El país que sólo ve Macrì

Discursos que chocan de frente con la realidad

 

El Presidente Mauricio Macri en su discurso de apertura de sesiones legislativas del Congreso de la Nación vertió datos sobre la economía argentina que poco se condicen con las cifras de fuentes oficiales. Unos días antes, el periodista del diario La Nación Joaquín Morales Solá, en la nota “La derecha y la izquierda, contra Macri” (publicada el domingo 25 de febrero), detalló asimismo una serie de apreciaciones relativas al devenir económico, expuestas en privado por el Presidente, que revelan una llamativa distancia con la información existente. A continuación proponemos un repaso por las mismas.

El pasado jueves el presidente aseveró que los argentinos “estamos creciendo”. Lo cierto es que los datos de crecimiento lejos están de ponderar la gestión de Cambiemos. Como refleja el informe de CIFRA, entre 2015 y 2017 la tasa anual acumulativa fue sólo de 0,1%, superando el 0,4% de crecimiento entre 2011 y 2015. El PBI cayó 2,2% en 2016 y se recuperó a 2,8% en 2017, por lo que se ubica prácticamente al mismo nivel que en 2015.

 

Macri también afirmó: “La desocupación está bajando y el total de trabajadores registrados aumentó en casi 270.000”. En la misma línea Morales Solá había indicado: “En el último diciembre se constató el mayor número de empleo privado registrado desde 2012. Hay 55.000 empleados en blanco más que en diciembre de 2015, cuando se fue Cristina”.

El aumento del empleo registrado, que arroja un total de 313.000 nuevos puestos desde noviembre 2015 a diciembre 2017 (según la serie desestacionalizada de base SIPA), tiene un importante protagonismo de los monotributistas. La suma de los independientes, autonómos, monotributistas en general y monotributistas sociales arroja un total de 194,9 mil puestos de trabajo entre noviembre 2015 y diciembre 2017, lo que explica el 62% de la creación de empleo durante el gobierno de Cambiemos. Y si a los monotributistas agregamos el empleo público y los asalariados de casas particulares, el 94% del nuevo empleo se explica por esos rubros.

El empleo privado sólo creció en 18.000 puestos, un 6%, aunque en contraste el empleo público tuvo más dinamismo, con un aumento de 65.000 puestos de trabajo (21% del empleo nuevo total en igual periodo).

Entonces, en el sector privado (y al igual que ocurre con los números de crecimiento económico), los datos nos ubican en un lugar similar a 2015: había 6,250 millones de puestos de trabajo en noviembre 2015, y el último dato de SIPA indica un total 6,268 millones.

 

La PEA (Población Económicamente Activa) para el universo de la población asciende a 20.436.000 aproximadamente.En los últimos dos años (desde 4to trimestre 2015 al 4to trimestre de 2017), la estimación del crecimiento asciende a 532.000 personas. De esos 20,4 millones que constituyen la PEA, el empleo total registrado representa el 60,5% y el empleo registrado privado es la mitad (6,3 millones de trabajadores). Luego, hay 8,3% de desocupados y el resto es empleo no registrado.

De acuerdo al aumento de la Población Económicamente Activa, los trabajadores registrados totales deberían haber crecido en aproximadamente 322.000 y alcanzaron efectivamente 313.000, aunque con enorme participación de monotributistas. Pero, en el caso de los trabajadores registrados privados, deberían haber crecido en 164.000 y solo lo hicieron en 18.000.

“Los salarios le ganaron a la inflación” fue otra aseveración del discurso presidencial. Con la publicación de los datos del Ministerio de Trabajo el miércoles 28 de febrero se dio a conocer un aumento de los salarios de los trabajadores registrados privados de un 2,8% en 2017. Sin embargo, en 2016 habían caído 5,4%. Si miramos la película completa, en promedio, hoy los registrados tienen una pérdida acumulada de 2,7% respecto de 2015. Y aún en peor situación se encuentra el poder adquisitivo de los jubilados: 7% por debajo de 2015.

Macri también dijo: “La inflación está bajando (…) No sólo queremos bajarla. Queremos que nunca más sea un instrumento de la política como lo ha sido durante más de 70 años”. Los datos de inflación del Instituto Germán Abdala muestran que la inflación de 2016 pegó un saltó significativo respecto de 2015 hasta llegar al 39,1% (y según IPC Ciudad de Buenos Aires llegó al 41%). En 2017, por su parte, la “reducción” de la inflación luego haberla elevado, no logró perforar el nivel heredado de 2015, ubicado en 23,5% (incluso para el mago del INDEC, Jorge Todesca, la inflación en 2015 se ubicó “entre 23-24%”). Según ITEGA en 2017 la inflación cerró en 26,6% y para el INDEC lo hizo en 24,8%.

 

“Tenemos record en venta de autos y de cemento” dijo efusivamente el Presidente. Es cierto que el patentamiento de autos ha crecido significativamente: si se compara el promedio de patentamientos mensuales en el bienio 2014-2015 respecto del bienio posterior (2016-2017), hubo un 37% de incremento. Pero este dato esconde que al mismo tiempo se produjo una caída de la producción automotriz: las ventas son de autos importados. La producción local se redujo en 16% mientras que la importación aumentó un 60%, según datos de ACARA y ADEFA. Como previsible correlato, los puestos de trabajo del sector cayeron en más de 2.000 en los primeros dos años de Cambiemos.

Por su parte, si vamos a los datos de cemento, el consumo anual de Portland en bolsa y a granel en 2017 sumó 12,124 millones de toneladas, cuando en 2015 había sido de 12,125 y en 2016 10,823. Difícil de visualizar el “record”.

«Después de décadas de desorden, llegó el momento de ser serios con el equilibrio fiscal. Es la plata de los argentinos. Administrarla con responsabilidad es nuestra obligación» fueron las frases que se refirieron al problema del déficit fiscal. Cuando se observan los datos del Ministerio de Hacienda, se constata que —por un lado—, el déficit primario no mostró importantes variaciones entre 2015 y 2017. Ahora bien, si quitamos el efecto del ingreso extraordinario por el blanqueo de capitales, pasaría del 3,8% del PIB en 2015 al 4,3% en 2017, según datos de CIFRA. Pero la clave es que el gobierno está sosteniendo ese déficit con un creciente déficit financiero a partir de intereses pagados por la toma de deuda. Los intereses  pasaron del 1,4% al 2,2% sobre el PIB. Ello implicó que el déficit financiero llegara a ser el 6,1% del PIB en 2017. Esta creciente brecha entre el déficit primario y financiero es un fenómeno típico de los años ’90.

Si bien fue un tema ausente en la apertura de sesiones del Congreso, en la nota de La Nación del domingo 25 de febrero se afirma que el Presidente “descree de la alarma generalizada por el déficit de la balanza comercial”. Se trata de un tema sumamente sensible de las cuentas nacionales.Al observar los datos de ICA-INDEC se constata que en 2017 la balanza comercial es negativa en 8.515 millones de dólares. Y no sólo eso: la proyección del propio Gobierno indica un aumento del déficit comercial en 2018. En el presupuesto 2018 se prevé un déficit de 5,6 mil millones de dólares, un aumento respecto del valor estimado a 2017 de 4,5 mil millones (que a fin de año casi llegó al doble).

Al analizar las proyecciones para los próximos cuatro años, el presupuesto  prevé un 25% de aumento del déficit en 2018, 7% de incremento en 2019, 15% en 2020 y 10% en 2021. En suma, lejos de ser una alarma transitoria, el gobierno nacional está estimando un déficit comercial creciente.

Ello tiene un agravante: incluso con estas proyecciones de déficit crecientes, las importaciones están subestimadas en valores absolutos (dólares). El presupuesto indica que las importaciones de 2017 iban a ser de 63,3 mil millones de dólares, cuando ascendieron finalmente a 67 mil millones, lo cual incrementó en 3,5 mil millones el déficit comercial anual. Entonces, si partimos del valor real de déficit en 2017 y proyectamos según las variaciones previstas en el presupuesto mencionado, el déficit comercial en 2021 alcanzaría los 14,3 mil millones de dólares.


“Vamos a dejar de endeudarnos” fue otra aseveración el pasado 1º de marzo que, ante los datos expuestos, resulta poco fiable. Según el Instituto Abdala, si en 2015 el peso de la deuda externa del sector público nacional sobre el PBI ascendió al 14,1%, en 2016 creció al 18,1% y para 2017 asciende al 21,4%. El agravado agujero comercial –que se financia con endeudamiento, al igual que la fuga de divisas— no sólo estuvo invisible en el discurso presidencial sino que no parece tener un abordaje desde la política económica, que por ahora sólo ha tenido éxito en la colocación de letras y bonos.

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2 Comentarios
  1. Tom dice

    Lo trístemente notable es que por la vía del silencio le da la razón a Macri en cuanto a que puede ser que la economía se esté recuperando. Hace falta análisis más profundos.

  2. Ricardo Alberto Comeglio dice

    Esto me hizo acordar cuando jóvenes, mi señora y yo, empezamos a tener hijos (tenemos 4). Yo tuve que tener 2 trabajos y hasta inicié, a la par, un negocio por internet. El crecimiento económico del ingreso familiar era notorio (2 trabajos más algunos ingresos extras por el emprendimiento), pero los gastos por el crecimiento de la familia eran absolutamente superiores.
    Entre las discusiones con mi señora surgía siempre mi posición que era igual a la que hoy tiene Macri, es decir, yo le decía a mi esposa que estábamos creciendo y que producíamos más y ella, sin embargo, me lo negaba y me decía que cada vez le alcanzaba menos la plata. Yo le decía que se administraba mal y que algo había que hacer. Ella insistía en que no ingresaba lo que se necesitaba.
    Por un tiempo nos solventábamos con la tarjeta de crédito, luego pedí una segunda tarjeta de crédito y habían mejoras periódicas de acuerdo a cómo manejábamos los saldos, pero llegó el momento en que tuvimos que solventar los gastos pagando sólo los mínimos de las tarjetas para que nos quedara más plata en efectivo. Como es de suponer colapsó nuestra economía familiar y tuvimos que hacer una gran reingeniería hogareña.
    Superamos la crisis pero desde entonces sé que la razón era de mi esposa y jamás me atrevería a discutirle cuando me dice que no le alcanza, al contrario, ahora buscamos entre los dos cómo mejorar los ingresos sin pedir créditos ni gastar con tarjeta.
    Una opción es que los hijos se mantengan por sí solos y eso luego del proceso universitario de capacitación, lo cual está ocurriendo, pero el gasto se incrementa y el ingreso se mantiene y hoy vuelve a disminuir por la aplicación de políticas regresivas respecto del salario que está aplicando el gobierno.
    Lo cierto que la meta es reducir el gasto y eso se logra con hijos independientes y eso se logra con dotarlos de capacidades para desenvolverse por sí mismos con mejores oportunidades y eso se logra con mayor gasto, haciendo que la meta de reducir el gasto sea una estupidez contraproducente.
    Por eso puedo decir con la fuerza empírica de los años que el Presidente no tiene ni la más remota idea de cómo es la vida en la Argentina y mucho menos de cómo es la vida de las personas «normales».

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