NADA PERSONAL

 

Desde Salta, el Presidente Alberto Fernández preguntó el jueves: “¿Dónde están los ajustes? Explíquenmelo. Con este acuerdo no hay ajuste». En la madrugada del viernes, los 13 senadores que votaron en contra del acuerdo con el FMI le respondieron:

  • La reducción del déficit depende de la reducción de subsidios. Pero esto significa menos gasto en consumo, por lo que caerá la recaudación profundizando el déficit.
  • La reducción de la inflación depende de la reducción del financiamiento monetario del déficit, mientras que las metas de reducir subsidios energéticos (aumentar tarifas) y mantener el tipo de cambio real tensan los precios al alza, generando inflación por aumento de costos. La meta de reducción de inflación nunca podrá ser cumplida.
  • La reducción del financiamiento monetario al Tesoro necesita del acceso al financiamiento vía mercado local de deuda en pesos.
  • Eso depende de una política sostenida de aumento de tasas de interés.
  • Ese aumento de tasas en términos reales contrae la actividad económica real y la recaudación, lo que profundiza el déficit.
  • La acumulación de reservas depende de un superávit comercial positivo consolidado, que a su vez debe compatibilizarse con la meta de mantenimiento del tipo de cambio real, que implica una devaluación constante que es de por si inflacionaria.
  • Con estas premisas resulta imposible impulsar el crecimiento económico, sin el cual no hay industria, ni autoabastecimiento energético, menos aún cambio tecnológico y diversificación exportadora que son las bases reales de un modelo de desarrollo sostenible con distribución de la riqueza.

Aquí podés ver el texto completo del documento Crecer para pagar.

Es ostensible que no se trata de cuestiones personales, sino de diferencias políticas profundas. Exactamente al revés de lo que pregona la portavoz presidencial, Gabriela Cerruti.

El Poder Ejecutivo sintió alivio al comprobar que una amplia mayoría refrendó en ambas cámaras del Congreso el acuerdo con el FMI y observó al kirchnerismo como una disidencia minoritaria. Impulsado por sectores de la oposición y por los medios que desde el día uno intentaron dinamitar la relación con la vicepresidenta, fantasea con una nueva relación de poder que le permita independizarse. Para ese tipo de ensoñaciones nuestra bella lengua tiene una expresión acuñada en su infancia campesina: tomar el rábano por las hojas.

 

 

 

Lo que vendrá

Durante la discusión de la semana anterior en la Cámara de Diputados, un colaborador de Cristina dialogó con un legislador que había anticipado su voto positivo.

No quiero ser responsable de que todo salte por los aires dentro de cinco meses— argumentó el diputado.

—Con el Fondo o sin el Fondo, todo va a saltar dentro de un mes— fue la respuesta que lo enmudeció.

A disgusto y con muchas dudas, cambió su voto positivo.

Esos son los términos de un debate que es imposible zanjar hoy. El Presidente está convencido de que firmó una tregua con el FMI, que le dará tiempo al país para crecer y, a su tiempo, pagar. Cristina piensa que es un pacto suicida, que agravará la crisis sobre los hombros de los más vulnerables. Él se ilusiona con su proyecto reeleccionario en 2023. Ella da por perdidas las elecciones del año próximo y piensa en el mes que viene. Es la misma discrepancia que tuvieron antes de las elecciones primarias de hace seis meses: Alberto confiaba en un resultado favorable y Cristina estaba segura de lo contrario. Si perdimos con 10% de crecimiento y sin FMI, ¿cómo podríamos ganar ahora?, pregunta. Que haya tenido razón entonces, no significa que la tenga también ahora.

En diciembre de 2020 CFK reclamó “alinear salarios y jubilaciones con precios, sobre todo de alimentos, y tarifas. El 65 ó 70% de la actividad económica la mueve la demanda, que sólo puede lograrse con buenos salarios y jubilaciones, y con precios accesibles de los alimentos. Se puede hacer, como lo hicimos durante doce años y medio. Y por eso volvimos, además de por la unidad. Si uno no sabe cómo llegó, es probable que tampoco sepa cómo ir”. La inflación de alimentos en 7,5% en febrero asigna una incandescente actualidad a su diagnóstico.  Cuando Alberto anunció que el viernes comenzaría la guerra contra la inflación, Ricardo López Murphy preguntó:

—¿A qué hora?

CFK cree que la victoria electoral no depende de la unidad de los dirigentes sino de cómo le va al pueblo. Esas visiones contrapuestas se reiteran al evaluar la sanción legislativa: el entorno presidencial y la trifecta mediática celebran que lo que han bautizado como cristicamporismo no haya arrastrado ni a la mitad de los bloques de cada cámara. En la otra orilla desdeñan ese álgebra parlamentaria y confían en el arraigo popular de sus planteos, que podrán acrecentarse si se cumplen sus pronósticos sobre los efectos de lo que despectivamente llaman Pacto. La adhesión del pueblo no es su único activo: incluso dentro de las filas del Grupo Callao abundan integrantes, hijos y parejas que no admiten el enfrentamiento con Cristina que otros atizan.

Para quienes observan sin ser parte, sólo queda esperar que los acontecimientos se desarrollen para saber quién previó con mayor claridad lo que se avecina.

 

 

Cada cual atiende su juego

También difiere el estado de ánimo de los protagonistas. Cristina supone que si sus vaticinios son certeros, Martín Guzmán volverá a la academia, Matías Kulfas encontrará empleo en una consultora, Miguel Pesce irá a un banco privado, Vilma Ibarra a un estudio jurídico o al departamento legal de una empresa, Alberto a su cátedra y los paneles de televisión, mientras que todas las furias del liberalismo reciclado o del fascismo neo en auge se dirigirán en contra de ella y de su familia, esos oscuros objetos de deseo.

Pero no serán las únicas víctimas. Como la misma Vicepresidenta lo ha dicho, no vienen por ella sino por los derechos de los trabajadores. Entre quienes los representan, esa certidumbre motiva conclusiones distintas a las de Cristina. Es el caso de la CTA, que fue la columna vertebral de la impugnación en las calles contra el macrismo en el gobierno, mientras la CGT se resistía a fijar fecha para un paro y el Movimiento Carolina establecía una cordial y lucrativa convivencia con el ala dialoguista socialcristiana del macrismo.

Hugo Yasky, quien además de conducir la CTA es diputado nacional del Frente de Todos, esperaba que la posición del bloque se decidiera en una reunión interna, que luego todos acatarían. Como Máximo Kirchner prefirió renunciar a la presidencia del bloque, Yasky remitió su decisión primero a un plenario de secretarios generales de la CTA y, ya en el momento de la decisión, a la mesa chica sindical. Para decidir la abstención pesó también la voluntad de mantener unido al sub bloque sindical, que además de Yasky y el cordobés Pablo Carro, integran por la Corriente Federal de la CGT Sergio Palazzo, Vanesa Siley, Claudia Ormaechea y María Rosa Martínez (esposa del Gringo Héctor Amichetti, de la Federación Gráfica Bonaerense).

Yasky se rehúsa a reconocer que el 2023 sea un fruto prohibido y descree de la hipótesis de una resistencia kirchnerista en la provincia de Buenos Aires, hasta regresar en 2027.

Un segundo tiempo de la coalición cambiante profundizaría el desastre provocado entre 2015 y 2019 en las filas populares y partiría al peronismo, ya sea sobre el eje Macrì-Pichetto o Rodríguez Larreta-Massa-Gerardo Morales. El establishment está trabajando sobre esa hipótesis. La consultora del padre del detenido espía Marcelo Sebastián D’Alessio, que trabaja para la embajada de Estados Unidos, difundió una presunta encuesta según la cual “57% de los argentinos quiere que el próximo Presidente tenga una orientación de centro derecha moderada para el 2023”.

En esa línea, durante la sesión del jueves, la senadora jujeña Silvia Giacoppo encomió la alianza del carcelero provincial con Massa, que propuso como modelo para el país, y culminó su desopilante intervención con una referencia a inversiones para producir en Jujuy nitrógeno verde (sic). Sólo es comparable con la pródiga Gladys González, a quien la metáfora no se le da bien: criticó a quienes deciden bajarse del barco que se hunde en vez de seguir empujando. O con el radical Pablo Blanco, que entre cotilleo y cotilleo con Gladys González y Carolina Losada dijo que el gobierno reaccionaba cuando la soga le llegaba al cuello.

 

 

Imposible de cumplir

En la misma, desconcertante conferencia de prensa, Cerruti implicó que el acuerdo con el FMI es incumplible y que obligará a nuevas negociaciones con el organismo internacional. La más ardida defensora de cada acción de gobierno, coincidió así con los discursos de la oposición. Al iniciar su exposición dijo: “Por primera vez una deuda que compromete en su pago a varias generaciones de argentinos debe pasar por el Congreso de la Nación”.

 

 

Edición del video: Lucchino Della Maggiora

 

 

¿Varias generaciones? La Argentina se obligó a pagar la deuda con el FMI entre 2026 y 2034. De aquí a 2034 no pasará ni una generación, que se estima en veinte años. Tal vez sin darse cuenta, la portavoz dejó implícito que esa pauta se extenderá por varias décadas más de lo previsto. Es probable que no se equivoque. Y a esto debe sumarse el revoltijo mundial por la invasión rusa a Ucrania, dos de los mayores productores y exportadores de hidrocarburos y cereales.

Sobre ese tema decisivo no hubo preguntas, que en cambio se reiteraron en forma monótona sobre otra sorprendente expresión de la ministra.

Periodista: ¿Por qué el Presidente no condenó públicamente el ataque a Cristina?

Cerruti: El Presidente envió mensajes a la Vicepresidenta y a su secretario sin obtener contestación.

Esa respuesta, que no calza con la pregunta, ¿responde a una decisión previa?

Ante la insistencia periodística, Cerruti dijo que ella había condenado la agresión. Pero no explicó, ni se lo preguntaron, por qué esperó dos días para su tibio pronunciamiento, desde la tarde del jueves 10 hasta la del sábado 12. Entre una cosa y otra medió la filosa frase de Andrés Larroque sobre el aturdimiento causado por el silencio y la parsimonia oficial al respecto. El tuit de Cerruti tampoco contestó al hecho sino al comentario del Cuervo. Y ni siquiera nombró lo sucedido. Lo que el Presidente y todo el gobierno nacional “desprecia y repudia” es “la violencia”. No el ataque directo de varios machos a la mujer que ocupa la vicepresidencia. Verde, que te quiero verde.

 

 

 

 

La investigación de la jueza federal María Eugenia Capuchetti produjo cuatro allanamientos, una detención y dos pedidos de captura. En el allanamiento se secuestraron un barbijo y una remera inconfundibles que aparecen en las imágenes del atentado. Los cuatro identificados tienen entre 18 y 20 años y viven en parajes semi-rurales de Laferrere, Rafael Castillo y Guernica, en viviendas tan precarias que se duda en darles ese nombre. Una no tenía ni siquiera cuatro paredes, otra era la única en varias manzanas. Todos alejados unos de otros. Luego de estudiar las imágenes, la jueza  entiende que hubo dos grupos distintos sobre la avenida Entre Ríos: uno se desplazó hacia la esquina de Yrigoyen, desde donde partieron las piedras contra Cristina, y otro hacia Rivadavia. En el segundo grupo estaban las organizaciones sociales como el Movimiento Teresa Rodríguez, que quemó tachos y lanzó piedras, y está siendo investigado por los jueces porteños, que también practicaron un par de detenciones. Capuchetti pidió que ambas causas se unifiquen en su juzgado. Hay indicios de que el grupo agresor estaba organizado, con roles diferentes, entre quienes proveían los proyectiles y aquellos que los lanzaban. Hasta ahora no fue posible determinar quién los reclutó, los trasladó y pagó el viaje, porque el único detenido se negó a declarar.

 

 

 

Cascotes

El enredo en que incurrió una persona inteligente y de alto nivel profesional como Cerruti refleja la molestia oficial con un asunto incómodo que no sabe cómo manejar. Así lo indica el documento difundido por un grupo de asesores presidenciales, encabezado por Alejandro Grimson, Ricardo Forster y Dora Barrancos, que firmaron algunos funcionarios de segunda línea y ex integrantes de Carta Abierta, la agrupación de intelectuales que se desinfló con la pérdida de sus inspiradores, Nicolás Casullo y Horacio González. El texto afirma que este no es tiempo de épica ni radicalización, sino de moderación porque la relación de fuerzas no permite otra cosa. Alguien incorporó entre quienes lo suscriben un nombre y apellido llamativos.

 

 

 

Grimson dijo al presentar su obra que “no hay forma de enfrentar a la derecha con un Presidente que es cascoteado”.

 

 

 

Pasados los días, ni el medio ni el publicista enmendaron el error: los cascotes no se dirigieron a Fernández, Alberto, sino a Fernández, Cristina. Por si hubiera alguna duda, el asesor presidencial Nahuel Sosa usó la misma imagen en un debate mediático sobre el documento. Grimson y Sosa no son lelos ni ingenuos, y en una semana el Presidente no prescindió de ellos, de modo que esa debe entenderse como la línea oficial: el agredido es Alberto, no Cristina.

Tal como las armas rusas que atormentan a los civiles ucranianos, los cascotes argentos también pueden cambiar de dirección en vuelo e incluso desmaterializarse para alcanzar un blanco distinto al original. Si es cierto que el Fondo no lo veta, será bienvenida cualquier mejora en el presupuesto para Ciencia y Técnica, que ya muestra tan encomiable eficiencia.

A esa reescritura de la historia de patas tan cortas aportó el senador entrerriano Edgardo Kueider, jefe de un subgrupo en el Senado, que eligió una radio del Grupo Clarín para vocear sus críticas al kirchnerismo. En el recinto dijo que “fuimos nosotros los que decidimos que Alberto Fernández esté allí y no hay que darle la espalda en los momentos difíciles” y cuestionó “a quienes especulan esperando el fracaso de uno para tener aspiraciones a gobernar luego”, porque “primero está la Patria, después el Movimiento y después los Hombres”. Las mujeres, a la cocina. También propuso bajar la presión fiscal y reducir retenciones, que es el discurso de la oposición que votó el acuerdo con las dos manos y a mucha honra.

La neuquina Silvia Sapag, quien anticipó su abstención, pidió la inserción de tres documentos de Nicolás Dujovne:

  • Uno de 2016, en el que afirma que el recién concluido gobierno de Cristina dejó una bendición a quien lo sucedió, porque el endeudamiento del Estado, de las empresas y de los hogares era bajísimo.
  • Otro de 2017, cuando ya era ministro de Economía, en el que sostuvo que el gobierno no recurriría al FMI.
  • Y una nota del diario La Nación, del 27 de septiembre de 2018, en la que declara desde Nueva York que “surgió del Fondo, y del apoyo internacional, la decisión de proveer más fondos frescos” a la Argentina.

 

 

 

—¿Esto es una aval explícito a las políticas de Macri?— pregunta el corresponsal.

—El Fondo Monetario es un organismo multilateral, detrás están los accionistas. Son los accionistas quienes han decidido apoyar a la Argentina, los grandes países del mundo. Hay un consenso total de que la Argentina merece ser apoyada en el proceso de reformas— responde Dujovne.

La senadora cambiante de Neuquén, Lucila Crexel, sobrina de Silvia Sapag, sorprendió con su abstención, luego de repartir palos a diestra y derecha, lo cual motivó mucha molestia en su bloque, sobre todo cuando dijo que el endeudamiento fue irresponsable. Carolina Losada intentó cortar su exposición.

 

 

 

 

Un partido Común

El documento de los asesores presidenciales preludia el lanzamiento de un nuevo partido político, en cuya organización está trabajando el diputado nacional Leandro Santoro. El nombre provisorio con que se lo identifica es Común. Santoro y Victoria Tolosa Paz fueron los candidatos señalados por el Presidente para encabezar las listas de candidatos a diputados nacionales en las dos Buenos Aires. El principal mérito para esa responsabilidad es su amistad con él. Apasionados discutidores televisivos, con la misma repugnancia al punto y aparte que Fernanda Vallejos, ambos fueron derrotados. En cambio, Máximo Kirchner había propuesto una lista representativa de las principales tendencias internas de la coalición:

  • Santiago Cafiero,
  • Luana Volnovich,
  • Carli Bianco y
  • Malena Galmarini.

Ni le contestaron. Se enteró por los diarios quiénes eran los bendecidos por la lapicera presidencial.

El único ministro del gabinete nacional que se refirió al ataque contra el despacho de CFK como un atentado, fue el de Desarrollo Social, Juan Horacio Zabaleta, uno de los más próximos al Poder Ejecutivo. Pero lo hizo una semana después, para justificar la baja de un beneficiario del Plan Potenciar Trabajo, sin que los tribunales determinen si es culpable de aquello de lo que el gobierno de la Ciudad Autónoma lo acusa.

 

 

Antes, se habían pronunciado Daniel Filmus, Jorge Taiana y Eli Gómez Alcorta.

 

 

 

Algo para festejar

Tuvo que intervenir el Presidente para que el aumento del salario que aún se llama mínimo, vital y móvil fuera del 45%, en cuatro tramos, para llegar a 47.850 pesos mensuales en diciembre, pero con una cláusula que habilita a discutir esos números a partir de agosto, si la inflación vuelve a mermar el poder adquisitivo de ese y de todos los salarios.

Los incrementos pactados (18% en abril, 10% en junio y agosto, 7% en diciembre) se acumulan al 3% otorgado en febrero. De este modo, en el año calendario marzo 2022-marzo 2023, la mejora sería al menos del 52,7%. Daer y Yasky recurrieron al Presidente para vencer la resistencia del Ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y del abogado de empresas Daniel Funes de Rioja, el especialista en racionalización de personal, reducción de derechos y ajuste salarial, designado para conducir la UIA, quienes insistían en un planteo más restrictivo.

La reunión del Consejo del Salario, en el que participan junto al Estado los gremios de trabajadores y de patrones, se realizó en forma remota, porque un acampe impedía el acceso al Ministerio de Trabajo. Pero una vez logrado el entendimiento, funcionarios y gremialistas se reunieron en la Casa de Gobierno con el Presidente, para el anuncio público. El sitio de la presidencia en YouTube difundió un breve video, en el que hablan Daer, Funes y Yasky.

 

 

 

 

 

Los jefes de las centrales de trabajadores también disuadieron a Moroni de convocar a un próximo Congreso de la Productividad. Lo hizo Perón en 1952, y su relación con la clase trabajadora no volvió a ser lo que era. Después del acuerdo con el Fondo, la sola mención de esa palabra enciende luces de alarma.

En la firma del acuerdo, Alberto reiteró la decisión de que los salarios no crezcan por debajo del índice de precios al consumidor. El mes pasado fue de 33.000 pesos. Con el escalonamiento dispuesto, será este mes de 40.425. Pero recuperar el poder adquisitivo que tenía el 9 de diciembre de 2015 requeriría que hoy llegara a 51.300 pesos mensuales.

Esto ha sido más marcado en las otras categorías salariales, y sigue pendiente la recuperación de lo perdido en los cuatro años del macrismo, cuando el salario real de los trabajadores registrados cayó el 16,8%. Comenzó a recuperarse en el primer trimestre del actual gobierno, pero volvió a bajar con el aislamiento impuesto por la pandemia a partir de marzo de 2020. El promedio de los trabajadores perdió el 20% del poder adquisitivo de sus ingresos. La merma fue mucho más pronunciada entre los estatales (-29% entre aquel día y el primer año del actual gobierno) y rondó el 33% para aquellos sin un empleo formal.

Es posible analizarlo con mayor detalle, cotejando la cantidad de personas empleadas por el sector privado, entre 2003 y 2021, y las remuneraciones percibidas. Estos cuadros ayudan a entender mejor qué quiere decir la trifecta mediática cuando afirma que las elecciones de este año marcan el final de un ciclo político. Lo que dan por terminada es la era del pleno empleo y las altas remuneraciones.

El primero de los cuadros muestra la cantidad de personas ocupadas en el sector privado registrado, por rama de actividad en siete momentos decisivos:

  • 2003, cuando asumió la presidencia Néstor Kirchner;
    • 2007, cuando lo sucedió CFK;
    • 2011, cuando ella fue reelecta.
    • 2015, cuando llegó al gobierno del hombre de negocios dudosos con el Estado Maurizio Macrì.
    • 2019, cuando la resistencia popular a sus políticas, su brutal manejo de la economía, y la inteligencia táctica de Cristina impidieron que gozara de un segundo mandato para completar su obra destructiva.
    • 2020, primer año de gobierno de Alberto Fernández, y
    • 2021, el estado del empleo privado registrado.

 

Hay una pauta que se repite: en casi todas las ramas de actividad el empleo privado crece entre 2003 y 2015 y declina o se estanca a partir de allí. Esto es aún más notable si se cotejan los salarios que cobraban esas personas en cada uno de los años seleccionados.

 

Remuneración promedio trabajadores privados registrados por rama de actividad, en dólares.

 

 

Entre 2003 y 2015 hay ramas en las que el salario medio se cuadruplicó (Industria Manufacturera, Construcción, Comercio, Bancarios), quintuplicó (Minería, Servicios de Electricidad, Gas y Agua, Gastronómicos, Transporte, Almacenamiento y Comunicaciones) y hasta sextuplicó (Camioneros). El RIPTE (remuneración promedio) creció cinco veces, y el Salario Mínimo, Vital y Móvil, casi siete veces.

También fue general el movimiento inverso a partir de 2015, cuando las remuneraciones en casi todas las ramas se redujeron a la mitad, igual que el RIPTE y el Salario Mínimo, Vital y Móvil. En 2021 estos dos últimos rubros cayeron aún más respecto del final del macrismo: el RIPTE de 884 a 876 dólares y el Salario Mínimo, Vital y Móvil de 285 a 265 dólares.

Si estos datos se vuelcan en un gráfico con distintos colores por rama de actividad, la conclusión es impactante. Algunas tuvieron mejor desempeño que otras, pero todas repiten el mismo diseño: fuerte mejoría entre 2003 y 2015; caída abrupta a partir de entonces y suave desde que concluyeron los experimentos del macrismo sobre seres vivos, en 2019.

 

 

La caída del salario mínimo y el porcentaje de la canasta básica que cubre puede apreciarse en estos gráficos:

 

 

 

 

 

 

Cuesta arriba

Parte del bloque de Senadores del FdT recibió en el despacho de Oscar Parrilli al economista belga Éric Toussaint, creador hace tres décadas del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas, quien afirma que el default no es el caos sino una oportunidad, que la Argentina no debe temer. Agregó que el inicio de la recuperación económica luego de la crisis de fin de siglo fue “la suspensión de pagos al FMI declarada por Adolfo Rodríguez Sáa”. Recién cuando sostuvo ese enunciado en una entrevista radial, la periodista Cynthia García le notificó al especialista que Rodríguez Sáa había suspendido los pagos a los acreedores privados, no al FMI.

Las vallas del FMI, por Azul Blaseotto

 

Esto pone de relieve lo empinado del camino que enfrentan quienes impugnan la negociación con el Fondo Monetario en los términos en que la llevó Martín Guzmán.

 

 

 

 

La música que escuché mientras escribía.

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