No bombardeen la Argentina

Gobiernan como si quisieran sacar al país de circulación

Foto: Luis Angeletti.

 

Charly García escribió, a raíz de la guerra de Malvinas, una sugestiva canción en la que suplicaba a los ingleses que “no bombardeen Buenos Aires”. Seguramente no sabía en ese momento que, entre otras hipótesis, el Reino Unido había evaluado la posibilidad de efectuar bombardeos en el territorio continental argentino si la guerra se les complicaba.

Los bombardeos se han transformado, desde la Segunda Guerra Mundial, en una de las formas de acción militar favoritas por su bajo costo en vidas propias, y alta destrucción material y humana sembrada en el campo enemigo.

Pero no sólo sirven para eso. Durante esa confrontación mundial, los estrategas norteamericanos pensaban que había que encontrar la forma de eliminar definitivamente los peligros del militarismo alemán y japonés. Eso requería no sólo derrotarlos militarmente, sino desmantelar sus capacidades de renovar su poderío.

La forma de garantizar en forma permanente que estas potencias enemigas no volvieran nunca más a competir con los norteamericanos era la desindustrialización. Transformarlas en naciones agrícolas, o permitirles producciones industriales simples, pero nada más.

Luego, ante la amenaza de la expansión global de comunismo, los norteamericanos cambiaron de enfoque y decidieron que esas dos naciones –Alemania Federal y Japón–, limítrofes con la URSS y la República Popular China, se pudieran recuperar plenamente, y les permitieron reindustrializarse (aunque les inhibieron constitucionalmente la posibilidad de producir material bélico ofensivo).

En la actual guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el objetivo inicial de los bombardeos fue la “decapitación” de las principales figuras del gobierno iraní, la destrucción de sus defensas aéreas y de la infraestructura militar visible. Pero luego se añadieron como objetivos de los bombardeos a las fábricas, los laboratorios de investigación e incluso las universidades. Nada es casual, y la lógica de la destrucción empezó a parecerse a esos planes de desindustrialización de la Segunda Guerra, destinados a dejar postrada, en forma permanente, a la nación vencida.

Cuando se estudia con detenimiento la tarea destructora del actual gobierno argentino surge la tremenda sospecha sobre la inspiración de su acción, que parece basada en sistemáticos planes estratégicos formulados por enemigos, para sacar de circulación a la Argentina como país relevante, despojarla de sus posibilidades de progreso y relegarla a la plena insignificancia.

 

 

 

 

Bombardear todo el territorio

La caída de los recursos que reciben en concepto de coparticipación federal es grave para las provincias. Este año se registró una caída del 7,5% en enero, 8,3% en febrero y 5,7% en marzo en los recursos recibidos de origen nacional. A esta reducción se debe agregar la caída de los recursos de origen propio de cada distrito, del 3,5% sólo en enero.

En los municipios bonaerenses la situación es aún peor: registraron una caída de coparticipación del 12% en el primer bimestre. No es magia: se explica por la caída de la recaudación del Impuesto al Valor Agregado y del Impuesto a las Ganancias, reflejo del estrangulamiento económico en marcha.

En ese sentido, los intendentes que integran la Federación Argentina de Municipios evalúan realizar una denuncia contra el ministro de Economía, Luis Caputo, por malversación de fondos públicos. El bombardeo se lanza desde la Rosada, pero la ambulancia ante la crisis social la tendrán que manejar los gobernadores e intendentes.

El gasto público total cayó en el primer trimestre de 2026, en términos reales, un 30% en relación a lo que se gastaba tres años atrás. El bombardeo a la Nación, disfrazado de fanatismo por el equilibrio presupuestario.

Ahí se puede ver la contribución realizada por el gobierno nacional a la contracción de la economía, al aumento del desempleo y a la crisis fiscal de provincias y municipios. El ensañamiento con la infraestructura del país es histórico: la caída de la obra pública en rutas, puentes y vivienda oscila entre el 78% y el 100%.

¿Qué mejor bombardeo que dejar que todo se deteriore en silencio?

 

Reclamo de intendentes de todo el país frente a Casa Rosada.

 

 

Bombas a la industria y a la protección de personas

El gobierno dispuso esta semana la cesación de 900 servicios tecnológicos que el Instituto Nacional de Tecnología Industrial presta a todo el entramado manufacturero y a la sociedad en general. El INTI, por ejemplo, evaluaba, certificaba y controlaba los ascensores que utilizamos diariamente en todo el país, evitando que ocurran desastres por causas de negligencia o incompetencia empresaria. Eso ya no ocurrirá. El INTI se ocupaba del calibramiento de instrumentos clave para la reparación y control de equipamiento hospitalario, como un desfibrilador, por ejemplo. Eso tampoco ocurrirá.

Otra medida gravísima: la eliminación de los servicios de control en el área de alimentos y bebidas. Al eliminar al INTI como instancia de verificación independiente, el Estado abandona un papel fundamental como fiscalizador, “liberando” el área de la seguridad alimentaria a la “libre” autorregulación empresaria.

No es un chiste: el INTI se ocupaba de la detección de contaminantes, microtoxinas y otros agentes peligrosos para la salud. Controlaba los aditivos que las empresas le ponen a los alimentos, como edulcorantes, antioxidantes y conservantes para productos procesados. Verificaba que lo que dicen las etiquetas de los alimentos sea real. Hacía el seguimiento (trazabilidad) de cadenas sensibles para la salud humana como la carne, los lácteos y aceites.

Ahora, después del bombardeo del INTI, si vos elegiste un alimento que te intoxicó, jodete. Gente sobra.

Son los grandes ahorros que se les ocurren a los genios del gobierno, ocupados en el bombardeo de la vida cotidiana de la población.

Recuerda el ingeniero Enrique Martínez: “El INTI tiene más de 70 años de colaboración con todo tipo de industria argentina; ha sido buscado para ser imitado por todo país latinoamericano, incluso Brasil; se ha asociado a tareas de desarrollo con Europa y Japón. Muchísimas PyMEs individuales se han nutrido técnicamente del INTI”.

No importa. Al contrario, porque el INTI hace todo eso, y mucho más, mejor destruirlo.

 

 

Contra la salud y la vida de la población

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos denunció en estos días:

“La crisis terminal que está viviendo el PAMI debido a los recortes presupuestarios, el desmantelamiento de equipos de trabajo, la cesación de pagos a farmacias y prestadores, la reducción del 50% en los honorarios médicos, la falta de insumos, la quita de gratuidad de medicamentos, la demora en la entrega de medicamentos para enfermedades graves, la falta de cupos para estudios de alta complejidad, la caída de prestadores y el cierre de oficinas de atención, entre otras medidas, ponen al PAMI al borde del colapso. (…) Si sumamos a todo esto las infames jubilaciones, el brutal recorte al Plan Remediar, la falta de moratoria y la violencia represiva que sufre el colectivo de Personas Adultas Mayores, queda en evidencia el intento de generar, como consecuencia, la muerte de muchas de ellas”.

Si ya con el desfinanciamiento del PAMI se está “logrando” minar la salud de los mayores, con la eliminación –o reducción sustancial– del Programa Remediar se puede dañar a millones de personas que necesitan medicamentos relevantes para su salud. Hace ya 24 años que el Programa Remediar venía garantizando el acceso gratuito a medicamentos esenciales en todo el país, gracias al aporte del Estado Nacional. El Programa abastecía hasta ahora a 8.000 centros de salud y cubría el 85% de las enfermedades más frecuentes, como hipertensión, diabetes, hipotiroidismo, EPOC, asma, infecciones respiratorias y gastroenteritis. Cubría cerca de 20 millones de personas. Ahora lo están por bombardear.

En este momento de embate oficial contra la salud pública, vale recordar que el primer organismo que desmanteló el gobierno de Milei fue la Agencia Nacional de Laboratorios Públicos. La ANLAP coordinaba a más de 40 laboratorios públicos en todo el país, trabajando para organizar quién producía qué, evitar duplicaciones y garantizar el abastecimiento a precios irrisorios (sin la híper ganancia monopólica privada) de diversos medicamentos de uso masivo. Una verdadera red nacional de producción pública de medicamentos eliminada por el DNU 70/23.

En el bombardeo de la Argentina es muy importante quebrantar en general la salud de la población, y entregársela a los monopolios farmacéuticos extranjeros.

 

Bombardeando los ingresos

La inflación minorista, que hace diez meses no deja de subir, mostró en marzo un incremento del 3,4%. Un nuevo hito en la reducción del poder adquisitivo de todos los trabajadores, cuyos ingresos no pueden seguir el ritmo de los precios.

El proceso de empobrecimiento masivo tiene efectos en todos los órdenes de la sociedad, aunque la propaganda oficial intente negar las evidencias que se acumulan en la vida cotidiana de la mayoría.

En un cálculo riguroso, y muy relevante políticamente, el CEPA (Centro de Economía Política Argentina) ha demostrado que desde que se inició el gobierno, la inflación acumulada real ha sido del 340%, mientras que la registrada por el INDEC ha sido del 293%. ¡Que la inocencia les valga, sindicatos!

De hecho, en los primeros tres meses del año, la inflación real ya le empató a la estimación oficial de inflación ¡para todo el 2026!

A partir de este momento, todos los números del Presupuesto Nacional son papel mojado, no representan ninguna realidad económica seria, y debería exigirse una revisión completa del mismo.

 

Bombardeando capacidades científicas y tecnológicas

En una carta dirigida a las autoridades del sector nuclear, un grupo de cien jefas y jefes de distintos sectores operativos de la CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica) les hacen llegar su preocupación “por la crítica situación que está viviendo la Institución de la cual nos sentimos parte y sostén, del mismo modo que el personal que trabaja en los sectores que conducimos”. En el documento se denuncia que “el personal de planta de la CNEA ha disminuido, en algo más de dos años, en 300 agentes, sin haberse producido ninguna acción destinada a detener una sangría lenta pero claramente direccionada. Es ocioso repetir, pero lo hacemos una vez más, que una de las causas principales de las renuncias registradas en el último período, aunque no la única, es el ya insostenible deterioro salarial (…) Grupos enteros de trabajo han, literalmente, desaparecido… muchos sectores encuentran dificultades extremas en continuar la cadena de transmisión de los saberes y experticias tecnológicas y científicas adquiridas a lo largo de décadas (…)

A esto se suma la crisis presupuestaria del sector que impacta en que numerosos equipos e instrumentos, que representan inversiones significativas tanto en el aspecto financiero como en la formación de personal idóneo para su explotación científico-técnica, sufren las consecuencias de la falta de recursos económicos para su mantenimiento preventivo y/o correctivo, con resultados que van desde un aprovechamiento intermitente hasta la salida de operación lisa y llana, por períodos prolongados”.

Para que se entienda qué ocurre: se está procediendo a destruir una de las grandes capacidades científico-tecnológicas adquiridas por nuestro país durante largas décadas de investigación y aprendizaje, con utilidad tanto para la salud, la investigación de materiales, el desarrollo de energías limpias, el despliegue de otras industrias sofisticadas, las exportaciones de equipos de altísimo valor agregado.

Uno de los tantos casos de desmantelamiento: en esta semana renunció la última investigadora del equipo de microesferas vítreas, la línea de trabajo del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología del CONICET-CNEA que investigaba los usos potenciales de estas microesferas en tratamientos oncológicos en el Centro Atómico Bariloche. Con su partida, el proyecto y el laboratorio quedan sin investigadores a cargo para continuar. Es simplemente un comportamiento criminal por parte del gobierno nacional, que forma parte de un intento de destrucción planificada de todas las capacidades argentinas.

El estrangulamiento presupuestario, una estrategia generalizada del gobierno, tuvo otro logro en estos días: ante la falta de financiamiento de parte de la CNEA, la empresa de alta tecnología de la provincia de Río Negro, INVAP (Investigaciones Aplicadas, empresas estatal de alta tecnología), se retiró del proyecto LASIE (Laboratorio de Separación Isotópica por Láser), que estaba vigente desde 2015 y que apuntaba al enriquecimiento de uranio mediante láser.

El método LASIE tenía el potencial de permitir alcanzar la autonomía en el ciclo de combustible nuclear, reducir la dependencia externa para nuestras centrales nucleares y consolidar al país como líder tecnológico en un procedimiento en el que sólo trabajan un grupo muy reducido de países.

Esto representa una pérdida de capacidades tecnológicas en un ámbito estratégico a nivel internacional, con enorme potencial exportador de tecnología avanzada para nuestro país. ¿Exportar valor agregado? ¿Para qué? Mucho mejor tomar deuda.

También en la CNEA de Bariloche lograron concretar otro éxito libertario: desmantelaron la división de Mecánica Computacional que simulaba, usando inteligencia artificial, fluidos, reactores nucleares, cuerpos, entre otras cosas, con múltiples aplicaciones en la vida civil y la actividad productiva. Participaba, además de la CNEA, NASA (Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio) y el INVAP, la universidad de Cuyo y el instituto Balseiro.

Dentro de este amplio panorama de bombardeo también aparece la denuncia del Centro Argentino de Meteorólogos (CAM), que manifiesta “su profunda preocupación ante el anuncio de una inminente reducción de personal en el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que podría afectar a más del 20% de la planta del organismo. Esta medida no sólo desarticula una infraestructura técnica de 153 años, sino que destruye la previsibilidad meteorológica necesaria para el funcionamiento de la economía argentina, dejando al país vulnerable ante desastres naturales y sin el sustento de datos indispensable para la producción nacional (…) El CAM ha tomado conocimiento de que esta decisión impactaría especialmente en áreas técnicas y en el cuerpo de observadores meteorológicos, responsables de sostener la red de observación que constituye la base de toda la información meteorológica y climática del país. Una medida de esta magnitud forzaría el cierre de estaciones meteorológicas en puntos estratégicos del territorio argentino (…) Estas medidas colocan al organismo en riesgo inminente de colapso operativo”.

¡Bingo! Los dejamos a los argentinos sin informaciones climáticas fundamentales para la vida y la producción. Otro bombardeo exitoso.

Insistimos: ni Estados Unidos, ni China, ni Ucrania, ni Rusia, ni Israel, ni Irán, ni Alemania, Brasil o la India, destruirían jamás su propio sistema científico tecnológico, simplemente porque no son estúpidos y entienden el valor de la ciencia para reafirmarse como naciones en el siglo XXI.

Lo que hay que explicar es por qué esto está ocurriendo hoy en la Argentina.

Es más: no sólo lo tiene que explicar el gobierno. Lo tiene que explicar la oposición.

 

Bombardeo a las exportaciones tradicionales

Para completar la tarea de demolición nacional, también es oportuno atacar las exportaciones argentinas. Para eso, nada mejor del destruir el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria) mediante la técnica brillante de la desfinanciación y el desmantelamiento progresivo.

La diputada nacional Julia Strada ha denunciado que “después de la paralización de exportaciones de algunos frigoríficos a China, del rechazo de embarques de aceite de girasol a Bulgaria y del rechazo de cargas de granos por contaminación de bodegas, ahora se confirmaron tres casos de la enfermedad Scrapie en ovinos, lo que expone fallas graves en la gestión sanitaria del SENASA (…) El SENASA está claramente deteriorado. Con una pérdida de capacidades técnicas por salarios bajos, cambios normativos constantes y falta de conducción con criterio sanitario. En este contexto se han relajado controles cuarentenarios y no se tomaron recaudos en el ingreso de ovinos”.

Entre las consecuencias de este nuevo desastre auto provocado aparece el peligro de comprometer las exportaciones de carne bovina y la generación de dudas en otros mercados sobre eventuales incumplimientos sanitarios argentinos. Un enemigo no lo podría hacer mejor.

Dentro del catálogo de supuestos ahorros realizados por los genios de las finanzas y de la economía, que más bien son inversiones en la autodestrucción nacional, merece destacarse la paralización de las obras del gasoducto Néstor Kirchner, que ya podrían estar terminadas. Estas obras requerían la inversión de un importe similar al que ahora van a utilizar en importar gas del exterior, pero sin contar con el gasoducto que nos resolvería concretamente el tema del autoabastecimiento en forma permanente. Insólito, no. Se trata del bombardeo de la Argentina.

 

Foto: Luis Angeletti.

 

 

 

No hay que suplicar que no nos bombardeen

La Argentina está sometida desde hace más de dos años a un bombardeo cuyo objetivo es la remoción de todas sus capacidades materiales e intelectuales para ejercer la soberanía, llevándola en términos internacionales al sometimiento y la irrelevancia.

Es más: la cabeza visible de este ataque al país ha anunciado la próxima implementación de nuevos ajustes y recortes adicionales, para intensificar el debilitamiento de la Argentina.

Este proceso de bombardeo económico, social e institucional tiene dos características sobresalientes: una muy mala; y otra buena, muy buena, si la sabemos aprovechar.

La mala es que nuestras fábricas no reciben un bombazo que las arrasa de una sola vez, con lo cual se podría establecer inmediatamente la conexión entre el daño y el factor causante. Nuestros muertos no se mueren por un balazo, sino por causas evitables, que actúan gradualmente.

Nuestras fábricas enfrentan costos crecientes, demanda que se hunde, competencia externa exacerbada, créditos carísimos e incertidumbres múltiples. Las condiciones de operación se vienen degradando ya durante 29 meses, hasta que llega la hora fatídica del achique, si no del cierre definitivo.

¿Qué o quién causa la destrucción de la fábrica? ¿Quién lanzó los misiles económicos necesarios para pulverizarla? ¿Quién está creando una situación que enferma a la gente? ¿Quién le está negando los medicamentos y la atención indispensable?

¿Quién está destruyendo los puentes, las rutas, los laboratorios? ¿Quién está diezmando al personal científico, a los ingenieros, a los técnicos, a los que saben reparar y construir?

¿Quién intenta destruir la moral de la población y apuesta a un clima de resignación o de rendición abierta frente a tanta barbarie?

La noticia relativamente buena, a diferencia de los países que son bombardeados desde lejanías casi inescrutables, es que conocemos perfectamente los orígenes, las fuentes del bombardeo.

Todos sabemos de dónde viene. Las bombas son lanzadas desde adentro de la propia geografía nacional. La planificación del bombardeo, las decisiones y la ejecución están acá nomás, a unas cuadras de donde viven millones y millones de argentinos.

Frenar este bombardeo no deja de ser arduo, pero está mucho más al alcance de la mano que los otros bombardeos, aquellos teledirigidos desde distancias inaccesibles.

Neutralizar el origen del bombardeo actual de la Argentina, frenar el proceso de destrucción nacional en curso, está literalmente al alcance de la mano, siempre que exista la firme determinación de hacerlo y la organización inteligente para lograrlo.

 

 

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