MUNICION DE GUERRA

En la épica de sus palabras y en la lucha sin concesiones y hasta el final yace, tal vez, la fuerza de su legado.

La grandeza y la miseria de la vida humana quedaron condensados por estos días en la figura del “más humano de todos los dioses”, un Maradona que finalmente partió a la eternidad “mas solo que Kung-Fu”, abandonado por su entorno y llorado por un pueblo inmensamente agradecido por “la felicidad que nos dio a los pobres”. Un pueblo que jamás olvidara que “a veces ni para comer teníamos… pero él nos hacía felices”.

 

Se fue así un Maradona que con su vida y su talento hizo posible lo imposible.  Un Maradona que, a pesar de haber nacido entre los pobres y olvidados, recibió una hora después de muerto el homenaje acongojado de tres millones en twitter mientras una multitud interminable lo despidió en la Casa Rosada.

Un Maradona que “se equivocó y pagó”, un indomable que desafío a los poderes constituidos y jamás doblego sus convicciones, un irreverente que “nunca quiso ser un ejemplo” pero se convirtió en un mito viviente.

 

Maradona fue mucho mas que el mejor jugador de futbol del mundo. Encarnó la épica milenaria del héroe que salió del barro y llego al cielo peleando hasta el final contra las fuerzas del mal que desde todos los tiempos revolotean por el mundo y anidan en nuestro pecho.

En ese largo viaje al infinito, la contundencia y la transparencia de sus palabras y de sus acciones expusieron tanto los abismos de sus derrumbes como las alturas de las cumbres que desafío sin descanso. No hubo medias tintas en su vida. Tampoco complacencia.  En la épica de sus palabras y en la lucha sin concesiones y hasta el final yace, tal vez, la fuerza de su legado.

 

 Ocurre que hoy, en un mundo en crisis, las palabras y las acciones se vacían de contenido y los relatos que no inventamos hablan por nosotros. Relatos que salen de las tinieblas y subrepticiamente nos imponen una percepción de lo que es posible y deseable, reñida con nuestras necesidades e intereses. Relatos que anulan nuestra capacidad de reflexión, aborrecen las transgresiones a la “normalidad”, bloquean los sueños y ocultan que antes de llegar al cielo hay que vencer a los demonios dando pelea sin respiro y hasta el final.  La vida de Maradona abre las compuertas por las que se cuela la épica de la rebelión, un fulgor que nada ni nadie podrá apagar.

 

En este mundo de tinieblas las palabras se han convertido en instrumento de guerra que, de un modo subrepticio, destruyen derechos ancestrales, anulan el disenso y multiplican el conformismo.  Esto no es casual. Obedece a una concepción del mundo que se ha ido conformando con el tiempo y hoy es hegemonizada por la organización que nuclea a los “ricachones” de este mundo.

 

Esta organización, el Foro Económico Mundial (wef.com) concibe al mundo como un capitalismo en crisis, azotado por sus deficiencias estructurales y una pandemia que apura los tiempos de una protesta social inaceptable, expresada en un populismo nacionalista que se expande por el mundo. Para frenarlo hay que resetear al capitalismo, redefiniendo al mundo como una corporación global regida por el principio de maximizar ganancias con tecnologías de avanzada que intersectan a los espacios físicos, digitales y biológicos (inteligencia artificial, robótica, internet de las cosas, nanotecnología, biotecnología, computación cuántica etc.). Estas tecnologías de la cuarta revolución industrial convierten a los individuos en ecosistemas cuyos datos son fuente de ganancias ilimitadas. Al mismo tiempo, hacen posible una ingeniería social que permite el control y el monitoreo subrepticio de las palabras, acciones pensamientos, deseos, bienes y recursos en cualquier lugar del mundo y sin limites de tiempo.

 

Estas tecnologías ya están en marcha y la pandemia ha permitido acelerar su implementación. Las corporaciones digitales se suman a los medios de comunicación controlados por mega corporaciones y maximizan ganancias y poder dividiendo a las sociedades en tribus antagónicas.  Hoy no hay lugar para la épica y las palabras se convierten en munición de guerra que busca dividir, fanatizar e infundir miedo. Esto ocurre en el norte y en el sur de este mundo ancho y ajeno. Las modalidades podrán variar, pero en todos los casos el fin es el mismo.

 

 

El relato y la creación de una realidad alternativa

El control de la palabra ha existido desde los orígenes del tiempo. Hoy, sin embargo, la forma y la intensidad con que se ejerce excede todo lo conocido y tiene consecuencias impredecibles. Entre otras cosas, destruye el derecho universal a buscar, recibir, discutir y difundir información e ideas, algo imprescindible a la reflexión, esa cualidad única que ha permitido a la humanidad, llegar hasta nuestros días.

 

Las recientes elecciones norteamericanas han expuesto el creciente control ejercido por las grandes corporaciones tecnológicas sobre la información que circula por los medios de comunicación y las redes sociales.  Este control no solo implica la censura de lo que se puede decir y debatir, sino también la imposición de una realidad alternativa que nada tiene que ver con la objetividad de los hechos.

 

Así, Google, Facebook, Twitter y otras grandes corporaciones digitales han intervenido abiertamente en la campaña electoral decidiendo lo que se puede decir en las redes sociales y sancionando a todos aquellos que se apartan de un código de conducta que estas corporaciones han estipulado como el correcto, siguiendo criterios cuya versatilidad nadie puede discutir. Esto implica que en la practica alteran los algoritmos de las búsquedas en Internet condicionando así tanto la información que se brinda como los debates posibles. Esto ocurre a pesar de que se sabe que estas intervenciones modifican sustancialmente las preferencias de los indecisos en las elecciones. (R. Epstein, R Robertson, pnas.org 10 10 2015)

Este derecho a la censura, es, sin embargo, solo el primer paso de una actividad que se prolonga en la meteórica presentación de proyecciones que anticipan resultados favorables a un partido político, aunque las instancias constitucionales que llevan a la selección oficial de un ganador no se hayan concretado y aunque el país esté inmerso en un febril recuento de votos en un clima enrarecido por el inicio de acciones legales para nulificar resultados sospechosos.

 

Pero la cosa no queda aquí. Las corporaciones han dado ahora otro paso más en el afán de controlar los acontecimientos políticos y ocultan información sobre los hechos que son presentados en los litigios como prueba para invalidar la legitimidad del proceso electoral. Al mismo tiempo, acusan a los litigantes de crear un circo sin presentar evidencia alguna de fraude. De un plumazo hacen desaparecer, entre otras cosas: indicios concretos de que el software usado permite alterar los resultados; múltiples cuentas de votos sin supervisión alguna; incongruencias estadísticas entre votos emitidos y votos contados; súbitos cambios de tendencia a partir de la introducción masiva de votos que favorecen solo a un candidato, ocurrencia que tiene lugar después de largos apagones inexplicables de las maquinas que procesan los resultados (zerohedge.com 26 11 2020).

 

Paralelamente, las corporaciones que controlan a los medios de comunicación tradicionales (diarios, revistas, tv.) no solo han seguido las mismas pautas de censura seguidas por las corporaciones digitales, sino que ahora presionan a estas últimas para que ejerzan mayor censura sobre las voces “hiper-partidarias” de la oposición y den “mayor visibilidad a los medios tradicionales como CNN, el New York Times y National Public Radio”, cambios que, de permanecer en el tiempo permitirán crear redes sociales “menos conflictivas”. (nytimes.com 25 11 2020; zerohedge.com 25 11 2020)

 

Así, las intervenciones de los medios de comunicación y de las corporaciones digitales no solo censuran a la oposición, sino que buscan crear una realidad alternativa para validar sus actos de censura y prolongarlos en el tiempo. Con el supuesto objetivo de parar el avance de un nacionalismo populista en el país mas poderoso del mundo, silencian a 72 millones de habitantes que votaron por este sector y centralizando de un modo inédito su control sobre el disenso, potencian las divisiones y enfrentamientos siguiendo el viejo principio de dividir para reinar.

 

 

Épica vs periodismo de guerra

Mientras tanto, el sur del continente es arrasado por un viento norte que utiliza al periodismo de guerra para crear una realidad alternativa sembrando el odio, y polarizando a la sociedad para destruir al peronismo, “ese cáncer” imparable que corroe a la Republica desde hace más de 70 años.

 

Así, no basta con atacar al gobierno por los flancos desatando corridas cambiarias y fuga de reservas del BCRA. Hay que ir al corazón y obligarlo a que se desprenda de CFK, esa “irracionalidad” peligrosa que impide construir de nuevo al país como Macri cree haber hecho cuando, según el, se “sacó” de encima la “irracionalidad” de Maradona para “recrear a Boca”. (clarín.com 14 10 2020, ámbito.com 25 11 2020)

 

¿Y es que la muerte de un Maradona que es sinónimo de épica popular detonó los miedos del macrismo, como habría de ventilar una de sus dirigentes: “Carlitos Menem, Fangio, Eva Perón, Néstor…Todos se les mueren en el momento justo.!! ¡A ellos!!…Alberto quiso ser la viuda de Maradona porque su idea era salir como salió Cristina con el cadáver de Néstor” (ambito.com 27 11 2020) Esta perversidad solo describe la punta de un iceberg que avanza incontenible para destruir por cualquier medio a un gobierno que ha tenido la osadía de ser elegido para concretar la inclusión social de los olvidados, esos “cabecitas negras” que aterran con sus demandas ilimitadas.  De ahí la enormidad de lo que ocurrió el  jueves, cuando el pueblo se movilizó masivamente para dar un ultimo adiós a su ídolo en la Casa Rosada.

 

La planificación del evento, en manos del gobierno nacional, fue gravemente deficitaria. A pesar de saber que Maradona iba a atraer multitudes, no se previó correctamente el tiempo de  duración de la despedida y la posibilidad de disturbios en caso de que la misma fuese interrumpida antes de que la mayor parte de los que concurrieron pudiesen despedirse de Maradona.  Atribuir la responsabilidad de los tiempos y modalidades del evento  a la familia de Maradona, reafirma la ineficiencia  de  un gobierno incapaz de ejercer su autoridad para planificar un acontecimiento masivo que iría a ocurrir en su propia Casa y podría  tener consecuencias catastróficas.  Esta imagen de debilidad se refuerza con el posterior desborde de la seguridad dentro de la Casa Rosada.

 

Por otra parte, conociendo  desde hace años la forma de operar de una Policía al mando del macrismo -por mas que se quiera atribuir a la yunta Santilli/Larreta intenciones distinta a las de Macri-, no se explica cómo el gobierno nacional no previó la salvaje represión iniciada súbitamente en la intersección de la 9 de Julio con Avenida de Mayo, cuyos detalles fueron captados al instante por un canal de televisión. Tampoco se entiende porque no se intentó calmar al pueblo que se agolpaba en la Plaza de Mayo. ¿No había sistemas de comunicación para hacerlo en la Casa Rosada?

 

A juzgar por lo filmado,  la represión en la 9 de julio fue el incidente que posteriormente desató las corridas en la Plaza de Mayo. Su brutalidad llevó a que, tiempo después de iniciada, el Ministro del Interior  conminara por twitter a las autoridades respectivas de la CABA para que le pongan un punto final inmediatamente. Mientras tanto, estas no perdieron la oportunidad de culpar al Gobierno nacional  por los incidentes mientras la Ministra de Seguridad Nacional les retribuía dejando  en claro que la represión fue inaceptable, desatada  por la policía de CABA, y que ella tuvo que llamar a Santilli dos veces hasta lograr que cesaran de reprimir.  El Presidente, a su vez,  lamentó los acontecimientos pero aclaró que “si no hubiésemos organizado esto, todo hubiese sido peor. Era imparable…fue por la desesperación de algunos”(ámbito.com 26 y 27/11, 2020

 

El drama ocurrido el jueves no puede ser ignorado ni minimizado. Alerta sobre los peligros del momento que vivimos y evidencia un  vaciamiento  de la palabra oficial que contribuye a  erosionar la legitimidad  del gobierno en momentos en que se lo acosa para impedir que concrete  la épica de Maradona y las políticas que fueron votadas el año pasado. Admitir los errores lejos de debilitar engrandece y permite acumular fuerzas para enfrentar el próximo embate, que seguramente no tardará en llegar

 

 

 

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9 Comentarios
  1. Daniel dice

    Para mí es clarísimo que la nota critica a Trump y sus empresarios amigos.
    Y entiendo que la posición de la autora no está contra lo mediático, sino con lo que se hace con él.

  2. RGF dice

    Ese apoyo a Trump y sus delirios es increíble.

  3. apico dice

    Muy bueno su análisis, aunque su posición anti mediática y anti corporativa se confunda con un apoyo al descerebrado de Trump. Debería aclararlo, para mejor entendimiento. Respecto a la debilidad del actual gobierno, no tiene nada que aclarar, no solo en su accionar socio-político, sino en su concordancia absoluta con los sectores de poder, locales y extranjeros, como los Fondos y el FMI. Lo que salió claramente a la luz, en el entierro de Diego, fue la parte profunda del iceberg, que ninguna org. popular maneja, ni se acerca. No son los que tienen práctica de ir a las movilizaciones llevados por un determinado sello político o gremial, son los que están condenados por el desempleo, el hambre, la desconexión digital, la desinformación política y que reconocen no saber nada de política, salvo que votan al peronismo. Porque el Peronismo en algunos tiempos, como el Diego, los defendió y les dio derechos, que hoy «se les hace cuento», como diría JLB.

  4. HERNÁN DE ROSARIO dice

    En su artículo la doctora Peralta Ramos escribió lo siguiente:

    “Mientras tanto, el sur del continente es arrasado por un viento norte que utiliza al periodismo de guerra para crear una realidad alternativa sembrando el odio, y polarizando a la sociedad para destruir al peronismo, “ese cáncer” imparable que corroe a la Republica desde hace más de 70 años.
    Así, no basta con atacar al gobierno por los flancos desatando corridas cambiarias y fuga de reservas del BCRA. Hay que ir al corazón y obligarlo a que se desprenda de CFK, esa “irracionalidad” peligrosa que impide construir de nuevo al país como Macri cree haber hecho cuando, según el, se “sacó” de encima la “irracionalidad” de Maradona para “recrear a Boca”. (clarín.com 14 10 2020, ámbito.com 25 11 2020)”

    El periodismo de guerra es la negación del genuino periodismo, de esa noble actividad que requiere inevitablemente un ambiente de tolerancia y pluralismo. El periodismo de guerra es una aberración, es la máxima expresión de prostitución del verdadero periodismo. Este periodismo va ligado indisolublemente a la ética y la independencia. Sin estos valores los periodistas quedan reducidos a la mísera categoría de mercenarios, que pululan tanto en los ambientes conservadores como en los ambientes progresistas.

    A continuación me tomo el atrevimiento de transcribir parte de un ensayo de Juan Carlos Suárez Villegas (Universidad de Sevilla) titulado “La verdad informativa como garantía del periodismo de calidad” (dic. De 2013).

    ¿Por qué una ética para la comunicación?

    La libertad de prensa constituye la fórmula de vertebración idónea de la sociedad civil para organizar el debate social en torno a los asuntos de interés público. Ahora bien, ¿qué ocurre si este debate deviene en un mero eco de los asuntos promovidos por los poderes fácticos que dirigen la sociedad? ¿Son los medios de comunicación instrumentos para liberar a la ciudadanía o para domesticar sus voces? ¿Cómo entender la ética del periodista cuando a éste se le adiestra con el propósito de obedecer la voz de su amo y así conservar su empleo? El progresivo desmantelamiento de las redacciones de los periódicos, junto a la precariedad laboral, ha dejado el campo abierto a la conversión del periodista en un mero transmisor de noticias precocinadas por las instituciones. La crisis económica ha arrumbado la autonomía del periodista, condicionado por la presión de los resultados tangibles, y obligado a reproducir al instante y sin la verificación correspondiente contenidos de un escaso valor social. Tal y como señala la profesora Nuria Almirón, y en conexión con la relación causal entre la rutina profesional y la pérdida de calidad periodística: No es exagerado afirmar que en muchos casos la velocidad se acaba convirtiendo en un fin en sí mismo. Así, lo urgente puede acabar restando fuerza a lo importante y la prisa por informar o comentar, sustituyendo a la verificación. No son pocos los que piensan que, con frecuencia, la revolución de las comunicaciones afecta más a la mera transmisión que a su recopilación. Las TIC pueden servir, en definitiva, para espolear la tendencia de desear ser los primeros en informar de algo, aunque sea al precio de restarle rigor y verificación. (Almirón, 2006). Fruto de esta realidad, el periodista pierde su característica definitoria; la autocrítica y, con ella, la exigencia profesional que supuestamente acredita la calidad de la información como producto de una marcada vocación intelectual. Consecuentemente, la ciudadanía se ha distanciado de una información carente de profundidad, abandona el interés por unos contenidos elaborados de forma acrítica, sin recursos, de acuerdo a los patrones de un modelo de comunicación basado en la “noticia-rápida”, y en la que apenas se vislumbran los niveles de credibilidad que algún día detentaron los medios como administradores en régimen de monopolio de la opinión pública.

    Tal y como apuntábamos anteriormente, las restricciones de la libertad de expresión no sólo se producen por el control gubernamental sobre la labor de los medios, sino también por la pérdida de calidad informativa derivada de la claudicación de las empresas de comunicación ante los intereses económicos y políticos que las sustentan. Precisamente por esta circunstancia, la profesión periodística debe fortalecer sus estructuras organizativas y combatir a favor de un concepto más amplio de libertad de expresión que aglutine el mayor número de factores que inciden en el proceso informativo. De otra forma, el incipiente distanciamiento entre los medios profesionales y la ciudadanía progresará inexorablemente hasta un punto de difícil retorno en el que se ponga en duda la propia supervivencia de la profesión, más aún ante el surgimiento de los nuevos canales de comunicación alojados en la red con el amplio desarrollo de las herramientas tecnológicas. De este modo, la información pierde su dimensión como derecho fundamental para convertirse en una mercancía disfrazada de infoespectáculo al servicio de los intereses de sus productores. A este respecto, convendría recordar algunas de las claves que sobre la ética del periodismo recoge la Resolución 1003 del Consejo de Europa, conocida como Código Deontológico del Consejo de Europa, dirigido a los medios de comunicación. Destacaremos algunas de las ideas fundamentales. La función de los medios de comunicación es mediar y prestar un servicio público que tiene por objeto atender el derecho de los ciudadanos a estar informados y a favorecer la libertad de expresión. Por otro lado, hay que tener en cuenta que se trata de un bien muy sensible y del que depende la calidad de la libertad pública. Por ello, entre otras exigencias, las noticias deben ser fieles a los hechos y ser narradas de manera honesta, con el propósito de desvelar sus claves interpretativas, evitando cualquier injerencia exterior que condicione su estricto tratamiento informativo.

    La información, como bien de naturaleza intelectual, pertenece a los ciudadanos y de este bien dependen sus libertades personales y públicas, por lo que resulta necesario distinguir entre la propiedad del medio, como empresa informativa, a través de la que se lleva a cabo dicha tarea, de la propiedad del bien que administra, propiedad de los ciudadanos. La información no debe ser administrada en función de intereses políticos, económicos o de otra índole, sino por el mero hecho de ser un bien fundamental para el correcto desarrollo de la vida pública y la libertad individual. Del mismo modo que los hospitales disponen de los medios necesarios para propiciar la recuperación y mantenimiento de la salud de los pacientes, si bien no son los propietarios de la salud de éstos, las empresas informativas deben saber que la información es un bien que administran pero que no les pertenece. Una información completa y veraz no es más que una forma de tratar al destinatario como un igual, como un agente político más de la comunidad. En cambio, cuando la información se manipula, el medio considera que su posición es de ventaja (empoderamiento) respecto a los ciudadanos, la cual puede concederle beneficios particulares. En virtud de este concepto de la información como un bien fundamental de los ciudadanos y pilar institucional de la sociedad democrática, se afirma la necesidad de asegurar la libertad de expresión dentro de los propios medios de comunicación, tal y como queda expuesto en el artículo 10 de la citada Resolución: Hay que velar por que el espíritu del periodismo repose sobre los medios de comunicación que están sostenidos por una estructura de empresa, en el interior de la cual es necesario hacer una distinción entre editores, propietarios y periodistas. Por ello es necesario, no solo garantizar la libertad de los medios de comunicación, sino también salvaguardar la libertad en los medios evitando las presiones internas. La naturaleza del bien que tiene por objeto la comunicación pública constituye un límite ético y social de su actividad. Por esta razón, la Resolución del Consejo de Europa nos recuerda que la empresa informativa es una entidad socioeconómica y no meramente económica, lo que sustrae a los medios de la mera lógica del mercado y le recuerda su responsabilidad de mantener un comportamiento adecuado a sus funciones sociales. Así lo recoge su artículo 11 cuando indica que: “Las empresas de información deben ser consideradas como entidades socioeconómicas especiales, cuyos objetivos patronales estarán limitados por las condiciones que permitirán la prestación de un derecho fundamental”.

    Para garantizar un correcto funcionamiento de la democracia se requiere una prensa libre, lo que difícilmente ocurrirá si los agentes encargados de dicha tarea están sometidos a las presiones de la empresa para la que trabajan. Los derechos de los periodistas se descubren así como derechos de todos los ciudadanos, pues su ejercicio persigue proteger al mensajero para así garantizar el mensaje. Precisamente a esta necesidad de garantizar la libertad de expresión como un valor imprescindible en la estructura de las propias condiciones de trabajo en el medio se refiere el artículo 14 de la citada Resolución del Consejo de Europa sobre la ética de los medios de comunicación cuando indica que: En función de estas exigencias, es necesario reforzar las garantías de libertad de expresión de los periodistas, que son quienes, en última instancia, transmiten la información. Por ello hay que desarrollar jurídicamente y aclarar la naturaleza de la cláusula de conciencia y de secreto profesional “vis-à-vis” de las fuentes confidenciales, armonizando las disposiciones nacionales con el fin de poder aplicarlas en el ámbito más amplio del espacio democrático europeo. A pesar de todas estas recomendaciones bienintencionadas, la realidad sin ambages del panorama periodístico es muy diferente. No se trata de adoptar una actitud apocalíptica con respeto a la televisión y los demás medios de comunicación, pero sí de advertir las consecuencias de vivir en una democracia líquida, en la que los ciudadanos cada vez “conocen” más sin que esto signifique un control más efectivo o siquiera positivo de la realidad que les rodea, pues carecen de los elementos necesarios para formarse un juicio independiente y crítico mediante el que ponderar los efectos de dicha realidad en sus intereses y en los de la comunidad. Quizás sea el momento de reformular el concepto de información: desacralizar las primicias, expresión clara de la información asociada al producto de consumo, y contar los acontecimientos de manera contextualizada y con su trasfondo social y de interés público.

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