No es plata, es la batalla cultural

La solidaridad forzada del 0,01 del decil más rico

 

El aporte solidario y extraordinario de las grandes fortunas fue un proyecto anunciado en los inicios del aislamiento y es hoy una herramienta para la post-pandemia. “El proyecto está listo desde hace tiempo, no hubo presiones ni ninguno de los disparates que se dijeron”, asegura el diputado Carlos Heller, co-autor de la iniciativa y presidente de la Comisión de Presupuesto y Hacienda donde comenzó a debatirse, con los argumentos que se cocieron en los cinco meses de hervor que tardó en llegar al Parlamento y con la oposición radicalizándose hasta la irracionalidad: “Es justo y necesario” versus “golpea a los que generan trabajo y riqueza y es inconstitucional”. Algunas precisiones sobre una conversación con el responsable del proyecto. ¿Sale o sale?

Acierta Heller al asegurar que no se hicieron correcciones significativas y que los números esenciales son lo que son desde el momento en que —junto a Máximo Kirchner— se presentó el primer borrador del proyecto al Presidente y al Ministro de Economía. Alcanza al 0,01 del decil más rico de la población, representan el 0,08 de la Población Económicamente Activa y contados de a uno alcanzarían a unas 12.000 almas (descontando algún que otro millonario desalmado y escasamente solidario) que poseen patrimonios valuados desde los 200 millones de pesos y contando, con alícuotas que van desde el 2% hasta el 3,5% para aquellos que posean 3.000 millones o más y se espera recaudar entre 270.000 y 300.000 millones de pesos, aproximadamente un 35% de lo que el Estado nacional lleva gastados para morigerar el impacto de la pandemia hasta julio de 2020.

También es cierto que se introdujo una modificación sobre la que habrá de explayarse la titular de la AFIP Mercedes Marcó del Pont mañana lunes ante la Comisión, para que también sean alcanzados los millonarios argentinos que residen en el exterior pero con empresas o tenencias accionarias en el país. El líder de la bancocracia cruda Jorge Brito se lo pidió expresamente al fundador del Credicoop en nombre del G6 que se reúne mano a mano con Sergio Massa y Máximo Kirchner.

Apuntando a la disconformidad o las ansiedades del propio espacio del que surge, Heller sostiene que “hubo mucha fantasía en esas especulaciones, se ha dicho de todo. Desde que había discusiones sobre los montos, las alícuotas, que había oposición en el Ministerio de Economía, que se estaba esperando la resolución en las negociaciones por el tema de la deuda, que íbamos a ponerlo en un paquete más grande de modificaciones impositivas. Nada de eso fue cierto. Nosotros preparamos el proyecto y los números son exactamente los que llegan al Parlamento, esto se originó en una entrevista de Verbitsky al Presidente Alberto Fernández, donde menciona un proyecto que Máximo Kirchner le comentó que tenía entre manos. Máximo habla conmigo y me pide que me ponga a trabajar en él, lo charlamos con muchos compañeros y compañeras del espacio. Siempre apuntando a una iniciativa que grave a poca gente con mucha capacidad contributiva y que recaude lo más posible. El trabajo clave fue encontrar ese punto de equilibrio. Si en vez de poner el piso en 200 millones de pesos lo hubiésemos bajado a 100, se incorporarían automáticamente 20.000 personas más y la expectativa de recaudación apenas aumentaría. Triplicaríamos el universo de alcanzados con un incremento de recaudación muy bajo y ampliando las posibles resistencias al proyecto”.

Aunque las resistencias van ocurrir de todos modos, sin importar los números y con argumentos cantados, provistos los medios que conducen a la oposición e importantes estudios de abogados que patrocinan a los potenciales contribuyentes extraordinarios. Ya se estrenaron en las sesiones de la Comisión que Heller conduce y busca el dictamen para ingresarlo al debate en la cámara:

  • “Grava dos veces al mismo universo de contribuyentes y con retroactividad, es ilegal”;
  • “La pandemia ha perjudicado a los pobres y también a los ricos, que no podrán generar trabajo en la post-pandemia”;
  • “Esto va reforzar el éxodo de argentinos al Uruguay que ya alcanza las 25.000 personas”;
  • “Las declaraciones al 31 de diciembre de 2019 no sirven, muchos pueden haber perdido bienes y hasta tendrían que vender patrimonio para pagar la alícuota”.

Sin considerar el hecho de que el anuncio anticipado debe haber generado –como en el caso del directorio de Vicentin SAIC- una estampida para enajenar nominalmente bienes de todo tipo (inmuebles, autos, tenencias accionarias), Heller dice  que “creer que alguien que tiene 200 millones de pesos de patrimonio declarado, no tiene 4 millones de pesos de liquidez es muy difícil de aceptar”.

 

 

Carlos Heller, no mezclar ni anticiparse

 

 

La palabra clave para dimensionar el esfuerzo único que se les está pidiendo a los millonarios es declarados, por lo que traemos a colación un aporte de Hernán Arbizu para una nota publicada en El Cohete sobre los negocios de BlackRock en la Argentina: “Según las cuentas que he manejado y de las que aún tengo noticias, los millonarios argentinos declaran entre el 25% y el 30% de su patrimonio real”. Otras fuentes de la City elevan esa cifra al 50% en el caso de las fortunas de entre 200 y 500 millones y bajando hacia los patrimonios más altos, al revés de la alícuota del aporte precisamente.

Si lo pasamos en limpio, de prosperar sin ceder en las alícuotas, el aporte sería del 2% sobre el 50% declarado y a valor fiscal, es decir a un 40% promedio del valor de mercado o real de la suma de sus bienes. Y por única vez. Si esto no es una demostración de buena voluntad y mesura política, una prenda de paz y equidad fiscal a la vez, si por el contrario es percibido como una detracción violenta por parte de un Estado confiscatorio y populista (es decir que va a gastar mal o directamente se robará gran parte de esos 300.000 millones), entonces no queda mucho por negociar. Al decir de Maurizio, será luz u oscuridad, todo o nada.

Algunos diputados del interbloque de Juntos por la Fuga ya anticiparon los términos. El diputado Suárez Lastra aseguró que “campea una idea anti-ricos y anti-riqueza, en contra del ahorro, la inversión y el mérito; esto es malo y la mala factura técnica de este proyecto lo invalida de antemano” y sugirió que el aporte lo hagan los políticos que cobran más de 180.000 pesos o los jubilados que ganan por encima de 800.000. El neuquino y PRO puro David Schlereth dejó claro que no aportará voto favorable al dictamen y enfrentó a Carlos Heller diciendo “esto no es un aporte sino un impuesto, no lo oculten más, conceptualmente es un impuesto porque hay un Estado detractor a través de su agencia fiscal y un sujeto pasivo (sic) alcanzado”.

No es una discusión impositiva o de justicia fiscal, es política y cultural.

No se trata de la alícuota ni el punto de corte para gravar patrimonios, mucho menos de equidad o justicia fiscal ni social. A los milmillonarios del país no les importa si es por única vez y solidario o regular y sostenido; si el Estado devuelve ese aporte en mejores servicios o se lo gasta en la campaña de medio término (un clásico de Cambiemos durante los cuatro años); pagarle a un Estado populista es una mala señal, sienta un pésimo precedente en la cultura política y tributaria nacional, le muestra a la sociedad adónde sobra lo que en otros lugares falta y puede tornarse una peligrosa costumbre.

“Seamos inteligentes para verlo, la diferencia entre la fórmula ganadora y la perdedora está compuesta por un gran número de fuerzas políticas que no votaron contra Alberto y Cristina, sino contra Macri. Yo no los englobaría en la denominación genérica de oposición”.

Carlos Heller lo dice con toda claridad: “Tenemos que plantear el debate en los términos de un aporte solidario y extraordinario. Es muy importante no perderlo de vista y no es esquivar una necesaria reforma tributaria. Yo tengo posturas públicas y anteriores sobre esto y creo que algo de eso va a aparecer con el debate por el presupuesto 2021. Pero sin mezclar ni anticipar, para no hacerles el juego a los que no quieren ceder nada”.

Y seguro de no condicionar la labor parlamentaria de Máximo Kirchner a la hora de conseguir los votos necesarios, afirma que “el proyecto se va a tratar y vamos a tener los números, que en el caso de éste tema requiere una mayoría especial de 129 votos positivos para diputados. Los vamos a superar con una holgura razonable”. Con los votos del Interbloque Federal y sus aliados y descontando a radicales PRO disgustados por el punto de coparticipación debitado a Larreta, la media sanción de diputados estaría asegurada.

Pero Heller acuerda en que el trasfondo es otro: “Lo que no quieren es que se discutan estos temas, lo que los irrita es que se ponga en debate quiénes son los que tienen que pagar para que haya recursos que permitan llevar adelante políticas públicas para construir una sociedad más justa”.

 

 

 

 

1 comentario
  1. Luis Juan dice

    Estimado Javier:
    Excelente análisis.
    Si me permite, una humilde digresión:
    En efecto, no es la plata, es el sistema, que para imperar primero necesito ganar la batalla cultural.
    Tomando en consideración el artículo de Juan Carlos Tealdi “Excepcionalismos”, se me ocurre: y ese mayor costo en atención sanitaria y en vidas que debemos pagar -a ellos siempre les gusta hablar de costos-, se lo debemos a los de cambiemos, a los psicópatas al frente de esas alianzas, al poder real y sus multimedios, a personajes nefastos que los representan dentro de los tres poderes del Estado. Como era en un principio, ahora y al parecer siempre, la fiesta de unos pocos, la paga el conjunto, hasta con la propia vida. Y, ni la excepcionalidad los aparta de su lógica de fiesta eterna. Ni siquiera están dispuestos a desembolsar ni las propinas, como atenuante de sus latrocinios sempiternos.
    Pero, convengamos, que nuestra economía en blanco tiene un alto porcentaje de evasión y elusión y que, la economía en negro es tan importante como la economía blanqueada.
    Para poder atesorar en el exterior unos u$s 600 mil millones (según mi presunción), tuvieron que pasar cosas y, los poderes formales hicieron la vista gorda desde que estas operatorias se gestaron, hasta llegar -con semejante poder- a condicionar y/o desestabilizar gobiernos para continuar con el ciclo de acumulación.
    Este no es un país pobre, es un país empobrecido para provecho de unos pocos miles y para beneplácito del gendarme universal.

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