«Nos echaron a puros gases y balas de goma»

Las vallas marcaron una nueva zona de exclusión. El Congreso como territorio en disputa. Y los gases y las balas de goma disparadas contra los movilizados se convirtieron en la herramienta del gobierno para echar a la gente de la Plaza. El cerco militarizado que la semana pasada sitió al Congreso se trasformó esta vez en un anillo más amplio. Detrás de cada una de las vallas no estuvieron las fuerzas de seguridad federales sino la Policía Metropolitana: la Infantería de la Ciudad ubicada en tres líneas compactas de escuderos, bastoneros y escopeteros. Las calles quedaron repletas de Policías de chalecos bordó. Hubo una enorme cantidad de integrantes del servicio de inteligencia mezclados entre manifestantes que sólo fueron reconocidos cuando salieron a la caza de personas y se pusieron los chalecos celestes. Y el lugar de avanzada de la Gendarmería lo ocupó el escuadrón especial del Grupo Operativo Motorizado de la Federal, en grupos de cinco motos armados con gas pimienta, palos y escopetas antidisturbios que pegaron a corta distancia y usaron como blanco los cuerpos humanos.

—¿Por qué no te vas a recuperar las Malvinas? —gritó un hombre furioso a los policías de la avenida Callao. Una anciana golpeaba los hierros con una botella de agua mineral, haciéndola sonar como una bomba de tiempo—. ¡Decí algo!—, pedía el hombre. —¡No tenés Patria! ¡Tenés que defender a los abuelos! ¡Cómo vas a andar pegándole a la gente!

Alguien gritó que la sesión en Diputados se había frenado. —¡Paró la sesión!—, dijo entonces el hombre, ahora con el teléfono en la oreja. —¡Pararon la sesión!—, repitió.

¡Vamos carajo!, festejó la calle. Una noticia que no era noticia porque la sesión nunca frenó, había quórum aunque el debate aún no había comenzado.

Qué boludo, qué boludo,
la reforma, se la meten en el culo.

La movilización convocó a miles desde el mediodía en torno a la Plaza de los Dos Congresos, a días del fracasado primer intento para debatir la reforma previsional. Pero a diferencia de la semana pasada, esta vez las columnas no pudieron entrar y salir de los alrededores buscando respirar algo de aire cuando sonaban los gases o los disparos. Con la calle todavía más repleta de columnas, muchas de las organizaciones ni siquiera pudieron acercarse hasta la zona del Congreso. Rodearon las laterales. Y cuando tuvieron que irse corridos por los gases, las corridas y las balas, quedaron acorralados con accesos laterales cercados.

A un joven le pasaron una moto encima, le dispararon en el piso y anoche permanecía con fracturas graves; dos personas perdieron uno de los ojos. Periodistas y fotógrafos nuevamente blanco de disparos. Hubo 59 detenidos. Un número aun incierto de manifestantes heridos de balas de goma. Hubo gases y disparos de escopetas con balas de goma a escasos metros de los manifestantes. Móviles que atropellaron gente. Bombas de gas lanzadas desde terrazas y hasta en el Subte.

La zona de exclusión montada la semana pasada en torno al Congreso también se modificó esta semana. La Gendarmería, que había atacado desatada pero en los límites del Congreso, esta vez tuvo su correlato en la Policía Federal motorizada que corrió a la gente desbandada sobre Avenida de Mayo en dirección a Casa de Gobierno, haciendo de ese territorio un campo de batalla de piedras, contenedores caídos y barricadas caseras montadas por los manifestantes a modo de protección.

«Acá no hubo ningún interés en dispersar a la gente, hubo interés de acorralarla y atemorizar, hacerle perder las ganas de movilizarse para defender los derechos que creen están perdiendo», señaló la antropóloga Sabina Frederic, observadora de la calle, impresionada todavía por ese juego de encastres formado por despliegue operativo y el número de heridos entre policías y manifestantes. Un encastre que puso en escena también la dimensión del vallado: esta vez taponando más calles laterales para romper toda idea de proximidad con una institución de carácter público y de todos como el Congreso.

El hecho de que no haya estado Gendarmería en la programación de los operativos es una indicación de que el operativo de fuerzas conjuntas, tal como había sido planteado la semana pasada, fracasó. «Fracasó ese, y lo de ayer también fracasó», dice ella, entrenada como subsecretaría de Formación del Ministerio de Defensa 2009-2011. «Ellos están ahí para sostener el orden público, restablecerlo. Pero es lo que menos están haciendo. Tiraron gas lacrimógeno en la Línea A, tres tiros a un chico en la panza que quedó ahí desmayado… Esto es a ensayo y a error: van viendo de semana a semana cómo hacer para equilibrar el desprestigio que van ganando las distintas fuerzas y no les sale».

Las primeras noticias de la represión ya corrían de boca en boca cerca de las dos de la tarde. Sobre la Plaza de los Dos Congresos, alguien pasó el dato a uno de los delegados de SiPreBA. Había balas y gases frente al Congreso, decían, en la primera línea de vallas sobre Solís e Hipólito Yrigoyen, noticia que comenzó a repetirse, no sólo porque efectivamente hubo refriegas y corridas continúas. También porque donde no había, todo rumor se transformaba en certeza después de la última marcha con calles que permanecieron en tensión.

«La mayoría de los compañeros tienen balazos de goma, algunos en la cara y en el cuerpo», dice Alejandro «Coco» Garfagnini, coordinador de la Tupac Amaru, entrenado en la lógica de pliegues y repliegues de las marchas. «Yo veo más gente que el otro día. Nosotros concentramos en 9 de Julio y Avenida de Mayo. Avanzamos una o dos cuadras, pero avenida de Mayo estaba completamente taponada y tuvimos que desviar por Salta y entrar por Rivadavia. Así pudimos llegar hasta Paraná y Rivadavia. Y ahí plantamos la columna porque ya había represión a 50 metros. Y estuvimos ahí hasta que terminó, o mejor dicho nos echaron de la Plaza».

—¡Con los viejos, no! —siguió diciendo aquel hombre sobre Callao, frente a una de las vallas—. Hijo de puta, gritó. Con los discapacitados, no. Con los viejos, no. ¡Tirale a tu madre, la puta que los parió! ¡Anda a tirarle a tu madre, hijo de puta!

El Congreso amaneció vallado. Las columnas de los gremios, movimientos sociales y partidos políticos comenzaron a concentrar antes del mediodía y avanzaron como la Tupac, hasta que no pudieron avanzar, y entonces tomaron por las laterales. Movilizaron los gremios de la Corriente Federal de la CGT como Judiciales, gráficos, curtidores; hubo banderas de la CGT triúnvira como la UOM. Estuvieron las columnas de la CTA, ATE, Ctera; la izquierda con banderas del PTS, el Frente de Izquierda, el PO; La Cámpora, Descamisados, las organizaciones de derechos humanos, el Frente Milagro Sala y también el Movimiento Evita. Algunos llevaron botellas de agua mineral, pero también bidones de varios litros de agua, como antídoto para humedecer pañuelos y cubrirse las caras contra los gases. Hubo limones. A los pañuelos de la semana pasada se sumaron varios tipos de barbijos. Y desde temprano circularon mensajes por teléfono, con indicaciones de los lugares preparados como refugios anti-gas: desde el bar de Madres de Plaza de Mayo, el Instituto Patria y el Bauen. «Estoy preocupada», dijo Nora Cortiñas, temprano, sobre Avenida de Mayo: «Acá hay mucha gente, y si hay otra vez represión, puede ser terrible».

¡Unidad de los trabajadores!

¡Y al que no le gusta

se jode, se jode!

Se escuchó. Un tipo miraba un televisor colgado de las rejas de un kiosco. Empezó la sesión, dijo. Y hay quilombo contra las vallas, aclaró. Tres mujeres corrieron desde Congreso por la avenida Entre Ríos esquina Alsina. «Dicen que soldado que se retira, sirve para otra batalla», dijo una de la Universidad de La Plata. «Estábamos adelante de todo, como el otro día, pero tuvimos que rajarnos porque, te digo la verdad, ¡no está para poner la vida en juego de nadie! Yo vengo a repudiar y todo lo que quieras, me la aguanto, estoy, pero mucho abuelo, mucho abuelo, y muchos de los que lo votaron son abuelos, ¿querían un cambio? Ahí lo tienen. Y yo ya estoy pensando si voy a seguir viniendo, porque te digo una cosa: estos tipos están completamente desatados».

Pasó un helicóptero. Una bandera de Ituzaingó con la marca del intendente Descalzo. Un tipo aspira su dispenser de medicina antiasmática. Una mujer camina por Rivadavia completamente perdida: «Usted siga las vallas», le recomienda una pareja: siga caminando y a dónde no encuentre más vallas, por ahí se puede meter.

—Lo que te pudo decir es que por acá acaban de pasar las motos de la Policía Federal: y lo único que yo vi es que todos tenían escopetas —dijo un hombre, ahora sobre otra de las zonas de frontera en avenida Rivadavia. En Callao y las vallas, un pibe agarró una piedra. La tiró contra los policías. Otro pibe se le acercó para frenarlo. Entró una columna. Todos volvieron a cantar. Cayó un vallado. Lo levantaron. Y después apareció un móvil azul de Policía a gran velocidad, coleó, pisó a alguien, la gente gritó: ¡Es un jubilado! ¡Es un jubilado, hijo de puta! El ingreso del móvil y los gritos provocaron corridas, como durante buena parte de la tarde. Sobre las calles laterales las columnas pedían calma y sus integrantes gritaban: No corran.

«Cuando quisimos ir para Avenida de Mayo ya estaba todo recontra-repodrido», dice Coco. «La cana tirando gases. Tirando todo. Muy complicado. Un grupo nuestro se quedó. La mayoría desconcentró para Obelisco porque Avenida de Mayo estaba a full, nadie podía cruzar a Constitución. Y yo me quede con una sensación, igual que la otra vez: la gente no se quería ir, la sacaron a gases puros y a balas de goma».

Mientras algunos grupos arrancaban carteles de las veredas, afiches o lo que encontraban para poner en la calle a modo de barricada y frenar el avance de las motos y los móviles, un pibe apareció con cara estallada, otro entró a una farmacia a pedir algo porque tenía un ojo también quemado. ¡Dicen que está viniendo la Gendamería!, dijo un pibe para explicar en uno de los momentos por qué había tanta corrida. Coco, que seguía en 9 de Julio, miraba lo que la televisión más tarde mostró como increíbles escenas de violencia y dice que no eran ni diez ni un grupo de infiltrados los que tiraron piedras contra la policía. Que de pronto fueron miles, y hay que decirlo. «Creo que acá pasó otra cosa: hubo una cosa muy masiva, la gente desconcentró como pudo pero muy organizadamente y muy compacta. Tirando piedras había miles, esto quiere decir que hubo mucha gente respondiendo a los gases con las piedras, queriendo ir para adelante».

A la noche llegaban las noticias de los cacerolazos. Y detenidos. Un audio de Stella Calloni circulaba por las redes sociales: Por favor compañeros, que todos hagamos una red, para denunciar que la señora Patricia Bullrich, mandó fuerzas de seguridad de choque disfrazadas y hasta con cámaras de gases, contra 50 manifestantes que dicen tirar, cuando en realidad esto es una manifestación pacífica. Hay una marcha pacífica. Hay que decirlo por todos lados.

Fotos: Nicolás Rapetti.

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3 Comentarios
  1. Mascaró dice

    Excelente nota y excelente fotografía.

  2. Eli dice

    Excelente!

  3. mariel raina dice

    Desde que salieron al ruedo por acá los leo. Soy lectora de Pagina desde que salió, me di cuenta enseguida que no había notas de Horacio, lo comenté, tenes razón me dijeron otros..Fue el cuadradito de Horacio en página el domingo, perdón por lo de cuadradito , y Roberto Caballero en su programa quien me rumbearon para acá. El último veinticinco de mayo de Cristina viajamos a Bs. As desde Mar del Plata. En la fila del simulador de ARSAT mi amiga dice : Ese no es HV? le dije, no me voy a quedar con la duda, y ahí fuimos y nos sacamos una foto. Pero no me voy a olvidar nuestro comentario: Compañero, yo creí que esto no lo iba a volver a ver…..soy del grupo, de ese enorme grupo de lectores y ciudadanos con memoria!HLVS

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