Nada puertas afuera

El impacto del coronavirus en la cultura

 

El aislamiento obligatorio generó un inevitable antes y después en las actividades públicas, especialmente las relacionadas con el espectáculo y la cultura, pero en ellas nadie se quedó de brazos cruzados. Salieron de la parálisis de inmediato hasta encontrar novedosos e inesperados modos de comunicarse como para estar, si no de cuerpo presentes, en alma, mente, espíritu y streaming.

Tiene razón Mauricio Kartún: “La gente se está comunicando por medios antes alternativos y hoy, centrales: alguien canta desde un balcón y otro comparte su producción en las redes sociales de de manera abierta”. El Día Nacional de la Memoria, por la Verdad y la Justicia se evocó en calles y avenidas sorprendentes: el pañuelazo diseñado por millones que eligieron no olvidar y una infinidad de acciones virtuales ayudaron a llenar un vacío imposible de admitir. En esa jornada el Cervantes compartió en su canal de YouTube una función de Idénticos, producida por el colectivo Teatro por la Identidad. Cada una de esas expresiones hablan de coraje, de no compadecerse en silencio, de experimentar. Y eso es más que estimulante. Aunque todo sepamos que nada de eso será capaz de esconder una crisis ya de proporciones brutales. Como un modo de compartir previsiones e incertidumbres El Cohete a la Luna consultó a personas ligadas a la actividad de la cultura y el espectáculo.

Carlos Díaz, director general de la editorial Siglo XXI, dice que “esto detona una crisis que veníamos presumiendo, pero peor y más general, que puede hacer volar en pedazos el ecosistema del libro, o sea, librerías, editoriales, autores, imprentas”. Cuenta su caso.

Carlos Díaz.

En marzo lanzaron seis libros nuevos que en abril (con la Feria del Libro en ciernes, ahora pospuesta) serían siete. La cuarentena obligó a suspender la distribución de todos ellos y el avance sobre otros dos nuevos títulos para mayo. Frente a eso, decisiones. “Los de abril los lanzaremos igual, pero en e-book. Seguiremos trabajando, en la confianza de que en algún momento podremos volver al papel. La cancelación de la Feria es un golpe más. Desde varios meses antes le dedicamos tiempo, energía y dinero. Como en este 2020 cumplimos 20 años habíamos decidido un desembolso importante. Para una editorial como la nuestra, estar en la feria equivale a un mes completo de buena facturación”, se lamenta.

En esta semana, algunas editoriales y varios editores recibieron desde Barcelona una “propuesta ante la emergencia”. Provenía de un viejo conocido, el experimentado editor y en los últimos años importante agente literario Guillermo Schavelzon. “Esta propuesta –aboga– se basa en varias cosas: que los lectores puedan comprar buenos libros a precios bajos; que los organismos oficiales abastezcan rápido a bibliotecas y colegios; que las compras, las bibliotecas, las hagan a través de librerías. Y que todas estas operaciones excepcionales, autores, editoriales y librerías las reciban ya para darle una veloz circulación al dinero». Llama la atención en su misiva otras dos recomendaciones. “Es el momento en que los más poderosos de la industria editorial reaccionen. No hablo de pedirles solidaridad, sino de cuidar su negocio futuro”. Y esta otra: “Es un buen momento para detener el exceso de novedades… y poner a la venta, a precios reducidos, los stocks de libros que tienen años… Suelen ser libros excelentes, y por eso se venden poco: a precios reducidos habrá muchos lectores dispuestos a comprarlos». 

Algunas de estas sugerencias se acoplan con el pensamiento del responsable editorial de Siglo XXI. Tampoco pide solidaridad sino memoria, y aprender de experiencias pasadas. Se retrotrae al año 2002 cuando en el universo local del libro tomaba forma el estropicio múltiple del 2001. “En lugar de procesar el mal momento de manera colectiva, el mundo de la edición se partió en dos. Hasta ese momento –aún con diferencias y discusiones– compartíamos una misma Cámara. Ahí los poderosos generaron una escisión y armaron una segunda Cámara. Ojalá hayamos aprendido algo de aquella experiencia”, dice Díaz. “Sólo si entendemos que esto es un problema de todos vamos a encontrar una salida”.

 

 

 

No hay más localidades

Propietario del teatro Picadero y desde hace poco también en la función pública como co-director general del Nacional Cervantes, Sebastián Blutrach se muestra muy preocupado. Está con su cabeza acá, pero con el corazón en Madrid en donde vive su mamá (socia en una productora teatral en la que él también tiene intereses) y  donde reside su hijo que está iniciando una carrera universitaria. La entrevista con el ex presidente de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales y Musicales (la AADET) se realizó en las vísperas del viernes 27, la fecha en que se celebra el Día Internacional del Teatro. Igual que en Nueva York y Madrid, que Roma y París, Buenos Aires atravesó la efeméride con todos sus escenarios oscurecidos. Anteayer el Cervantes, a través de su canal de YouTube, ofreció una función de la obra Tadeys estrenada en la temporada anterior y con reestreno postergado.

Sebastián Blutrach.

La consigna de puertas adentro obligó a la suspensión en el Picadero de varias obras y a la postergación del estreno de Jauría, una pieza española, producción de Blutrach y a la que le tenía fe. Respaldado en datos de AADET señala que las funciones de teatro y música canceladas en marzo llegan a 410. De haber continuado la actividad en abril las postergaciones se hubieran elevado a 760. Eso acarrearía un escenario dramático, con una pérdida estimada en 200 millones de pesos. “Ya veníamos trabajando por debajo de la línea de subsistencia. De modo que, si se extendiera mucho la reapertura de la actividad la consecuencia podría ser terminal para muchos. Es posible que la expresión ‘tierra arrasada’ empiece a tener una real visibilidad ahora”.

 

 

 

Pantalla chica y pantalla grande

Según el periodista especializado en medios Emanuel Respighi, los recientes acontecimientos lograron un cuasi milagro. Con sus porcentajes de audiencia en retroceso durante 16 temporadas consecutivas, el encendido de la televisión abierta pegó un respingo del 15 por ciento en la última semana. Los informativos –todos enganchados con el abrumador monotema de la pandemia– midieron más que los chimenteros y que las ficciones turcas. Otro incremento sobresaliente registró las señales de noticias, con sus movileros transmitiendo durante horas desde los puntos en que se hacían retenes de tránsito.

Diversas áreas educativas prepararon contenidos para acompañar la ausencia escolar en todos los niveles. Una pena que los clientes del servicio básico de Cablevisión no puedan disponer de Paka Paka en su grilla y que a Encuentro haya que localizarlo allá donde el diablo perdió el poncho. Para acceder a esos contenidos especiales las clases bajas de la televisión deberán sintonizar la televisión pública. Ni siquiera en estas circunstancias la empresa del Grupo Clarín pensó en tener un gesto y reponer a la señal que popularizó a Zamba.

La Federación de Sociedades de Autores e Intérpretes Audiovisuales (FESAIA), integrada por Argentores (autores), DAC (directores de cine) y SaGai (Actores, Intérpretes) solicitó a los canales que “destinen una porción importante de su horario a la emisión de obras de ficción nacional realizadas en nuestro país”, con el objeto de “mitigar los efectos económicos devastadores que la pandemia generó por la suspensión de funciones teatrales, y la postergación de rodajes cinematográficos y grabaciones televisivas”. Por el momento, ese llamado solidario a las empresas de audiovisual no tuvo ningún resultado. El vicepresidente de Argentores, Sergio Vainman, sostuvo en un comunicado: “Para que se mantenga viva, exijamos que la ficción en todo el mundo audiovisual de la Argentina sea obligatoria, porque ahora mismo… estamos viendo hasta qué punto es necesaria».

Cine club Núcleo

Esto en la pantalla chica. En la grande el panorama también va a negro. Alejandro Sammaritano tuvo variadas dificultades para iniciar en tiempo y forma la temporada del Cine Club Núcleo, que su papá Salvador Sammaritano y otros tres amigos fundaron en 1952. Inicialmente porque su sede habitual, el cine Gaumont, de la cadena del Instituto de Cine, estaba en refacciones. Temporalmente hicieron un convenio con la sala General Paz, en el barrio de Belgrano, sabiendo que alejaban a los socios de su rumbo conocido y, en especial, que pasaban de una sala con 600 localidades a otra de 289 butacas. Antes, el Museo Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA), donde exhibían sus ciclos de revisión, había cerrado sus puertas. Por un momento, que las salas funcionaran a la mitad de su capacidad pareció ser una alternativa, pero pronto la realidad lo volvió inútil. La retracción comenzó a ser completa en las distribuidoras. La orden de reclusión obligatoria hizo el resto. Apenas pudieron proyectar en su noche de estrenos el film Los miserables. “Veo el futuro bastante complicado. El cine es un esparcimiento y no mucha gente volvería ahora a juntarse en un lugar cerrado. Esto va a pasar, ojalá que llegue la vacuna, pero mientras tanto hicimos lo que teníamos que hacer, que es postergar la temporada. Que, por otro lado, es lo que muchos socios nos pidieron”, dice Sammaritano. “En más de un 80 por ciento nuestros socios están en edad de riesgo o la superan. ¿Para qué exponerlos?”

 

 

Hacer la prensa

Daniel Franco es periodista y docente y desde hace 21 años se dedica a la prensa cultural. Lo hizo para volver más conocidas a más de 1.300 obras de teatro y danza y comunicó la inauguración de más de 15 nuevas salas, festivales e instituciones culturales. Cuenta que su actividad está totalmente parada “mientras seguimos atados a una serie de gastos fijos que no fueron suspendidos ni prorrogados. Desde el Instituto Nacional de Teatro y el Ministerio de Cultura salieron una serie de medidas macro para salas teatrales, espacios culturales y diferentes colectivos que integran el programa Puntos de Cultura. Eso, y todo lo que viene haciendo el gobierno nacional para los que menos tienen está muy bien, pero, por el momento no hay medidas que contemplen la situación de miles de trabajadores independientes, como es el caso de los agentes de prensa”. 

Daniel Franco.

 

 

Un centenar de ellos redactaron y firmaron un documento solicitando alguna clase de beneficios impositivos, exención de alquileres o facilidades para pagar monotributo o autónomos. “El nuestro es un trabajo no colegiado, sin cámara o asociación que nos nuclée. Somos como plomeros o taxistas. Si mañana no salgo a generar ingresos. mi comida diaria peligra”.

 

 

 

La experiencia Rottemberg

En lo alto del Multiteatro Comafi, en Corrientes al 1200, entre informaciones de obras como Toc Toc y Paraanormales y fotografías de figuras como Gabriel Rolón y Luis Brandoni, hay una nueva marquesina que anuncia la obra del momento: Bajemos el telón para cuidarnos. Habrá tiempo para volver al teatro.

El responsable de la frase es Carlos Rottemberg. “Ya con el tema del coronavirus encima, pero antes, le pedí a mi familia que no fuera al teatro. Mucho menos le pediría al público que vaya”, afirma sin especulaciones. Y añade: «La semana previa a la declaración de la cuarentena se empezó a notar que el público mandaba señales. El viernes 13 de marzo la devolución de entradas superó la cantidad de localidades vendidas». En tiempos normales, aclara, las entradas no tienen devolución, pero frente a la situación AADET convirtió la regla en excepción.

Carlos Rottemberg

Rottemberg recuerda que, en el 2009, por la epidemia de gripe A1N1, los teatros porteños cerraron durante diez días, pero —cosa extraña— los cines siguieron funcionando. “Una y otra cosa no tienen comparación. Esto tiene alcance mundial y es transversal a grietas e ideologías. El virus puede con todo», sostiene. Y recomienda: “Actuar con solidaridad, en estado de reflexión conjunta, priorizando a la masa de trabajadores, sin descuidar la subsistencia de las empresas”. Por eso lo del cartel sobre el Multi: “Bajemos los telones para cuidarnos. Es la receta científica para volver con menos damnificados en el menor tiempo posible”.

 

 

 

Macri lo hizo

Los años del macrismo también fueron de ajuste para el teatro. Sebastián Blutrach lo prueba con cifras de AADET. “De 272 espectadores promedio por función en el 2014 pasamos a 198 en el 2019. Esto demuestra que ya veníamos trabajando por debajo de la línea de subsistencia. Lo que pasa ahora puede ser terminal para la industria”. Daniel Franco cuenta que defiende apenas sus trapos presupuestarios con trabajos de gestión y administración de redes sociales y registros en vivo de toda clase de eventos transmitidos en tiempo real por streaming. Define al cuatrienio pasado como “durísimo emocional y económicamente. Rubros como galerías de arte o trabajo cultural en municipios desaparecieron por completo”.

Carlos Díaz afirma que una situación como la actual compromete seriamente en sus recursos más primarios a una empresa como la suya. “En enero las librerías nos pagaron con cheques para mayo. Veníamos de los cuatro años del macrismo, y especialmente de los fatales últimos dos, con la cadena de pagos muy dañada. Fueron tiempos en que las empresas con espaldas anchas sufrieron tanto como las medianas y chiquitas”. Rottemberg y Blutrach padecen vestigios del período anterior. Uno de los principales es la carga fija en la tarifa de electricidad. Aún con las salas con la cortina baja pesan los 200.000 pesos en el Multiteatro y los 60.000 en el Picadero.

 

 

 

¿Hay 2020?

“Soy positivo por naturaleza. Si para mayo esto empezara a moverse, la escena independiente, de la que estoy cerca, empezaría a respirar” (Daniel Franco).

“No es momento de discutir. Es momento para acompañar y ver de qué manera la realidad va acomodando las cosas” (Sebastián Blutrach).

“Sería una ayuda el Repo, que nos ayudaría a no desprendernos de nadie. Alienta mucho la posibilidad de compra de libros más o menos cercana que pueda hacer la CONABIP” (Carlos Díaz).

«En relación a la actividad más profesional, lo que sería el circuito AADET, vendría bien todo lo que el Ejecutivo Nacional decida para pymes y/o industrias culturales. El mensaje, como con tanta claridad se manifiesta nuestro Presidente, debe ser la lucha contra el ‘enemigo invisible’. Pero, si se me permite el juego de palabras, tenemos al mismo tiempo el desafío inesperado de no convertir a trabajadores o empresas en ‘enemigos visibles’»(Carlos Rottemberg).

En medio de la pálida es bueno terminar con humor. Rottemberg toca el género, muy oportuno. Imagina que, en estos días, seguro, debe haber más de cuatro autores encerrados con comedias sobre la cuarentena en pleno proceso de escritura. Y asegura que, si Gerardo Sofovich viviera, ya tendría una lista y pronta a filma o a subirla a escena. Se titularía El coronavirus las pone mimosas.

 

 

 

 

Dejá tu comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.