NO TAN FICCIÓN

Narrativa experimental de Claudia Bernazza en la web

 

Las constricciones del mercado y su alto grado de concentración monopólica, entre otras calamidades, acarrea esclerosamiento de los géneros, entre nula y escasa variedad de estilos, en fin, un tobogán que desemboca en la ausencia de diversidad y un creciente conservadurismo literario. Es preciso correrse hacia los márgenes de la producción editorial para encontrar una chispa innovadora y caerse de ese borde a fin de solazarse con alguna literatura experimental. Internet y las redes sociales brindan un terreno, si no virgen, al menos fértil a las osadías donde aparezca un entrecruzamiento discursivo en el que convivan texto, imágenes, sonido y movimiento. Tal el soporte que ensaya Claudia Bernazza (La Plata, 1960) en Las Palabras y los Días, cuya amplitud amerita un breve sobrevuelo por sobre los interrogantes que dispara, desde sus propios dichos.

http://claudiabernazza.com.ar/laspalabrasylosdias/index.html

 

La autora, Claudia Bernazza.

 

Llamás “libro de pantallas” a Las palabras y los días. Reúne diversos géneros: relato costumbrista, crónica de época, diario de viaje, poesía, prosa poética, ciencia ficción. Entonces, ¿por qué es un solo libro? Más aún: ¿es un libro?

Me gusta pensar, salvando las distancias, en Último Round, de Julio Cortázar. En tantas obras literarias inclasificables. Recortes, recuerdos, las frases que se archivan en una libreta. Historias. Denuncias. Poesías. ¿Cuál es el hilo de oro que une las páginas que una va acumulando? En mi caso, una suerte de mapa territorial-cronológico que funciona como hoja de ruta. Las historias pasan en mundos y tiempos en espiral. Ese espiral tiene su vórtice a orillas del Río de la Plata, más exactamente en La Plata. A partir de allí se despliega hacia otros parajes, otras culturas y personajes. Es la historia del país, de América, de la Segunda Guerra mundial, en nuestra piel. Somos cuerpos surcados de renglones.

En Diario de un libro web, al final del libro, relato la construcción de este libro, las dificultades con las que me fui encontrando, postulando, justamente, que los libros no existen. A partir de allí, busco pacientemente las razones por las que puedo decir, sin temor a equivocarme, que Las palabras y los días ES UN LIBRO. Adaptado a las nuevas formas de lectura, a las pantallas, a las experiencias visuales que hoy la acompañan indefectiblemente.

 

 

 

Las palabras y los días es un libro que se navega. Uno puede irse por las ramas, saltar a otros libros, perder el hilo, retomarlo, volver a empezar. Es un libro en el que uno puede perderse sin culpa, no tiene principio ni fin. Se lee según las reglas que han impuesto nuestras tablets y celulares. En este escenario, sin embargo, he tratado de que prevalezca la experiencia literaria. He respetado el oficio y sus reglas. No quise que la inclusión de imágenes y videos encubriera una literatura pobre de recursos y sentidos. Espero haberlo logrado.

En una de las historias hay una foto antigua de una señora junto a una silla vacía. Tu relato es: “Lena elige posar parada al lado de una silla vacía, mirando al fotógrafo de la aldea que le indica que retenga la respiración, quieta, quieta, así, batiendo sus brazos como alas en los laterales del trapo negro que lo cubre. Entonces Lena se aferra con cada dedo al respaldo de la silla para que no se mueva, para que mire atentamente al fotógrafo como ella, que está allí, parada, posando para ser recordada joven, bella, sola”. Queda la sensación de que esa silla vacía alude a otros vacíos, a otras pérdidas.

Todo el cuento gira alrededor de ese vacío. Una chiquita de siete años es retenida por su abuela materna y no puede viajar con su papá a América. En la decisión hay razones culturales, pero también económicas. Ese desgarro será una marca indeleble en la vida de su padre y en la vida de Lena.

Conocí a Lena en el año 2013. El dolor se podía tocar. Entre ella y yo se abría un abismo: un mar, una guerra, una separación familiar incomprensible. Cuando nos saludamos por primera vez, me muestra la foto: una Lena joven se aferra a una silla vacía. Al lado de esa foto, está la foto de mi abuelo y su nueva familia en América. Nada podía expresar mejor su orfandad sin límites: Lena fue una niña sin familia, su madre había fallecido muy joven, su abuela muere al poco tiempo. Sin padre, sin hermanos, sin vínculos. La guerra se había llevado todo.

Aun cuando ella rehizo su vida con otros vínculos, mi llegada le recordó ese vacío originario. De alguna manera, sentí que debía llenarlo y a eso me dediqué. Esta historia la pude contar mucho después. Finalmente fue una hermosa historia. Yo sigo viva porque esperaba este momento, alcanzó a decirme. Mi viaje fue muy reparador. En ese viaje, conocí muchas historias similares. La guerra solo produce vacíos. En las familias ucranianas, ese dolor está muy presente.

 

 

Posiblemente el relato más desopilante sea el de los fastos celebratorios de centenario de la ciudad de La Plata durante la dictadura. La megatorta arrasada por la población y las flores que caen en paquete de un helicóptero a metros del palco oficial parecen remitir a otras prácticas. Hay una sutileza hasta en lo que se insinúa acerca de cómo circulaba la información durante la dictadura cívico-eclesiástico-militar: “La Asociación de Panaderos dice que la intendencia dice que la comisión de festejo dice que la policía dice que elementos subversivos dicen torta tomada. Llueve dulce, llueven gurkas, soldaditos, palos, pibes y otras delicias. Llueven treinta mil”.

La megatorta del Centenario de La Plata fue tan real como desopilante. Una mueca urbana, plantada sobre una tragedia. Veníamos de la guerra de Malvinas, de soldados platenses que nunca volvieron, de jugar un mundial de fútbol con Inglaterra como si nada hubiese pasado. Estaban las Madres enfrentándose a Galtieri, que venía a la ciudad a celebrar el Centenario. En ese escenario terrible, a la Asociación de Panaderos se le ocurre homenajear a la ciudad con una torta gigante. Suena lógico si se piensa que veníamos de jugar un mundial después de una guerra. Nadie dijo nada en su momento, pero esa noche —de la que fui protagonista junto con un grupo de jóvenes que nos acercamos como tantas personas—, explotó todo. Éramos una olla a presión, y saltar las vallas y treparnos a la torta, revolear porciones por el aire, fue la metáfora perfecta de lo que nos estaba pasando. Todavía guardo en mi retina las imágenes, los jóvenes a los gritos, las corridas, la desesperación de los organizadores. Faltaban muchos jóvenes en la ciudad, la dictadura se hizo sentir muy fuerte en La Plata. Encima los soldados del Regimiento 7 que fueron a la guerra. La Plata no estaba para festejos. Los artículos del diario El Día que acompañan el cuento son reales. Las escenas que se describen, más allá de alguna licencia literaria, son reales. Creo que quienes no conocen la historia van a pensar que el cuento se inscribe en el realismo mágico latinoamericano, pero no es así. Esta historia la conté por primera vez en 1997, en la novela Crónicas de la Ciudad Perfecta. A lo largo de estos años, de aquella novela la gente recuerda el episodio de la torta. Por eso lo incorporé a Las palabras y los días.

En singular o plural, la primera persona asume la voz narrativa del conjunto de los textos; un recurso que necesariamente remite a la pluma del autor. ¿Por qué al lector puede resultarle de interés lo que contás, lo que pasó, lo que pensás?

La primera persona es la que mejor se adapta a lo que se quiere contar. Hay una mirada particular, una lente desde la que se mira. Es una narrativa que asume todo el tiempo una posición frente al mundo, y esa posición se expresa mejor desde la primera persona. El que protagoniza, escribe. El que escribe, protagoniza. Ese compromiso personal con lo que se relata genera una cercanía con el lector, o al menos eso se pretende. La idea es despertar la memoria de quienes leen, invocar sus propias experiencias.  De alguna manera, se invita a leer y descifrar el mundo, opinar sobre él.

 

Las palabras y los días se encuentra —gratarola— en http://claudiabernazza.com.ar/laspalabrasylosdias/index.html

 

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5 Comentarios
  1. [email protected] dice

    Excelente.
    Tratatare leer el libro.
    Felicitaciones Claudia

  2. Jorge Rodríguez dice

    Me resultó muy placentero leer Las palabras y los días, y es verdad que se va de un lugar a otro, la lectura de esta obra es un viaje placentero, por sus relatos, por sus imágenes. Hermoso. También se me han escapado un par de lágrimas.

  3. Claudia Bernazza dice

    Bienvenida!

  4. Lujan dice

    Descubro a Claudia Bernazza y ya, aceptando la invitación a leer «Las palabras y los días». Excelente decisión de incorporar lo del Centenario de La Plata… Memoria siempre activa para la época trágica de un genocidio.

  5. Mirta dice

    Ha sido y sigue siendo un placer navegar el libro de Claudia Bernazza. Desde carcajadas a preguntas sin respuesta, las eternas, las de la vida, pasando por ver imágnenes que nunca ve con la sola descripción. Gracias a El Cohete por esta nota.

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