La operación militar “Resolucion Absoluta” ejecutada por Estados Unidos en Caracas para secuestrar al Presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores, es el acto injerencista más grave, escandaloso y violatorio del derecho internacional realizado por ese país en la región en las últimas décadas. Es la primera vez que Estados Unidos ataca militarmente a un país sudamericano (antes solo lo había hecho en Centroamérica y en las islas del Caribe), lo que da cuenta del significado del “corolario Trump” a la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos divulgada en diciembre. La incursión, calificada por el Presidente Trump como “magistral”, dejó más de 80 muertos, más de la mitad de ellos pertenecientes a la seguridad del Presidente venezolano, 32 de ellos cubanos, y ninguna baja en las fuerzas estadounidenses.
Todo apunta a que hubo infiltrados de la CIA al menos en los altos mandos de las fuerzas de seguridad de Maduro, lo que habría permitido el desplazamiento de los helicópteros estadounidenses sin ninguna resistencia de las Fuerzas Armadas Bolivarianas. Muchos analistas consideran que también hubo negociaciones entre funcionarios del gobierno chavista con el gobierno estadounidense, aunque falta que el polvo se asiente.
Donald Trump cargaba con el pasivo de no haber podido derrocar al gobierno de Nicolás Maduro durante su primer mandato, ni tampoco desterrar la presencia económica china en nuestra región. La imposición de Juan Guaidó como presidente a.i. (2019-2023), con sus más de 50 representaciones diplomáticos financiadas por el gobierno estadounidense; la creación en 2017 del Grupo de Lima, un grupo de doce países latinoamericanos alineados con Trump que buscaban una salida pacífica a la crisis política y humanitaria en Venezuela; y el lanzamiento de la Iniciativa América Crece, un proyecto para financiar proyectos de inversión en infraestructura, telecomunicaciones y redes digitales con la condicionalidad de limitar la presencia china, fracasaron rotundamente.
Asimismo, en agosto de 2020 el Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca lanzó un nuevo marco estratégico para América Latina y el Caribe, en donde se menciona explícitamente a China como enemigo extra regional por “su influencia maligna al querer expandir su participación de mercado, especialmente en la infraestructura 5G, para Huawei y otras empresas de tecnología, aumentar la dependencia financiera de China y las exportaciones de recursos naturales”. En el documento se anuncia que Estados Unidos contrarrestará “la agresión económica de China”.
En su segundo mandato, Trump continúa teniendo a China y al petróleo venezolano en la mira. Por eso, desde fines de agosto de 2025 cercó al país con más del 20% de su flota militar –que muchos expertos catalogan como el mayor despliegue desde la Crisis de los Misiles de 1962–, con la complicidad de varias islas del Caribe (República Dominicana, Trinidad y Tobago, Aruba y Curazao).
Para invadir Venezuela no ha tenido problema en violar la legalidad de su propio país, al no contar con la aprobación del Congreso. Tampoco en violentar el derecho internacional y la Carta de la Naciones Unidas bajo el amparo de causas infundadas como la acusación de que Maduro lidera el denominado Cártel de los Soles. La propia justicia estadounidense declaró que esa organización no existe, cuando Maduro y su esposa ya se encontraban recluidos en Nueva York.
Trump es coherente con su irrespeto a la institucionalidad y al derecho internacional. Ha dicho manifiestamente que este es un estorbo para una gran potencia. Esta semana se han cumplido cinco años de aquel 6 de enero cuando alentó y avaló el asalto al Capitolio para impedir que se juramentara el electo Presidente Joe Biden. Al llegar nuevamente al gobierno, Trump ha indultado a más de 1.200 condenados por participar en la revuelta. El Presidente no solo avaló el asalto sino que, en un comportamiento golpista, pidió que se revirtieran los resultados en cuatro estados, entre ellos el de Georgia. Además se llevó documentos clasificados del Pentágono a su residencia de Mar-a-Lago, por todo lo cual enfrentó juicios. Trump ha señalado esta semana que quiere modificar la Constitución para poder ser reelecto por tercera vez y que habrá un movimiento constituyente.
Con el traumático secuestro de la ex pareja presidencial venezolana, Estados Unidos le ha dado un duro golpe al orden mundial basado en el derecho internacional y en la Carta de las Naciones Unidas que nos retrotrae a tiempos neocoloniales, a la diplomacia de las cañones donde solo rige el poder del más fuerte y el poderío militar pisotea el derecho a la autodeterminación de los países. Asimismo, inaugura un nuevo capítulo en la política venezolana, que ha recibido un duro golpe a su soberanía y a los principios del chavismo, vigentes durante los últimos 26 años.
Diplomacia de las cañoneras
Trump ha resucitado la estrategia de política exterior, también llamada gunboat diplomacy, utilizada de forma prominente durante el imperialismo del siglo XIX. Esta implica el uso o amenaza de la fuerza militar, especialmente naval, para coaccionar o influir en un país más débil y lograr objetivos políticos o económicos, como asegurar concesiones, tratados favorables o evitar interferencias extranjeras, sin llegar a una guerra total.
En efecto, la operación para secuestrar a Maduro y a su esposa se inició a fines de septiembre con la presencia de buques de guerra y el portaviones Gerald Ford, desde donde bombardearon embarcaciones en el Mar Caribe y en el Pacífico que supuestamente transportaban drogas. Fueron bombardeadas 35 pequeñas embarcaciones y asesinadas extrajudicialmente 115 personas. La escalada continuó con la confiscación de petróleo venezolano y amenazas de Trump, quien dijo que le pertenecía. Sin embargo, el gobierno venezolano no respondió militarmente. En este proceso, Venezuela recibió el respaldo declarativo de los Presidentes de Rusia, China, Irán, Brasil, Colombia, México, los miembros del ALBA, parte de la Caricom, la Unión Africana, Chile, entre otros, pero es sabido que las declaraciones no tienen una utilidad práctica.
Envalentonado con el éxito de la operación militar, Trump amenazó a México, a Colombia y a Cuba. Dijo que la Presidenta Claudia Sheimbaum tenía miedo y que el ejército estadounidense ingresaría por vía terrestre al país para controlar a los cárteles que enviaban droga a Estados Unidos. Sobre Colombia, dijo que el país está “dirigido por un hombre enfermo al que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos”. Días antes había dicho literalmente que Gustavo Petro se cuidara el trasero. Inicialmente, la respuesta del colombiano fue desafiante al decir que “tomará las armas nuevamente” y defenderá su patria, pero el viernes llamó al Presidente Trump y le dijo que María Corina Machado no debió quitarle el Premio Nóbel de la Paz y que “la posición de Estados Unidos con relación a Venezuela no se aleja tanto de la mía. La idea de transición hacia unas elecciones libres y la de un gobierno compartido la han planteado otros, como Rubio, y coincide con mi propuesta”. Sobre Cuba, Trump dijo que no había que hacer mucho pues la crisis económica haría su propio trabajo, en particular ahora que no recibirán el apoyo de Venezuela.
Con actitud imperial, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo a NBC News que el hemisferio es nuestro y que no permitirá que sus adversarios invadan la región. Pero la economía estadounidense no tiene una buena performance y en noviembre tendrán lugar las elecciones de medio término, que podrían atar de brazos al gobierno. Trump tiene un nivel de aprobación de 43% y un 55% de desaprobación. Solo un tercio de los estadounidenses apoya el secuestro de Maduro, a pesar de que no hubo pérdida de vidas de sus compatriotas durante la invasión.
Fin del orden mundial
En los días transcurridos desde la captura de Maduro, Trump ha elogiado a la Vicepresidenta Delcy Rodríguez, quien juramentó como Presidenta encargada, como una socia “amable”, a pesar de lo cual ha sido amenazada con un destino similar o peor al de su ex jefe si no controla a su partido y le otorga a Estados Unidos acceso total a las reservas petroleras del país.
Delcy Rodríguez ha tenido un comportamiento ambiguo. Ha dicho que Maduro sigue siendo el legítimo Presidente y que “lo que se está haciendo en Venezuela es una atrocidad que viola el derecho internacional”. Pero también se ha mostrado cooperante y el viernes escribió en sus redes sociales que su gobierno invita al de Estados Unidos “a colaborar con nosotros en una agenda de cooperación orientada al desarrollo compartido en el marco del derecho internacional para fortalecer la coexistencia comunitaria duradera. Presidente Donald Trump, nuestros pueblos y nuestra región merecen paz y diálogo, no guerra”.
Es probable que la férrea unidad de los mandos militares con el poder civil –factor que les impidió derrocar al gobierno de Maduro durante el primer mandato de Trump a pesar del dinero invertido en el fracasado experimento de Juan Guaidó– haya determinado que el gobierno estadounidense haya optado por trabajar conjuntamente en la transición –hacia no se sabe qué– con el chavismo.
Trump considera que sería “muy difícil” para María Corina Machado convertirse en la próxima Presidenta. “No cuenta con el apoyo ni el respeto del país”, ha dicho. “Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. Sin duda, la mandó debajo de las ruedas del tren y retiró el aval al supuesto triunfo de Edmundo González, el candidato presidencial de Vente Venezuela que supuestamente ganó las elecciones con un 65% de los votos. Nunca hubo pruebas de que esto fuera así, salvo unas supuestas actas que se encuentran resguardadas en Panamá. Además, es sintomático no haber visto a la población festejando, en Venezuela, la salida del dictador que supuestamente les robó las elecciones en julio de 2024. Nada. Ni un solo cartel.
Trump demanda que Delcy Rodríguez proporcione “acceso total”, desde las instalaciones petroleras hasta la infraestructura esencial y las carreteras, lo que permitirá su reconstrucción. Ojalá haya tomado en cuenta que en ese país, como en cualquiera, hay leyes que regulan la inversión extranjera, algunas de las cuales tienen rango constitucional. Además, demanda que Venezuela reduzca sus relaciones con China, Rusia, Irán y Cuba. Trump ha afirmado que Estados Unidos “gobernaría” Venezuela hasta que se pudiera llevar a cabo una “transición segura, adecuada y juiciosa”.
Dinamitar las instituciones
En una entrevista con The New York Times, Trump dijo que su poder como comandante en jefe está limitado únicamente por su “propia moralidad” y “su propia mente”, relegando a un segundo plano las normas del derecho internacional y otros mecanismos de control que suelen servir de contrapeso a la hora de ordenar ataques, invasiones o coerciones contra otros países. Trump cuestiona el orden mundial de posguerra y defiende el uso unilateral del poder de Estados Unidos. Considera que las normas del orden internacional surgido después de la Segunda Guerra Mundial son cargas innecesarias para una superpotencia. Sin embargo, es reacio a que el Presidente de Rusia, Vladímir Putin, y el mandatario chino, Xi Jinping, puedan emplear una lógica similar en perjuicio de los intereses estadounidenses.
Así, Trump ha anunciado un megapresupuesto de defensa para 2027, que ha incrementado el valor de las acciones de las compañías armamentistas estadounidenses más importantes. Raytheon Technologies Corporation ganó un 4,4% en la Bolsa de Valores de Nueva York durante la jornada del 8 de enero, mientras que Lockheed Martin consiguió un alza de 8%, Northrop Grumman un 9,5% y Kratos Defense un 16,4%.
El secuestro de Maduro y de su esposa Cilia Flores con argumentos de defensa de la libertad y la democracia ponen en evidencia que, bajo el gobierno de Trump, y en general para la mayoría de los Presidentes estadounidenses, lo que importa es que se les permita el control de sus recursos naturales.
Asimismo, el Presidente Trump ha continuado con el proceso de demolición de las instituciones y el orden mundial creado después de la Segunda Guerra Mundial, basado en el derecho internacional establecido en la Carta de las Naciones Unidas y en las instituciones de Bretton Woods. En la medida que China consolida su poderío tecnológico, productivo y naval, Estados Unidos apuesta por la fuerza y no acepta una reforma democrática de estas instituciones, conforme lo plantean Rusia, China y los países de los BRICS. Trump apuesta a dinamitarlas y volver a la diplomacia de las cañoneras. El jueves Trump se ha retirado de 66 organizaciones internacionales, 31 de las cuales pertenecen a las Naciones Unidas, vinculadas en particular al cambio climático, alimentación, niñez y cultura, entre otras.
Pero las armas no lo son todo. La marcha de la economía no presenta buenos augurios: déficit fiscal crónico que supera el 6% del PBI, una deuda de 38 billones de dólares que crece como una bola de nieve, que le resta confianza a los tenedores de dólares y Bonos del Tesoro y, lo que es más grave, la pérdida del valor del dólar frente a una canasta de las principales monedas del mundo, así como su vulnerabilidad como moneda de reserva y medio de pago. Trump necesita urgentemente que el petróleo se siga vendiendo en dólares y no en monedas locales para poder sostener su rol hegemónico. Tampoco la moral anda bien. El Presidente necesita generar acontecimientos que desvíen la atención de los miles de archivos del caso Epstein que aún no han sido divulgados, en los que está involucrado.
Trump ha conseguido doblegar al chavismo por ahora. Ambos gobiernos están explorando la reanudación de relaciones diplomáticas y el de Venezuela ha liberado presos políticos, proceso que había iniciado Maduro días antes de su secuestro y que fue uno de los talones de Aquiles del proceso bolivariano.
Las exigencias del gobierno estadounidense al venezolano sobre la gestión de su economía y el acceso a sus recursos naturales generarán serias tensiones. El resto de la región tendrá menores márgenes de soberanía en su relacionamiento con otras potencias. Las autoridades estadounidenses han dicho en todos los idiomas que somos su hemisferio. Solo una agenda con estándares mínimos comunes de dignidad puede paliar la prepotencia de Trump de dominar nuestra región.
--------------------------------
Para suscribirte con $ 8.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 10.000/mes al Cohete hace click aquí
Para suscribirte con $ 15.000/mes al Cohete hace click aquí