MORIR POR LA PATRIA

Una investigación realmente histórica

 

La periodista Laura Di Marco, sin ruborizarse, expuso en un programa de televisión el resultado al que llegó después de una “investigación” (sic). Dicha investigación demostraría el gran parecido que existe entre la clase media ucraniana y la clase media argentina. La resistencia ucraniana a la invasión rusa sería la prueba ácida que verificaría la verdad de esta “tesis” (sic) elaborada por la investigadora.

En efecto, las clases medias de ambos países serían iguales por su resistencia tenaz a las autocracias. La clase media ucraniana, hoy, al empuñar las armas contra la “invasión criminal” de Vladimir Putin, y la clase media argentina, hace unos años, respecto al sistema autocrático que representó el gobierno de Cristina Kirchner. Dentro de la clase media argentina identificada por la “tesis” (sic) de Di Marco está incluido, no podría ser de otra forma, esa promiscua entelequia periodística denominada “el campo”.

La memorable analogía de Di Marco provocó, al aire, el reparo de un periodista tan riguroso en sus afirmaciones como Luis Majul que, por las dudas, le recordó a Di Marco que los ucranianos se estaban jugando la vida, extremo que, parece, no habría padecido la clase media que resistió la autocracia finalizada en el año 2015. Solamente me resta poner de manifiesto mi incredulidad por el hecho de que, con estas sesudas investigaciones y resultados, Di Marco no integre todavía las filas del CONICET.

Aquí pueden escucharla.

 

Creo, sin embargo, que en nuestra historia reciente hubo un sector importante de su clase media que puede compararse con la heroica clase media ucraniana, que estaría resistiendo con las armas a la autocracia de Putin. Es una lástima que, por lo que ha escrito sobre la organización La Cámpora, el ejemplo no sea del agrado de Laura Di Marco.

 

 

 

Luchar y morir

Las investigaciones sociológicas serias que existen sobre los orígenes de las organizaciones de los años ’60 y ’70 como lo fue, típicamente, Montoneros, demuestran que la mayoría de sus miembros provenían de las clases medias urbanas, incluidos muchos integrantes de la clase media alta argentina, cuya orientación política general era, paradójicamente, un visceral antiperonismo. “Conocían por dentro el antiperonismo, no el peronismo” decía —y lo cito de memoria— el jesuita Hernán Benítez, confesor de Eva Perón y oficiante, junto al padre Carlos Mujica, del funeral de Fernando Abal Medina y Gustavo Ramus.

Los objetivos inmediatos de esas organizaciones, en los años ’60, fueron resistir al gobierno militar de la Revolución Argentina y levantar la proscripción que regía contra Perón y el peronismo, resultado del triunfo de los movimientos “republicanos” y “democráticos” del año 1955. En resistir a gobiernos que consideraban antinacionales sí se parecían aquellos jóvenes argentinos de clase media a la actual clase media ucraniana que combate la invasión rusa.

Una fuente insospechada de simpatías con estos grupos o con el kirchnerismo, Vicente Massot (lo cito textualmente de una conferencia que dio hace unos años), ha sostenido que “de todas maneras” los montoneros, “quienes empuñaron las armas (…) eran argentinos (…). Obviamente que tenían una idea respecto de lo que debía ser este país y por lo que lucharon que estaba en las antípodas de lo que suponíamos nosotros que debía ser (…) pero con arreglo a una u otra observancia política (..) no me animaría a decir (..) no me animaría a afirmar, que los integrantes, en su mayor parte, de las organizaciones armadas (…) de los años ’70 dejaron de ser argentinos”.

Siendo así como lo expresa Massot, para sorpresa de Laura Di Marco, los montoneros que combatieron y estaban dispuestos a morir, y murieron por miles, fueron (junto a los soldados de Malvinas de los años ’80) los últimos argentinos de clase media y clase media alta que dieron su vida por la patria.

No quiero con este último párrafo olvidar ni considerar, bajo cualquier fundamento, de menor valor a ninguna de las víctimas de aquellas trágicas décadas. Pero sí quiero señalar un hecho que a veces se pasa por alto y que califica positiva y heroicamente a las muertes del párrafo anterior. Se trata, quizás, de los últimos argentinos que, aún equivocados, tuvieron voluntad de morir por el ideal de patria por el que luchaban.

 

 

La muerte de Victoria Walsh y tantas otras

Un ejemplo imperecedero de esa voluntad de aquellos argentinos fue el de la muerte de Victoria Walsh, descripta con magistral literatura por su padre en la “Carta a mis amigos”.

“Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir”, dijo Victoria antes de que ella y su compañero terminaran con su vida. El texto completo de Rodolfo Walsh puede leerse, con provecho histórico y literario, aquí. Sugiero su lectura íntegra antes de continuar con el siguiente párrafo.

En contraste con el contenido de la carta sobre Victoria Walsh, la “lucha” por la “idea de país” que, actualmente, puedo observar en nuestras clases medias y medias altas —esas en las que piensa Di Marco— pasa por otra clase de hechos, bien distantes de algún heroísmo o de la muerte, como carente de cualquier elaboración ideológica sólida. Así, por ejemplo, la “valentía” de asistir a algunas movilizaciones callejeras convocadas en las redes sociales por rebaños pagos de trolls, ampliados por los grandes medios; la muy curiosa e individualista de enfilar a Ezeiza para emigrar (donde algunos hablan de “este país de m…” y de “peronia”, que no les daría las oportunidades que creen merecer); las “guerras” mediáticas plagadas de mentiras o, finalmente, esos “grandes sacrificios” de aquellos mártires que  se resignan a permanecer en la Argentina y que, lo admito, poseen algún ribete sacrificial: concurrir cada dos años, tapándose la nariz, a fiscalizar elecciones en La Matanza o Berazategui, “matando” un fin de semana que suele dedicarse a menesteres más amables. Lo anterior sin olvidar aquella heroica gesta de los cortes de ruta del año 2008, por parte de la clase media del “campo”, usando camionetas 4X4, para desabastecer de alimentos a las grandes ciudades. Hasta ahora, cumplo en informar, no se han registrado numerosas pérdidas de vidas, ni heridos de gravedad, entre nuestras clases medias como consecuencia de las heroicas contiendas antes descriptas.

El querido sociólogo, historiador y bibliófilo Roberto Baschetti ha creado, a lo largo de los años, una valiosa página en internet con breves biografías de los montoneros caídos. Pese al carácter militante que tiene la página, me permito sugerir su lectura a Laura Di Marco. Va a encontrar allí ejemplos reales de argentinos de clase media y media alta, que pertenecieron a nuestra historia reciente y que, en contraste con el párrafo anterior, no tuvieron dudas en dar, con generosidad inimitable, su vida por la patria en el momento que les tocó vivir, con independencia del juicio que podamos hacer sobre sus decisiones. Para su desazón, que creo podrá superar, la página se llama “Militantes del peronismo revolucionario, uno por uno”.

 

 

 

 

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