y antes de indagarlo, no para asegurar la investigación sino para salvarse del juicio político con que lo amenazaba el gobierno. La charca institucional en que chapotea el gobierno no sólo embarra a políticos y sindicalistas, también a jueces y fiscales. Eduardo Farah aprovechó las vacaciones de Martín Irurzun para desmarcarse y recuperar algo de buen sentido, con ayuda del subrogante de feria Rodolfo Pociello Argerich. Esto muestra que el humor social, expresado en numerosos pronunciamientos contra el uso arbitrario de la prisión preventiva como pena e instrumento de extorsión (El Cohete a la Luna hizo su aporte hace dos semanas con la nota Por las dudas marche preso) penetra hasta en los ámbitos más cerrados.  Cuando este periodo de excepción concluya, será imprescindible la tarea de saneamiento que no emprendió el kirchnerismo, con las consecuencias que hoy padece y que me cansé de anticipar desde mi columna.

Sobre esas heterodoxas decisiones de política económica versó un extraordinario diálogo entre dos figuras populares. Comenzó en el estilo habitual de la ramplona televisión porteña, cuando Mirtha Legrand le preguntó a Daddy Brieva si sabía cuánto robó el kirchnerismo. Daddy respondió con la expresión más seria que suponía que “la Justicia, que prácticamente le pertenece al Gobierno, estará actuando, deberían actuar. Deberían estar todos en cana. ¿Por qué no están en cana?”

M: La justicia le pertenece al Poder Judicial, no al gobierno. Hay tres poderes. Lo importante es que estén separados.

D: Deberían hacerles juicio rápidamente, no veo la hora de que vayan a juicio y vayan en cana. Pero se ve que no ocurre, no sé por qué. ¿Por qué pensás que no la meten en cana a Cristina?

M: Porque el Gobierno no quiere.

Cuando advirtió adónde se había dejado conducir, la actriz propuso cambiar de tema. No hay cómo frenar la inflación.

 


 

La música que escuché mientras escribía: Aniceto, de Iván Wyszogrod

Horacio Verbitsky

 

 

17 Comentarios
  1. Horacio Verbitsky dice

    Está indefensa, que no es lo mismo

  2. mariano dice

    Eduardo Guillin: me he preguntado lo mismo desde diciembre de 2015, pero a partir de las elecciones de hace apenas dos meses y pico esa pregunta se transformó en una obsesión. Quiero y a la vez temo saber su respuesta. Del 50% de sus votantes, como mínimo un 20% sabía o estaba en condiciones de saber -aunque más no fuera superficialmente- no sólo de la ideología macrista sino también de su prontuario y el de su familia. Lo más trágico sería no que sus votantes hayan sido engañados o manipulados por los medios (algo que ya es grave porque revela una excesiva vulnerabilidad en los marotes ciudadanos) sino que lo hayan votado sabiendo muy bien qué era lo que estaban eligiendo.

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