NUESTRA MEMORIA, PATRIMONIO MUNDIAL

La UNESCO considera reconocer como Patrimonio Mundial al Museo Sitio de Memoria ESMA

 

En sus seis años de existencia —cumplidos el miércoles pasado—, el Museo Sitio de Memoria ESMA recibió 400.000 visitantes nacionales y extranjeros y realizó centenas de actividades pedagógicas, conferencias, encuentros docentes, conversatorios y muestras temporales. Entre sus prioridades futuras se incluye la apuesta para que la UNESCO lo reconozca como Patrimonio Mundial.

Para quienes promueven esta iniciativa, si la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura acepta esta propuesta, sería un reconocimiento a todo el trabajo integral de reconstrucción del pasado que desde décadas impulsa Argentina. Argumentan que la misma constituye un aporte más —desde la historia nacional y latinoamericana— al capital de la memoria colectiva universal, imprescindible para evitar cualquier intento de repetición futura de las brutalidades que se vivieron en el continente sudamericano en los años setenta y ochenta.

El Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio de la ESMA, convertido en Museo el 19 de mayo del 2015, fue uno de los 600 centros clandestinos de detención y represión que funcionaron en la última dictadura (1976-1983).

 

 

La iniciativa ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) se inició en 2015 y ha recorrido ya diversas etapas. En los próximos meses entrará en su fase decisiva cuando la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que coordina la propuesta, presente ante ese organismo el expediente técnico, medio esencial para sustentar la demanda y cerrar este proceso de seis años.

Como explica la página web del Museo, en la actualidad está en ejecución un Plan de Trabajo con el propósito de completar los requisitos técnicos, sociales, diplomáticos y políticos para lograr la nominación. Y agrega que, como exponente de todos los Sitios de Memoria de Argentina, la postulación del Museo Sitio de Memoria ESMA a la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco busca dar visibilidad internacional a los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura cívico-militar que gobernó entre 1976 y 1983. Así como “al proceso de justicia ejemplar logrado por nuestra democracia gracias a la lucha encabezada por los organismos de Derechos Humanos”.}

 

 

Proyección internacional

Si la UNESCO confirma y oficializa la solicitud, el Museo pasaría a integrar el grupo reducido de sitios que a nivel mundial encarnan los atroces sufrimientos del pasado y la dignidad de la resistencia individual o colectiva.

Junto con la Isla de Gorea, Senegal, y el Muelle de Valongo, en Río de Janeiro, Brasil, inicio y fin de la denominada “Ruta del Esclavo”. Junto, también, al Campo de Concentración Nazi de Auschwitz-Birkenau; del Memorial de la Paz de Hiroshima; de la sudafricana Isla de Robben, donde Nelson Mandela pasó 18 de los 27 años de su reclusión; y del Puente Viejo de Mostar, en Bosnia-Herzegovina. Este último, símbolo de la dramática guerra en la ex Yugoslavia, así como de la recuperación de tradiciones centenarias de coexistencia pacífica sobreviviendo al odio étnico.

En Argentina existe un consenso básico sobre el “nunca más”, aunque puedan existir sectores muy minoritarios que abogan por el negacionismo. La lucha de más de 40 años a favor de la memoria, la verdad, la justicia y la reparación, merece que sea reconocida por la comunidad internacional, subraya Alejandra Naftal, directora del Museo de la ESMA.

 

 

Alejandra Naftal, foto TELAM.

 

La Escuela de Mecánica que pertenecía a la Armada es un predio de 17 hectáreas en plena ciudad de Buenos Aires. El Casino de Oficiales constituía uno de los 35 edificios del amplio complejo. Allí se albergaban y reunían en los tiempos libres los altos mandos de la ESMA. Y fue ahí donde la dictadura instaló uno de los centros clandestinos más grandes del país, por el que pasaron cerca de 5.000 personas detenidas desaparecidas.

 

 

Despertar conciencia

Cuando se fundó el Museo, seis años atrás, se buscó crear un espacio que fuera “cómodo para el incómodo, e incómodo para el cómodo”, recuerda Naftal.

Es decir, que impactara y despertara la conciencia de los visitantes que no conocían la historia de la brutalidad represiva, especialmente los jóvenes que no vivieron directamente esa historia. Y que sea, también, un lugar donde las personas directamente afectadas por los crímenes de lesa humanidad pudieran recordar y rendir su homenaje.

Si la UNESCO acepta la propuesta, sería una forma más de compartir y universalizar todo ese arduo y novedoso esfuerzo que se da en Argentina para reconstruir la memoria colectiva, para llegar a la verdad de fondo y para juzgar el genocidio que se expresó en tantos centros de tortura y detención.

 

 

Novedoso, insiste, porque integra dos componentes. La prueba de esa brutalidad represiva que dejó en solo siete años un saldo de 30.000 detenidos desaparecidos, más de 10.000 presos políticos y cientos de miles de exiliados internos o en el exterior. Al mismo tiempo ejemplifica este profundo trabajo de memoria, verdad, justicia y reparación, sólidamente anclado en la sociedad argentina, resultado de un consenso muy amplio de respeto a la Justicia. “Es digno comprobar que, desde el fin de la dictadura hasta ahora, nunca se dio ni un solo caso de justicia por mano propia de una víctima hacia alguno de sus victimarios”, recuerda.

El Museo busca ser una construcción colectiva del pasado-presente que pudo existir porque se da una fuerte demanda de la sociedad. Para responder “hemos buscado formas que apelen a la sensibilidad y a la emoción”.  Y permitir a los visitantes vivenciar, con el apoyo de esta herramienta pedagógica, el efecto del Terrorismo de Estado a través del delito de la desaparición forzada de personas”.

Entrar hoy al Museo Sitio de la Memoria de la ESMA implica salir profundamente conmovido luego de recorrer los espacios donde estaban recluida esa militancia juvenil; daban a luz las jóvenes madres secuestradas; los torturadores planificaban los vuelos de la muerte. Así como las salas especiales de tortura y el lugar para concentrar las ropas y artefactos robados durante los allanamientos. O bien, donde los captores explotaban la mano de obra esclava cautiva para hacer publicaciones de inteligencia, fabricar documentos falsos de identidad para los grupos operativos, etc. O las escaleras que conducían a los “traslados” sin retorno, es decir la muerte segura.

 

 

Rectificar caminando

Nada en esa construcción fue lineal ni automático, explica la directora. Quien recuerda, por ejemplo, el esfuerzo sinuoso para dar respuesta a un cuestionamiento esencial de mujeres y de activistas de los feminismos.

Señalaban que la muestra permanente no tenía perspectiva de género y no estaba en consonancia con el movimiento que se apropiaba de las calles, con la marea verde, la lucha por el aborto y para exigir justicia por los femicidios, entre otras reivindicaciones.

 

 

En paralelo, se desarrollaban los primeros juicios de lesa humanidad por los delitos contra la integridad sexual cometidos en los centros clandestinos de detención en la época de la dictadura. «Retomamos el tema y en el 2019 inauguramos la muestra Ser mujeres en la ESMA: testimonios para volver a mirar», enfatiza Naftal.  Se convocó a las mujeres sobrevivientes, académicas, juezas, abogadas y fiscalas que venían trabajando esta temática. Justamente, con la convicción que los espacios de memoria deben articular el presente con el pasado. A través de un diálogo intergeneracional, cruzando los conceptos feministas con las experiencias de las mujeres ex detenidas. Con la posibilidad de crear un espacio en el que puedan hablar y revisar su propia percepción de lo que fue la experiencia en un centro clandestino.

Además “hicimos una autocorrección del lenguaje que utilizamos en la muestra permanente, haciéndonos cargo de nuestro propio olvido y de las ausencias y errores previos. Esa corrección está incluida en la exhibición”, concluye Naftal a manera de autocrítica.

 

 

 

 

 

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