NO ES DEBATIBLE

El sistema de salud porteño está saturado y en colapso creciente

 

Hace ya muchos años que en nuestro país hemos aceptado dar credibilidad en modo preliminar a los relatos de las víctimas y afectados en contextos sociales que los hacen verosímiles, aunque desde algún espacio gubernamental se sostenga lo contrario. Los testimonios de quienes no encuentran lugar para internar a sus pacientes en los hospitales públicos y deben ir a sanatorios privados o a la provincia, se repiten. Los trabajadores de salud que relatan las condiciones del impacto de la pandemia sobre pacientes, familiares y sobre ellos mismos, no muestran una sola contradicción acerca de la inusitada dureza del momento actual.

Sin embargo, el ministro Fernán Quirós, al informar hace un par de semanas que el sistema público de salud de la Ciudad de Buenos Aires contaba con 450 camas de terapia intensiva de las cuales estaban ocupadas 269 con pacientes graves de coronavirus, decía: “Como gobierno somos responsables de mostrar el censo de las camas de la Ciudad” y concluía: «No es debatible ese número» (Ámbito, 24/7).

 

 

Distinguir y aclarar

 

 

 

Dibujo de Franz Kafka en carta a Felice Bauer, 10/16 de enero de 1913.

 

 

Las inconsistencias del discurso oficial son harto evidentes. Consideremos algunas definiciones para eludir esa semiótica de reducción al absurdo.

  1. Un sistema de salud está “saturado” cuando todos sus servicios están plenamente ocupados al recibir una demanda determinada. Por ejemplo: asistir en terapia intensiva a los pacientes críticos. Cuando el sistema de salud se satura, cabe ampliarlo para intentar estabilizarlo. Los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, y progresivamente del AMBA, están ampliando sus terapias intensivas (UTIs) con camas nuevas y camas reconvertidas de guardias, shock rooms y unidades coronarias (UCOs). Luego, el sistema público de salud de la Ciudad está saturado.
  2. La ampliación y reconversión material con equipamiento de atención del paciente crítico para desaturar al sistema, requiere ser acompañada del personal adecuado para su manejo. Como el personal especializado en paciente crítico adulto es limitado, se puede dar una capacitación básica a trabajadores no especializados, o contratar más personal, o sobrecargar de trabajo al personal disponible. Como regla general, esas tácticas en las que a la vez empiezan a mezclarse áreas más y menos contaminadas, van seguidas de tanta menos calidad en la atención (aumento de infecciones hospitalarias y mortalidad) cuanto mayor es la ampliación o reconversión. La respuesta a la “saturación”, entonces, es “el colapso progresivo creciente”. Así está el sistema de salud de la CABA.
  3. Cuando se agotan las posibilidades de ampliación y reconversión, porque aunque aumentemos los recursos materiales no disponemos de recursos humanos para el manejo eficiente del aumento de la demanda, al aumentar o persistir alto el número de infectados y por consecuencia el de pacientes críticos, llega el “colapso”. Son las situaciones que se han visto en Lombardía, Madrid o Nueva York.

Se puede decir entonces que un sistema de salud desestabilizado ante la pandemia puede estar en una Fase 1 “de saturación” o presintomática, una Fase 2 “de colapsamiento progresivo” o sintomática, y una Fase 3 “de colapso” o crítica, en la que la amenaza de muerte para los pacientes por la enfermedad sólo es potencialmente reversible para algunos de ellos.

Hay que señalar el error conceptual de tranquilizarse al aumentar y reconvertir las camas UTI. Decir que el sistema de salud continúa mostrándose estable en esta situación es una verdad peligrosa. Así lo admitió el viceministro Kreplak el 27/7: “No se puede pensar que vamos a poder seguir incrementando todos los meses el número de camas”. Y es que los números pueden cerrar, bien o mal, y mostrar un éxito engañoso. Pero cuanto más aumentemos y reconvirtamos las camas, más cerca estaremos del colapso, ya que lo hacemos porque los infectados han aumentado  y al hacerlo nuestro sistema se debilita progresivamente.

 

 

Un hospital paradigmático

 

Hospital Posadas.

 

Tomemos el ejemplo del Hospital Nacional Posadas, en el epicentro del AMBA, para comprender la  información que la población recibe con la letanía de un porcentaje de ocupación de camas UTI clavado por debajo del 70% aunque el número de infectados diarios llueva por miles. Se trata de un hospital que es uno de los últimos testimonios en pie de una visión nacional integrada de la salud pública, con un área de influencia de alrededor de 6 millones de habitantes como se observa en el número de casos atendidos según su procedencia entre mayo y julio: La Matanza (2397), Tres de Febrero (1387), Morón (1357), Merlo (772), y Moreno (658).

Cuando estalló la pandemia, en el Posadas se terminó y habilitó una UTI de adultos de 18 camas (UTI 1-Covid), se reacondicionó una de las UTI que funcionaban previamente, de 9 camas (UTI 2-Covid), y se mantuvo activa otra de 16 (UTI 3-No Covid). Entre las tres cuentan 43 camas para la atención de pacientes adultos críticos. Pero les han sumado 12 camas de la Unidad Coronaria reconvertida a UTI, 10 camas del shock room reconvertido a UTI, y 5 camas de la terapia intensiva pediátrica preparadas como reserva para pacientes adultos. En total, hoy suman 70 camas de terapia intensiva: 25 tradicionales, 18 nuevas y 27 reconvertidas. En modo efectivo son 65 camas de las cuales están ocupadas 63: el 96.92%.

El 4 de agosto, el hospital tenía 39 pacientes adultos Covid en terapia intensiva: 27 en las UTI 1 y 2, que estaban completamente ocupadas; 8 en la Unidad Coronaria adaptada como UTI, con 12 camas y una sola libre; y 4 en un shock room habilitado como UTI.

Esa ampliación de camas no sólo significa que el hospital estaba saturado sino que esa reconversión se hizo sobre un número fijo y en baja por enfermedad de los trabajadores (310 Covid positivos en julio). Pero en el Posadas los jefes del Departamento de Cuidados Intensivos, de la Unidad Coronaria, de la Emergencia de Adultos y de la Recuperación post-quirúrgica se han formado en las UTIs de Adultos. Por otro lado se realizaron tareas de capacitación del personal. Y por eso la reconversión del personal de distintas áreas de cuidados críticos en personal de terapia intensiva para pacientes adultos Covid se vio facilitada ante la pandemia.

 

 

Buenos Aires Ciudad

 

CABA. Salud informa 27/7.

 

Los números, porcentajes, y tradición del Posadas no pueden analogarse para el sector público de la CABA. Por el contrario, nos permiten debatir los números del ministro Quirós. Tomemos como ejemplo al Hospital Santojanni al 4/8. Las UTI 1 y 2 para Covid, con 20 camas, tenían 19 ocupadas y en ellas 16 pacientes en respirador. En el shock room, las 2 camas habilitadas para Covid estaban ocupadas. De las 16 camas habilitadas para terapia intensiva de pacientes no Covid en Unidad Coronaria y en el shock room,  14 estaban ocupadas. O sea, que si sumamos todas las camas consideradas de terapia intensiva, el Santojanni tenía 38 y 37 de ellas ocupadas: el 97.37 %.

Por otro lado, la reconversión apresurada del área post-unidad coronaria en UTI 2 para Covid,  habilitando 13 camas, dio lugar al fallo en paneles eléctricos, sistemas de aspiración y otros elementos, por lo cual sólo pudieron ocuparse 8. Las otras 5 estaban bloqueadas.

Otros hospitales que se pueden reseñar en la brevedad de esta nota confirman esta situación. El Ramos Mejía ofrece buenos números si se cuentan como UTI a las 10 camas habilitadas en el shock room: sobre un total de 29 camas, al 4/8 tenía 21 camas libres, con una ocupación del 72.41%. Si no contamos las camas del shock room, la ocupación es del 84.21% (16 de 19). Y si contamos las 16 camas UTI destinadas a Covid, 15 de ellas están ocupadas y el porcentaje es del 93.75%, con 12 pacientes en respirador. ¿Cuál de esos números es el que no debemos debatir?

El Hospital Penna tiene 24 camas UTI (20 para Covid y 4 para No Covid), todas están ocupadas desde hace semanas.

El Hospital Durand tiene 27 camas de terapia intensiva (23 para Covid y 4 para No Covid) sin incluir guardia, shock room y UCO. El 4/8 todas estaban ocupadas y 18 pacientes estaban en respirador. El hospital tiene 5 camas más equipadas para UTI pero no puede habilitarlas porque no tiene personal para ellas, entre otras razones porque muchos de ellos tienen Covid. La UTI Pediátrica no recibe pacientes por falta de médicos capacitados en adultos, aun cuando tienen recursos físicos, pero no humanos, para 4 pacientes adultos.

 

 

Para el debate

 

 

 

Dibujo de Franz Kafka en ‘Descripción de una lucha’, 1907-08.

 

 

El porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva de adultos en los hospitales Posadas, Durand, Penna, Ramos Mejía y Santojanni, varía entre el 84,21 (Ramos Mejía) y el 100% (Durand y Penna). La ocupación de las camas destinadas a Covid, sin embargo, varía entre el 93.75 (Ramos Mejía) y el 100% (Posadas, Durand, Penna).

Las personas que atendían su salud en esos hospitales no tienen lugar si enferman gravemente de Covid por lo que deben ser atendidos en otros establecimientos.

Los pacientes críticos por Covid suelen necesitar 30 días de atención en terapia intensiva con lo cual la liberación de camas es muy lenta.

Las camas que se cuentan de terapia intensiva tienen una gran variabilidad en la calidad de las mismas debido a la limitación en los recursos humanos especializados y a la infraestructura hospitalaria de las reconversiones.

El Ministerio de Salud de la Ciudad no aclara si las camas de terapia intensiva que informa se ajustan a las exigencias de la Resolución 748/2014 del Ministerio de Salud sobre Directrices de Organización y Funcionamiento de Unidades de Terapia Intensiva incorporadas al Programa Nacional de Garantía de Calidad de la Atención Médica, y si la Ciudad observa y hace observar que así sea.

La relación entre un médico intensivista y el número de camas que debe atender va en aumento. De 7 se pasó a 12 y en algunos casos ya se evalúa asignar un médico especializado cada 24 camas.

Para cubrir el ajuste del personal especializado, en algunos hospitales se incorporan médicos recién recibidos en universidades privadas y enfermeros y kinesiólogos sin experiencia en terapia intensiva. Las consecuencias son el gran desgaste del personal ya existente que debe rehacer el trabajo todo el tiempo, y el aumento de contagios por no saber usar adecuadamente los elementos de protección personal.

El sector privado no realiza ampliaciones y reconversiones importantes por lo que se termina de saturar antes y la presión de esa demanda no atendida cae sobre el sector público.

El sistema de salud porteño está saturado y en colapsamiento creciente, con barreras sectoriales y territoriales de acceso a la atención que incluyen el desplazamiento de un 15 a 20% de los afiliados al PAMI desde la ciudad a la provincia.

Conclusión: contra cualquier dictum, los números oficiales del sistema de salud en la Ciudad de Buenos Aires exigen ser debatidos en cantidad y en calidad.

 

 

 

 

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