NIÑO MAL DE FAMILIA BIEN

Había un método en la cordura de Federico Manuel Peralta Ramos, rescatado en una biografía multitudinaria

 

Quien transite la bajada de la porteña calle San Martín frente a la plaza homónima en las tres cuadras paquetas del barrio de Retiro, allí donde se junta con Florida y Ricardo Rojas, la proa del distinguido edificio Kavanagh se encuentra con la triangular plazoleta Ginastera. Se preguntará el peatón que cuernos tendrá que ver la memoria del genial músico con la gigantesca píldora blanca allí emplazada. Antiguos recortes periodísticos y alguna guía turística consignan que se trata de una reproducción/homenaje a la obra Nosotros Afuera con la que Federico Manuel Peralta Ramos (Mar del Plata 1939-Buenos Aires 1992) ganara el premio Di Tella en 1965. Observando detenidamente el engendro y en concordancia con críticos, historiadores, artistas y cronistas de la época, no se demora en concluir que la obra poco tiene que ver con el original y mucho con cierto oportunismo snob de la dupla Macri-Lombardi que hace apenas un lustro gobernaba la ciudad Capital. Pues la original realización performática fue construida dentro una sala, espacio cerrado del que era imposible retirarla, en un juego de exclusiones que el autor resolvió demoliendo el huevo allí mismo a golpe de pico: esa era la auténtica obra.

 

FMPR, «Huevo».

 

De todas maneras, la grajea monumental de la plazoleta Ginastera se suma a la extensa serie de interpretaciones a la violeta, cuando no profanaciones de una obra tan sobresaturada de significaciones que dificulta situar a Federico Manuel Peralta Ramos (en adelante, FMPR) en alguna especificidad. Artista, eso sí, sin ninguna duda, exploró tantos géneros (pintura, escultura, poesía, teatro, show, comedia, filosofía y muchos otros fuera de manual) que se convirtió en una leyenda cuya luz ilumina hasta el futuro. Y, como tal, es atrapada por un sinnúmero de satélites y asteroides sin luz propia que procuran, como ocurre con todas las personalidades generatrices, paliar con esa falsificación su misma oquedad. En contrapartida, el genio creativo de FMPR nunca pudo haber trascendido sin otras luminarias más o menos de su talla.

De allí que, entre tanta gente que afirma haber compartido momentos con el personaje, por cierto de alta sociabilidad, discernir qué testimonio adquiere valor resulta una tarea por demás engorrosa. Al deponer toda ambición biográfica, Esteban Feune de Colombi (Buenos Aires, 1980) genera un hallazgo: con los testimonios de más de ciento sesenta artistas, familiares, escritores, periodistas, amiguetes, mozos de bar, fotógrafos, deportistas, empresarios de toda calaña y clases sociales, construye un historia que comienza el día del sepelio de Federico, con su cadáver que no quería entrar en el cajón. A partir de allí se suceden núcleos situacionales o temáticos en el que se registran versiones diversas, pocas veces coincidentes, a menudo contradictorias, sobre un mismo acontecimiento. Aún en gente que sostiene haber compartido el mismo evento, incluso entre miembros de un matrimonio religiosamente constituido pero consultado por separado. Los distintos momentos de la vida de Federico asumen tantas versiones como los sentidos adjudicados a cada una de sus obras, lo que establece una continuidad polisémica entre vida y arte. Como afirma un entrevistado: “Hay quienes se presumen amigos íntimos y ni siquiera figuraban en su día a día. Por otro lado, que hablen de él habiéndolo conocido bien o mal, poco o mucho, no tiene importancia. Esa es la esencia de Federico, su figura permite que no haya principio ni fin. Del infinito al bife es precisamente eso, ¿no?”

 

El autor, Esteban Feune de Colombi.

 

Precisamente Del infinito al bife se titula el libro en el que Feune de Colombi habilita al lector la aventura histórica, artística e intelectual de “hacé tu propia biografía”, tomando de cada testimonio, de cada situación, de cada anécdota, una posición a fin de tejer la narración con la que FMPR será quien cada uno quiere que sea. Ahora sí, homenaje desde el título al libro inédito (hay quien dice que jamás terminado, aún nunca ni siquiera escrito) homónimo, “barajable, con hojas sueltas” pletórico de frases, aforismos y nómina de platos favoritos.

Conocido en los medios más sofisticados por haber obtenido la beca Guggenheim y dilapidado los dólares en tres cuadros (por cierto, espléndidos, de otros tantos artistas luego consagrados) y una opípara cena en el Hotel Alvear para veinticinco amiguetes, escandalizó al comprar un toro gran campeón en La Rural para exhibirlo como obra y accedió a un público masivo como partenaire de un sketch en el programa de Tato Bores, durante las temporadas de 1969, 1973, 1983 y 1992. Precursor indiscutido del arte performático, las vulgares clasificaciones de surrealista, transgresor, conceptualista, marginal, etc., equivalen a los intentos del mundillo psi de encasillarlo en una patología, indicarle una medicación y un tratamiento, mientras que FMPR deambulaba más o menos conforme con la caracterización de “psicodiferente”, con la que lo había contenido su psicoanalista en 1965.

 

Los 23 mandamientos gánicos de FMPR.

 

Responsable de haberle sugerido a Charly García rockear el Himno Nacional, supremo sacerdote de la religión Gánica y sus veintitrés mandamientos (de hacer lo que cada quien tenga ganas de hacer), creador de una literalidad polísemica jamás igualada, generó obras plásticas sobre soportes berretas que contenían sólo una frase o una palabra. Primogénito de una de las familias aristocráticas enclavadas en el centro del poder oligárquico de la Argentina, FMPR resulta un desclasado paradójico que se yergue como paradigma de su clase sin tornarse bizarro. Atento a resquebrajar los cánones de toda diplomacia sin dejar de atenerse a las formas, representa en forma cabal una época, la de los años ’60, cuando cierta bohemia podía manifestarse en Buenos Aires, escabulléndose de la retahíla de dictaduras, solemnidades y pacaterías. Algunas, pocas, de las expresiones de FMPR se conservan (y algunos videos de muestra figuran al final de estas líneas). No existe sin embargo una obra que lo represente por entero. Valga entonces la verosímil versión del amor que enarbolaba Federico y transmite el artista Edgardo Giménez en Del infinito al bife: “Creía que las mujeres elegían a un hombre por una química corporal especial que sólo actúa en la verdadera hembra. De modo que si uno quería lograr éxito con las mujeres, debía saber tocar alguna tecla del sexo psicológico: algo que conseguían los hombres hipersensibles pero, misteriosamente, no los turros ni los giles. Según su teoría, los más poderosos con las mujeres son los artistas y los hombres espirituales. Los turros castigan, quitan y no dan, y los giles tratan de llenar cualquier vacío con regalos, pero son los que tienen menos poder porque el sexo psíquico de una mujer no se sacia jamás. Federico afirmaba muy seriamente que quien intenta llenar el sexo psicológico de las mujeres siempre se muere, se hace pelota, revienta de una u otra manera”.

 

 

FICHA TÉCNICA

 

Del Infinito al bife – Una biografía coral de Federico Manuel Peralta Ramos

 

Estéban Feune de Colombi

Buenos Aires, 2019

225 págs.

 

 

Algunas apariciones de FMPR

 

“Tengo algo dentro que se llama coso”

“Soy un pedazo de atmósfera”

“Rock de los globos”

“La Hora de los Magos”, de Jorge de la Vega

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3 Comentarios
  1. Rubén dice

    Lejos

    Una vez me quise ir muy lejos

    y llegué tan lejos

    que después no sabía como hacer para volver.

    Claro que no me acordaba de como

    había venido

    Y llegar tan lejos es bárbaro

    porque en lejos

    todo es mucho mas liviano,

    la gente funciona,

    los pájaros…

    bueno, los pájaros son igual

    que en cualquier lado.

    Y cuando cae la tarde,

    lejos se mezcla de lejos…

    Federico Manuel Peralta Ramos

    1. César dice

      Una vez un cliente me invitó a tomar un café en Galeria del Este. El cliente tenía una librería y ahora tiene un restaurante en calle San Martín. Estábamos tomando el café y aparece el personaje Federico Manuel vestido de explorador con casco de corcho y todo. Era un día de semana tipo 11 30 de la mañana. Y allí nos quedamos sentados y presencié una serie de delirios divertidísimo entre este tipo mi cliente y Facundo Cabral que se sumó a la mesa ya que eran amigos habituales de ese bar. Siempre me río solo.cuando me acuerdo de la ocasión.

  2. Rubén dice

    Para mi gusto, lo mejor de Federico fue el poema «Lejos», recitado por él y por Tato Bores (cuando murió Federico).

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