Ni histórico ni suficiente

Los ministros de economía del G-7 acordaron un impuesto mínimo global para las grandes multinacionales

 

Los ministros de finanzas de las principales potencias reunidas en el G-7 acordaron ayer en Londres la instauración de un impuesto mínimo global del 15% para las grandes corporaciones multinacionales. El ministro británico Rishi Sunak, que presidió el encuentro, celebró lo que considera “un acuerdo histórico para la reforma del sistema fiscal global, para que se ajuste a la era digital global”, en referencia a firmas de alcance planetario como Google, Facebook o Amazon. La Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT, por su sigla en inglés), que reclamaba una tasa del 25%, consideró en cambio que el acuerdo “no es histórico ni suficiente” y pidió a los jefes de Estado y de gobierno del G-7, que tendrán su cumbre el próximo viernes, que “muestren un verdadero liderazgo y asuman un compromiso mucho más ambicioso”. El ministro de economía Martín Guzmán lo calificó como “un paso positivo para atacar la elusión impositiva” aunque también lo consideró insuficiente.

 

 

Los funcionarios de los siete países más ricos (Reino Unido, Francia, Italia, Canadá, Japón, Alemania y Estados Unidos) llegaron a un acuerdo “sobre el principio de una tasa mínima global del 15% para la tributación de las grandes empresas, a aplicar país por país», informó el Tesoro británico. Destacó que “un endurecimiento de la presión fiscal” hará que la multinacionales paguen “su parte justa” y precisó que “las empresas mundiales más grandes, con márgenes de beneficio de al menos el 10%, verán el 20% de todos los beneficios por encima de este umbral reasignados y gravados en los países donde realizan ventas”.

“La evasión y elusión fiscal de las multinacionales supone una pérdida de ingresos de al menos 240.000 millones de dólares al año”, recordó el ICRICT. El acuerdo habría sido histórico no sólo si se hubiera consensuado un impuesto del 25%, que terminara con la competencia fiscal entre países y redujera el incentivo de las multinacionales para trasladar sus ganancias a paraísos fiscales, sino también si “los beneficios globales de TODAS las multinacionales se hubieran gravado en función de sus actividades reales en cada país, es decir repartiendo los beneficios globales entre los países en función de los factores claves que los generan: el empleo, las ventas y los activos”, expresó el organismo que promueve un debate amplio sobre el sistema tributario internacional.

El acuerdo alcanzado “es insuficiente para generar ingresos significativos tanto para el Norte como para el Sur” y “refleja la elección de otros países del G-7 de encontrar una solución para satisfacer las preferencias de los paraísos fiscales y proteger a sus propias multinacionales en lugar de seguir el liderazgo de Estados Unidos”, señaló el ICRICT. “Un tipo impositivo del 15% se acerca al de paraísos fiscales como Irlanda y Suiza”, advirtió, e insistió en que las potencias se comprometan unilateralmente “a introducir un impuesto mínimo mucho más alto, de al menos el 21%, como propone Estados Unidos”.

“Un tipo impositivo mínimo global del 15% es demasiado bajo para detener la carrera a la baja en el impuesto de sociedades y para combatir los paraísos fiscales. Una vez acordado un mínimo global, los países del G-7 y del G-20 deben ir más allá de este mínimo global y comprometerse unilateralmente a introducir un mínimo mucho más alto, de al menos 21%”, planteó José Antonio Ocampo, profesor de la Universidad de Columbia y presidente del ICRICT. “También es imperativo que los ingresos adicionales generados por un impuesto mínimo global se repartan equitativamente entre los países de origen de las multinacionales, como Estados Unidos, y los países en desarrollo donde se originan las actividades, la mano de obra y las materias primas”, reclamó.

“El aumento masivo de los beneficios de algunas multinacionales durante la pandemia, con poco o ningún aumento de impuestos correspondiente, muestra la necesidad urgente de reformar el sistema fiscal internacional. Una medida sencilla y justa sería introducir un tipo impositivo mínimo global razonablemente alto, del 21% o más”, consideró Jayati Ghosh, profesora de Economía en la Universidad de Massachusetts en Amherst y miembro del ICRICT.

“Es crucial que las naciones ricas, entre las cuales están los principales países europeos, asuman un compromiso más ambicioso, como está haciendo Estados Unidos, para ir más allá de este mínimo global”, expresó Joseph Stiglitz, profesor de la Universidad de Columbia que también integra la organización. “Un impuesto mínimo del 21% acordado por el G-7 (y mejor aún por el G-20 este verano), combinado con la adopción generalizada de un mínimo de al menos el 15% por parte de otros países, garantizaría que la gran mayoría de los beneficios empresariales del mundo contribuyeran a proporcionar los ingresos que necesitamos desesperadamente mientras salimos de la pandemia”, remarcó.

“En un momento en que Europa y el mundo atraviesan crisis sanitarias, ecológicas, económicas y sociales sin precedentes, es imperativo reparar nuestras sociedades y ayudar a los más desfavorecidos. Recuperar los miles de millones de euros que se nos escapan permitirá financiar nuestros hospitales, nuestras escuelas y la indispensable transición hacia una sociedad sostenible y pacífica. Es absolutamente necesario acompañar la revolución fiscal global que se está gestando. Los países europeos, en particular, deben ir más allá”, reclamó Eva Joly, ex diputada del Parlamento Europeo.

 

 

 

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