Morir en el cuartel

Los “ritos de iniciación” castrenses se cobran nuevas víctimas

 

“Esto es un descontrol. Hay uno que está re borracho, uno que no da más y uno que está medio muerto”. El mensaje en tono jocoso fue enviado cerca de la medianoche del domingo 19 de junio a la subteniente Claudia Cayataque, a cargo del Casino de Oficiales del Grupo de Artillería de Monte 3 de Paso de los Libres, Corrientes. La mujer había abandonado el lugar horas antes y en el establecimiento se “celebraba” la iniciación de tres jóvenes subtenientes que habían egresado de la Escuela Militar y que ese mismo lunes se unirían a sus filas. No le dio relevancia al mensaje hasta que en la mañana, cerca de las seis, una enfermera constató que el subteniente Matías Chirino, de 22 años, no tenía signos vitales. Entonces se percató de la gravedad de lo que había ocurrido en su ausencia. El joven se encontraba tirado, semi-desnudo, sobre un colchón en el piso de una de las habitaciones del lugar. Según reveló la autopsia, había fallecido por broncoaspiración por alimentos. Se ahogó con su propio vómito.

Junto a Chirino dormían los otros dos subtenientes: Jorge Chaile y Ezequiel Meza, de 27 y 26 años. Según declararon ante la Justicia, fueron obligados a consumir una enorme cantidad de alcohol y en un determinado momento de la noche perdieron noción de lo sucedido. No recuerdan cómo terminaron los tres sin abrigo en el suelo de la habitación. Ni saben cuándo, ni cómo murió Matías.

El encuentro había comenzado cerca de las siete y media del 18 de junio. Los jóvenes habían sido convocados dos días antes de su iniciación formal como soldados de esa unidad militar a través de un grupo de WhatsApp. Los oficiales les ordenaron encargarse de las compras para hacer un asado. “Les exigieron bebidas específicas, como whisky Jack Daniel’s, vino Rutini, fernet Branca y cerveza Corona. Además que compraran la picada y la carne”, contó Ezequiel Chirino, papá de Matías, a El Cohete a la Luna.

Ezequiel había acompañado a Matías desde su ciudad natal, Holmberg –ubicada a 7 kilómetros de Río Cuarto, Córdoba– a Paso de los Libres y se iba a quedar unos días, hasta que estuviera instalado. El joven había pasado cuatro años y medio estudiando en el Colegio Militar de la Nación, ubicado en la localidad bonaerense de El Palomar, y se encontraba ávido por llegar a su nuevo destino, en el cual iba a permanecer al menos los siguientes seis meses. “Su idea era quedarse cuatro años. A mitad de año iba a viajar su novia, luego de recibirse de contadora, para instalarse también en la ciudad”, contó su padre.

Los malos tratos se iniciaron en el grupo de WhatsApp. Su padre recordó: “Matías me comentó que no quería ir. Dijo que jamás lo habían rigoreado así y que tenía miedo. Había escuchado que en ese tipo de festejos se agarraban con los ingresantes. Yo le sugerí que no se presentara, pero me dijo que ya los habían amenazado con que si no lo hacían, iban a ‘empezar su carrera con el pie izquierdo’”. Le quedaban varios años por delante y esa no era una opción. Matías salió del hotel donde se hospedaba con su papá, a eso de las seis y media del sábado. Estaba vestido de uniforme. Cuando su papá lo volvió a ver estaba muerto, sobre una camilla de la morgue del hospital San José de Paso de los Libres. Tenía puesto sólo una camisa rota.

 

 

Matías Chirino tenía 22 años.

 

 

 

La violencia como iniciación

 La muerte de Matías expuso la violencia y el abuso de poder dentro del Ejército Argentino. En particular, en los llamados “ritos de iniciación” o “bautismos”, que se constituyeron durante años en una tradición dentro de la institución, al igual que ocurre en algunos deportes, como el rugby, fútbol o voley.

El Ejército decidió esta semana poner fin a estas celebraciones a través de una comunicado oficial del jefe de Estado Mayor del Ejército, el general de División Guillermo Pereda, por el que se prohíbe la ingesta de bebidas alcohólicas por parte de los integrantes de la fuerza en el ámbito de las jurisdicciones militares (incluye casinos, clubes, quinchos, etcétera). Además, aclaró expresamente que no se tolerarán los denominados rituales de inicio de la carrera militar.

Matías Chirino había esperado el momento de su iniciación. Conocía varias historias de esas cenas y sabía que los nuevos se llevaban la peor parte. Inclusive su novia, Valentina Palma, contó que había guardado la mitad de su salario para gastarlo en esa reunión, previendo que le harían comprar parte de la comida y el alcohol. Nunca pensó que ese sería el escenario de su prematura y evitable muerte.

Chaile y Meza declararon la semana pasada en la Fiscalía Federal de Paso de los Libres, a cargo del doctor Fabián Martínez, que un subteniente llamado Facundo Acosta los contactó a los tres para que se presenten ese sábado y les aclaró que “invitarían” la cena de presentación. Chirino fue el responsable de realizar las compras. Como los oficiales más antiguos estaban disconformes porque no había llevado las marcas de bebidas ni de cigarrillos que les habían indicado, los obligaron hacer “fondo blanco”, aún con el estómago vacío, de las bebidas que dejaban. “Le dijeron que eran bebidas de pobres y los obligaron a tomar cerveza, vino con sal y whisky”, afirmó Ezequiel, y añadió que en el medio de la noche le ordenaron a Matías, el único que tenía auto, a “manejar borracho hasta el pueblo para comprar más alcohol y cigarrillos”.

Las obligaciones impuestas por los superiores siguieron. Les hicieron ponerse el uniforme de gimnasia y debajo una malla de natación, y luego tirarse a una pileta sucia, que estaba al aire libre. También debieron cantar la “Oración del Soldado” –rezo que pide protección a los que están en el servicio militar– y cuando se equivocaban la letra, los castigaban con flexiones de brazos, correr alrededor del Casino o tomar whisky. Ninguno de los tres probó el asado. Debieron comer fideos –presuntamente viejos– y cuando uno de ellos pidió un tenedor, se lo negaron y tuvieron que comer con la mano.

El trato fue atroz y ellos se sentían en desventaja por ser “los nuevos”. El abogado de la familia Chirino, Claudio Orosz, aseguró a El Cohete que sus testimonios, junto a los de la enfermera que atendió a Matías y la subteniente Cayata, son fundamentales para esclarecer lo que ocurrió esa noche y que comprueban la violencia que padecieron.

En su declaración, la soldado expuso el mensaje que había recibido y dijo que el lunes, cuando llegó al lugar, vio todo revuelto. Le llamó la atención que había copas y botellas partidas y dos sillas de algarrobo rotas. Jamás había presenciado tanto destrozo.

El Ejército Argentino desplazó a los 9 oficiales que participaron de la iniciación de los subtenientes y radicó una denuncia para que se investigue la presunta comisión del delito de abandono de persona y la responsabilidad del personal que se encontraba a cargo cuando ocurrió la muerte de Matías.

Hasta el momento, la causa penal no tiene imputados. La querella pidió en la última semana nuevas medidas de prueba para que se efectúen en los próximos días, entre las que se encuentra una nueva autopsia para determinar el horario en que el joven murió. También solicitó el cambio de carátula: de “averiguación de delito” a “homicidio por dominio funcional del hecho” e “incumplimiento de deberes militares”.

En tanto, los subtenientes Chaile y Meza evalúan si se van a constituir como querellantes por haber sido también víctimas. Ambos siguen con su carrera militar y fueron trasladados a otro destino porque habían sido amenazados para que no declararan. Hoy temen sufrir represalias de sus superiores castrenses si hablan con la prensa.

 

 

Práctica sistemática

Casi 20 días después del bautismo que terminó con la vida de Matías Chirino, otro ritual de iniciación dentro del Ejército se cobraba una nueva víctima en Misiones. Esta vez se trató del cabo Michael Nathanael Verón, de 25 años, quien se cayó a una pileta que tenía apenas 50 centímetros de agua, se fracturó dos vértebras y quedó con el torso y las extremidades paralizadas. Verón sufrió la grave lesión en la tarde del 8 de julio, durante un almuerzo de iniciación en el Regimiento de Infantería de Monte 30 de la ciudad de Apóstoles. El joven habría sido empujado u obligado a arrojarse a la pileta semi-vacía junto a otros cuatro nuevos reclusos. Desde entonces, pasó por dos cirugías mayores y se encuentra internado en coma inducido e intubado en un hospital de la ciudad de Posadas.

Mónica Rosalino, mamá de Michael, contó a este medio que quienes estaban en el lugar tardaron aproximadamente dos o tres horas en llevarlo al hospital, porque “querían encubrir lo que había pasado”.

La mujer relató: “Lo obligaron a alcoholizarse, a tomar toda clase de bebidas. Mezclaron las bebidas, también con chimichurri. Yo sé que él recibía órdenes. La poca agua que tenía la pileta estaba sucia, con musgo, por eso también tiene neumonía. Cuando lo vi en el hospital, entre llantos, se señalaba las piernas y me decía: ‘Mami, mirá lo que me hicieron’”.

Rosalino reveló que los días previos había hablado con su hijo y que ambos suponían que algo podía pasarle. “Cuando escuché lo que había pasado con Matías Chirino en Corrientes le pedí que no fuera. Él estaba nervioso. Me contó que en esas bienvenidas les hacen de todo”, recordó.

En los últimos años, también se conocieron abusos en los llamados bautismos. En abril de 2020, una soldado voluntaria denunció a un capitán, un mayor, un sargento, un cabo y una soldado, que cumplían tareas en un cuartel de Entre Ríos, por “abuso sexual agravado», ocurrido en 2017 durante el festejo de los ingresantes al Ejército. Durante el encuentro nocturno, en el que hubo bebidas alcohólicas y comida, la víctima (de entonces 19 años) fue “mandada” a las habitaciones, y es allí donde fue abordada por sus jefes. Ese mismo año, otro hecho sacudió a la comunidad: doce soldados fueron acusados de violar a un compañero en el Regimiento de Caballería de Tanques 8 de Magdalena. Habría ocurrido en un festejo al aire libre, en el que realizaron un fogón e ingirieron bebidas alcohólicas.

Los tratos abusivos se dan en toda la cadena de mando puertas adentro de los cuarteles y los ejemplos también abundan. A fines de junio, también en Corrientes, el soldado Marcelo De La Sota debió ser internado de urgencia en un hospital de Curuzú Cuatiá por complicaciones tras una ronda de ejercicios. El Ejército ordenó investigar si hubo trato abusivo de parte de los subinstructores, quienes fueron separados de sus actividades. En 2016, un cadete de cuarto año del Liceo Militar fue internado en grave estado a causa de un golpe propinado por otro cadete, de sexto año. La excusa fue que había incurrido en desobediencia al no acatar una orden.

El caso más emblemático de tratos abusivos y violencia dentro de las fuerzas en democracia fue la muerte del soldado Omar Carrasco en 1994. El soldado fue asesinado a golpes en el cuartel militar de la ciudad neuquina de Zapala y su cuerpo fue ocultado durante un mes, en el que fue acusado por las propias milicias de “desertor”. El crimen de Carrasco posibilitó el carácter voluntario del Servicio Militar, que hasta entonces era obligatorio para los varones mayores de 18 años. En aquel momento, el Frente Opositor al Servicio Militar Obligatorio contabilizó 34 casos de soldados muertos o desaparecidos desde 1977.

La muerte de Chirino hizo recordar al trágico crimen de Carrasco. Un joven soldado que fue violentado por sus superiores y que perdió su vida dentro de una dependencia del Ejército. El ministro de Defensa de la Nación, Jorge Taiana, rápidamente catalogó como “inaceptable” el trato abusivo que recibió el soldado y aseveró que “tiene que haber tolerancia cero porque hay responsabilidad en los acontecimientos que derivaron en la muerte del subteniente”. El tiempo dirá si las nuevas medidas ayudarán a erradicar la violencia de la institución castrense.

 

 

 

 

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